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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20061004

Título: No anteponer nada a Cristo

Original en audio: 9 min. 4 seg.


Examinemos, hermanos, cuántas cosas podemos aprender del evangelio de hoy. Es un evangelio claramente vocacional. Y lo primero que encontramos, es que a veces la llamada viene de Jesús y a veces la llamada viene del seguidor de Jesús. Las dos cosas son posibles.

Hay gente que se siente atraída espontáneamente hacia Jesucristo y le dice lo que le expresó aquel discípulo: “Te seguiré a donde quiera que vayas” San Lucas 9,57. Ese es un caso en el que la persona pide ser admitida.

Y hay otro caso, en el que es Jesús el que atrae con su voz. Es Jesús el que de alguna manera interrumpe el camino de alguien: “Tú vas para otro lado, pero ahora yo te quiero invitar, ahora yo te quiero llamar, para que cambies tu historia”.

Son como las dos grandes posibilidades en una vocación. A veces, la persona, interiormente, como que ve su vida en términos de seguir al Señor Jesucristo. Otras veces, como que Jesús entra, irrumpe. Irrumpe e interrumpe nuestro camino y sorpresivamente nos hace una propuesta: “Bueno, ¿y qué pasaría contigo si tú dejaras lo que estás haciendo y siguieras por otro camino?”

Lo segundo que aprendemos en esta lectura, es que no todas las llamadas parecen ser exitosas. Más bien, como que el evangelio de hoy destaca la dificultad. No es fácil y no todos los que se entusiasman, perseveran. No todos los que son llamados, incluso claramente llamados, responden.

Esta noticia nos puede dejar un poco desconcertados. Por un lado, Dios es el más bueno, el más bello, el más poderoso. Se supone que ser llamado por Él o sentirse atraído por Él, debería ser lo más natural. Y sin embargo, hay una resistencia. Sin embargo, hay un algo que tratamos de reservarnos.

Por eso, Jesús en este evangelio viene a decir, que el llamado no es difícil en sí. Lo que es difícil es soltar eso que uno quiere reservarse, eso que uno quiere guardar para sí. Seguir a Jesús no es difícil. Lo que es complicado es soltar las alternativas, las otras posibilidades, aquello que uno quiere retener a toda costa, o como solemos decir, los apegos.

Jesús, en ese sentido, es radical. Y lo expresa con un lenguaje muy en consonancia con los antiguos profetas: “El que echa mano al arado y sigue mirando atrás, no vale para el Reino de Dios” San Lucas 9,62. ¡Es una palabra fuerte! ¡Es una palabra dura!

Otro le dijo: “Déjame ir a enterrar a mi padre” [[Categoría:Lucas 009_059|San Lucas 9,59], y Jesús le respondió: “Deja que los muertos entierren a sus muertos. Tú, vete a anunciar el Reino de Dios” San Lucas 9,60.

La única condición, -¡pero, qué condición!-, para seguir a Jesús, es no ponerlo a competir con nada. Él es el primero. San Benito, en su regla, expresa esto de una manera delicada y muy humana, pero igualmente radical: “¡No antepongan nada a Cristo!” Seguir a Jesús es no compararlo con nada, es darle a Él la victoria en nuestra vida, es reconocer que en Él y solamente en Él, está esa plenitud.

Esto no significa que en cada momento todo desprendimiento sea doloroso. Hay muchos desprendimientos que por el contrario, traen libertad y alegría. Pero, de tanto en tanto, sucede algo como al que se le estaba poniendo una alternativa en su corazón.

Porque él sentía: “¿Y mi familia?” Jesús dice: “¡No me pongas en alternativa con tu familia! ¡No compares el servicio al Reino de Dios con nada!” Mas, esos momentos de rompimiento no son todos los días. Existen, pero no son todo el tiempo.

Luego, seguir a Jesús, seguir radicalmente a Jesús, es saber que Él tiene el primer lugar y que ese primer lugar no se va a discutir. ¡Que a Él no se le va a comparar con nada ni con nadie! ¡Eso es seguir a Jesús!

Por otra parte, una última consideración. La vida al lado de Jesucristo, la vida en el seguimiento de Jesús, supone, según se mire, perder muchas cosas, o pasar grandes aventuras. Al principio, parece que es solamente perder. Porque Él dice: “El hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza” San Lucas 9,58.

Y por lo visto, da la impresión de que a los que sigan a Jesús, no tiene que importarles nada, tienen que estar sueltos de todo, tienen que perderlo todo.

Pero, no es una aventura en las tierras del fracaso, no es simplemente estar perdiendo. Es vivir más bien la acción impredecible, la acción maravillosa, siempre sorpresiva, siempre excediendo nuestras expectativas, la acción hermosa de la Providencia.

Seguir a Jesús, es depender de Jesús. Y depender de Jesús, es encontrar cómo el universo se renueva a sus plantas. Es encontrar, cómo al toque de sus manos y al poder de su Palabra, las tinieblas huyen, los demonios se espantan, la bondad y la paz vienen y habitan en los corazones.

Entonces, sí se trata de perder muchas cosas y se trata de no compararlo con nada. Pero, se trata también de experimentar de manera única, la aventura de ser amados en toda circunstancia, de ser como continuamente salvados y de sentir la alegría que no se compara con nada, la alegría de ver al universo renovándose, aunque sea en una escala pequeña, aunque sea en una escala tan modesta.

Yo lo experimento, mis hermanos, yo lo vivo. Lo vivo, porque al contacto con la predicación, las vidas se renuevan. Es sentir que Jesús está rehaciendo el universo junto a ti e incluso a través de ti.

Y esa aventura en las tierras de la Providencia y del amor creador de Dios, trae un gozo embriagante, que es suficiente para decir lo que dijo San Pablo: “Mi paga es servir al Evangelio y participar de su fruto” 1 Corintios 9,18. El sólo hecho de ver éso, de experimentar éso, ya es la paga.

Pidamos a Cristo que nos dé generosidad, que abra nuestros ojos a la fe, que abra nuestros corazones a la esperanza, que abra nuestras vidas al amor. Que nosotros tengamos la aventura, esta aventura grabada, impresa en nuestros corazones, lista para ser testificada en nuestros labios.

Que le podamos contar a otros todo lo que significa ver a Dios mismo creando el universo de nuevo junto a nosotros y a través de nosotros.

Amén.