O266002a
Fecha: 19981003
Título: Con Dios no se hacen negocios
Original en audio: 12 min. 17 seg.
El libro de Job nos cuenta una historia de un hombre bueno, justo, recto, que se ve sometido a la injusticia, que se ve sometido a la prueba de la enfermedad; pierde sus hijos, pierde sus tierras, pierde sus posesiones, pierde su salud, pierde su paz, lo único que le queda es la esposa. Y la esposa no le da mucho ánimo, se va donde Job y le dice: "¿Usted qué hace? ¡Maldiga a Dios y muérase!"
Job se quedó solo y Job se enfrenta con el cáliz amargo del dolor más acerbo, en soledad. Este es el problema, este es el tema del libro de Job.
Nosotros asociamos a Job con la paciencia, por eso se dice: "Más paciente que el Santo Job". Y es verdad que Job fue muy paciente. Pero también es verdad que a Job se le acabó la paciencia y entonces empezó a renegar, que él por qué estaba vivo, por qué no se había muerto chiquito, que de pronto era mejor haberse muerto de una vez.
Se puso a renegar, pero casi más que renegar lo que hace Job es preguntarse a fondo por el sentido de su vida y por el sentido del sufrimiento. Entonces llegan unos amigos a visitar a Job, unos amigos muy elocuentes que empiezan a hacer largos discursos a Job.
Casi todos coinciden en decirle a job que si él sufre es porque seguramente hizo algo malo, porque en ese momento de la revelación de Dios en la historia de los hombres, lo que se creía era eso: que el que la hace la paga y que si una persona está sufriendo es por algo malo que hizo, y si a una persona le va bien es por algo bueno que hizo.
Pero Job, aunque estuviera muy golpeado por la vida, no estaba ni sordo ni tonto, y Job sabía que esa explicación era insuficiente. Porque vemos que hay muchas personas que a través del crimen y a través de la injusticia y a través de la mentira y a través de la trampa parece que les va bien y van como subiendo, subiendo, subiendo.
Y también conocemos algunas personas, y quizá hay aquí de ellas que obran bien que obran rectamente, que hacen todas las cosas al derecho, y que sin embargo, pasan tribulación tras tribulación.
Entonces Job prácticamente lo que dice en esos diálogos y en esas largas discusiones con los amigos, prácticamente lo que dice Job es: "Dejen de defender a Dios; más bien sería bueno que se me apareciera el mismo Dios y habláramos cara a cara, a ver qué es lo quiere conmigo".
Es un libro largo, tiene algo más de cuarenta capítulos; es un libro profundo que lo pone a uno a pensar muchas cosas sobretodo cuando uno se ha encontrado con el dolor en la propia vida y cuando uno ve tantos dolores injustos en esta tierra.
Y finalmente Dios le hace caso y le habla por allá en el capítulo treinta y ocho del libro de Job. Dios le habla a Job. Le habla y le presenta toda la majestad de la creación y toda la majestad de su poder, y después de esas palabras de Dios, se encuentran las palabras que hemos escuchado en la lectura de hoy.
Job dice: "Me retracto; yo te conocía solamente de oídas, pero ahora te han visto mis ojos, y yo me retracto de lo que he dicho". Y Dios bendice muchísimo a Job, le da muchas riquezas y le da una gran familia y le da mucha felicidad.
¿Qué es lo que nos enseña este desenlace del libro de Job? ¿Por qué Job aparece todavía como una especie de modelo para nosotros? Porque mire, hay algunas defensas de Dios que no le hacen ningún bien a Dios, y yo creo que si Dios hablara, si Dios hablara abiertamente, muchas veces diría: "Mire, mejor no me defienda, ¿si? No me defienda, dejemos la cosa así; ¡no me defienda!
Los amigos de Job querían defender a Dios y entonces le decían a Job: "Eso deben ser pecados suyos, deben ser problemas suyos, además el que la hace la paga, y además el que se porta bien tendrá recompensa, y además, y además, y además...." Pero nada de eso le solucionaba el dolor a Job, nada de eso le arreglaba el problema a Job, y además esa explicación tampoco parece correcta.
¿Cuál es el mérito de Job? El mérito de Job no es tan sencillo como decir que tenía muchísima paciencia, porque yo me he leído completo el libro de Job y resulta que hay veces que no se le ve ninguna paciencia. Lo que se ve es a una persona que llama a Dios a gritos y le dice: "Bueno, pero explíqueme, pero hábleme, pero a ver, ¿qué hacemos? A ver, ¿en qué es que vamos a quedar usted y yo?"
No es exactamente la paciencia la virtud más grande de Job, no es exactamente eso. Lo que sucede es que Job no admite que nadie le explique el obrar de Dios con esas explicaciones utilitarias, mundanas, de negocios. Porque fíjate que eso de que el que se porta bien le va bien y el que se porta mal le va mal, es como un negocito, ¿no? Como quien dice: "Yo le cumplo a Dios y entonces Dios tiene que tratarme bien a mí".
Precisamente el libro de Job nos enseña que con Dios no se hacen negocios de ese género. No es que yo voy a la Misa, o yo rezo, o yo hago esto o lo otro, y Dios tiene que cumplir su parte. No. La cosa no va por ese lado. El libro de Job es maravilloso para enseñarnos que con Dios no se hacen negocios de ese género.
Y en el fondo esos amigos, que dizque estaban ayudando a la fe de Job, esos amigos, que dizque estaban defendiendo a Dios, lo que estaban defendiendo era una idea de una religión de negocio, y Job no cayó en esa trampa; eso es la grandeza de Job, que a pesar de que estaba humillado, enfermo, solo, desposeído, arruinado, no admitió, en ningún momento admitió que con Dios se hicieran negocios de ese género.
Es decir, Job proclamó la majestad de Dios: "Él es el único Señor, Él es la única razón de mi vida". Aún en la desesperación más terrible, aún en el dolor más absurdo, aún en la indigencia más grande, Job no hizo un negocio con Dios, no quiso ponerle un precio a Dios, no admitió que con Dios se hicieran negocios de ese género de que, "si yo soy bueno, Dios tiene que portarse bien conmigo, me tiene que ir bien en esta tierra y tengo que ser próspero".
No. Dios es distinto. Dios es el Señor. Realmente Job, aunque pasó por lo profundo del abismo, también en lo profundo del abismo él supo que la única explicación de su vida era Dios y que a Dios no se le cambia por ninguna explicación o teoría, ni que a Dios se le compra con ningún negocio.
Como quien dice, lo que vivió Job fue una purificación de la fe, y mostró que realmente tenía una fe inmensa, porque la fe es inmensa cuando no hace negocios con Dios sino cuando dice: "Haga Dios lo que quiera conmigo y disponga como quiera de mí; yo sé que Él es la razón de mi vida, yo sé que Él es el único que tiene poder sobre mí vida".
Y eso es lo que dice Job: "Él es el único que tiene poder sobre mi, dejen de darme explicaciones sobre que Dios hace esto, por esto, por esto otro. Más allá de toda explicación, Dios es la razón de mi vida y a Dios no se le compra con ninguna explicación, con ninguna promesa, con ningún voto. Con Dios no se hacen negocios porque Dios no está en venta. Dios es el Señor, el único Señor de mi vida".
Y aquí entendemos la actualidad del libro de Job, descubrir a Dios como el Señor de nuestras vidas y decirle a Dios: "Páseme lo que me pase, suceda lo que suceda, no importa dónde me llegue el agua, no importa cuál sea la tribulación que yo pase, tú eres la razón de mi vida, tú eres el único que puede explicar por qué mi vida es como es, tú eres el único que tienes la clave de mi existencia, y por eso tú eres mi Señor".
Cuando se tiene una fe así, las puertas de la bondad de Dios se abren. En el caso de Job se abrieron con catorce mil ovejas, con seis mil camellos, mil yuntas de bueyes, mil borricas, una familia numerosa, unas hijas lindísimas. Esos fueron los bienes que recibió Job. Me parecen pequeños, me parecen pequeños si pensamos en los bienes que recibimos a través de la fe en Nuestro Señor Jesucristo.
Si nosotros pensamos en el Reino de los Cielos, si nosotros pensamos en el don del Espíritu Santo, en la amistad de los Ángeles y de los Santos, yo prefiero la amistad de un Ángel a seis mil camellos. Yo prefiero la amistad de un santo a mil borricas. Y yo prefiero la fecundidad maravillosa de la Palabra a una familia numerosa, siendo tan bella la familia y siendo tan útiles los seis mil camellos.
Queridos amigos, Dios se ha hecho el Señor y con Dios no se hacen negocios. Él es el único que sabe la razón última de nuestra vida, y ninguna explicación puede reemplazar la omnipotencia y la majestad de su voluntad.
Que Él sea bendito y que nosotros crezcamos en esa fe, para que también, para nosotros, se abran las puertas de los bienes del Señor, el poderoso, el Rey, el Santo de Israel.
Amén.