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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20020523

Título: La riqueza suele estar unida a la inconsciencia, al desperdicio y a la injusticia

Original en audio: 7 min. 54 seg.


En otro lugar de la misma Carta de Santiago, nos encontramos que el Apóstol corrige, el Apóstol critica esa actitud aduladora que tenía esta comunidad con respecto a la gente importante de este mundo.

En este documento, donde Santiago critica la costumbre que entonces tenían de darle los puestos de honor a los que tenían mayor importancia, mayores riquezas o mayores honores en esta tierra, mientras que a los humildes y a los pobres pues no se les daba nada.

Y dice él: "Pues ustedes, si llega un rico, siéntate en el puesto, ¿no? Si llega un pobre: quédate por ahí parado o siéntate en el suelo, o lo que quieras".

Y por eso él toma una actitud que podemos llamar valiente, pero es casi extremista. El modo de corregir de Santiago definitivamente es con fuego. Entonces él toma una actitud drástica, casi en el otro extremo, y empieza a montar la mentira que hay detrás de las riquezas de este mundo.

Son varias las mentiras que él denuncia, incluso en un texto relativamente breve como el que acabamos de oír. Por ejemplo, la riqueza se cimienta en la injusticia muchísimas veces, y eso sigue siendo cierto.

Muchas fortunas son producto de trampas, un producto de injusticia, son dinero robado a los pobres, son dineros desviados de otras causas, o son herencias de personas que hicieron eso.

En Colombia por lo menos, y ya tengo noticias de otros países, eso como que se cumple bastante. Entonces hay un engaño en esa riqueza, y sobre todo hay un engaño en darle honra a esa riqueza.


Hay muchas mentiras que se pueden tapar con la riqueza, y una es: la riqueza suele ser fruto de la injusticia. Hay otra, dice acá: "Vuestro oro y vuestra plata están herrumbrados" Santiago 5,3. El dinero que le hace falta a otros, pudriéndose.

Tal vez es la parte del texto que más fácilmente podemos aplicar a nuestra propia vida; ya alguien lo decía: "¿Qué de lo mío se está pudriendo por no darlo?" En ese sentido, creo que todos hemos faltado por egoísmo en muchas cosas.

¿Quién de nosotros podrá decir: "He administrado con generosidad y con sabiduría todo lo que la vida me ha dado?" Yo creo que no podemos decir eso, creo que tenemos que admirar todos que hay cosas que se nos dañaron, hay cosas que se nos pudrieron.

Esto tiene indudablemente que ver con aquella parábola famosa de los talentos. Cada talento enterrado fue un talento que se pudrió y alguien hubiera podido recibir de ahí.

Entonces la riqueza es engaño también, porque muchas veces la riqueza conduce al absurdo del desperdicio. La primera era: la riqueza está unida a la injusticia, y la segunda: la riqueza está unida al desperdicio, y eso sigue siendo cierto.

En la casa del pobre difícilmente se desperdicia algo, pensemos en la comida o en la ropita; en la casa del adinerado difícilmente se administran las cosas con esa misma pulcritud, con ese mismo cuidado. Casi siempre la riqueza está unida al desperdicio.

Y el desperdicio es como un doble pecado, porque supone una ingratitud con Dios y supone una forma violenta de agresividad contra el pobre. Que se pierdan alimentos habiendo hambre, eso clama al cielo. Entonce es la segunda denuncia que hace el Apóstol Santiago en lo que tiene que ver aquí con la riqueza.

Y lo tercero: la riqueza está unida a la inconsciencia. Es lo que él intenta describir con un lenguaje que era el que él conocía, un lenguaje de tono apocalíptico: "Habéis amontonado riqueza precisamente ahora en el tiempo final" Santiago 5,5.

No fue el retorno de Cristo, ni unos mese ni unos años después de escribir esta Carta. En ese sentido, pues no era el momento final; pero sí está viva la denuncia, y es el rico el que se siente seguro, feliz y fuerte.

Otra vez el problema de la soberbia y la autosuficiencia. El rico, el que se siente feliz y fuerte en sus bienes, se encarcela en el día de hoy, no piensa su propio desenlace, no piensa en lo pasajero de la vida, no piensa en los bienes que están más allá del día de hoy.

Podemos sintetizar esto diciendo: la riqueza suele estar unida a la inconsciencia; la riqueza mantiene como dopada a la persona, no le deja sentir el tiempo que corre y que a nadie espera, según dice Santa Catalina de Siena.

Entonces es una triple denuncia: la riqueza suele estar unida a la injusticia, la riqueza suele estar unida al desperdicio, y la riqueza suele estar unida a la inconsciencia. Son tres males. A veces uno trata como de suavizar la Biblia, sobre todo cuando tiene que predicar en ciertas circunstancias donde quizá haya personas de mucho dinero, es que es un texto sumamente fuerte.

Pues bien, yo creo que no hay que suavizar la Palabra, sino más bien dejar que cada uno, en su conciencia, analice si esto que se dice de la riqueza se le puede aplicar.

Yo por lo menos pienso, aunque se trate de la misma Iglesia Católica, difícilmente uno que tenga muchos bienes se escapa de estos tres males. Difícilmente el que tiene muchos bienes, llámese como se llame y esté donde esté, difícilmente se escapa de estos tres males: de ser injusto, de desperdiciar y de ser un inconsciente, difícilmente.

Por eso creo que no es nuestro trabajo maquillar o suavizar la Palabra de Dios. Si alguien escucha esta Palabra y lo que tiene no lo tiene con injusticia, y no lo desperdicie sino que lo pone al servicio de todos.

Y a la vez, recuerda su propio final y no vive con inconsciencia; si alguien está libre de esos tres males, entonces yo diría, en realidad no es un rico, es un ministro de la Providencia de Dios para con los pobres