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Dos son las enseñanzas principales del evangelio de hoy tomado del capítulo quinto de San Mateo.
Primero, que hay que empezar por limpiar la casa por dentro, hay que empezar por vigilar el corazón. Nuestra amistad con Dios y nuestra unión con Dios no pueden limitarse simplemente a actos exteriores, es necesario renovar nuestro ser, por eso Cristo dice: “No basta con abstenerse del acto exterior” (Mt 5,28); imaginémonos una persona que como dice Cristo, desea una mujer casada, no ha cometido ninguna falta exteriormente, pero en su interior hay un pecado, una suciedad y es ahí donde tenemos que poner en primer lugar nuestra atención y es ahí donde debemos vigilar en primer lugar, esa es una enseñanza muy bella que nos da Cristo.
Tenemos que mirar primero como están esas intenciones, como está ese corazón nuestro, porque solamente desde esa perfección interior vendrá la verdadera perfección exterior. Uno puede quizás maquillar muchas cosas y uno puede ser una persona de apariencia, entonces hay que empezar por dentro y por eso nuestra vida cristiana no puede basarse en quien me está vigilando, quién me está viendo o qué opinión va a tener la gente de mí, sino más bien nuestra vida cristiana ha de tomar como primer testigo a Ese, que como dice Jesús en este primer sermón de la montaña: ”ve lo que está en lo escondido” (Mt 6,6), es ahí donde nosotros aprendemos a ser cristianos, es en la mirada de Aquel que todo lo conoce, no es la apariencia, no la opinión de la gente, no es el aplauso o el reconocimiento de los demás, es la mirada de Aquel que verdaderamente nos conoce, eso es lo que puede marcar una diferencia en nuestra vida, eso es lo que realmente nos hace cristianos.
La segunda enseñanza es muy hermosa también, y es que Cristo nos invita a ser coherentes, claro se empieza por ese interior, por ese corazón, pero tampoco debemos quedarnos únicamente en buenas intenciones, hay que llegar también a la decisiones, primero las buenas intenciones, pero después también las buenas decisiones, y las buenas decisiones empieza con la claridad sobre aquello que debe estar y lo que no debe estar en mi vida, hay cosas que no deben estar en mi vida, hay cosas que tienen que salir de mi vida. Esto se nota particularmente en aquellas personas que lamentablemente tienen una adicción, la persona que tiene una adicción muy pronto se da cuenta que hay cosas que debe sacar de su vida. ¿Por qué? Porque el que es alcohólico debe entender que una copa es una borrachera, así de sencillo, no puede tomarse una copa un trago, tiene que salir de sus vidas. Sucede también con muchos de los pecados relacionados con la pureza, es decir pecados de impureza, ahí aparece con claridad eso, por eso han recomendado muchos santos, empezando por San Pablo, dice: “Huid de la fornicación” (1 Cor 10,13). Hay que huir del pecado, es algo muy interesante, porque el mismo Pablo en otros lugares habla del combate y habla de ser aguerridos y de tomar el yelmo, la coraza el escudo, blandir la espada, pero cuando se trata de ese tipo de pecado, dice que hay que poner tierra de por medio, eso es una enseñanza muy grande.
Entonces el mensaje de hoy es simple, pero es profundo, empieza por renovar tu corazón frente a Aquel que todo lo ve y luego a partir de las buenas intenciones, acuérdate de darle paso a las buenas decisiones, empezando por sacar de tu vida, lo que no debe estar ahí, lo que nunca debió llegar ahí.