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Fecha: 19961121
Título: En el Cordero de Dios se revela el misterio de nuestra propia vida
Original en audio: 8 min. 35 seg.
Queridos Amigos:
El Libro del Apocalipsis, palabra que significa revelación, es el último de los libros de la Sagrada Escritura. Quizás no sea exactamente el último que se escribió, pero en todo caso, sí es el que está puesto de último en la distribución de los libros que tenemos en las Biblias.
Además de eso, es también el que trata en forma como más orgánica y extensa, de las realidades últimas, por decirlo así, del desenlace de la historia del mundo y por consiguiente también, del desenlace de cada una de nuestras pequeñas historias, pequeñas grandes historias que son nuestras vidas.
Es un libro lleno de un lenguaje simbólico, poético y profético. Muchas veces no resulta sencillo saber a qué se está refiriendo. Esto es un inconveniente. Porque, uno puede oír el Apocalipsis y sentir que eso no le dice nada a uno. O lo que es más grave, uno puede oír el Apocalipsis e inventarse cualquier interpretación.
De hecho, del Apocalipsis han salido una cantidad de grupos cristianos no católicos, que hacen sus interpretaciones, por ejemplo, sobre el final del mundo, sobre acontecimientos dramáticos que se supone que estarían ya por suceder, y de esa manera atraen a la gente.
Por poner un caso, el texto que hemos escuchado hoy. Yo quisiera centrar mis palabras específicamente en esa primera lectura. Ahí se nos habla de un libro que está sellado y de un señor que llora porque el libro está sellado. Luego, abren el libro, y todo el mundo se pone contento porque abrieron el libro.
Si uno piensa un poco en esa historia, uno la siente como rara. Porque, libros sellados, ¿dónde conseguimos ahora? Hay libros caros; pero, libros sellados, uno no consigue. O los libros están sellados en los almacenes, para que uno no los pueda leer ahí, dentro del almacén.
Además, ¿qué es eso de que cuando finalmente el Cordero degollado logra leer el libro, todo el mundo se pone contento? "¡Un Cordero degollado en pie!" Apocalipsis 5,6.
Realmente, son muchas y muy densas las imágenes del Apocalipsis. Por tanto, repito, uno se puede sentir, o un poco despistado, o más bien sentir, que eso no tiene nada que ver con uno.
Pero, en realidad, sí tiene muchísimo que ver. Este Cordero no es otro que Cristo, al que ya Juan, el Evangelista, llama por la boca de Juan, el Bautista, "el Cordero de Dios" San Juan 1,36.
Una vez iba pasando Cristo cerca del Jordán, y Juan Bautista, extendiendo la mano, señaló a Cristo y dijo: "¡Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo!" San Juan 1,29. Esas palabras las decimos también en la Santa Misa cuando se presenta la Eucaristía, pocos momentos antes de la Comunión: "¡Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo!" San Juan 1,29.
Si está degollado, es porque este Cordero de Dios, como todos lo sabemos, sufrió el martirio. Fue destrozado a palo, a látigo, clavado en la Cruz y muerto. De ahí que sea degollado, porque ofreció su Sangre. Y está en pie, porque ha resucitado. De manera que el personaje central del Apocalipsis es Cristo y concretamente en este capítulo quinto, el personaje, el protagonista, es Jesucristo.
¡Ese libro es maravilloso! Ese libro se refiere al designio de Dios para la humanidad, para el universo. Ese libro está sellado. Los libros se enrollaban en esa época. Eran rollos de pergamino, y sobre el rollo de pergamino, se ponía, por ejemplo, con cera, con lacre, un sello. Eso significaba que estaba sellado.
Ese modo de sellar los libros, lo utilizaban los reyes cuando iban a enviar mensajes de importancia, en dado caso, a sus embajadas. Cogían el libro, lo enrollaban, lo sellaban con lacre y lo mandaban.
Como en el lacre, en esa especie de cera caliente, iba el sello del rey, -por eso se dice sellado-, el embajador que recibía el libro, sabía si alguien había leído ese mensaje. Porque, sabemos bien que ese tipo de cera, después de que se endurece, si tú la partes, ya no hay manera de volverla a pegar sin que se note que se fracturó por ahí.
De modo que el libro que tiene siete sellos es el libro que el Rey de Reyes, es el libro que Dios, Nuestro Rey, ha enviado a la humanidad. Pero, en este caso, el embajador, es decir, el ser humano, no ha podido abrir esa embajada. El ser humano no ha podido entrar en el pensamiento de Dios.
Nosotros, los seres humanos, no hemos podido, -porque nuestros ojos están enceguecidos y nuestras manos debilitadas-, no le hemos podido entender el chiste a Dios. No hemos comprendido la Palabra de Dios y como consecuencia, esa Palabra que es de salvación y misericordia, se desperdicia, porque nadie la recibe, porque nadie la acoge.
Eso explica el llanto de ese señor, que es el vidente del Apocalipsis. Él va contando las visiones que tiene. Él llora de ver que Dios ha enviado una carta al hombre y ese mensaje amoroso, esa Palabra de ternura, nunca ha podido ser abierta por el hombre, porque estamos enceguecidos y debilitados.
Pero, Cristo, verdadero Hombre y verdadero Dios, Cristo, el Cordero degollado, se levanta y seca las lágrimas del ser humano que no entiende el misterio de su propia vida. Ese ser humano que se pregunta, "¿por qué a mí me pasan estas cosas?", hoy encuentra en Cristo su mejor aliado, hoy encuentra en Cristo a Alguien que le puede abrir el misterio de su vida y decir: "Mira que hay una Palabra de Dios para ti".
Y porque se revela esa Palabra de salvación, entonces se puede cantar lo que escuchábamos en el día de hoy: "Digno eres, Señor, de abrir el libro, de recibir la gloria, el honor y el poder, porque creaste todas las cosas. Por tu voluntad existen y fueron creadas" Apocalipsis 5,9-10.
En verdad tenemos motivo de alegría en este Cristo, en este Cordero que ha abierto para nosotros el misterio de nuestra propia vida y el misterio de Dios. Un documento de la Iglesia que se llama "Gaudium et Spes", lo dice hermosísimamente: "En Cristo Jesús se revela el misterio de Dios y el misterio del ser humano".
En Él entendemos, por fin, qué es lo que andamos haciendo en esta tierra, y en Él comprendemos además, quién es ese Dios que aparece como una pregunta, como un horizonte, como una nube, más que como una realidad a veces en nuestra vida.
Demos gracias al Señor por esta Palabra de salvación. Sigamos nuestra celebración también, y al recibir a este Cristo, Cordero, descubramos en Él la clave fundamental, la pieza que nos faltaba para armar nuestro rompecabezas.