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Fecha: 19980608

Título: Los profetas son como espias del Reino de Dios

Original en audio: 12 min. 54 seg.


Las lecturas en este año par presentan una maravillosa complementariedad para este día.

Después de haber seguido durante las nueve primeras semanas del tiempo Ordinario al Evangelista Marcos, hoy empezamos una lectura casi continua del evangelio de San Mateo, en aquellos pasajes que son más propios de Mateo.

Estamos iniciando la décima semana del Tiempo Ordinario, y es Mateo quien nos va a guiar por esta parte del camino

Así también la primera lectura ha cambiado de perspectiva. Estábamos escuchando hasta la pasada semana el final de ese testamento espiritual de San Pablo a su discípulo Timoteo.

Hoy, pues volvemos al Antiguo Testamento, cambiamos igualmente de registro y de lectura, y nos encontramos a Elías, profeta, en tiempos muy difíciles y muy ambiguos para la monarquía en Israel, cuando Ajab reinaba. De manera que la primera y la segunda lectura cambian de perspectiva.

Bueno, eso tenía que suceder más o menos en este tiempo, porque en la novena o en la décima semana del tiempo Ordinario, pues se vuelven a tomar las lecturas del Tiempo Ordinario después del tiempo Pascual. Entonces, con bastante frecuencia, cuando se pasa después de la Pascua otra vez al tiempo Ordinario, se llega más o menos a esta décima semana.

Es decir que el propósito de la ordenación de las lecturas en la Eucaristía para el Tiempo Ordinario y para las ferias es ése, que al volver del Tiempo Pascual uno se encuentre muy pronto, quizá el mismo lunes después de Pentecostés, que uno se encuentre muy pronto con las palabras altas, vigorosas, santas de Jesucristo predicando las Bienaventuranzas, y que uno se encuentre, por ejemplo, en estos años pares, con el profeta Elías. Ese es como el propósito que hay ahí.

Pero decía que estas dos lecturas tienen su relación, porque si lo miramos bien, esos dichosos que describe Cristo, tienen un rostro muy semejante a lo que es la vida del profeta. Mientras que Ajab reina en casa de cedro, a Elías le toca huir como un prófugo, como un indigente, como un miserable, literalmente a depender de la misericordia de Dios.

Ya que no hay manos humanas que puedan socorrer la pobreza de Elías, es Dios quien le envía un animalito, un cuervo que se convierte como en mano de Dios para socorrer, para atender la pobreza de Elías, es decir que esa primera bienaventuranza se cumple; Elía es uno de esos pobres, de esos que no tienen a nada ni a nadie.

Y hay que llamarlo igualmente "sufrido" y "lloroso", y es patente su hambre y sed de la justicia; y hay que llamarlo también perseguido por causa de la justicia, que tal vez está mejor traducido, como dice en otra parte, "perseguido por ser justo".

Y también se cumple, desde luego, eso último que dijo Cristo: "Dichosos vosotros cuando os insulten y persigan y calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros" San Mateo 5,11-12.

Y efectivamente la primera lectura nos muestra, que uno de esos profetas anteriores a nosotros, que fue así perseguido, que fue insultado, que fue calumniado, es precisamente este Elías.

Bueno, pero nos hemos saltado algunas Bienaventuranzas, ¿qué pasó con la misericordia, con la limpieza de corazón y con el trabajar por la paz? Esos no son tan fáciles de encontrar, no son tan inmediatos en la vida de Elías.

Sobre eso de los "limpios de corazón" San Mateo 5,8, obsérvese que Elías le dice a Ajab: "En estos años no caerá rocío ni lluvia si yo no lo mando. Vive el Señor, Dios de Israel, a quien sirvo" 1 Reyes 17,1.

Los tiempos en los que vivió Elías fueron una época de muy extendida idolatría, todo el mundo idólatra; y la razón es que el que gobernaba no gobernaba, Ajab no era el que gobernaba sino gobernaba la esposa, que era Jezabel, y que era de origen pagano, y que le interesaba difundir al máximo el culto a Baal, y por eso perseguía a los profetas de Yavhé, e iba diseminando altares y cualquier otra forma de culto a los Baales.

De manera que la limpieza de corazón aquí es esa transparencia diamantina, en la que la luz de Dios todavía puede brillar. Me parece que muchas veces hemos interpretado ese ser limpios de corazón, o puros de corazón, solamente en términos de los afectos, y a veces en términos muy concretamente de la virtud de la pureza, entendida esta pureza como en relación con la castidad.

Pero la limpieza de corazón, como aparece muchas veces en la Escritura, tiene que ver con muchas otras cosas; yo creo que corresponde más a lo que decimos con la palabra "transparencia". "A quien sirvo" 1 Reyes 17,1, dice Elías, sabiendo que se jugaba la cabeza, como efectivamente vino a verse, por la persecución que desató Jezabel contra él. De manera que ahí está la limpieza de corazón.

Bueno, ¿qué pasó con el trabajo por la paz, si este hombre lo que está aquí es retando, está retando al rey, al rey Ajab. Lo que hace es una declaración de guerra realmente: "Pues no va a haber lluvia en este lugar mientas yo no lo mande" 1 Reyes 17,1.

"No va a haber lluvia" 1 Reyes 17,1, ese es un castigo, esa es una declaratoria de guerra, ese no parece que fuera trabajo por la paz.

Pues es verdad que no lo parece, pero si nosotros pensamos en cuál es la paz que vino a traer Cristo al mundo, así como dice Él en el evangelio de Juan: "No como la que el mundo da, yo vine a ter la paz, mi paz; no la que le mundo da" San Juan 14,27, pues entonces entendemos que hay momentos en que la paz de Cristo no coincide con la búsqueda de la paz del mundo.

La búsqueda de la paz del mundo es que cese el conflicto a toda costa; la búsqueda de la paz de Cristo a veces supone que aparezca ese conflicto y que se vea quién es el Señor.

Porque sólo se tiene verdadera paz en el verdadero Reino, es decir, cuando Dios es el que impera; cuando Dios reina verdaderamente en un corazón, pues ahí puede haber paz; cuando Dios reina en una comunidad, ahí puede haber paz, lo otro es disimular el conflicto, lo otro es aplazar la guerra.

De manera que proclamando vigorosamente el reinado de Dios, Elías estaba trabajando por esa paz, que no es la paz del mundo, que últimas sólo será esa paz que da Cristo.

Es un trabajador esforzado por la paz, es un trabajador que estuvo a punto de pagar con su propia vida su esfuerzo por la paz.

¿Y la misericordia? Tampoco parece muy misericordiosa la actitud de Elías, quizá porque no parece muy mansa, esa también es un poco más difícil de reconocer que otras. Dice Elías: "En estos años no caerá rocío ni lluvia si yo no lo mando" 1 Reyes 17,1, es decir, se presenta ahí como la puerta del cielo, como aquel que determina quién vive y quién no vive.

Pero él ha empezado diciendo: "Vive el Señor, Dios de Israel, a quien sirvo" 1 Reyes 17,1, "vive el Señor" 1 Reyes 17,1, tiene la conciencia clara de ser boca de Dios, de ser profeta de Dios, y por eso realmente esa palabra la dice de parte del Señor.

Y este Señor Dios es compasivo no sólo cuando acaricia, consiente o mima, sino también cuando castiga. Esto tiene toda la cara de un castigo, y no aparece una actitud muy mansa, no aparece muy misericordiosa.

Cuando Santo Tomás estudia la misericordia, se apoya en aquellas palabras de San Agustín: "La misericordia del corazón es como el corazón que sabe compadecerse de las miserias del prójimo", es un corazón sensible a la miseria del prójimo.

Y hay veces que la solución de las miserias del prójimo pues supone el paso de unas cuantas palmadas, si se trata de un niño, o de una inyección, si se trata de un enfermo,o de un penoso entrenamiento, si se trata de un deportista.

Y para cada una de esas oportunidades, uno podría decir: "Eso no es muy misericordioso, la manera como llevan a esos pobres atletas a entrenar, eso no parece que sea misericordioso". Pero cuando se tiene verdadero amor a ese máximo que el mismo atleta está buscando, entonces se le apremia un poquito o bastante.

Cuando de quiere mucho, mucho la salud del enfermo, pues entonces se le hunde esa jeringa para que la persona sane, no por el gusto de causarle dolor, sino por el gusto de causarle salud; y así, la misericordia de algún modo aparece también aquí.

En fin, creo que sin forzar las cosas, aparece Jesús predicando sobre el modelo de los profetas. Y realmente, esta es una gran enseñanza para nosotros. La bienaventuranza de cristo tiene su espejo, -y así lo dice Él expresamente-, tiene su espejo, tiene su prototipo precisamente en la manera de vivir de los profetas.

Son ellos quienes son como adelantados, ellos van como adelantados, así como aquellos expías que Josué mandó a que vieran a ver cómo era la Tierra Prometida, así también los profetas son como espías de la felicidad de Dios, espías del Reino de Dios, son como exploradores que van adelantados, conociendo las delicias de este Reino, del cual nos va a hablar Cristo tantas veces y de tantas maneras a través de la enseñanza de San Mateo.