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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19960911

Título: “Gracias, Senor, porque me creaste”

Original en audio: 12 min. 47 seg.


La palabra que dice Jesús en este evangelio describe muy bien lo que Él quiso para nosotros; la palabra que más repitió Jesús fue “dichosos”, otras traducciones de La Biblia dicen: “felices” y, a veces, “bienaventurados”.

En griego se dice: “makaría” y, en latín, “beati”, donde viene la palabra beato o beata; cuando la gente ve a una señora muy piadosa que reza mucho, que va mucho a la iglesia dicen que es una “beata”. Eso se dice, a veces, como si fuera un insulto, pero lo que se le está diciendo es: “una bienaventurada”, porque "beatus", "beat"’ en latín significa bienaventurado.

¿Para qué vino Jesús a esta tierra, para qué predica? ¿Por qué le vemos cansarse trabajando? ¿Para qué son sus milagros? Para que finalmente se pueda recuperar la bienaventuranza, la beatitud, la alegría. Para que nosotros podamos tener vida en abundancia. Para que podamos sentirnos felices de haber sido hechos por Dios; para que nuestro corazón pueda rebozar de alegría y en la boca nos salga una canción que diga: “Gracias, Señor, porque me creaste”.

Una Santa muy hermosa, en la hermosura de Dios, Clara de Asis, tiene una de sus más inspiradas oraciones y poesías con palabras muy semejantes a las que acabo de decir: “Gracias, Señor, porque me creaste, gracias porque me pensaste, porque pensaste en mí, porque me hiciste”. Pero, una persona no puede decir ese "gracias" cuando se siente agobiada por la tristeza, por la soledad, por la pobreza, por el llanto.

Cuando nos encontramos con una persona que sufre mucho, y casi siempre, si a esa persona le acercáramos un micrófono y le dijéramos: “¿Usted cómo se siente?” Pues la persona no va a decir: “Me siento plena, feliz, estoy contenta, yo no sé qué es lo que siento".

Seguramente no dice eso, porque sí sabe qué es lo que siente; cuando uno está contento no sabe qué es lo que siente, pero cuando a uno le duele algo, ahí si sabe.

Por ejemplo, uno dice: “Me duele una muela”, entonces uno sabe qué es lo que le duele, la muela, o "me duele el estómago", o "me duele la cabeza", o "siento dolor o sufrimiento, porque hay injusticias contra mí".

En cambio, cuando uno está contento, a veces, uno no haya ni cómo describir, por qué es que está contento, pero, entonces aquí nos podemos hacer una pregunta. Mire, hemos dicho que Dios quiere que nosotros seamos felices de haber sido creados y de ser suyos.

Y hemos dicho también que cuando una persona tiene sufrimiento o soledad o llanto o injusticia, pues no se va a sentir contenta; entonces, ¿cómo vamos a explicar las bienaventuranzas?

¿Qué son esas palabras tan raras que dice Jesús? ¿Cómo eso de que, “dichosos vosotros los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios”? San Lucas 6,20; ¿aquello de que: “Dichosos vosotros los que lloráis, porque después reiréis”? San Lucas 6,21.

Cómo le dice Jesús a una persona que está triste o que está sola, a una persona que tiene dolor o que padece injusticia, quizá porque está enfermo, quizá porque es perseguido, ¿por qué le dice Jesús a ese tipo de persona dichosos? ¿Por qué llama dichosas a estas personas?

Uno más bien diría: “No, dichosos los que tienen mucha plata y con toda su plata pueden darse todos los gustos, dichosos los que se ríen por la mañana, los que se ríen al medio día, y los que se ríen por la tarde". Esos serían los dichosos, pero si uno se encuentra a una persona que está llorando, qué tal acercarse uno a esa persona, y decirle: “Feliz, dichosa tú que estás llorando”; eso parece como raro.

Pero Jesús, nuestro Divino Maestro, alguna razón tiene para llamar "dichosas" a estas personas cuando sufren. Hay que tener en cuenta que en La Biblia, pero en la parte del Antiguo Testamento, hay muchas bienaventuranzas para las personas que las cosas le salen bien.

Por ejemplo, allá donde dice: “Será dichoso, le irá bien” Salmo 128,2, dice un salmo; “su mujer como una vid fecunda, en medio de su casa. Sus hijos como renuevos de olivo en torno a su mesa” Salmo 128,3; ahí se está felicitando a la persona que tiene un hogar feliz.

Pero es que lo extraño no son esas bienaventuranzas del Antiguo Testamento que se parecen mucho a la manera como uno piensa normalmente, lo raro son estas bienaventuranzas, eso de que, “felices los que lloran, los que padecen injusticias…” San Lucas 6,21-22.

Qué podemos decir nosotros? ¿Por qué Jesús habla así? Porque resulta lo siguiente: imaginémonos que Jesús venía como trayendo una inmensa bolsa con muchos regalos, pero Jesús no hacía mucha bulla, Él iba con su bolsa de regalos; las personas que ya estaban contentas, que ya estaban felices no se acercaron a Jesús, porque ya estaban contentas y no necesitaban más regalos.

El ejemplo que siempre digo, es el de los niños y también las niñas, cuando durante la mañana o durante la tarde, se ponen a comer una cantidad de galguerías o golosinas.

El niño o la niña que come: chitos, maní, dulces, bocadillos, gelatinas, papas fritas, pataconcitos, chicharrones, turrones, ese niño que durante la mañana ha estado comiendo todo eso, cuando llega el momento del almuerzo, entonces, llega el momento de los problemas.

¿Y usted por qué no come?" El niño ya no come lo que si le podía alimentar, porque tiene el estómago lleno de cosas que no alimentan, que son muy ricas, pero alimentan poquito; eso es lo que pasa también con la bienaventuranza.

Pobre de aquel que se sienta contento con su plata, porque es que acuérdate que San Lucas, el Evangelista, no sólo dice: “Dichosos” San Lucas 6,21-22, sino dice: “¡Ay! de vosotros, ¡ay! de vosotros los ricos, y ¡ay! de vosotros los que reís, y ¡ay! de vosotros cuando todo el mundo hable bien de vosotros” San Lucas 6,24-25;.

¡Ay de aquel que se sienta contento con su alegría, contento con su plata, contento con su fama o contento con su salud, y se sienta saciado con eso, porque se va a parecer a aquella persona que estaba tan contenta en su casa con lo que tenía, que cuando pasó Jesús con su bolsa de regalos, no recibió nada, se quedó sin nada.

Entonces viene a resultar como una especie de revolución, porque los tristes, los emproblemados, los pobres, los que tienen por qué llorar y por qué sufrir, les va mejor.

Pero les va mejor no por una ley, no por una ley del universo, no por una ley de ningún país, sino por la gracia de la presencia de Cristo en nuestra tierra; precisamente, porque está Cristo en nuestra esta tierra. Porque, Él quiso venir y Él es el gran regalo de Dios. El que esté contento con otro regalito, se queda sin recibir a Cristo.

Bueno, y uno cada rato comprueba esto, ¿cuándo nos acercamos más a Dios? Cuando tenemos necesidades; uno casi puede asegurar, cuando en la iglesia ve llegar a las personas, puede asegurar que, apartando aquellas que vienen por costumbre, o por disciplina, o por buen hábito, la gente que aparece en la iglesia es porque tiene alguna necesidad, y eso lo sabe Dios.

Y por eso Dios sabe que termina siendo más dichoso el que tenía más tristeza, pero no por una ley impersonal, abstracta, absoluta, cósmica; no es una ley, es una persona la que causa esa felicidad. De modo que uno tiene que meter a la persona de Cristo en la mitad de las Bienaventuranzas.