O256001a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20000930

Título: ¿Como puede uno crecer al mismo tiempo en la alegria y en la sensatez?

Original en audio: 16 min. 29 seg.


Las frases que están en el Eclesiastés, esos consejos que da este predicador, porque eso es lo que significa Qoéleth o Qoéleth, las frases que dice parecen contradictorias: "Disfruta, pásalo bien, déjate llevar del corazón, de lo que atrae a los ojos, rechaza las penas, rehúye los dolores", hasta ahí, como una serie de pensamientos.

Pero luego hay otra serie: "Sabe que Dios te llevará a juicio para dar cuenta de todo.Eclesiastés 11,9. "Niñez y juventud son vanidad" Eclesiastés 11,10. "Acuérdate de tu Hacedor durante la juventud" Eclesiastés 12,1.

Y luego viene esa descripción poética que ha sido tan ponderada sobre lo que es la muerte. Dice la Biblia de Jerusalén que esa descripción de la muerte hace una alusión como alegórica, discreta, a lo que va sucediendo en el cuerpo humano.

Por ejemplo, cuando dice: "Las que muelen serán pocas y separadas" Eclesiastés 12,3, las que muelen, esas que son pocas y se van parando, parece que son los molares precisamente, y así sucesivamente, ¿no?

Parece que hay como una alusión ahí: el debilitamiento del canto, el apagarse de la luz, todo eso va haciendo referencia a las penas propias de la tercera y cuarta edades.

Pero yo donde quiero detenerme es en la primera parte, por esa serie como contradictoria, por esas dos series de consejos: pOr una parte, "pásalo bien" Eclesiastés 11,9; por otra, "acuérdate de Dios y vas a dar centa de todo" Eclesiastés 11,9.

Tal vez esas dos maneras de hablar no se contradicen entre sí, pero sí se contradicen como consejos; nosotros solemos sentir que esas dos cosas se contradicen. Si a una persona le dijéramos: "Déjate llevar del corazón y de lo que atrae a los ojos" Eclesiastés 11,9, ese no es un consejo que nosotros daríamos a un joven ni a una joven, "déjese llevar a donde la lleve el corazón".

Más bien nos gusta el otro consejo: "Ten en cuenta que Dios te llevará a juicio para dar cuenta de todo" Eclesiastés 11,9.

Pero probablemente un joven al que le dijéramos: "Déjate llevar del corazón y te van a juzgar por todo lo que hagas" Eclesiastés 11,9, sentiría que no se le deja como plena expansión a sus deseos, que no se le deja cumplir todo lo que quisiera.

De manera que en verdad este es un libro como para ponerse uno a hacer un poco de filosofía, hacer un poco de filosofía tal vez existencial, y decir: "Bueno, ¿Al fin cómo será? ¿Qué es lo que tengo que aconsejar?

Pero ten encuentra que si a una persona la formáramos sólo con la parte dura: "Dios te va a llevar a juicio, vas a dar cuenta de todo" Eclesiastés 11,9. "Tu niñez y tu juventud terminan pronto" Eclesiastés 11,10. "Acuérdate de tu Hacedor mientras eres joven" Eclesiastés 12,1.

Si solamente tomáramos esas palabras, tal vez tendríamos a personas que no cometen muchos errores, pero tendríamos a personas que tampoco tienen mucha alegría. Si dejáramos a las personas sólo con la primera serie, o sea la serie simpática: "Déjate llevar por lo que atrae al corazón, rechaza las penas, rehúye los dolores, pásalo bien" Eclesiastés 11,9-10.

Entonces tendríamos a gente tal vez guapachosa, gente contenta, gente feliz, por lo menos durante un buen rato, gente alegre, pero tal vez gente libertina, gente licenciosa; y tal vez de los excesos propios de esa, qué sé yo, sensualidad o pasión por el placer, esas personas seguramente encontrarían tristezas más grandes que las pequeñas alegrías o muchas alegría que tuvieran.

O sea que yo veo en este texto del Eclesiastés una escuela de pedagogía. Realmente, aunque aquí no están muy trenzadas sino solamente yuxtapuestas, ¿no? La una al lado de la otra, realmente es necesario aprender a educar y a educarnos así. Hay que saber crecer en la alegría del que disfruta, y hay que saber crecer en la sensatez del que se examina, discierne y detiene.

Me parece que un método, un modelo pedagógico debe tener las dos cosas, ¿qué hacemos para que la gente tenga alegría, para que se sienta feliz? Sin felicidad ningún camino va muy lejos.

¿Sabe una cosa? Mirando de tejas para abajo, el imperio que se formó en la Rusia comunista se cayó por esa sola razón, se podía producir computadores, se podía producir ciencia, resultados olímpicos, carreteras, comercio, pero no se lograba producir felicidad, y la falta de felicidad fue haciendo que en el fondo la existencia perdiera sabor, que la existencia se volviera gris, opaca, insípida, absurda.

Y una persona sin felicidad, una persona gris, opaca, absurda, es una persona que no empuja, entonces es una persona que toca empujarla, ¿quién la empuja? Otra que tenga gasolina, pero si a esa también se le acaba la felicidad, entonces ya toca empujar a dos, luego a tres, luego toca empujar a toda la masa, y finalmente eso es como un Alka Seltzer en un vaso de Yogurt, eso no despega, entonces toca recurrir a la presión de la fuerza, a la presión del miedo.

Toca empezar a recurrir al miedo y empezar a presionar y llega un momento en el que ni siquiera el miedo, porque se dispara el cinismo, se dispara la incredulidad, se dispara la altanería y dice: "¡Simplemente no quiero! ¡No quiero!"

Esto de la pedagogía es una cosa muy seria, claro, lo otro tampoco sirve: simplemente la felicidad y haga cada uno lo que le parezca y sea feliz y deje a los otros que sean felices, ¿a dónde conduce eso? Conduce a la píldora Ru-486, la píldora abortiva, desgraciada y lamentablemente aprobada en los Estados Unidos, una píldora que permite a la mujer embarazada hacerse su propio aborto, más o menos durante el primer mes.

Se toma su píldora, y dentro de un pequeño desangre, sale lo que había; no hay necesidad de grandes gastos y todo queda en familia y queda en las letrinas de esta civilización homicida. Claro, "haz lo que quieras".

"Haz lo que quieras" también significa la ley del más fuerte. El embrión, que no tiene un abogado de turno, el embrión, que no puede defenderse, será aplastado, se irá por una letrina, punto, se acabó el problema.

Entonces no podemos tener una sociedad abortiva, pero tampoco podemos tener una sociedad opaca. Rusia fracasó, finalmente dijo: "No puedo más, necesito algo distinto, necesito respirar, necesito decidir, necesito gozar, necesito esperar algo".

Bueno, ¿pero significa eso que el otro régimen, llamémoslo capialista, o neoliberal, o como se llame, es el vencedor en esta contienda? No, este otro régimen lo que pasa es que mete, esconde a sus muertos en las letrinas, y son todos esos que van quedando por ahí sin hacer ruido, sin abogados; no pueden asociarse para formar un ejército.

Todos esos abortados, todos esos impedidos, todos esos destruidos nunca podrán asociarse para conformar un partido político, eso no lo pueden hacer.

Por eso, mis queridos hermanos, aquí está verdaderamente el problema de la especie humana, aquí sí está el problema de la especie humana: ¿Cómo puede uno crecer al mismo tiempo en la alegría y en la sensatez? Este señor dijo que había que encontrar la solución rápido, antes de que lleguen los años en los que la vida sea la que haya tomado la decisión.

Porque igual llega un tiempo en el que la vida es la que toma las decisiones; mientras uno tiene algunas fuerza, uno decide: "Voy a aprender o no voy a aprender"; pero ese tiempo termina y la naturaleza toma la decisión: "Ya no vas a aprender".

Mientras se tiene un tiempo uno toma una decisión, por ejemplo: "Voy a cuidar más de mi salud, pasado un tiempo la naturaleza toma la decisión: "Su salud va a ser esta". O sea que el espacio de decisión que tenemos tampoco es muy grande, y a eso también alude discretamente este texto existencial.

Tu espacio de decisión. Es que no pensemos en la juventud solamente en los veinte años, o los treinta años, los quince o los, qué sé yo; no es un problema de edad, es el problema del espacio de decisión y el espacio que tienes con tu propia vida. Y la oferta que nos deja el Eclesiastés es: "Propongo, -dice él-, hagan que la gente crezca en alegría, y hagan que la gente crezca en sensatez".

Un Arzobispo del que hablé en otra ocasión, Arzobispo de Bruselas, cuando le preguntaban sobre las vocaciones, él decía: "Para mí es fundamental la alegría. Yo prefiero un seminarista que tenga problemas de disciplina y lo que sea, pero que esté contento, que se le vea la alegría en su vocación.

Yo prefiero ése, a otro que me cumpla todo a la medida, en la hora, en el momento, pero que no tenga gozo, que no tenga brillo, que no tenga perfume, que no tenga alegría". Así decía este Arzobispo.

Parece que la alegría es algo así como la gasolina de la vida, y parece que si no se tiene esa alegría, pues es difícil. De hecho, el Eclesiastés lo primero que dice es: "Disfruta", el primer lugar lo lleva la alegría, "disfruta", eso es lo primero.

Bueno, ahora tratemos de hacer una aplicación arbitraria, aunque no atrabiliaria, de este texto a situaciones nuestras y digamos qué pasaría con eso. Soñemos un poco, digamos aquí algunas cosas que de pronto, si son tonterías, pues ya por lo menos sabemos que no hay que repetirlas más.

Cuando una persona llega a la vida religiosa, entonces, ¿qué debería hacer? Que disfrute, que se goce esos primeros momentos, que goce, que disfrute, que se sienta feliz. Ese sería un consejo interesante.

Resulta que nosotros, esto aquí entre nos, sino que uno tiene que hablar las cosas, nosotros estamos teniendo problemas con ese modelo. Porque resulta que en la promoción vocacional hay unas convivencias espectaculares.

Resulta que en el postulantado la gente goza, pero resulta que cuando se va a hacer el momento como de cierto recogimiento, y que la persona entre en sí misma, y que la persona aprenda a guardar silencio, y que la persona se quite sus benditos audífonos, porque todos los aseos son con audífonos, no se puede trapear un claustro si no es con un audífono, oyendo una emisora, oyendo un CD, y esa gente está disfrutando, se gozan de lo lindo.

Cuando ya se le intenta quitar, ya la persona tiene dependencia de eso y ya viene el problema, entonces ya se vuelven contra la norma, contra la disciplina, contra el maestro, contra no sé qué.

Yo como no soy maestro; yo soy apenas un espectador, y ahí estoy contemplando todo el drama de los frailes dominicos, entonces veo lo que sucede. Veo cómo la gente empieza a gozar y disfruta, pero luego el asunto tampoco funciona.

Definitivamente, quién sabe qué decisiones irán a tomar, y si será a mis espaldas, pero el hecho es que algunas decisiones habrá que tomar ahí. Mi sugerencia es: desde el principio las dos cosas tienen que ir juntas, desde el principio.

Porque si no se aprende desde el principio que la alegría está en el bien acogido conscientemente, en lo que aquí dice: "Dios te va a tomar cuentas de eso", si la persona no empieza por la alegría en eso, sino en otra cosa,no estamos resolviendo sino apalazando el conflicto. Y llegará después el tiempo y otra vez vuelve y explota.

Esas son bombas de tiempo, que las pueden soltar en Tunja para que estallen en Chiquinquirá, o las pueden soltar en Chiquinquirá para que estallen en Santo Domingo, o se pueden soltar en Santo Domingo para que estalla en ¿en dónde? En Tibú, en Roma, han estallado en todas partes, esa es una cosa muy delicada.

Desde el principio, nosotros los que estamos en formación, -porque yo me considero todavía en formación-, los que estamos en formación tenemos que aprender a unir la dos cosas: no puedo ceder, no puedo dedicar mi tiempo solamente a la alegría y goce, no puedo dedicarme a gozar únicamente, eso no se puede; tampoco se puede un tiempo solamente triste. Toca de una vez como ir perfilando el corazón.

Oiga, si uno toma las cosas así, uno ve que lo del Eclesiatés es sumamente profundo, supremamente saludable, supremamente fructífero.

Que Dios nuestro Señor nos infunda a todos deseo de unir esas dos cosas: "Hazme alegre, Señor; hazme sensato, Señor, hazme prudente, abierto al bien y al mal". ¿Y los formadores? ¿Y los superiores? Pues orar mucho por esa pobre gente, orar mucho.

Pedirle a Dios que ellos tengan esa doble característica: que puedan velar por la alegría, que no los desvele solamente la disciplina, que los desvele la alegría; que no los desvele solamente la alegría, que los desvele también el convencimiento de corazón y todas esas cosas que se necesitan para verdaderamente estar en el seguimiento de Cristo.

Que venga Jesús, que es al mismo tiempo norma de nuestra vida y gozo de nuestra existencia. Y al comulgar con Cristo, que es nuestra alegría y es nuestro modelo, nosotros recibamos la gracia que nos anunció el Eclesiastés en ese capítulo final.