O134001a
Fecha: 19960704
Título: ¿Donde tienes puesto tu corazon?
Original en audio: 12 min. 7 seg.
En las Biblias aparece con el nombre de "Betel" ese santuario, pero como la raíz "bet" significa casa y "el" alude a Dios, entonces "Betel" es "Casa de Dios", en la traducción que hemos escuchado.
"Betel". Había en Betel un santuario, donde los israelitas ofrecían sacrificios, holocaustos en honor de Dios, de Yavhé.
Pero ofrecían sacrificios ahí entre otras cosas, porque Jeroboam quería impedir que los de su reino, los del reino de Israel, ya se había dividido el reinado; los del reino del Norte, los del reino de Israel fueron hasta Jerusalén a ofrecer sacrificios.
Entonces, pues, se trataba de evitar que siguieran yendo a Jerusalén, y por eso se habían creado santuarios en la misma tierra de Israel. El origen, entonces, no era religioso, sino era una estrategia política. Esto lo hizo el primer Joroboam, el contemporáneo de Roboam, hijo de Salomón.
Amasías es sacerdote de este santuario de Betel, es un sacerdote que simplemente realiza su oficio y que vive de eso. A Amasías no le interesan los sacrificios, ni le interesa el culto, ni le interesa Dios; le interesa su manutención, le interesa su negocio que tiene ahí, de eso vive él, de eso vive su esposa, de eso viven sus hijos. Él está pensando en sus intereses, no está pensando en los intereses de Dios.
De manera que esta primera lectura nos ha presentado el contraste entre un hombre, que tiene sus intereses, y los deja por servir a Dios, y un hombre, que tiene los intereses de Dios, y los deja por servir a sus intereses. Ese es el contraste grande que tenemos aquí.
Amós tenía su negocito, tenía su sustento entre las ovejas y los hijos, allá en el reino del Sur, en Judá; pero deja sus negocitos, deja sus intereses por una fuerza que viene de lo alto, una voz incontenible, una palabra que él no resiste y que lo lleva a dejar su tierra para irse al reino del Norte a predicar, y no en cualquier lugar, sino precisamente en el santuario real, en el santuario de Betel.
Amós, entonces, es la figura del hombre que deja lo suyo por buscar lo de Dios. Amasía, en cambio, es el hombre que por oficio tendría que estar ocupado de las cosas de Dios, y sin embargo, pues en realidad no le interesan las cosas de Dios, sino le interesan sus asuntos.
Al que le interesan sus asuntos, habla como Amasías, le fastidia la palabra. Entonces ¿a quién acude Amasías, a Dios? No, en realidad no cree en Dios, acude al rey, a Jeroboam, y le envía esa carta, le envía ese mensaje: "Amós conjura contra ti en medio de Israel. La tierra ya no puede soportar sus palabras" Amós 7,10.
Este es sacerdote de Dios, pero solamente de nombre; en realidad, su fe está puesta en el rey, en los poderes de esta tierra.
El que tiene por nombre los intereses de Dios, pero en el corazón tiene sus propios intereses, termina sirviendo a los poderes de esta tierra. Esa es una parte del mensaje de esta lectura.
Amasías en realidad cree es en el rey de esta tierra, no cree en Yavhé, no cree en Dios, se apoya en el rey de esta tierra, y pretende callar la Palabra de Dios.
"Vidente, vete y refugiate en tierra de Judá, come allí tu pan, y profetiza allí" Amós 7,12, ¿qué le está diciendo? "Haz lo mimo que yo hago, hombre, no nos compliquemos; yo a lo mío, tú a lo tuyo. Yo seguiré aquí comiendo jugosas tajadas de los sacrificios, y tú vete allá y pon tu negocio, pon tu chuzo en otra parte. Hay para todos: hay par ti y hay para mí. Tú ve a lo tuyo".
Amós le responde diciendo: "Lo mío lo tuve y lo perdí por Dios. No fue voluntad mía, fue voluntad de Dios; ya lo mío lo perdí. Pero puesto que tú no tienes los intereses de Dios, sino que tienes tus intereses, y te has apoyado en el rey de esta tierra, ese reinado, has de saber, lo ha descalificado Dios, y por consiguiente, lo que le suceda a los poderes de esta tierra te sucederá a ti". Es otra profunda enseñanza de esta lectura.
El que se apoya en Dios, le sucederá lo que le pasa a Dios; el que se apoya en los poderes de esta tierra, le sucederá lo que le pasa a los poderes de esta tierra.
Puesto que Jeroboam y ese reinado de Israel está ya condenado al exterminio, Amasía, te has apoyado en una muleta que no te sirve, se te va a quebrar. Apóyate en los poderes de esta tierra, apóyate en las amistades de esta tierra y se te quiebran; apóyate en las alianzas de esta tierra y te fallan; apóyate en Dios y no te va a fallar.
Tú te apoyaste en Jeroboam, Jeroboam no vale nada, Jeroboam se va a acabar, y a ti te va a suceder, que tus intereses, tu esposa, será deshonrada, tus hijos, morirán, y tú, morirás en tierra extranjera, en tierra pagana.
Bueno, así más o menos queremos exponer esta primera lectura.
Dediquemos, con la ayuda de Dios, una palabra también para nosotros. ¿Cuáles son nuestros intereses? Creo que esta primera lectura es una gran pregunta: ¿En dónde está tu corazón? ¿Qué estás tratando de proteger? ¿Qué es lo que tú tratas de sacar adelante?
Parece que la enseñanza de esta lectura fuera. si no estás protegiendo a la Palabra de Dios, si no estás protegiendo a la fe en Dios, Dios no te protege a ti; Dios sólo protege a los que se refugian en Él, a los que confían en Él.
Dice un lema bonito de predicación del Santo Rosario: "Guarda el Rosario y el Rosario te guardará; con más verdad aún podemos decirlo de la fe: "Guarda la fe y la fe te guardará".
De manera que la pregunta es: "¿En dónde está tu corazón? ¿Qué estás tratando de proteger? Es una invitación a ser capaces de arriesgarlo todo cuando están en juego los intereses de Dios, es una invitación a pensar primero en Él y en su Palabra, y es una invitación a estar despiertos, porque siempre habrá demasiados poderes que traten de silenciarlos.
¿Qué hizo Jeroboam para callar la Palabra de Dios? Darles santuarios a los sacerdotes, ya les dio con que vivir, ya los contentó. ¿Quiénes son, cuáles son los poderes que están tratando de contentar a la Iglesia hoy? ¿Quién es la gente, cuál es la gente, cuáles son los poderes que tratan de que estemos a bien con ellos?
¿Cuáles son las personas que quieren que nosotros dependamos de ellos para que no hablemos, para que no denunciemos? ¿Cuáles son las personas o los poderes que están tratando de decirnos: "Mira, tú quédate tranquilo, come tu pan y profetiza allí, allí donde nadie tiene que oírte; ve y háblale a tus ovejas y a tus hijos, ve y háblale allá a esas ovejas, y allá les dices varios oráculos".
¿Quiénes son los que quieren que nosotros vayamos a profetizar a los hijos y a las ovejas, para que nuestra voz no se escuche allí donde Dios quiere que se escuche?
Yo creo que ser de Dios, guardar la fe supone estar infinitamente despierto. ¿Cuáles son las falsas alianzas, cuáles son los pactos tácitos, cuáles son las componendas que están silenciando nuestra voz? Oiga, yo creo que debe haber de estas componendas, por ejemplo, en nuestro país, si no, sería inconcebible lo que está pasando.
Si no hay estas componendas con la Iglesia, yo no entiendo por qué en un país con tantos bautizados suceden tantas tragedias. Hay tantas masacres, tanta violencia, tanta injusticia. Alguien tiene que haber celebrado alianza con la Iglesia, alguien tiene que estarle callando la boca a la Iglesia.
Tiene que haber demasiada gente de la Iglesia que ha aceptado la invitación de Amasías. Hay demasiados sacerdotes, o yo no sé si obispos, o yo no sé si religiosas, o yo no sé si quiénes; hay demasiados que han aceptado la invitación de Amasías, y se han ido tranquilos a comer allí su pan y tienen su pan, y su almuerzo, y su merienda, y su todo, y tiene su casa, y su carro, y su beca.
Tiene que haber estas componendas, pero no las vemos, pero no las descubrimos, y nos estamos contentando con comer allí nuestro pan. Pienso que muchos de nosotros nos estamos contentando simplemente con tener un buen trabajito, hacer bien nuestro oficio y recibir bien nuestro pan.
¿Era eso lo que quería Dios de ti? ¿Eso era lo que quería Dios cuando te llamó a la vida? ¿Eso era lo que quería cuando te bautizó? ¿Eso era lo que quería el Señor si te llamó a la vida religiosa? ¿Eso? ¿Que hicieras un trabajo y que comieras tu pan y le predicaras a las ovejas y a los hijos?
Necesitamos la fuerza de este Espíritu del Señor, para descubrir cuáles son las falsas alianzas que quizá nuestra Iglesia está haciendo. Indudablemente hay santuarios espúreos, indudablemente hay alianzas inicuas, que no dejan que la palabra del Evangelio haga germinar la santidad. Porque para ser santos nos creó, nos bautizó y nos llamó nuestro Dios.
Que Dios nos dé la inteligencia de la fe, la fuerza, el ardor del Espíritu para descubrir estas cosas. Que no seamos de aquellos que simplemente comen y comen su pan, para luego ser el pan y el alimento de los verdugos, o de los invasores, o de los gusanos.
Dios y Señor nuestro, infunde el Espíritu de los profetas, infunde la claridad del Evangelio en nuestras vidas, para que descubramos en qué momento es que se pierde la fecundidad de tu Palabra, y en qué momento se convierte en un falso santuario o en una falsa profecía.