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Fecha: 19970402
Título: El camino de la particion del Pan y la explicacion de las Escrituras
Original en audio: 4 min. 37 seg.
Se puede decir que este evangelio que acabamos de escuchar es ya una catequesis él mismo. Como hermosamente dice la plegaria eucarística quinta, "Cristo mismo nos explica las Escrituras y nos parte el Pan."
Partir el pan es mostrar el misterio del pan, y explicar las Escrituras es mostrar el misterio de las Escrituras.
Necesitamos de Cristo para que nos parta el pan; de otra manera la participación en la Eucaristía será sólo, en el mejor de los casos, la repetición o recordatorio de algo que sucedió hace mucho tiempo. Para recibir lo que el pan nos puede dar, necesitamos que sea Él el que lo parta; y para recibir lo que la palabra nos puede dar, necesitamos que sea Él quien la explique.
Y eso fue lo que Cristo hizo con estos discípulos. Mientras iba abriendo el sentido de las Escrituras, les iba abriendo también la inteligencia; y mientras revelaba el misterio del pan, revelaba su propio misterio y en él, como dice bellamente la Constitución Gaudium et Spes, estaba revelando el misterio del hombre y revelando el misterio de Dios.
A uno le sorprende en estos relatos de apariciones de Jesús, cómo era que no lo podían reconocer, si era que tenía una cara distinta, si era que tenía unos ojos distintos, si era que se disfrazaba y se vestía de otro modo. ¿Cómo es concebible que esta gente que lo trató durante tanto tiempo, después lo ve vivo y no lo reconoce?
Lo mismo sucedía en el evangelio de ayer, el de María Magdalena. Ella que tuvo que haberlo visto tantísimas veces y escuchado tantas otras; sin embargo no logra reconocerlo.
Esto, sin embargo, resulta menos misterioso si uno cae en la cuenta de que lo mismo sucede con el misterio mismo de Dios. Lo que Dios creó, no lo creó como una cortina para esconderse Él, sino como un camino para revelarse Él.
¿Y qué es lo que sucede? ¿Y por qué las cosas creadas a veces no nos llevan al Creador? Dios no hizo sus criaturas para huir del hombre, no es Dios quien tiene que huir del hombre, sino el hombre pecador, como aquél Adán del Génesis, el que se asusta y huye de Dios; y por eso, aunque las cosas creadas las hizo así el Creador para mostrarse, resultan opacas para nosotros y no lo encontramos.
Parece que con Cristo Resucitado sucede lo mismo, no es tanto que Cristo quisiera disfrazarse: "A ver, ahora me presento con más barba, con menos barba, con más cabello, con menos ojos".
No es que Cristo quisiera disfrazarse, era Él, indudablemente era Él, pero bien dice el Evangelio: "los ojos de ellos, -como nuestros propios ojos- no eran capaces de reconocerlo" San Lucas 24,16.
Y el camino de la explicación de las Escrituras y el camino de la explicación del Pan; y el camino de la partición del Pan y el camino de la partición de las Escrituras, finalmente hacen que nuestros ojos caigan en la cuenta de que es Él, precisamente Él el que acompaña nuestro camino.
Que venga entonces Cristo, ya no a cambiar Él, que Él no tiene necesidad de cambiar, sino a cambiar nuestros ojos y a darle luz a nuestro corazón, para que podamos reconocerlo compañero de nuestro camino, mientras vamos peregrinando hacia la Patria.