O341001a
Fecha: 19961125
Título: Tres momentos en nuestra historia de salvacion
Original en audio: 4 min. 22 seg.
En una cierta cuenta, esta es la última semana del año. Pero, hay que saber que el Año Litúrgico no termina simplemente. No es un círculo que vuelve a empezar en el mismo punto. Más se parece a una espiral, que pasando por los mismos lugares, nos encuentra siempre en un momento diverso de nuestra historia de salvación.
Hemos contemplado a Cristo, Rey del universo. Este Cristo Rey es la plenitud de la Pascua. Este Cristo Rey es el desenlace de la Cruz. Cristo, Rey del universo, es la digna y perfecta consumación de aquello que empezó en la mañana de Resurrección.
Y por eso, nosotros, en esta semana, guiados por el Apocalipsis y por estos capítulos finales de Lucas, vamos viendo el desenlace de la vida de Cristo, meditando en el desenlace de la historia de la humanidad, y reflexionando también en el desenlace de nuestra propia vida.
De lo que se trata durante estos días, es de que uno logre conjugar esas tres meditaciones: ¿cómo acabó Cristo? ¿Cómo va a acabar mi vida? ¿Cómo acabará la historia del mundo?
El que se quede sólo mirando el final de la vida de Cristo, mirará sólo como una película. Las películas van y vienen, nuestro corazón poco se mueve o mucho, y nuestra vida poco cambia.
El que se ponga a meditar únicamente en el final de su propia vida, quizá llegue a un cierto miedo o desesperación. Porque, todos tenemos mucho, sin duda, de qué corregirnos y de qué arrepentirnos.
Y el que se queda pensando solamente en el final de la historia del mundo, pues, tal vez se ponga a hacer especulaciones sobre si habrá o no tres días de oscuridad. "¿Será que ya nació el Anticristo? ¿Es verdad que el diablo se anda apareciendo por ahí? ¿Habrá otro Papa después de Juan Pablo Segundo? ¿O será ya ése el Antipapa?"
Este género de especulaciones, me parece a mí que en sí mismas poco ayudan para la verdadera y profunda conversión al Evangelio de Jesús.
El arte, entonces, durante estos días, es reunir esas tres meditaciones: relacionar cómo acabó Cristo, -eso es lo que nos cuenta el evangelio; Él "echó" toda su vida, donó toda su existencia, la apostó-, cómo termina el desenlace del mundo según las luces que nos trae el Apocalipsis y también, si nosotros queremos ser de ese cortejo que participa de la Pasión del Señor, para vivir después su gloria.
El Espíritu de Dios une estos tres momentos en el Sacrificio Eucarístico. Ahí está toda la verdad del misterio de Cristo. Ahí está toda la hondura del misterio del hombre. Ahí está toda la clave de comprensión de la historia de la humanidad.
¡Felices nosotros que hoy podemos alimentarnos de ese Sacramento!