Pasion de Cristo 18

De Wiki de FrayNelson
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Fecha:20081219

Título: Aprender de Jesucristo a escuchar la verdad que se encuentra en las obras

Original en audio: 17 min. 57 seg.


En nuestro caminar por los misterios de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, hoy llegamos a un momento culminante. Sabemos que las autoridades judías estaban presionando a Pilato y estaban alebrestando a la gente con un solo objetivo: que Jesús fuera condenado.

Como los judíos en aquella época no tenían independencia, sino que estaban bajo la dominación del Imperio Romano, tampoco tenían el derecho de aplicar ellos mismos la pena de muerte; ellos dependían de Roma también para esto.

Es decir, ellos tenían que producir la sentencia de Cristo de labios de Poncio Pilato, que era el representante del poder romano; el nombre oficial del cargo de él era "Procurador".

Y ese cargo mismo indica, en parte, el desprecio que los romanos sentían por el pueblo judío, literalmente la palabra procurador es: “El que se encarga de los asuntos de...”. Poncio Pilato se sentía en un rincón del imperio y tenía ese oficio de procurador, es decir, resolver los problemas, encargarse de los asuntos que surgieran con los judíos.

Los romanos se reservaban la pena de muerte, es decir, ninguna de las naciones o pueblos que ellos ocupaban podía aplicar este castigo por sí mismo. Entonces las autoridades judías necesitaban que se produjera esta condena y que Pilatos la aceptara.

Vemos la presión que han hecho; en las meditaciones anteriores vemos también cómo ellos intentan vender esta idea a Pilato. La idea era que Jesús era un peligro para Roma, porque se había nombrado rey, y si Él es el rey, entonces es una amenaza para el César, y si es una amenaza para el Imperio, Pilato tiene que intervenir.

Esta es la estrategia de ellos. Pero esa estrategia falló, en el sentido de que Pilato se da cuenta de que Jesús no tiene el estilo de un agitador político, Jesús no es esa clase de persona. Pilato sabe muy bien que no está frente a un criminal, a lo sumo podría decir, es un romántico loco, que tiene algunas ideas religiosas, pero no es un criminal, no es alguien que merezca la pena de muerte.

Entonces, es aquí cuando las autoridades judías toman otra parte de su estrategia, que es producir una especie de amago de revuelta, amago de motín. Como los judíos tenían esa fama de gente violenta, especialmente viva estaba la memoria de los tiempos de los Macabeos; entonces, pues, producir un motín, producir una revuelta era la último que podía desear Pilato.

Y realmente es una especie de chantaje lo que le hacen. Empiezan a alebrestar a la gente, y la gente repite cada vez cada vez con más fuerza, grita con fuerza que tiene que crucificar a Cristo.

Pilato siente miedo de la gente, siente miedo de la revuelta, y más o menos las cuentas que él hace son: "Si para evitar un problema y para evitar un motín hay que matar a este loco romántico, pues entonces que se muera; no es lo que yo quiero, es un inocente, pero que se muera".

Así están las cosas, pero Pilato no termina de convencerse de que esa sea la mejor salida, y es aquí donde entra el texto que vamos a leer el día de hoy; está en el evangelio según San Juan, capítulo 19, en los versículos del 9 al 16.

"Volvió a entrar en el pretorio y dijo Pilato a Jesús: “¿De dónde eres tú? Pero Jesús no le dio respuesta. Pilato le dice: "¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo poder para soltarte y poder para crucificarte?" San Juan 19,9-10.

Respondió Jesús: "No tendrías contra mí ningún poder, si no se te hubiera dado de arriba; por eso el que me ha entregado a ti, tiene mayor pecado". Desde entonces Pilato trataba de librarle; pero los judíos gritaron: “Si sueltas a ése, no eres amigo del César: todo el que se hace rey se enfrenta al César"" San Juan 19,11-12.

"Al oír Pilato estas palabras, hizo salir a Jesús y se sentó en el tribunal, en el lugar llamado Enlosado, en hebreo Gábbathá. Era el día de la preparación de la Pascua, hacia la hora sexta" San Juan 19,13-14.

"Dice Pilato a los judíos: "Aquí tenéis a vuestro Rey". Ellos gritaron: "¡Fuera, fuera! ¡Crucifícale!” Les dice Pilato: “¿A vuestro Rey voy a crucificar?” Replicaron los sumos sacerdotes: "No tenemos más rey que el César". Entonces se lo entregó para que fuera crucificado" San Juan 19,14-16

Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

Es el momento entonces en el que se pronuncia la sentencia, es aquí en Juan, capítulo 19, versículo 16, donde Cristo es condenado a muerte. Una de las estaciones del Santo Vía Crucis, entre otras cosas.

Creo que si miramos un poco cómo se desarrolla este diálogo, incluso en medio de tanta corrupción, porque eso es lo que hay aquí: corrupción administrativa, corrupción de las instituciones; en medio de tanta basura humana que aparece aquí, también podemos encontrar mucha luz. Y con la ayuda del Espíritu Santo, creo que es lo que vamos a hacer.

Examinemos lo que Pilatos dice a Cristo: “¿Dé dónde eres tú?" San Juan 19,9, y luego le dice: "¿A mí no me hablas? Tengo poder para soltarte y poder para crucificarte" San Juan 19,10.

Indudablemente, el silencio de Cristo fue una especie de interrogante, un tremendo signo de interrogación que quedó en todos los que estuvieron implicados en su Pasión.

Cristo guardó silencio muchas veces, guardó silencio durante la flagelación, guardó silencio cuando fue llevado donde Herodes; guarda aquí silencio también ante Pilatos.

Y por supuesto, nos hace acordar de aquel texto del Profeta Jeremías, donde él dice que "era llevado como oveja al matadero" Jeremías 11,19. Él no sabía de los planes que se tramaban y fue llevado como oveja al matadero.

Y ese silencio de Cristo, en primer lugar nos habla de la inocencia de uno que no tiene de que acusarse, pero también nos habla de la majestad de alguien que sabe que sus palabras poco pueden añadir a los hechos; porque son los hechos, son las obras de Cristo, es la realidad la que está gritando la inocencia del Hijo de Dios. Y a quien no quiere escuchar la verdad de los hechos, poco pueden convencerlo las palabras.

De modo que el silencio de Cristo es una protestación de inocencia, pero ese silencio también es un silencio de denuncia. Es el silencio que le dice a todos estos implicados: las autoridades judías, Herodes, Pilatos, incluso, ante su propio pueblo, es el silencio que le está diciendo a la gente: "¿Ustedes no están oyendo el grito de los hechos, el grito de las obras?" Y lamentablemente, no lo estaban oyendo.

Entonces, si es claro que Pilato está convencido de la inocencia de Cristo, ¿a qué vienen más palabras? Muchas veces con las palabras queremos negar, o queremos maquillar, o queremos embellecer, o a veces queremos simplemente retorcer las verdades que están ahí en los hechos.

Cristo no se presta para ese juego, su silencio, en ese sentido, es el silencio de aquél que no sólo es inocente, sino que es denuncia para la hipocresía del mundo. Pero finalmente Jesús sí responde algo.

Pilato le dice: "Oye, yo tengo poder para soltarte y para crucificarte" San Juan 19,10, y entonces le dice Cristo: "Mira, el que me ha entregado a ti, tiene mayor pecado" San Juan 19,11.

Y le dice también: "Tu no tendrías ningún poder, si no te lo hubieran dado" San Juan 19,11. Estas dos frases de Cristo son muy interesantes, porque es aquí donde se cambian los papeles.

Supuestamente, Pilato era el juez y Jesús era el acusado, pero al hablar de esta manera, Jesús lo que le está diciendo es: "Mira que el que resulta denunciado aquí eres tú. Porque si tú eres el juez, y si tú sabes cómo son las cosas, y tú estás obrando así, entonces el que está quedando denunciado aquí, y el verdadero culpable aquí eres tú".

y se lo dice expresamente. "El que me ha entregado a ti, tiene mayor pecado" San Juan 19,11. Mayor, es un término de comparación, le dice está diciendo a Pilato: "Tú estás cometiendo un pecado aquí".

Y esto es muy interesante: Jesús es el acusado, pero en medio de su Pasión, -y esto se destaca especialmente en el evangelio de Juan-; en medio de su Pasión, Jesús es majestuoso Señor.

Puede ser humillado, puede ser escupido, puede recibir burlas y azotes, y sin embargo Él es el Señor, y Él es el Juez, y Él es el que está denunciando aquí a Pilato y le está diciendo: "Mira, el que tiene culpa aquí eres tú". Y también le recuerda que el poder de él es un poder que ha recibido; no es el dueño del poder, es un engranaje más dentro de una inmensa máquina.

"Tú has recibido tu poder, Pilato, eres un engranaje más". Yo creo que esto es muy importante, porque ¿cuántas veces se justifican los crímenes, escudándose uno en el oficio que tiene?: "Eso era lo que tocaba hacer". Si uno se pregunta por qué el mundo anda como anda, todo el mundo tiene explicaciones, todos tenemos explicaciones.

Si le preguntamos al político por qué aprueba la ley que permite abortos, en resumen lo que te va a decir es: "Si no hago eso, pierdo a los electores; es decir, el sistema me obliga a obrar así".

Y si le pregunto a un abogado por qué miente, dice: "Porque es que el sistema me obliga a eso, porque si yo tengo que defender a mi cliente, pues lo tengo que defender, así yo mismo sepa que él es culpable. Entonces el sistema me obliga a eso".

Y así cada uno se escuda en el sistema, el sistema es toda esa maquinaria, y Jesús está aquí anunciando también esa máquina, ese sistema, está diciendo: "Mira, tú eres una pieza más".

En el fondo lo que le está diciendo es: "Pilato, cómo serían las cosas si tú pudieras pensar por ti mismo, si tú no estuvieras simplemente cumpliendo órdenes, que no son solamente las órdenes del César, sino que son las órdenes de todo el que tiene poder sobre ti. ¿No te das cuenta, Pilato, lo que te están haciendo? ¿No te das cuenta cómo te están utilizando?"

Ojalá le pudiéramos decir eso mismo a nuestros gobernantes: "Oye, ¿no te das cuenta, señor Presidente, señor Primer Ministro, no te das cuenta cómo el sistema te utiliza?"

Ojalá le pudiéramos decir eso a nuestros congresistas: "¿No se dan cuenta ustedes cómo el sistema los utiliza para que cada vez legislen en contra la vida, en contra de la familia?"

Ojalá le pudiéramos decir eso a los profesores: "Oye, ¿no te das cuenta que los contenidos que muchas veces transmites a los alumnos, son los que el sistema te está diciendo que tienes que transmitir? Pero ¿dónde esta tu conciencia en eso?"

Jesucristo es majestuoso en este pasaje, Él es el acusado y sin embargo Él es el Señor. Y a Pilato le toca admitir. Jesús le dice: "Mira, el que me entregó a ti, tiene mayor pecado que tú, porque tú tienes pecado, Pilato".

Y Pilato le admite a Jesús porque, desde ese momento, nos dice Juan, capítulo 19, versículo 12: “Desde entonces, Pilato trataba de librarle" San Juan 19,12.

Los judíos le gritan: "Si sueltas a ése, no eres amigo del César" San Juan 19,12, y Pilato termina cediendo. El sistema se lo tragó vivo.

"Entonces yo soy, -dice él-, ¿no sabes qué tengo poder?" San Juan 19,10. Y Jesús le dice: "¿Cuál es el poder que tienes? A ti el poder te lo da la gente, a ti el poder te lo da el Emperador".

Y la prueba está uno o dos versículos abajo: "Yo tengo el poder", dice Pilato, pero ante la presión de los judíos, "ah, no, el poder lo tienen es ellos", esas autoridades judías que finalmente logran lo que querían.

Es importante destacar esta palabra, que la he dicho varias veces a lo largo de estas meditaciones, que se trata es de las autoridades judias. Evitemos, por favor, una condenación global del pueblo judío, sería algo injusto; y mucho más injusto sería pensar que cualquier condenación a ese pueblo, se puede transmitir hasta nuestros días.

Esto es lo que se llama "antisemitismo", esa manera de pensar perversa que quiere buscar en el pueblo judío toda la culpa. Hay que evitar eso, ese no es el genuino pensamiento cristiano, pero tampoco podemos negar que efectivamente las autoridades judías de ese tiempo hicieron, pues lo que estamos escuchando en estos pasajes.

La presión de los judíos crece: "¡Crucifícale!" San Juan 19,15, y dice Pilato: "Bueno, pero ¿voy a crucificar a vuestro rey?" San Juan 19,15.

Esa pregunta tiene una importancia y es que,bueno, si ellos hubieran dicho: "Ése es nuestro rey", de algún modo esa hubiera sido la justificación de la condena, hasta cierto punto; porque si los judíos lo tomaban a Él como Rey, entonces era una amenaza para el César.

Pero en el hecho mismo de que ellos quieren crucificar a Cristo, y por lo tanto no lo reconocen como Rey, en ese hecho se proclama, se grita la inocencia de Cristo y lo injusto de la condena que se le aplica a Él.

Bueno, pienso que mucho podemos aprender aquí del ejemplo de Cristo, de su mansedumbre, pero podemos aprender también esa lección: oír lo que gritan los hechos; a veces no es necesario pedir tantas palabras; a veces lo que necesitamos es escuchar la verdad que hay ahí en las obras.

En otra ocasión había dicho Cristo: "Las obras que el Padre me ha concedido realizar dan testimonio de mí" San Juan 5,36, y yo creo que esto se cumple especialmente en el momento de la Pasión.

Mientras seguimos avanzando, y ya vamos llegando al final de este relato, que es la historia del amor más grande, pidamos al Señor que esto nos traiga conversión en el corazón, para ser nosotros verdaderos delante de Cristo, más allá de lo que el sistema quiera hacer de nosotros.