O156002a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19980718

Título: Entregarle el trono de nuestra voluntad a Jesucristo para que El reine en nosotros

Original en audio: 8 min. 9 seg.


Hay dos maneras de perseguir, y de ambas fue perseguido Jesucristo.

A veces se persigue por odio, por inquina, por envidia, por un sentimiento malo. Así perseguían estos fariseos a Jesucristo. Otras veces se persigue y se corre detrás de la salud, de la paz, de la sanación. Y de este modo, "le seguían muchos" San Mateo 12,15, dice el evangelio.

Jesucristo parece perseguido por los malvados y al mismo tiempo por los afligidos por el mal. Lo persiguen sus enemigos para acabar con Él, y lo persiguen los enfermos para que les sane. No deja de ser extraño esto. Rechazado por todos a la hora de la Cruz, cura a todos desde la Cruz.

¿Cómo puede al mismo tiempo ser rechazado y desechado, pero también buscado y perseguido? ¿Qué era lo que se rechazaba en Él y qué era lo que se quería de Él? Porque si todos de alguna manera lo hemos rechazado,-no es otra cosa el pecado-, y todos lo necesitamos, -no es otra cosa nuestra debilidad, nuestra enfermedad, nuestra miseria y la consecuencia misma del pecado-; si todos le rechazamos, si todos le necesitamos, ¿quién es ese Hombre? ¿Quién e este Jesucristo? ¿Qué misterio se esconde en Él?

Pero al mismo tiempo preguntémonos qué misterio se esconde en nosotros, qué clase de gente somos nosotros que corremos detrás de Cristo para que nos sane y huimos de Cristo para que no nos cambie.

Queremos ser sanados, pero no queremos ser convertidos. Si se trata de sanaciones, ya ves, muchos le siguieron y Él los curó a todos; si se trata de conversiones, ya ves, los fariseos, al salir, planearon el modo de acabar con Él.

En esta ambigüedad está el misterio de Cristo planteado ante nosotros, y está el misterio nuestro planteado ante Cristo. Nosotros queremos ser sanados en todo, menos en la voluntad suficiente, en la voluntad que quiere hacer de la vida un imperio. Queremos estar sanos para gobernar bien nuestro propio imperio.

De manera que todo puede tocarlo Cristo en nosotros, menos nuestra voluntad. Y resulta que lo único que realmente quiere tocar Cristo en nosotros es nuestra voluntad. Y sabemos que es así, porque Él no curó a todos los enfermos.

Sí, los que se acercaron, los que le tocaron, sí; pero Él no erradicó la enfermedad del mundo, no curó a todos los paralíticos, ni siquiera debemos decir que exorcizó a todos los posesos.

En cambio en la Cruz dice: "Atraeré a todos hacia mí" San juan 12,32. Y al presentar su Cuerpo y su Sangre en esa Última Cena con los discípulos, habla del perdón de los pecados del mundo.

¿Esto qué nos quiere decir? Que Cristo, por accidente, accidentalmente, de una manera instrumental y secundaria sana unas u otras cosas en nosotros. De acuerdo con su sabiduría, de acuerdo con su misericordia, así obra su poder.

Pero esa es la parte instrumental, esos son los medios, eso no es lo más importante. A donde Él quiere llegar es a donde nosotros muchas veces no queremos que llegue: al centro, al trono donde tenemos montado nuestro imperio, pero que sentimos que ahí se hará solamente nuestra voluntad.

Y resulta que es a ese trono y a ese centro del imperio nuestro adonde quiere llegar Jesucristo, para que allí nos rindamos, entreguemos nuestro ser al querer divino y digamos: "Cumple en mí tu voluntad, hágase en mí según tu voluntad"; ahí es a donde quiere llegar Jesucristo.

De manera que nosotros queremos que Jesús limpie todo el reino, pero que nos deje reinar. Y resulta que Cristo quiere llegar al trono, no importa que el resto quede un poco enfermo, o un poco sucio, o un poco desordenado.

Lo más importante es llegar allá a ese centro, porque todo lo otro lo tiene Cristo. Las bacteria y los microbios, que pueden causar las enfermedades, esas obedecen sin réplica alguna al mandato de Dios.

De manera que para Cristo no es gran chiste que se curen esas enfermedades, porque ahí son creaturas inanimadas, irracionales, que no pueden oponerse al querer divino. A donde Él quiere llegar, a donde nosotros no queremos a veces que llegue, es allá a ese centro, a ese trono donde nosotros podemos decirle no a Dios; es ahí a donde Él quiere llegar, y eso es lo que quiere sanar.

Y por eso no quiere que se haga mucho espectáculo de las otras curaciones; "que no lo descubrieran" San Mateo 12,16, dice el evangelio, que no lo descubrieran; eso no es lo más importante, lo más importante es llegar al trono, al centro, y ahí entregarle la vida a Dios.

Nosotros, que ahora lo sabemos mejor, vamos a seguir persiguiendo a Cristo, claro, pero no lo vamos a perseguir para luego huir de Él. Vamos a perseguirlo, vamos a ir detrás de Él para entregarle nuestro amor, nuestra obediencia, nuestra voluntad, de manera que el Reino de Dios, su Padre, acontezca en nosotros.