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Fecha: 20000923

Título: ¿Como debemos recibir la Palabra de Dios?

Original en audio: 22 min. 35 seg.


Hoy podemos decir que sí está fácil la tarea mía, hoy está fácil porque yo soy un sacerdote que pertenezco a la Orden de Predicadores, mi oficio principal es predicar.

Pero hoy está fácil porque la homilía, que es la explicación después del evangelio, nos la hizo el mismo Jesús. Esa explicación de hoy sí está sencilla en ese sentido.

Jesús nos contó la parábola del sembrador, y Jesús nos hizo una explicación sobre la parábola del sembrador. La idea es que la palabra que nos trae el Señor es como una semilla, y que nosotros somos como los terrenos donde puede caer esa semilla; y hay unos terrenos que son buenos, y hay otros terrenos que son regulares, y hay otros terrenos que son malos.

Por ejemplo, cuando uno se distrae, como están tentadas de distraerse dos niñas que ya las vi; cuando uno se distrae, le puede pasar lo que dijo aquí Jesús, mire: "Los del borde del camino son los que escuchan; pero viene el diablo y se lleva la palabra de sus corazones" San Lucas 8,12, y es como si no les hubiera llegado nada.

Cuando una persona sale de Misa, y no se acuerda ni qué fue lo que le sucedió ni qué fue lo que leyeron, ¿qué quiere decir? Le pasó lo que dijo Jesús: el diablo vino y se robó esa semilla. Jesús dice que esos son los que están como al borde del camino. Y yo creo que hay muchos cristianos que están al borde.

Vamos a hablar de cuáles son los cristianos que están al borde. Por ejemplo, aveces pasa en las parroquias que el padre está por allá metido diciendo la Misa, y en la puerta se hacen una cantidad de muchachos y de niñas, y se ponen a conversar y se ponen a hablar, y oyen la Misa como a tres cuadras del padre.

Si uno les pregunta en la casa: "-¿Fueron a Misa?" "Sí, sí, mamá, fuimos a Misa", pero ¿qué Misa oyeron? Oyeron la Misa del borde, ¿por qué? Porque resulta que aquí viene la iglesia, mire: toda esta es la iglesia, la iglesia, la iglesia, pero aquí llega hasta el borde, aquí está la puerta.

Y hay una gente que oye Misa en el borde, están en el borde y tienen el peligro de que se les pierda la Palabra, eso se llama estar al borde, está uno al borde, es decir, está como a punto de caerse. Como cuando uno está en la cama, pero está así, puro al borde, y de pronto da la vueltecita, y se cayó. Eso es estar al borde.

Vamos a hablar de otros cristianos que están al borde. Resulta que cuando uno hace la Primera Comunión, uno ama a Dios y uno quiere amar a Dios; pero entonces llega un muchacho más grande que usted y lo mira con desprecio y dice: "¡Ay, tan santurrón! ¡Ya se volvió santico!"

Nosotros los hombres, más que las mujeres, nosotros somos a veces muy inseguros, eso nos pasa a nosotros los hombres. Nosotros nos las damos así de muy machos, pero somos muy inseguros.

Entonces llega algún grandulón y lo mira a usted y dice: "¡Ay, tan santico, rezando!" Y entonces el muchachito, que le gustaba rezar y le gustaba la catequesis, ya dudó y ya dice: "Ay, ¡será que qué? ¿Será que yo ya no soy de verdad hombre? Yo como que no soy hombre porque a mí me gusta rezar, a las que les gusta rezar es a las mujeres, y los hombres no hacen sino tomar trago y andar con un poco de viejas, emborracharse, decir groserías, ¿y yo rezando? ¡Ay, yo como que no soy hombre!"

¿Y entonces cómo queda ese muchacho? Queda al borde, ¿por qué? Porque empieza a dudar: "¿Yo cómo soy? Yo soy como una viejita rezandera como mi abuelita? ¿Yo qué soy? ¿Qué soy yo, Dios mío?"

Y el niño llega a la edad de los doce, trece, quince años y entonces, si es un niño que no dice groserías, que no toma trago, que no se burla de la mujeres, que no dice chistes vulgares, entonces los grandulones empiezan a mirar así, con cara de malosos, y dicen: "-¡Usted como que no es hombre!"

"-Uyy, no soy hombre, no soy hombre, Dios mío, no soy hombre, no digo groserías, no maltrato a las mujeres, no me emborracho, como que no soy hombre!" Y queda el muchacho al borde.

¿Qué les pasa a esos muchachos que quedan al borde? Que luego llega el padre, y está predicando aquí en la Misa, y dice: "Hermanos, amaos los unos a los otros", y no se qué, y el muchacho no está oyendo lo que dice el padre, porque él por dentro está inseguro: "¿Será que soy hombre? ¿Será que no soy hombre? ¿Qué tal que yo rece y entonces se me pase la hombría? ¿Qué tal que yo rece y entonces ya no sea hombre?"

Y esto, que parece un chiste, hace que mucho muchacho se aleje. Ese es el punto, ¿por qué? Porque el muchacho se puso en el borde, y entonces ya no oye la Palabra de Dios, porque está al borde. Y lo mismo les sucede a las niñas, eso mismo pasa con las niñas, pero pasa de otra manera con las niñas.

Resulta que las niñas, cuando están en la Primera Comunión y cuando están en las oraciones, entonces son niñas que son amigas de la Virgen, son niñas que son pudorosas, el pudor es, por ejemplo, "cómo me voy a vestir, cómo me voy a sentar".

Una niña sabe cómo vestirse y sabe cómo sentarse, y no se sienta de cualquier manera; se viste bien y no le gusta que la estén mirando, y una niña no se deja tocar de cualquiera; una niña se hace respetar, y la niña sabe cómo son las cosas.

Pero resulta que la niña empieza a crecer y después llegan otras compañeras, no ahora de pronto, pero sí más adelante llegan otras compañeritas, y empiezan a contarle: "¿Y usted no tiene novio?" La niña empieza a dudar, ¿ve? Lo mismo que le pasa al muchacho, la niña empieza a dudar: "¿Será que yo soy fea? ¿Soy más fea que un camión por debajo? Debe ser que yo soy muy fea, y me voy a quedar soltera, y entonces voy a sufrir mucho".

Y todas las amiguitas que el novio y que no se qué, "y mi novio, y entonces mi novio me hizo, y luego mi novio...", y entonces la niña, que antes era una niña cuidadosa y una niña pudorosa, entonces se encuentra con que "el novio y el novio que no se qué, y el noviecito, y el noviecito", y como el muchacho también está con la curiosidad, entonces empiezan a tocar a las niñas, ¿ve?

Lo que la niña no se dejaba cuando era pequeña, luego crece, y entonces ya como le entró duda, porque está en el borde, ya le entró duda, entonces: "¿Será que yo soy fea? ¿Será que nadie me va a querer? ¿Será que..."

Y como está así en el borde, entonces tiene una cantidad de problemas en la cabeza y entonces esa pobre niña sufre, no sabe atender al colegio, va a escuchar la Palabra de Dios, ¿y qué le pasa a esa niña? Ella está pensando: "¿Será que nadie me va a querer? ¿Será que nunca nadie me va a querer? Voy a ser la boba, voy a ser una tonta, nadie me va a querer nunca".

Entonces la niña tiene esa preocupación en la cabecita, y por eso no pone cuidado, y por eso no recibe la Palabra de Dios.

Jesús nos invita hoy a que nosotros no vivamos en el borde, ¡nada! Si usted es una mujer, si usted se está educando bien, usted no tiene por qué dudar. Dios le va a dar todas las cosas a su tiempo, mujer, usted no tiene por qué dudar.

Y si usted es un hombre, usted no tiene por qué dudar, que le llegó un muchacho grandecito y el grandulón le dijo: "¿Y usted qué hace por allá con todas esas viejas, rece para arriba y rece para abajo?" Entonces en ese momento el muchacho no tiene por qué dudar, él tien que pensar: "Bueno, ¿y es que la hombría está en las groserías o está en la borrachera?"

Algunos de los que están aquí tiene papás que han sido borrachos, y saben lo que es una borrachera, y saben lo que es un papá borracho, que insulta, que golpea a la mamá, ¿eso es ser hombre? Uno tiene que tener criterio y nunca, nunca vivir en el borde, uno tiene que estar convencido de las cosas.

Y cuando un joven está convencido de las cosas, asiste a la Misa y oye con mucha atención, y se aprende todas las cosas. Y si a un muchacho de esos le preguntaran, cuando sale de la iglesia: "-¿Y qué fue lo que dijo el padre?" Ah, ese niño, como es un niño que está concentrado y que está en lo que está, o es una niña que sabe lo que está haciendo, esa sí puede explicar.

Y le puede decir al papá, o a la mamá, o al tío, o al amigo: "-Mire, hoy nos explicaron que uno no puede vivir así dudoso y no puede vivir en el bore, porque entonces seguramente viene el diablo y se roba la Palabra de Dios, y por ahí derechito lo roba también a uno. Uno no tiene por qué vivir en el borde.

Y así, Jesús, nos da otras explicaciones, por ejemplo, nos dice que había un terreno, que era pedregoso, no tenía profundidad, cayó la semilla, "los del terreno pedregoso, -dijo Jesús-, reciben la Palabra con alegría; pero no tienen raíz" San Lucas 8,13,

Hay una explicación muy bonita sobre esto. Cuando usted va por el campo, usted puede mirar las maticas, las flores, los árboles, los arbustos, ¿usted les ve la raíz? ¿Se ven las raíces o no se ven? No se ven las raíces.

¿Qué quiere decir esto? Jesús dice aquí que hay gente que no tiene raíz, no tiene, ¿qué significa la raíz? La raíz significa esa parte que nadie ve, pero que está adentro de mí, puede ser el alma, puede ser lo que hay en mi alma; la raíz es lo que está dentro de mí.

Voy a comparar dos personas, una que tiene raíz y otra que no tiene raíz. La persona que tiene raíz, ¿cómo es? Es una persona que cuando no la están viendo, ni el papá, ni la mamá, ni la catequista, ni la monja, ni el padre, nadie,nadie la está viendo, nadie, porque esa es la parte de la raíz, lo que nadie ve, nadie la está viendo, pero es una persona que allá, solita, solita, tiene una parte para Dios.

Por ejemplo, un niño, un niño que se va a acostar, no hay nadie en el cuarto y nadie le ha dicho nada, pero el niño sabe que está en la presencia de Dios, y el niño se arrodilla y le dice a Dios: "Gracias por este día, -nadie lo está viendo, nadie, nadie-, pero el niño tiene raíz, esa es la parte que nadie ve, pero esa parte existe en el corazón de él.

Es decir que la gente que tiene raíz, es la gente que hace las cosas cuando no la están viendo, tiene poder la Palabra de Dios dentro de ese niño o dentro de esa niña. La persona que no tiene raíz, en cambio, es la persona que sólo obra pero cuando la están viendo.

Entonces, por ejemplo, el niño que se porta bien pero cuando lo están viendo el profesor, cuando lo está viendo el padre, porque si el padre se da la vuelta, el niño empieza a hablar con el otro niño, ¿qué quiere decir? Que ese es un niño que no tiene raíz, porque ése es un niño que sólo hace las cosas cuando lo están viendo.

No tiene raíz, ¿ves? Él únicamente depende de lo que ve la gente, el niño no tiene raíz. ¡Peligroso! ¿qué pasa cuando una persona no tiene raíz? Vive sólo de lo de fuera, eso se llama vivir de las apariencias, vive de las apariencias, y claro, eso tampoco tiene mucha fuerza.

Y la última comparación. Dice aquí: "Hay una parte de semilla que cayó entre zarzas, y la semilla, -que es la Palabra de Dios-, la semilla quería crecer, pero las zarzas no la dejaron, ¿por qué? Porque la ahogaron" San Lucas 8,7, había demasiadas cosas y a ahogaron; no pudo crecer la semilla.

Y Jesús nos dice cuáles son las zarzas. Dice: "El afán de riquezas y el afán de placeres" San Lucas 8,14, afán de riquezas y afán de placeres.

Cuando la gente vive únicamente para la plata, para la plata, "-¿y usted por qué tiene que trabajar tanto?" "-Porque luego me voy a dar unas vacaciones tremendas", "-¿y por qué descansa tanto? "-Porque luego tengo un trabajo terrible", "-¿y luego por qué trabaja tanto?" "Porque tengo que descansar mucho".

Es decir, trabajan y trabajan, para luego tener cómo disfrutar y disfrutar, y luego descansan y descansan, para poder trabajar y trabajar más. Es decir que se parecen a una máquina, que trabaja y trabaja y trabaja, y luego descansa para seguir trabajando.

Jesús nos dice que nosotros no somos máquinas, nosotros tenemos que separar un espacio para que crezca la Palabra de Dios.

Les voy a contar esto. Resulta que hay unos países en donde no hacen como hacemos nosotros aquí, que tienen la preparación solamente para la Primera Comunión o para la Confirmación, no hacen así, ¿porque sabe cuál es el peligro de la Primera Comunión? Le voy a contar cuál es el peligro de la Primera Comunión.

Eso se lo aprendí yo a un padrecito viejito, gordito que vivía en Villa de Leyva. El padre tenía una cantidad de niños que iban a hacer la Primera Comunión, eso era niños y niños y niños que iban a hacer la Primera Comunión. Y era el día de la Primera comunión y había montañas de niños, y eso era una cantidad de niños y niñas que iban a hacer la Primera Comunión.

Y el Padre se puso a hablar y les dijo lo siguiente: "-¿Todos ustedes, niños, todos ustedes, todos, todos van a hacer la Primera Comunión?" "-Sí, padre". Claro, esa iglesia estaba llena, "-sí, padre, todos". "-¿Todos van a hacer la Primera Comunión?" "-Sí, Padre, todos".

Y les dijo el padre: "¿Y todos van a hacer la segunda comunión?" Y los niños empezaron a mirarse el uno al otro: "¿Y ahora qué decimos?" Porque el padre les pregunto: "-¿Y la segunda comunión?" Entonces los niños se miraban y se quedaban pensado: "¿La segunda comunión?"

Yo sabía la Primera Comunión, la Primera Comunión a uno lo disfrazan de santico, lo disfrazan de bueno, lo disfrazan de bonito, ¿cierto? Y entonces resulta que los niños ya sabían cómo era la Primera Comunión, que es cuando a uno le van a poner el lacito y le van a poner todas las cosas, ¿y a segunda comunión? ¿Cómo será la segunda comunión?

La segunda comunión es cuando la persona vuelve a recibir la Eucaristía, cuando vuelve a comulgar, esa es la segunda comunión; y luego vendrá la tercera comunión, y luego la cuarta.

¿Entonces cuál es el problema? El problema está en que a uno lo preparan mucho par la primera comunión, pero de ahí en adelante ya no recibe más preparación, entonces ahí es donde la gente se empieza a enfriar.

Por eso hay unos países, sobre todo países de habla inglesa, donde no tienen esto de Primera Comunión, sino tienen otra cosa que llaman, por ejemplo, "Escuela Dominical", y entonces los niños van los domingos por la mañana y van recibiendo catequesis.

Pero mire, reciben catequesis para hacer la Primera Comunión, claro, pero después de que hacen la Primera Comunión, siguen siguen, y están recibiendo el alimento, ¿para qué? Porque es que uno tiene que prepararse es para la eternidad, uno tiene que preparase es para el encuentro definitivo con Jesús. Esto es hasta la muerte, esto es una vida eucarística que está empezando.

Por eso Jesús quiere que nosotros no nos dejemos ahogar por el afán de plata y de placer, "y más descanso, ¡ay, si la vida fuera, si el mundo fuera de chocolate con arequipe, y yo me lo pudiera comer por los siglos de los siglos, ay, eso sería...!"

Dios quiere que nosotros tengamos un tiempo para Él; no nos dejemos ahogar: "Mamá, mamá, que tengo muchas tareas, no puedo ir a Misa". "-¿Y cómo sí tuvo tiempo para el fútbol, y para los patines, y para jugar el nintendo, y para jugar..." "-Mamá, porque eso era para mí, en cambio lo otro es para Dios y me da pereza darle a Dios". Grave ese corazón, grave, ese es un corazón que está torcido.

Jesús quiere que nosotros reservemos un espacio, -eso no es porque le diga a uno el papá o la mamá-. Yo sé que aquí hay muchos que son papás o mamás de ustedes, y me perdonarán si ofendo a alguno; pero, hoy por hoy muchas veces son los niños los que tienen que dar el ejemplo en la casa.

Por eso la predicación la he dedicado casi completamente a ustedes, que son los invitados de honor en este día, porque hoy muchas veces son los niños a los que les toca. Ah, y haga la prueba usted de decirle a su papá: "-Papá, venga, vamos a confesarnos", verá usted cómo se pone el papá-, aunque también hay que decir que hay algunos papás que son muy buenos y muy convencidos, pero hay otros que son muy perezosos.

"-Ay, no, mijo, yo que me voy a confesar, no, eso era cuando yo era un bobito así como usted". Y ahí es cuando el niño queda confundido, entonces el niño dice: "Ah, entonces yo soy un bobito, soy un baboso, ¡ay, Dios mío, soy un baboso!" ¿ve? El niño queda confundido.

O sea que por eso me toca decir esto, porque seguramente la persona que va a ayudar a evangelizar en la casa suya es usted, le toca es a usted, le toca evangelizar. De manera que tiene que irle cogiendo práctica a a la evangelización, de manera que usted, con pena y todo, tiene que evangelizar: "Bueno, ahora sí, papá, vamos a ir a Misa".

Hay que evangelizar, los niños tienen que evangelizar. Porque si usted va a esperar a que su papá se convierta, eso es muy difícil, a veces es difícil.

O a veces pude suceder que sea usted el que tiene que evangelizar allá en la casa, usted tiene que evangelizar y decirle al papá: "¡Pero si Dios nos da todo! Yo si quiero, papá, darle gracias a Dios. Yo no puedo vivir solamente estudie y trabaje, no; yo necesito un tiempo para Dios, y voy a ir a Misa".

Cuando uno hace eso, ¿entonces qué pasa? Jesús nos dice aquí lo que va a pasar, mire: "Los de la tierra buena, -porque queremos ser tierra buena-, los de la tierra buena son los que, con un corazón noble y generoso, escuchan la Palabra, la guardan y dan fruto perseverando" San Lucas 8,15.

Quiera Dios, que siempre, siempre, nosotros podamos estar dentro de ese grupo tan hermoso del que nos habló Nuestro Señor Jesucristo en esta predicación.

Amén.