O092001a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20020604

Título: Esperar y apresurar el retorno del Senor

Original en audio: 5 min. 54 seg.


Hermanos:

Indudablemente la expresión que más nos llama la atención en la primera lectura que escuchábamos, la del Apóstol Pedro, es aquello de esperar y al mismo tiempo apresurar el retorno del Señor.

Y yo creo que aquí aparece, podríamos decir, el perfil propio de la esfera cristiana. La simple espera, el simple esperar, es algo pasivo. Esperar y apresurar, significa apresurar creyendo y significa esperar amando.

El tiempo de la espera no es un tiempo perdido, no es un tiempo vacío. Pedro nos indica que es un tiempo que está lleno de nuestro crecimiento en la gracia y está lleno de la manifestación de la paciencia y la misericordia del Señor.

Dios no ha dejado un tiempo en blanco, un tiempo inútil, sino es un tiempo en el que ya se despliega, ya se muestra la riqueza de su misericordia y un tiempo en que ya se despliega, ya se muestra la forma de la fortaleza y la calidad de amor que tenemos nosotros los cristianos.

Por eso dice: "Creced en la gracia y el conocimiento de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo." 2 Pedro 3,18. El tiempo de la espera es un tiempo para el crecimiento, un tiempo para crecer. San Pablo nos dirá en algún lugar: "Hasta alcanzar la estatura de Jesucristo" Carta a los Efesios 4,13.

Hay una madurez en la vida cristiana, hay una plenitud en la vida cristiana y a esa plenitud estamos llamados. Por eso tiempo de espera significa tiempo de crecimiento.

Ahora, Pedro también nos sugiere qué tipo de crecimiento es, o mejor, en qué circunstancia se da ese crecimiento. Uno quisiera crecer como parece que crecen la plantas, como crecen los árboles, es decir, recibir alimento y volverse más grande.

Pero no, el crecimiento cristiano es un crecimiento en contrastación, en lucha, en cierto sentido, necesitamos de la lucha, necesitamos de la confrontación para llegar a nuestra verdadera estatura.

Por eso Pedro nos habla de las dificultades. Dice aquí: "Queridos hermanos, mientras esperáis estos acontecimientos, procurad que Dios os encuentre en paz con Él" 2 Pedro 3,14. Y más adelante dice: "Estáis prevenidos, tened cuidado de que no os arrastre el error de esos hombres sin principios y perdáis la fe" 2 Pedro 3,18.

Son entonces varias las enseñanzas que nos ofrece esta lectura: que hay un tiempo de espera, pero que no es un tiempo vacío. Es tiempo para contemplar la manifestación de la paciencia, de la misericordia, de la generosidad de Dios. Es un tiempo para desplegar la fuerza de nuestro amor, es un tiempo para crecer y ese crecimiento se da en circunstancias de lucha, en circunstancias de combate en circunstancias de fortaleza.

En realidad, es lo mismo que nos encontramos en el plano físico. ¿De qué manera crece un atleta? Necesita oponer algo a su fuerza para que sus músculos adquieran el tono y el volumen que él quiere, por ejemplo, levanta pesas o vencer la resistencia de unos resortes o se esfuerza hasta el límite de su organismo, trotando por una determinada senda, por un camino.

Es decir, es la oposición la que hace que nosotros saquemos lo mejor de nuestras fuerzas.

Santa Catalina de Siena tiene algo parecido, dice: "Cada virtud es probada por su contrario", de manera que la humildad tendrá que ser probada en un ambiente de soberbia, y la sinceridad tendrá que ser probada en un ambiente de falsedad, y la pureza tendrá que ser probada en un ambiente de impureza.

Es la oposición la que hace que el músculo adquiera su tono, adquiera su volumen, adquiera su estatura, y esa es la vida cristiana.

Una última consecuencia sacamos de aquí: si esa es la vida cristiana, ¿qué mal hacemos cuando nos quejamos de las dificultades, cuando nos quejamos de los problemas, cuando nos quejamos del estado del mundo? "Ah, ya no se puede hacer nada, ya no se puede formar una familia, ya no se pueden tener valores, ya nada se puede hacer".

Al contrario. Cada una de esas dificultades dentro del plan, dentro de la Providencia de Dios, tiene su lugar en el gimnasio del alma, tiene su lugar en el crecimiento de su pueblo, de su gente, que somos nosotros, para que alcancemos la verdadera estatura y para que Dios nos encuentre en paz, nos encuentre irreprochables, nos encuentre inmaculados.