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Fecha: 20000516
Título: Como era hombre de bien, lleno del Espiritu Santo y de fe, mucha gente creyo
Original en audio: 8 min. 45 seg.
Hermanos Muy Queridos:
Con motivo de este cumpleaños, he tenido ocasión de reflexionar sobre tantos regalos que Dios nos concede, sobre todo el regalo de la vida misma, el regalo de la fe y de habernos llamado a la amistad con Él, a conocerle y a invocar su Nombre; vivir de su gracia, tener esperanza en su Palabra, alimentarnos de su Cuerpo y de su Sangre.
Y recibir su unción, participar de sus mismas preocupaciones y recibir incluso del pueblo de Dios una parte, un destello del amor que sólo Él se merece, sino tenemos que reconocer que la mayor parte del amor y de la fe que nos tiene a nosotros, ha nacido del amor que le tiene a Dios.
Todos estos bienes nos hacen profundamente agradecidos y nos dan un tono de alegría y de esperanza y una sonrisa que no se acaba realmente en el corazón. Yo pienso que después de la vida y de la santa fe católica haberme traído a esta comunidad que tiene el nombre del encargo de la predicación, es una de las más grandes misericordias que Dios haya tenido para conmigo.
Porque me trajo, no por que yo fuera indispensable, sino me trajo, en primer lugar porque me amó y por amor quiso encontrar este camino, quiso que yo participara de este camino, en el cual, con la gracia de Dios primero, y con la oración de nuestros santos, espero perseverar hasta la muerte, ofrecer mi vida aquí y obtener también por este camino la salvación eterna.
Dios nos llamó no como trabajadores, no como empleados, Él no es nuestro patrón, Él no es un empleador lejano o un gerente anónimo, sino es el amigo entrañable que ha pedido que nosotros sepamos de las angustias de su corazón enamorado por la salvación de la humanidad. Y estos pensamientos me colman de tal manera, que con muchísima frecuencia, al escuchar la Palabra de Dios, yo siento que Él está hablando de nosotros.
A mí todo me habla de la Orden Dominicana, creo que estoy, por bondad de Dios y por el ejemplo de los santos, estoy como enamorado de este carisma, que me pasa lo mismo que le sucede a los jóvenes cuando están enamorados de sus doncellas, que todo lo relacionan con ellas y les parece que en todas partes están hablando de ellas y de las cualidades que tienen, así me sucede a mi, por rareza encuentro una lectura que no se esté hablando del carisma dominicano.
A mí me parece que todas las lecturas están hablando de lo que nosotros somos, de lo que nosotros tenemos que hacer en la Iglesia, y que si son duras, es para que nos arrepintamos de nuestros pecados; y si son consoladoras, es para que nos animemos; y si presentan grandes retos, es para que crezcamos en la gracia; y si presentan grandes triunfos, es para que volvamos a ese triple lema que ya desde el siglo XIII adorna nuestro ser: "Alabar, bendecir y predicar".
Eso sí es mucho decir, es demasiado, me parece a mí, que exista una comunidad religiosa, que se da a si misma propiamente, el carisma, la actividad o la obra que hasta ese entonces, no voy a decir que tenían los Obispos, no, sino que era propia de los Ángeles.
"Alabar bendecir y predicar", esos eran y son desde luego las actividades propias de los Santos Ángeles, y los frailes de aquella época, movidos por una gratitud inmensa, quisieron aplicar a su propia comunidad ese oficio, que es oficio de Ángeles: "Alabar, bendecir y predicar".
Alabar se dirige sólo a Dios, predicar se dirige sólo al pueblo, bendecir se dirige al pueblo y a Dios, porque bendecimos al pueblo en nombre de Dios y bendecimos a Dios por las misericordias que concede al pueblo.
Hoy por ejemplo, esa lectura que coincide con esta celebración fraterna, esta lectura de hoy es lectura de predicadores, el que quiera ser predicador éntrese de lleno a los Hechos de los Apóstoles y éntrese a las características.
Hoy por ejemplo, nos regalaron el retrato del que es un predicador en la persona de Bernabé, que además tiene ese nombre tan hermoso que significa "consolado", como aquél que ha sido sanado, rescatado, levantado por el Espíritu Santo, consentido por Dios, mimado por su amor.
Qué elogios se nos dijo hoy de Bernabé: "Como era hombre de bien, lleno del Espíritu Santo y de fe, mucha gente creyó" Hechos de los Apóstoles 11,24.
Ahí veo un retrato de lo que tiene que ser un fraile, casi me parece estar escuchando a Jordán de Sajonia, y digo honestamente, estudiar y predicar, casi parece que nos estuviera diciendo lo mismo el Espíritu Santo con este retrato de Bernabé, un hombre de bien, una persona fresca, transparente, esta palabra cómo nos gusta en nuestro tiempo, y es que además es muy bonita y luminosa.
Bernabé era así, era un hombre transparente, un hombre sin rodeos. Y Jordán se quedó definitivamente fascinado por la santidad de Domingo. Dijo con respecto a nuestro Padre: "Prefería siempre la vida de la sencillez, sin rastro de doblez alguna en sus intenciones de palabras".
¿Qué es una persona transparente? Una persona que tiene una sola intención, que tiene un solo amor. Como los grandes santos del Nuevo Testamento, como Juan Bautista y Pablo de Tarso, así también Bernabé, un hombre de bien.
Pero no predica él sus cualidades, sino que más bien esas cualidades son como el recipiente en el que el Espíritu Santo toma cause para darse precisamente al pueblo de Dios.
La historia de los Hechos de los Apóstoles, es una historia de un amor que no cabe en ningún molde, así como Cristo resucitado no cupo en esta tumba, aparta la piedra del sepulcro y llena el cielo y la tierra, así también podemos decir nosotros que el amor de Dios que brota de la resurrección de Jesucristo, no cabe en ninguna parte.
Y aunque en el principio sólo predicaban a los que tenían un origen judío, y luego el Espíritu Santo los movió de tal manera que empezaron a hablarle incluso a gente que no tenía ya nada que ver con el Judaísmo, ni siquiera eran prosélitos, y la gente se convertía, ¿por qué? Porque aquellos eran hombres de bien y eran cauces del Espíritu Santo.
Muchas más cosas, desde luego quisiera compartir aquí, como por ejemplo la relación entre persecución y misión.
Con motivo de estos tiempos de barbarie, de salvajismo que vivimos, yo no digo solamente en Colombia, sino en el mundo, lo que pasa es que salvajismo en Colombia es contra adultos y el salvajismo en el mundo desarrollado, es contra los que no han nacido, esa es la diferencia, pero en estos tiempos de salvajismo, uno tiene el peligro, la tentación de venir a decir qué vamos a hacer.
Pues estos son los tiempos para presentar el rostro de la verdadera noticia. Los problemas, más allá de los gobiernos, más allá de las violencias sociales o políticas, los problemas están en el odio a la humanidad que tiene su rostro en el pecado, pero frente a ese rostro sombrío, está el rostro glorioso de Jesucristo, que ha atraído a nuestros corazones y que nos tiene aquí.
Mis hermanos, gocémonos en Dios y en nuestra vocación. Les agradezco que estén pidiendo para mí el don de la misericordia, para que Dios me perdone y también el don de su amor, para que yo pueda agradecerle y para que pueda agradarle.