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De Wiki de FrayNelson
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En el Evangelio de hoy encontramos a Jesús que le da gracias a Dios su Padre por el camino extraño pero bellísimo de la providencia, camino por el cual suele suceder que los sabios y entendidos no comprenden lo que la gente sencilla y fiel si llega a entender (cf. Mt 11,25-27).

En esta ocasión quisiera que reflexionaramos en la primera parte de eso que nos dice Cristo, los sabios y los entendidos que a veces no entienden el lenguaje de Dios. Qué obstáculo puede haber para que una persona que quizás tiene más estudios y más inteligencia que el promedio de la población, sin embargo se parte de las hermosas verdades de fe que Dios nos ha dado; esta pregunta creo que es pertinente porque si uno mira la historia de la Iglesia, se da cuenta que muchos de los grandes adversarios de la fe han sido personas muy inteligentes y con una gran capacidad de liderazgo; es indudable que una persona como Arrio, aquel sacerdote que le dió nombre a la herejía llamada arrianismo, que negaba la divinidad de Cristo era una persona con mucha inteligencia y con gran capacidad de liderazgo. Lo mismo podemos decir del obispo Nestorio, o del sacerdote y monje agustino Martín Lutero quien dio origen a toda esa gran cantidad de asociaciones, grupos y comunidades de protestantes; por qué muchas veces pasa eso, por qué incluso muchas personas se sienten escandalizadas porque van a confesarse, por ejemplo, con un sacerdote que tiene muchos estudios, tiene su doctorado en Teología y ha estado en grandes universidades en Europa, y resulta que a veces la gente se queda escandalizada, cuando les oyen decir cosas que son contrarias a la fe, en el modo como se expresan de la Eucaristía: que la Eucaristía es solo un símbolo; que la resurrección de Cristo únicamente fue como una idea, como una especie de convicción interna en los apóstoles, pero no algo que le hubiera sucedido al cuerpo de Cristo; hay gente que se expresa así, y son personas que han hecho muchos estudios ¿por qué pasa eso? vamos a mencionar brevemente tres causas, mientras pedimos la misericordia de Dios porque todos la necesitamos.

Primero, nos dice San Pablo que a veces el tener mucho conocimiento hace que se nos entre un virus muy peligroso que se llama la vanidad, que se llama el orgullo; y a través de la vanidad y el orgullo se llega a la soberbia y cuando llegamos a la soberbia ya nos creemos gran cosa y ahí heridos en nuestro corazón por la soberbia, lamentablemente nos volvemos discípulos del primero entre los soberbios que no es otro que el demonio, porque el lema del demonio es: “¡no serviré!” precisamente porque se creía gran cosa, no quería servir a Dios, consideraba que servir a Dios era como humillarse, como abajarse: “¡no serviré!”; pues también el conocimiento lo puede llevar a uno a esa especie de soberbia y el que está herido de soberbia se aparta de Dios que da su gracia a los humildes, pero que aparta su gracia de los soberbios.

La segundo causa es que cuando se tiene la alegría de avanzar en el estudio, se tiene la alegría también de comprender un poco mejor las cosas y entonces nos puede suceder lo que ya ha denunciado un gran obispo de la antigüedad, San Atanasio y es que uno se acostumbra a que las cosas sólo son verdaderas si uno las puede entender, precisamente una cosa que San Atanasio les criticaba a los arrianos, a los discípulos de Arrio era que esa, que ellos se habían acostumbrado a que si no lo puedo entender entonces no es verdad, como limitando por el tamaño de mi cabeza el tamaño de la verdad de Dios; es como querer reducir la inmensidad de Dios al tamaño de mi cabeza, si no lo puedo explicar racionalmente entonces no es, si no tengo una explicación lógica y racional de por qué la Eucaristía es presencia real de Cristo, como no lo puedo explicar entonces no es verdad; es como un derivado de la soberbia, pero es la soberbia marcada de otra enfermedad que se llama “racionalismo”, otro hablan de “racionitis”, la inflamación de la razón, es creer que todo lo tengo que entender, si no entiendo algo es que no es verdad.

La tercera causa de esa dificultad es que a veces entre los que han estudiado mucho, se va creando un cierto sentimiento de pertenencia, es decir una “mentalidad de club” que es algo así como la sociedad de mutuo elogio: “entre los grandes teólogos que han estudiado muchísimo y que están en universidades muy prestigiosas”, pues se van acostumbrando a que: “yo elogio tu trabajo y solamente hablo bien de ti y -tú elogias mi trabajo y solo hablas bien de mí”; y entonces esa mentalidad de pertenencia a un club hace que perdamos la perspectiva, porque ya decía San Pablo: “Si quisiera quedar bien con los hombres, no sería servidor de Cristo” (Gal 1,10). Cuando uno se siente perteneciente al club de los intelectuales de la Iglesia Católica fácilmente se le olvida que lo primero es el servicio a Jesucristo, incluso si eso entraña contradicción o persecución.

Bendigamos a DIos por estos misterios y pidámosle que nos guarde, que resguarde particularmente a nuestros superiores y pastores, a nuestros maestros y profesores para que en toda circunstancia le den el primer lugar a Jesucristo. Amén.