O201001a
Fecha: 19960819
Título: La vida cristiana es mucho mas que portarse bien
Original en audio: 13 min. 19 seg.
Este relato del evangelio de hoy es bastante elocuente por sí mismo. Su Santidad el Papa Juan Pablo Segundo hace una hermosísima explicación y aplicación de este texto en uno de sus documentos, se llama “El Esplendor de la verdad”.
A veces lo habremos oído por su nombre en latín: “Veritates Splendor”. En esta encíclica, el Papa, durante toda la primera parte de su documento, va tomando casi palabra por palabra del evangelio que hemos escuchado en este día y lo va aplicando, lo va explicando.
Quien tenga este documento del Papa en casa, o quien desee sumergirse más profundamente en este texto del evangelio, aproveche la exhortación que Juan Pablo II nos hace en esta encíclica.
Yo no voy hacer aquí un resumen ni de la encíclica, ni de lo que se podría decir de la enseñanza moral a partir de este pasaje, sólo quiero compartir con ustedes tres puntos de reflexión.
Primero. Mira cómo acaba el pasaje del evangelio: “El joven se fue triste porque era rico” San Mateo 19,22. Como que había una novela, o algo parecido, que se llamaba “Los ricos también lloran”.
No es frecuente que las personas que tienen bienes de fortuna se encuentren tristes, pero el mismo Jesús que dice: “Bienaventurados los pobres.” San Mateo 5,3; también en la versión del evangelista Lucas llega a decir: “¡Ay de vosotros los ricos!” San Lucas 6,24.
Y eso como se cumple en este capítulo diecinueve versículo veintidós del evangelio según San Mateo; por una vez nos encontramos con un rico triste, un rico aprisionado por su riqueza, un rico tan rico que resulta pobre para aspirar a las riquezas que Cristo quería ofrecerle.
Cuando muchos de nosotros creemos que nuestros problemas son de escasez, de falta de dinero, de falta de trabajo, de falta de tiempo; este evangelio de pronto nos ayuda a pensar de otro modo.
Yo no estoy predicando en la resignación, no se trata de decirle al que es pobre: “Fíjese usted que los ricos también lloran y también tienen sus tristezas”, no se trata de decir eso. Pero sí se trata de que no pongamos nuestro corazón y nuestra felicidad en algo, que en este evangelio sirvió para tristeza de ese hombre, es la primera reflexión que quería compartir con ustedes.
La segunda. Ese muchacho pregunta: “¿Qué tengo que hacer de bueno para obtener la vida eterna?” San Mateo 19,16; hace una pregunta por la vida, por una vida definitiva y plena, por una vida feliz y eterna.
Y a la pregunta de este muchacho, Jesús le responde: “¿Por qué me preguntas qué es bueno?” San Mateo 19,17. Este hombre, este joven pregunta por la vida, quiere tener vida en plenitud, y no se equivoca al buscarla en la enseñanza y en la persona de Jesucristo.
Pero yo quiero destacar el talante de esa pregunta; está preguntando por la vida como si estuviera en cierto modo muerto, y eso es lo que quiero destacar. La persona que no tiene a Jesús, así tenga muchas cosas, así tenga mucha sabiduría, o mucha riqueza, y mucha fama, de alguna manera es una persona que está muerta, es una persona a la que le falta algo, a la que le falta vida.
Y por eso la pregunta de este hombre de alguna forma podemos hacérnosla también nosotros; en muchas de nuestras vidas podríamos preguntarnos si lo que nos está haciendo falta no es precisamente Jesús.
¿No será el tiempo de preguntarse si en vez de más dinero, en vez de más de más placer, en vez de más compañía, en vez de estarle mendigando a este mundo, no será que ha llegado el tiempo de acercarse a Jesús y pedirle a Él?
Bueno, esta reflexión la hago sobre todo porque cuando conoce uno, por ejemplo, jovencitas que andan por ahí pidiendo pedacitos de amor y que terminan hasta rebajándose y vendiéndose de cualquier manera, "pero todo fue con mucho amor, padre; todo fue con mucho cariño".
Cuando uno ve a jovencitas que hacen eso y en el fondo lo que están pidiendo es un poco de cariño, un poco de comprensión, "alguien que hable conmigo", "alguien que me entienda".
¿No será la hora de que esas jovencitas esperen de Jesús lo que ya no tienen que esperar del mundo? ¿No será el momento de hacerle sus preguntas fundamentales a Cristo? ¿No será el momento de entrar profundamente en oración y acercarnos a Él y beber de Él?
Cuántas veces y de cuántos modos, le hemos pedido a las personas que nos den tiempo, que nos den cariño, que nos pongan cuidado, que nos ayuden. Mira, la persona humana no podrá darte eso. Lo que tú necesitas, no es seguramente la persona divina de Cristo. Eso es el ejemplo de la jovencita, pero eso se da en tantos otros aspectos. El Señor te quiere.
Yo conozco gente neurótica, amargada desde lo profundo del corazón, porque se valoran a sí mismos por el dinero que alcanzan a recoger cada mes, y exigen y reclaman, y maldicen a la sociedad y a su empresa, y al gobierno, y se llenan de asco de sí mismos, y de envidia.
¿No sería el tiempo que esas personas se preguntaran: "¿Oiga, yo si habré tocado la puerta que es?" Y repito, yo no le estoy quitando importancia ni al dinero, ni al amor, ni a nada de las cosas que hay en esta tierra.
Pero, por favor, las soluciones definitivas, la vida definitiva, la vida eterna hay que preguntársela a Cristo Jesús, hay que pedírsela a Él; también nosotros los sacerdotes y también las religiosas y los religiosos cometemos este mismo error
Cuántas veces el sacerdote espera que la gente sea agradecida, que por lo menos entienda que su vida es dura; y la gente no suele entender eso; la mayor parte de las personas, no sé si ustedes mismos están prontos a hablar y hablar de los sacerdotes, de los pecados del sacerdote, cuando se equivoca.
Pero qué desagradecida suele ser la gente con el sacerdote abnegado, con la religiosa que durante años y años se consume sirviendo a la gente; yo conozco muchas religiosas consumidas en una obra de educación. Y cuando las niñas, -normalmente son muchacha-, cuando las niñas salen del colegio, ¿salen a qué? Con tanta frecuencia salen sólo a murmurar del tal pecadito, de tal problemita que vieron en tal monjita.
El mundo es muy injusto y el mundo trata con mucha injusticia las religiosas, y el mundo suele ser terriblemente ingrato con nosotros los sacerdotes. Y por eso nosotros, a veces, también nos la pasamos como esperando una sonrisa, un afecto, una amistad, una gratitud de parte del pueblo al que servimos. ¡Ay del sacerdote que espere y que se quede esperando ese agradecimiento!
¡Sacerdote de Dios, tienes que volver tus ojos es hacia Cristo, y esperar la recompensa de Él! De modo que este evangelio, también nos sirve para encontrar cuál es la fuente de la vida, para aprender a trabajar y hacer las cosas por Dios, como nos dice San Pablo.
Usted, cuando esté en su fábrica, cuando esté en su empresa, cuando esté en su casa, si tiene que trapear un piso, trapéelo para Cristo Jesús; si tiene que pasar unas planillas, páselas para Cristo Jesús; si tiene que trabajar un poco más, trabaje para Cristo Jesús. Piense en Él, ofrézcale minuto a minuto su vida; sólo Él es la vida eterna.
Mi última reflexión es sobre esta frase que dice Cristo al joven: “Si quiere llegar hasta el final” San Mateo 19,21. Creo que alguno de ustedes ya me hayan oído esta historia: un niño pequeñito, como de seis años, se reveló contra la mamá: “-Mamá, no vuelvo a ir a Misa”.
La mamá, creyendo que se trataba de un simple capricho: “-Mijito y ¿por qué no quiere ir a Misa?” La mamá le insiste: "-¿Por qué es que no quieres ir a la iglesia?" Y dice el niño: "-Porque es que el padre siempre dice lo mismo, que nos portemos bien".
A mí esa frasecita de ese niño me ha puesto a pensar mucho; yo creo que la mayor parte de la predicación que hacemos en las iglesias, es casi sólo para decirle a la gente: “Pórtese bien”, o sea, la primera parte de este evangelio.
Hombre, "no mate", "no cometa adulterio", "no robe", "no dé falso testimonio", "honre a su padre y a su madre"; pero esa es sólo la primera parte; hace falta que también en los púlpitos, y en los grupos de oración, y en las convivencias, y en las comunidades que funcionen de base, y en todas partes, se predique y se diga que ese no es el final del camino.
Hombre, cumplir los mandamientos, ese es el principio, solamente ese es el principio de la puerta de la vida. Cristo invita hoy como ayer a muchas personas: "Si quieres llegar hasta el final, llega hasta el límite de ti mismo".
Ofrécete tú totalmente para la obra del Evangelio y eso no es solamente para hacerle propaganda vocacional a los Padres Dominicos, o a las Hermanas Franciscanas o Dominicas, eso es para contarle que mientras usted no se esté quemando de amor por Cristo, está perdiendo la vida, hermanito. Mientras que usted no se esté consumiendo por el Señor y sirviéndole, esta palabra de Jesús estará pesando sobre usted.
Hermanos míos, la vida Cristiana es mucho más que portarse bien. Hay gente que dice: “Yo no le hago mal a nadie”. La pregunta no es si haces mal, si no haces mal, la pregunta es: ¿a quién haces bien? ¿Qué pasó con la santidad de tu bautismo? ¿Qué hubo de los anhelos más profundos de tu corazón en unión con Dios?”
Si quieres llegar hasta el final, Jesús llegó hasta el final. Dice el Evangelio según San Juan: “Nos amó hasta el extremo” San Juan 13,1, y nos sigue amando hasta el extremo en cada celebración eucarística; ofreciéndose como Hostia Santa, como Pan vivo bajado del cielo.
Hermanos, yo los invito, en el nombre de Jesús, lleguen hasta el final, no sean solamente buenos ciudadanos, no sean solamente buenas personas; Colombia está llena de buenas personas, y no sirven para nada. Buenas personas, buenas personas, eso no basta, necesitamos santos, necesitamos gente que llegue hasta el final.
Si su corazón arde con estas palabras, feliz usted; si no, igual que este muchacho, puede irse para su casa.