O065001a
Fecha: 19980220
Título: El Padre Celestial
Original en audio: 4 min. 46 seg.
Queridos Hermanos:
La Palabra de Dios muchas veces tiene un mensaje de consuelo y de esperanza, otras veces tiene enseñanzas, doctrina y alimento para nuestro corazón, otras veces tiene correcciones, amonestaciones, o como decimos popularmente: “regaños”.
Porque en la Palabra de Dios nos está hablando, por medio de Jesucristo, el amor de nuestro Padre Celestial, y Dios como Padre no puede consentirnos siempre ni tampoco regañarnos siempre, no siempre tiene que animarnos no siempre tiene que regañarnos.
Como Padre providente Él sabe lo que saben los papás: que a los niños a veces hay que hablarles un poquito fuerte y otras veces toca darles un abrazo, a veces hay que darles un premio, otras veces hay que decirles: “Te has portado mal”.
Y por eso, cuando nosotros vengamos a la Iglesia, tengamos el corazón dispuesto como buenos hijos para que sea nuestro Padre Celestial el que nos enseñe, el que nos corrija, el que nos consuele, de acuerdo con su providencia y no de acuerdo con nuestro capricho.
Hay un documento en la Sagrada Escritura, un libro que se llama la Carta del Apóstol Santiago, este es un documento un poquito fuerte, un poco duro.
El lenguaje de toda la Carta es casi siempre como de regaño, pero esto no es para que nos desanimemos sino es fruto de ese amor que Dios tiene para que nosotros, como plantación y cultivo de Dios que somos, crezcamos derechitos y demos fruto.
Porque muchas veces la vida cristiana se nos vuelve mediocre, se nos vuelve conformista y se sabe que cuando un caballo, por ejemplo, es de pura sangre, es de buena raza, pues toca educarlo y toca educarlo muy bien para que dé todo lo que puede dar.
Pues así también pasa con nosotros, nosotros somos de buena raza, nosotros hemos sido engendrados del agua y del Espíritu, como dice Jesucristo, nosotros hemos nacido del amor de la Cruz, del Corazón Santísimo de Nuestro Salvador, buena raza somos, muy buena raza, pero necesitamos ser educados y crecer derechitos, y necesitamos que se nos exija un poco para que demos el fruto que podemos dar.
Porque si un profesor tiene un estudiante que es muy inteligente, pero el muchachito es como perezoso, el profesor, si es buen profesor y si ama a sus estudiantes, a ese estudiante mediocre le va a exigir más y le va a exigir y le va a hacer ver: "Tú puedes dar más".
Por eso el Apóstol Santiago, o mejor, es Espíritu Santo a través de esta Carta del Apóstol Santiago, nos habla fuerte, como diciéndonos: "Recuerda que tú eres de buena raza, recuerda que tú eres de una estirpe de reyes, recuerda que tú eres de una familia celestial y por consiguiente, si has nacido de Dios, mira cómo estás viviendo para que des frutos dignos de esa fe que ha sido puesta en ti".
Necesitamos alimentarnos del Señor, por eso Él nos da su palabra, Él no fue que simplemente nos plantara y nos dejó tirados, ¡no! Él nos alimenta a través de la oración, a través de la gracia de su Espíritu, en ese amor inmenso de María Santísima y de los demás Santos.
Con su palabra poderosa, con su propio Cuerpo, con su propia Sangre, Él nos alimenta para que nosotros crezcamos firmes, alegres, y seamos fecundos, y demos obras para la vida eterna.
Felices nosotros que nos podemos alimentar con esta Palabra y con esta Eucaristía, y que por la gracia de su Espíritu, demos frutos abundantes para la gloria del Padre Celestial.
Amén!