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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19980715

Título: ¿De que se alegra Jesucristo?

Original en audio: 18 min. 2 seg.


No son muchos los pasajes en los que Jesús aparezca lleno de alegría, parece como más frecuente, en su pensamiento, en su expresión, el dolor, la contradicción, el sufrimiento.

Y por eso, porque hoy aparece Jesús exclamando "con gozo del Espíritu" San Lucas 10,21, nos dice el Evangelista Lucas, Mateo omite este detalle, pero aparece Jesús exclamando gozoso, debemos estar atentos a esta alegría de Él.

No son muchas sus alegrías, no son muchas sus sonrisas. Nosotros, como una novia enamorada, estamos atentos a ver qué es lo que le hace sonreír, qué es lo que sí le gusta. Parece que este esposo, este novio, Jesucristo, no es fácil de contentar, entonces hay que estar muy atentos para descubrir, como aquella novia, qué es lo que a Él le agrada, qué le puede hacer feliz.

Y el motivo lo da Él en su oración al Padre Celestial: "Te doy gracias porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a la gente sencilla" San Mateo 11,25.

Da gracias por dos cosas, es una alegría doble. Porque estas cosas quedaron ocultas a los sabios y entendidos, y porque esas mismas cosas se han revelado a la gente sencilla. ¿Y cuáles pueden ser esas cosas? Pues, si relacionamos con el pasaje anterior, que escuchábamos el día de ayer, parece que hiciera relación a entender el mensaje de las obras de Jesús.

Porque en el mensaje inmediatamente anterior se estaba quejando de que estas ciudades como Corazaín, como Betsaida, como Cafarnaúm, no habían entendido el mensaje de los milagros y de las palabras de Jesús; pero, por lo menos en la redacción que nos ha quedado de Mateo, después de esas recriminaciones, viene esta alegre acción de gracias.

Las cosas que quedaron ocultas a unos y reveladas a otros, tienen que ver con el mensaje del Reino de Dios, tienen que ver con el mensaje del Evangelio.

Creo que podemos suponer que Jesús está dando gracias porque el Evangelio se manifiesta, porque aparece ante los sencillos, pero también da gracias porque queda oculto a los sabios y a los entendidos.

Vamos a tratar de entender nosotros, -sin volvernos entendidos, porque entonces se nos ocultan las cosas-, vamos a tratar de entender este mensaje de Jesús. Uno como que comprende que Él se alegre, porque las cosas fueron reveladas a la gente sencilla.

En ese famoso pasaje del capítulo cuarto de Lucas, donde Jesús lee un trozo del capítulo sesenta y uno del profeta Isaías, ahí Jesús describe su misión como "evangelizar a los pobres" Isaías 61,1.

Es comprensible que, cuando el Evangelio llega y se manifiesta a los más pobres, a los más sencillos, Jesús sienta alegría, como que es en primer lugar para ellos, para los más lastimados.

Una mirada un poco más suspicaz puede dar otro paso y decir: no sólo se alegra de que los más lastimados reciban el mensaje del Evangelio, sino que esos eran los que siempre quedaban excluídos. Cuando se repartían los bienes, siempre hay unos que quedan, o que quedaban al margen, esos se llaman marginados.

Como quien dice, alguien podría añadir: "La alegría de Cristo es también la alegría de que, los que siempre estaban excluidos, ahora les tocó, ahora sí le tocó al pueblo pueblo; ahora sí estos, que habían sido excluídos, que habían sido marginados, tienen su oportunidad.

Bueno, puede sonar un poquito como a revancha o a algo parecido, pero es como otra interpretación que se puede dar ahí.

Otra interpretación que, quizá, tiene también su sustento, porque dice Jesús: "Te doy gracias porque escondiste estas cosas a los sabios y entendidos, y se las revelaste a la gente sencilla" San Mateo 11,25, como quien dice: "Se volteó la arepa".

Ahora sí, los que siempre se salían con la suya, no entendieron nada; y, los que estaban excluidos, ahora sí comprendieron. Estas expresiones tampoco son ajenas a los Evangelios, en el cántico de la Santísima Virgen decimos: "Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. A los hambrientos los colma de bienes, y a los ricos los despide vacíos" San Lucas 1,52-53.

Es decir, parece que es como un acto de justicia, volteó la arepa, ahora sí. Entonces, el orden de cosas que había, ha quedado cambiado.

Llevamos dos interpretaciones de la acción de gracias de Jesús. Primera, Jesús se alegra porque estos, los más lastimados, reciben en primer lugar la medicina. estos, los más hambrientos, reciben en primer lugar el alimento. Este es un motivo de alegría.

Pero hay otro, y es que está realizando como una especie de juicio, como una especie de justicia sobre el mundo, que hace que se voltee la arepa, en un sentido de que los que siempre disfrutaban de todo y podían todo, esta vez no. Esta vez, esa soberbia, esa prepotencia humana queda humillada; y esta vez, los que habían sido humillados, pues quedan enaltecidos, en el espíritu del cántico de la virgen.

Esas interpretaciones pueden ser aceptables pero no resuelven un problema. Cuando Jesús dice: "Te doy gracias porque has escondido estas cosas a los sabios" San Mateo 11,25, ¿cómo entender eso? ¿Por qué se alegra Cristo de que queden escondidas para ellos?

Bueno, sí, alguien podría decir: "Pues precisamente por lo de la justicia que estamos hablando". Pero ¿no sería como mayor muestra de misericordia que ese mensaje llevara a arrepentimiento, llevara a conversión, también a los sabios y a los entendidos?

En alguna oración le decía Santa Catalina de Siena a Dios nuestro Padre: "Perdóname a mí, pero no sólo a mí, perdona a mi pueblo, porque me parece que redundará en gloria de tu nombre que perdones a mayor número de pecadores".

O sea que podemos hacer esta pregunta: ¿En dónde queda la misericordia de Dios en esas expresiones, particularmente en esta: "Has escondido estas cosas a los sabios y entendidos"? San Mateo 11,25. ¿En dónde está la ternura de Jesús ahí, que aquí parece como implacable con ellos?

Yo creo que sin forzar las cosas podemos encontrar ahí también misericordia. La noticia del Evangelio es un regalo, es una gracia. Los sencillos, aquellos que no tienen pliegues, aquellos que no tienen en que apoyarse, que están como desnudos ante Dios, descubren esa gracia, descubren ese regalo.

Los sabios no encuentran ese regalo; claro que su pecado o su problema no es ser sabios, sino creerse sabios, o creerse entendidos.

Los sencillos descubren al Evangelio porque lo descubren como a un regalo. El Evangelio es un regalo pero que hay que saber desempacar, que hay que saber abrir, que fue lo que no puedieron hacer esas ciudades como Cafarnaúm, Bestaida, etcétera.

El Evangelio es un regalo; saber recibir un regalo no es tan fácil como se cree. Saber recibir un regalo.

Cuando Dios esconde su mensaje, pone a los sabios y a los entendidos a buscar el mensaje escondido. En ese camino uno se cansa, y uno decubre sus límites.

Si Dios aleja a veces su regalo, por ejemplo, levantándolo, o por ejemplo, enterrándolo, escondiéndolo, a mí me parece que lo hace para que uno se canse, para que uno agote sus fuerzas. Cuando uno se ha cansado, entonces ya lo puede recibir como un regalo.

Como quien dice, la interpretación propuesta es esta: el Evangelio es una gracia, es una gracia para todos. Hay unos que lo pueden recibir primero porque no tienen puesta su confianza en sus propias fuerzas.

Hay otros, en cambio, que lamentablemente confían demasiado en sus fuerzas, entonces primero hay que acabarles esas fuerzas, primero hay que llevarlos hasta su límite, primero hay que mostrarles que no es por ese lado.

Cuando escarben y escarben y se agoten y se sientan cansados, entonces podrán recibir como un regalo el Evangelio.

De manera que Jesús se alegra de que el regalo ya esté listo para los sencillos, pero también se alegra de que esté escondido para los sabios. Porque si está escondido y bien enterrado, mientras lo buscan, se cansan, se agotan sus fuerzas, ya no se fiarán de sí mismos, se volverán sencillos, entonces podrán recibir el regalo.

Es decir, Jesús no se está alegrando aquí simplemente de que reciben consuelo o sanación los enfermos, esa es una parte de la alegría; tampoco se está alegrando simplemente de que se hizo justicia esta vez, eso sería todavía pequeño para el inmenso corazón de Cristo.

Se alegra de que haya una sabiduría de Dios, que prepara el camino del Evangelio para todos; a los que ya están listos, tenga su regalo; a los que no están listos, se les prepara para que reciban el regalo, ¿cómo? Primero es necesario que no se fíen tanto de sus fuerzas, ni de sus estudios, ni de que son entendidos, no.

Mientras se estén fiando sólo de sus fuerzas no van a ir muy lejos. Entonces primero se necesita que no estén tan fiados de sus fuerzas, porque cuando el ser humano se fía de sus fuerzas, se olvida del Creador, se olvida que su propio ser es un regalo, y que de Aquel de quien recibió ese regalo, también recibe este otro regalo que es la salvación por la gracia de Cristo.

Entonces a mí me parece entender en este pasaje que Jesús se alegra, se alegra con corazón limpio, transparente, luminoso, se alegra, básicamente ¿por qué? ¿Cuál es la raíz de la alegría de Cristo? La inmensa sabiduría de Papá Dios, y la inmensa ternura de Papá Dios, que encuentra en su Providencia cómo favorecer, cómo ayudar, cómo bendecir a todos, pero a todos por regalo, a todos por gracia.

El sencillo, primero, ése puede recibir ya; el otro, toca que primero se vuelva sencillo, ¿y qué hacemos para que se vuelva sencillo? Que deje de confiar tanto en sus fuerzas, porque eso precisamente es lo que no lo deja percibir su vida como un don; y para que no confíe mucho en sus fuerzas ¿qué hay que hacer? Mostrarle que sus fuerzas no lo pueden todo, y para eso ¿qué hay que hacer? Esconderle el Evangelio bien hondo por allá.

Para que mientras que la persona lo busca, se da cuenta de que con sus manos desnudas, no puede abrir esas rocas ni esos túmulos, y entonces un día dice: "¡Ay, si Dios me diera un regalo!" Y Dios dice: "¡Pues, claro, aquí está su regalo!" Es una providencia, es un amor de Dios, es una sabiduría de Dios.

Yo creo que esto es tan real, que debe llevarnos a nosotros a reinterpretar nuestra manera de hablar de la justicia, por ejemplo, en torno a ese cántico de la Santa Virgen María: "Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes" San Lucas 1,52. No es la alegría infantil de que "ahora sí nos tocó a nosotros. Se volteó, ahora sí, la pirámide. Ahora le tocó al pueblo".

No son alegrías demagógicas las de la Virgen; no son alegrías tipo lucha proletaria o sindicalista, con todo el respeto para los sindicatos; no son alegrías de ese género; no es alegrías de "¿sí ve cómo se cayó? Eso se fue dando botes y rodó hasta el fondo", no es esa alegría.

Yo no creo que pueda uno alegrarse de ver a ningún ser humano precipitarse en el abismo. Esto no puede ser motivo de alegría para nadie.

La alegría está en que ese poderoso, cuando ya no tiene trono, ese rico, cuando empieza a tener hambre, está empezando el ABC, el camino de la gracia, está empezando para él la gran oportunidad de la conversión.

Esto me parece más equitativo, más concorde con el Corazón Inmaculado de la Santísima Virgen, y con el bendito Sagrado Corazón de Nuestro Señor Jesucristo.San Lucas 1,52-53