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Fecha: 20060509
Título: ¿Son nuestras obras un reflejo de Cristo en nosotros?
Original en audio: 25 min. 35 seg.
Esta semana es la semana de El Buen Pastor. El domingo pasado tuvimos la fiesta del Buen Pastor, pero en realidad esa fiesta se prolonga; si ustedes miran las lecturas de los evangelios de todos estos días, son como un eco, como una prolongación de esa fiesta.
Y es uno de los temas más importantes de la Pascua, descubrirnos como rebaño de Jesucristo, y descubrirlo a Él como Pastor de nuestras vidas.
El pastor guía, alimenta, protege, defiende, y todos esos verbos, todas esas acciones las podemos aplicar perfectamente a lo que Cristo hace con nosotros: nos guía, alimenta, protege, defiende, nos rescata.
¿Qué podemos aprender de este Buen Pastor en la lectura de hoy? ¿Qué podemos aprender en su manera de ser Pastor? Yo he notado, queridos hermanos, que el evangelio según San Juan es un evangelio lleno de detalles, es un evangelio para contemplativos.
Tener el alma en disposición de contemplar a Jesucristo, es tener el alma en disposición de admirarlo y de gastarle tiempo. Un alma contemplativa no es otra cosa sino un corazón que quiere "perderle" tiempo, gastar su tiempo mirando, admirando, amando, adorando; esa es la vida contemplativa.
En nuestra Iglesia hay algunas comunidades religiosas que se llaman así, de Vida Contemplativa; no lejos de aquí, por ejemplo, hay un monasterio de monjas Carmelitas Descalzas y ellas son contemplativas, quiere decir que el centro de su vida es precisamente mirar, admirar, amar, adorar a Jesucristo.
Nosotros en el evangelio de Juan somos invitados todos a ser contemplativos. Pero, ¿cómo se hace uno contemplativo? Uno se hace contemplativo por una serie de actos de la voluntad y de la inteligencia; lo propio de la voluntad es amar y lo propio de la inteligencia es descubrir la verdad, descubrir donde está lo verdadero.
El evangelio de Juan nos ayuda a ser contemplativos, porque si meditamos en las palabras, especialmente de este evangelio, vamos encontrando detalles y detalles.
Detalles que nos ponen a pensar, que detienen nuestro pensamiento en el rostro adorable, en la vida magnifica y bella de Jesucristo. Y cuando uno descubre detalles que están así, llenos de luz, se va volviendo contemplativo.
Esto se parece mucho a lo que sucede en el amor, mucho, mucho se parece. ¿Qué es lo que hace que uno se detenga a mirar un determinado rostro? ¡Hay rostros que son tan bellos, tan agradables de mirar! Especialmente cuando hay amor, por supuesto.
Las parejas de novios se quedan mirando el uno al otro y van mirando detalles y detalles, y empiezan como a recorrer el paisaje del rostro de la otra persona y hasta los lunares y las arruguitas y las verruguitas, y los colores y las sombra, todo es fascinante, todo es bello y de todo se aprende.
Ser contemplativos es hacer este ejercicio con Jesucristo, es conocerle todo, conocer cómo obra, por qué obra, qué piensa, cómo actúa, cómo reacciona. El evangelio de Juan está lleno de detalles que nos ponen a pensar, que detienen la carrera del pensamiento, que nos sosiegan, que nos invitan a contemplar y a adorar.
Una de las cosas que yo quisiera ver florecer en Santacruz, ojala Dios me lo conceda, es comunidades que sean verdaderamente contemplativas, carismáticas contemplativas, ya sean de vida religiosa o comunidades laicales, es decir, lugares en donde haya verdaderamente ese sentido de adoración, ese deseo de "perderle" tiempo a la Palabra de Dios.
Yo utilizo esa expresión, perder el tiempo, pero por supuesto no es perderlo, es simplemente gastarlo gozosamente y sin medida, así como los novios pierden el tiempo juntos en el sentido de que pierden la noción del tiempo, en el sentido de que no les importa cuánto tiempo están el uno con el otro y cualquier tiempo les parece corto.
¿Ustedes se imaginan cómo sería de bello que Dios tomara estas comunidades carismáticas que existen aquí en Santacruz, por ejemplo, y que las fuera constituyendo en comunidades de adoración, comunidades verdaderamente contemplativas, comunidades en las que el rostro, la vida y la Palabra de Jesús fuera siempre el centro de atención?
Hoy, por ejemplo, a ver qué le podemos aprender hoy a Jesús. Dice varias cosas: Dice de sus obras, dice del Padre, dice de cómo las ovejas escuchan la voz de Él y como Él las conoce a ellas. Todas esas frases así corticas y como un poquito en espiral, que va diciendo el Evangelista Juan, son invitaciones a la contemplación.
Pero yo quiero tomar especialmente la escena del principio para ver si de ahí podemos sacar otro poquito de luz, otro relámpago que nos lleve a conocerlo más, a entregarle aún más nuestro corazón, a adorarle con mayor fervor.
Veamos cómo fue esa escena. Era invierno. Jesús se paseaba por el Templo, los judíos lo rodearon y le preguntaron: "Sí eres el Mesías, dilo abiertamente" San Juan 10,24; Jesús dice: "Ya se los dije, pero ustedes no lo creen" San Juan 10,25.
Si uno mira los capítulos anteriores hasta este capítulo décimo, en ninguna parte Jesús dijo: "Yo soy el Mesías". ¿Por qué dice Ël "ya se los dije?"? Por lo que sigue: "Las obras que hago en nombre de mi Padre dan testimonio de mí" San Juan 10,25.
O sea la frase completa es: "Lo que yo hago, hace rato está diciendo lo que yo soy, hace tiempo que mis obras están declarando quién soy yo". ¿Por qué ustedes le van a dar más importancia a que yo diga con palabras: "Yo soy el Mesías", si hace tiempo mis obras están demostrando que yo soy el Mesías?
Bueno, ¿y de ahí qué podemos aprender? Pues muchas cosas. Aprendemos, en primer lugar, que el lenguaje que Dios prefiere es el lenguaje de las obras. Si nosotros somos del rebaño de Cristo, eso lo tienen que gritar nuestras obras, tiene que ser la proclamación, la canción, el mensaje que brote de tu vida, con verte actuar debería saberse que tú eres de Jesús. Pregunta: ¿sucede así? La gente que te ve, la gente que te ve obrar, ¿siente que tú eres de Jesús?
Hay una historia tan bonita que ha circulado mucho en Internet. Iba un grupo de pasajeros corriendo por un gran aeropuerto, iban tarde para alcanzar el avión.
Y en algún rincón, en alguna esquina, había una muchacha ciega, que tenía un pequeño puesto de manzanas y con lo que le daba la gente por las manzanas -contando con la honradez de la gente por demás-, pues en algo aliviaba su mala situación económica tan limitada por la pérdida de sus ojos.
Entonces estaba la niña ciega con su pequeño puestecito de manzanas en el gran aeropuerto, prácticamente mendigando, y venía este grupo de pasajeros, amigos entre ellos, ejecutivos de una cierta compañía.
Iban tarde porque ya el avión estaba casi por dejarlos, y en medio de las carreras, alguno, inadvertidamente, tropezó con la canasta de manzanas y rodaron esas manzanas por todas partes, veinte, treinta manzanas, obviamente, pues, el disgusto, la desazón por lo que sucedía.
Pero todos estaban con prisa, evidentemente, lamentaron haberle hecho este daño a la niña, pero todos, excepto uno, siguieron en su carrera.
Pero hubo uno que no siguió corriendo, hubo uno que prefirió esperar horas, si tenía que esperarlas, para irse en otro vuelo; pero no se sintió capaz de dejar a esta niña, que apenas entendió lo que estaba sucediendo rompió a llorar, porque eso significaba no sólo la pérdida de unas manzanas, sino la pérdida del poco dinero que hubiera podido recoger.
Entonces este hombre, aunque llevaba igual o peor afán que los demás, se detuvo un momento y empezó a recoger las manzanas, se demoró en eso unos minutos, que por supuesto para él eran preciosos, organizó de nuevo la canastita y otra vez ya quedó el puestecito armado.
Y entonces la niña, que todavía seguía llorando, lo único que le preguntaba es: "¿Usted es Jesús?" "¿Usted es Jesús?" Ella sintió que sólo Jesús sería capaz de detenerse, sólo Jesús sería capaz de perder el avión y sólo Jesús sería capaz de tener ese tiempo y ese cariño para ayudarla a ella, que no tenía manera de socorrerse a sí misma. "¿Usted es Jesús?" "¿Usted es Jesús?" Preguntaba ella.
Y yo creo que ese es un gran mensaje para nosotros: tenemos que obrar de tal manera que la gente tenga, tenga que preguntarse con asombro: "¿Usted es Jesús?" "¿Por qué ama tanto? "¿Por qué tiene tanta paciencia?" "¿Por qué sonríe así?" "¿Por qué es tan dulce?" ¿Por qué tiene tanto amor?" "¿Por qué hay tanta vida en usted?"
"¿Por qué, cuando todos podrían usarme, usted no me usa?" "¿Por qué, cuando todos maltratan, usted no maltrata?" "¿Por qué, cuando todos se desesperan, usted no se desespera?" "¿Usted es Jesús?" ¡Esa es la pregunta que la gente tendría que hacerse!
Esta es la primera enseñanza que tomamos de este evangelio. Jesús dice: "Son mis obras las que están declarando quién soy yo" San Juan 10,25, y eso lo dice nuestro Pastor, y si nosotros somos ovejas de su rebaño, esa es la norma también para nosotros, vivir de tal manera que la gente, con mirarnos, tenga que preguntarse: "¿Usted es Jesús?"
Hay otra cosa que podemos aprender aquí. Ellos le decían: "Si eres el Mesías, dilo abiertamente" San Juan 10,24. Jesús estaba en Jerusalén. Jerusalén era, por supuesto, una caldera a punto de explotar.
Y digo esto porque, a ver, en Jerusalén estaba el procurador romano y en Jerusalén estaban las autoridades Judías, detestándose y necesitándose a la vez. Era una situación tensa, explosiva que no iba a durar mucho tiempo.
Veamos: Nuestro Señor Jesucristo murió hacia el año 33 y unos 30 o 40 años después, llegó el final de esta historia cuando los romanos arrasaron con Jerusalén y acabaron prácticamente con el estado de Israel. Así quedaron las cosas hasta 1948, casi 1900 años después.
Eso demuestra que la situación era explosiva. Y estos judíos le dicen a Jesús: "Oye, di abiertamente que tú eres el Mesías" San Juan 10,24.
Era una trampa, claro, proclamarse como Mesías en Jerusalén no podría hacer otra cosa que producir una revuelta, un gran escándalo, atraer la atención de los romanos de manera que miraran en Jesucristo un peligro.
¡Qué trampa tan bien puesta! "Dilo abiertamente" San Juan 10,24, y Jesús dice: "No esto no es de decirlo abiertamente, porque ya mis obras son las que lo están diciendo abiertamente" San Juan 10,25.
Pero lo interesante del caso es que ese: "¡Dilo abiertamente", "proclámalo abiertamente!" San Juan 10,24, me hace reflexionar mucho, mis queridos amigos, porque ustedes saben que por vocación, por ministerio sacerdotal y por mi Comunidad Dominicana yo soy llamado a la predicación.
El nombre oficial de la Orden Dominicana es "Orden de Predicadores", y yo siento que la vida mía es la predicación, en nada me siento tan feliz, tan realizado, tan gozoso, como en esto que estoy haciendo ahora mismo, pudiendo compartir la Palabra del Señor.
Para mí es el gozo grande de mi alma, es mi vida, es mi alimento. Por eso me parece bien interesante eso de los judíos: "Dilo abiertamente" San Juan 10,24; pero Jesús no les dio el gusto, era una trampa.
Donde Jesús hubiera iniciado ese gran escándalo en el Templo diciendo: "¡Yo soy, yo soy el Mesías!", pues los judíos habrían logrado lo que querían y lo que querían era que interviniera el ejército romano, que miraran en Jesús una amenaza contra el Emperador Romano y así quitarse de encima a ese Jesús que les estorbaba, definitivamente era una trampa.
Pero entonces me queda a mí sonando ese tema. El tema de, si se debe decir abiertamente que Jesús es el Mesías, porque resulta que en la Biblia tenemos otro testimonio que muestra que no siempre hay que decir abiertamente que Jesús es el Mesías. a ver, ¿en que contradicción y en qué camino me estoy metiendo con esto que digo?
Ustedes se acuerdan que muchas veces cuando Jesús iba a expulsar demonios, estos decían abiertamente, que Jesús era el era el Hijo de Dios, que Jesús era el Mesías, y el evangelio comenta: "Pero Jesús no los dejaba hablar" San Marcos 1,34. Jesús amordazaba, ataba esos demonios para que no dijeran que él era el Mesías.
Bueno, ¿a ustedes no les hace pensar eso? ¿Que los demonios decían abiertamente que Jesús era el Mesías y Jesús los amordazaba? Y los judíos estos enemigos de Cristo, que no eran todos los judíos, pero si eran algunos, estos judíos, los del evangelio de hoy, le dicen: "dilo abiertamente" San Juan 10,24, y Jesús no lo dice.
¿Qué será lo que podemos aprender de ahí? ¿Por qué los demonios querían decir abiertamente que Jesús es el Mesías, y por qué estos judíos quieren que Jesús diga abiertamente que es el Mesías y en ambos casos Jesús se resiste? ¿No se supone que evangelizar es precisamente decir abiertamente: "Jesús es el Mesías?"
Pues sí, la evangelización es la proclamación de que Jesús es el Mesías, en palabras, en signos, en símbolos, en ritos, en obras, en la realidad. Es la proclamación integral de Jesús como Mesías. Decir que Jesús es el Mesías y no vivir como discípulo del Mesías hace más daño que no decir nada.
Por eso Jesús amordazaba a los demonios, porque estos proclamando que Él era el Mesías, pretendían desobedecerle y pretendían atacar su obra, y estos judíos querían que Jesús dijera que Él era el Mesías no para creer en Él, no para escuchar su voz, no para hacer caso a sus consignas, sino para atacarlo.
Entonces lo que nosotros aprendemos de aquí es que la proclamación tiene que ir de acuerdo con la esencia, con la realidad; lo de adentro tiene que ir de acuerdo con lo de afuera, o lo de afuera tiene que ir de acuerdo con lo de adentro.
Si vamos a proclamar abiertamente que Jesús es el Mesías, entonces que Jesús abiertamente reine en nuestros corazones y en nuestras vidas; si no vamos a tener este reinado de Cristo en nuestras vidas, entonces lo que estamos es burlándonos de Él.
Yo voy a dar un ejemplo, que parece aquí tonto. En muchos países, en Europa por ejemplo, la Cruz se ha convertido en un elemento decorativo, de maquillaje, en un accesorio, entonces es frecuente ver modelos, mujeres semidesnudas en poses absolutamente provocativas o abiertamente pornográficas, con una crucecita de diamantes, o de esmeraldas, o de no sé qué.
¡Ahí se está mostrando la Cruz, pero se está mostrando para burlarse de la Cruz, ahí se está presentando la Cruz pero no para que sea apreciada, ni para que sea agradecida, ni para que sea recibida, sino para que sea burlada!
Entonces no cualquier presencia abierta de Jesucristo, no cualquier presencia pública del Nombre de Cristo o del símbolo de Cristo, es una ayuda para la evangelización. Ayuda llevar una cruz.
Si tu vida está crucificada, ayuda llevar un rosario, –qué bueno que lleves un rosario, por ejemplo, hay pulseras muy bonitas con el rosario-; si tu vida está así encadenada a la dulce oración de la Virgen.
Ayuda llevar un escapulario, si tú estás revestido de las virtudes de María; ayuda llevar un signo cristiano, si tu vida es cristiana! La proclamación abierta, explicita tiene que ir concorde con el testimonio de las obras, con la convicción del corazón.
Vamos a seguir con esta celebración en la que hemos aprendido tres cosas. Primera: que somos llamados a ser contemplativos. Esto que yo hago en estas homilías es una meditación de la Palabra, algunas veces se le llama una especie de Lectio Divina. Lo que yo hago es leer y sacar los detallitos que aparecen allí.
El primer punto de hoy es: Dios te invita a ser contemplativo, a hacer este mismo ejercicio que yo hago. Enamórate de la Palabra, pégate de esos detalles.
Y así como el novio se queda mirando cómo es que se unen los labios de la novia, la comisura, y el lunar, y las pestañas, y no sé cuántas cosas, pues las pestañas, y verruguitas, y lunares y comisuras, y peinados de Cristo que a nosotros nos interesan, no son tanto lo que están pintados en un retrato, lo que nos interesa es lo que esta pintado en este retrato que es la Palabra de Dios.
Enamórate de esta Palabra, paséate por esos detalles. Esa es como la primera enseñanza.
La segunda: que nuestras obras sean tan fuertes y tan claras que la gente tenga que preguntar: "¿Tú eres Jesús?" "¿En verdad tú eres Jesús?"
Una vez que estuvimos en uno de los congresos que hacemos aquí en la Mansión, hay ocasiones en que la gente se entusiasma mucho, porque como Dios a veces hace milagros y hay sanaciones y todo, ocurre que a veces se acercan y quieren tocarlo a uno, y me decía un muchacho, que quería saber si era real. A mí me parecía como de fantasía todo eso.
Y se ve allá el padrecito en el escenario, predicando y qué milagros, y qué lenguas, y qué cantos, y llega un momento en que las cosas parecen como irreales. ¿Eres real? ¿Eres Jesús? ¿Quién vive en ti? ¿Qué te hace obrar así?
Entonces la segunda parte de la enseñanza es esa: vive de tal manera que la gente tenga que acercarse a ti y decir: "¿Se puede amar tanto?" "¿Es que de verdad eres lo que pareces?" "¿Eres Jesús?" Esa fue la segunda parte.
Y la tercera: que haya coherencia entre las palabras y los símbolos, por una parte; y las realidades, la convicción, la historia de vida, por otra parte.
Seguimos ahora nuestra celebración, que es tan real como es real el Pan de Vida que vamos a comer, y como es real la acción del Espíritu que nos va a transformar.
Amén.