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El Evangelio del día de hoy está tomado del capítulo decimo de San Marcos, la frase que se destaca es aquello que dice Cristo: “Dejad que los niños vengan a mi” (Mr 10,14). Y esto nos obliga a pensar sobre cuantos impedimentos tienen los niños para acercarse a la persona de Cristo.
El primer impedimento es que no se les deja nacer, los niños abortados no llegan a saber algo del papá: “es mi papá me mandó matar”; es algo muy triste y dramático que tiene que comprometernos más y más en la lucha por la defensa de la vida, así que ese es el primer impedimento, esos millones y millones de niños abortados, han sido impedidos de conocer más plenamente con su inteligencia y voluntad a la persona de Cristo, su Salvador y Redentor.
En segundo lugar pensemos en tantos niños que han nacido en culturas que le dan la espalda a Cristo, hay muchos países donde el ateísmo, el Islam, el budismo, el hinduismo, hacen que la persona de Cristo no sea bienvenida o no ser nombrado. Durante muchos años por ejemplo, en Cuba, no se mencionaba para nada la persona de Cristo, como si callando la persona misma de Cristo desapareciera, es algo muy triste, realmente es un derecho del que se privó a millones y millones de cubanos y lo mismo están viviendo muchísimos más millones en lugares como Vietnam, Corea del Norte, China y por supuesto en muchos otros sitios donde el pensamiento que impera es otro, reconocemos que puede haber una sincera intención en los papás de esos niños, pero lo cierto es que esos niños no llegan a conocer a Cristo o lo único que oyen de Cristo es para despreciarlo o alejarse de Él.
Luego tenemos el caso terrible de los niños que sufren violencia y un caso particularmente dramático es de aquellos que teniendo familias católicas o que estando cerca de la Iglesia Católica han experimentado en sus propios parientes, o por ejemplo incluso en sus propios pastores, situaciones de explotación o de abuso, esta gravísima contradicción entre el mensaje cristiano y el trato que se ha dado a estos niños es algo que tenemos que deplorar y denunciar. Numéricamente y estadísticamente es un porcentaje muy pequeño, pero como ya lo decía sabiamente un obispo, un solo niño o una sola niña que hubiera sido abusada, ya es un número demasiado grande, así que hay que pedir perdón y poner las medidas adecuadas para que ese tipo de cosas jamás sucedan.
Otro impedimento que lamentablemente tienen muchos niños, es que son privados de una adecuada formación religiosa en sus familias y en el espacio en el que aprenden sobre la vida, sobre el espacio, la historia y su cuerpo es decir, la escuela, En muchísimos sitios el ámbito propio del conocimiento que es la escuela carece por completo de cualquier identificación religiosa, los crucifijos han sido quitados de las escuelas y en muchos lugares la clase de religión ha desaparecido completamente, reconocemos que se necesita una nueva pedagogía para evangelizar a través de la clase de religión, pero lo que les ha sucedido a muchos niños es que los han privado de un estudio serio, sistemático y consecuente sobre eso que es tan importante para la vida, es una verdadera carencia, los derechos religiosos de esos niños han sido conculcados y en ese sentido se les ha impedido encontrarse con Cristo. Esto no ha sucedido solamente en la escuela, empieza a suceder primero cronológicamente antes en sus familias, porque muchos papás no han tomado conciencia de que ellos son los primeros educadores en la fe para los niños.
Observemos que luego en ese mismo ámbito escolar hay muchos otros obstáculos que impiden acercarse a la persona de Cristo, en esa misma escuela o en muchos lugares de estudio se predican como si fueran grandes certezas cosas que no son sino un culto a la ciencia, es verdad que la ciencia es un gran tesoro de la humanidad, pero el cientificismo que es la ideología que afirma que el único conocimiento es el que da la ciencia, es una patraña, engaño y un acto de fe podrida, pero es un acto de fe, esto significa que cuando en los colegios se predica cientificismo, cuando se les inculca esta clase de ideas a los niños, se les está impidiendo acercarse a cualquier forma de pensamiento que trascienda la materia y en ese sentido se les está poniendo un bloqueo mental que los apartara, quizás por muchísimos años de la persona de Cristo.
La cultura egoísta, la banalidad o incluso la corrupción que se enseña muchas veces con el título de educación sexual es otra forma de corromper las mentes de los niños y de mantenerlos lejos de Cristo, porque vueltos adictos del placer ven en la religión una especie de esclavitud detestable.
Nos damos cuenta que son muchos los impedimentos, nos damos cuenta de que el clamor, la súplica y el mandato de Cristo: “Dejad que los niños vengan a mí”, requiere de todos nosotros actividades resueltas, consecuentes y perseverantes. No es fácil la lucha son muchos los frentes, hay mucho por hacer, pero a medida que vamos todos tomando una mayor convicción estemos seguros que podremos obrar con mayor eficiencia y con mayores resultados.