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El Evangelio del día de hoy está tomado del capítulo sexto de San Marcos, recordemos que en esta parte del año, los Evangelios de entre semana, es decir de lunes a sábado, son escogidos de Marcos. De hecho, estamos leyendo el Evangelio de Marcos de una manera casi continua y completa; después de ese recorrido por Marcos tendremos una serie de pasajes de San Mateo y después ya hacia el final del año acercándonos a la fiesta de Cristo Rey, tendremos unas cuantas semanas con el Evangelio de Lucas.
Esa es la manera como están distribuidos los Evangelios para los días de entre semana, que litúrgicamente se les suele llamar ferias. Así, que de lunes a sábado nos están acompañando esos textos mientras estemos en el Tiempo Ordinario; porque ciertamente están los otros tiempos litúrgicos, llamados tiempos fuertes. No está muy lejos ya la Cuaresma, entonces la organización de las lecturas tiene otra lógica y después de la cuaresma la pascua también tiene su propia estructura. El Tiempo Pascual culmina con la Fiesta de Pentecostés, entonces volvemos al tiempo ordinario y una vez más recuperaremos el hilo de estos textos de San Marcos, así vamos conociendo poco a poco y espero que apreciando también un poco más lo que significa la liturgia en nuestra Iglesia Católica.
Con ese criterio, que bueno descubrir en este pasaje de hoy, en este capítulo sexto de San Marcos, lo que podríamos llamar el corazón de la acción evangelizadora del Señor, porque como lo hemos dicho en otras oportunidades, el énfasis principal para el evangelista Marcos está en las obra de Jesús.
Lo que Jesús hace, o como también me gusta decir, San Marcos nos presenta a Cristo en acción, o también Marcos quiere responder a esta pregunta: ¿Qué es lo que trae Cristo a nuestra vida?, ¿Qué es una vida transformada por Cristo?; esto nos lo responde Marcos, pero no de una manera teórica sino de una manera narrativa, mostrándonos las obras del señor, sus milagros, el impacto de su propia presencia y ser en medio de su pueblo.
Con ese criterio, que importante el texto de hoy por qué nos muestra de donde brota toda esa maravillosa actividad que realiza Jesús Nuestro Señor, ¿sabes de dónde brota?: brota de la misericordia, la palabra fundamental en el texto de hoy es que el Señor “siente lástima de las multitudes, le duele ver como ovejas sin pastor a tantos y tantas” (cf. Mc 6,34), y yo me hago una pregunta: ¿A perdido vigencia o actualidad ese rasgo tan propio de nuestro señor?, ¡Por supuesto que no!, hoy si se quiere más que en tiempo de Cristo necesitamos ese rasgo de misericordia.
El Papa Francisco nos va liderando en el Año de la Misericordia, mostrando cómo esos rasgos del corazón de Cristo no pueden quedarsen sepultados en la historia, y si pensamos en lo que nos dice el Evangelio, que al Señor le dolía que “aquellos estuvieran como ovejas sin pastor” (cf. Mc 6,34), no te parece: ¿que eso vale también para nuestra época?, ¿Cuántos hay hoy que son como ovejas sin pastor?, ¿Cuánta gente que como dice la Escritura no distingue una mano de la otra?(cf. Jon 4,11), ¿Cuánta gente que le da lo mismo la Iglesia que el culto protestante?, ¿Cuánta gente que igual lee la Biblia que cualquier basura de JJ Benítez?, ¿Cuánta gente que igual mira La Pasión de Cristo que las películas blasfemas como el código Da Vinci o cosas así?. Son como ovejas sin pastor, están bien descritos aquellas palabras del apóstol San Pablo en el capítulo cuarto de su Carta a los Efesios, “son como niños llevados a cualquier parte por cualquier viento” (cf. Ef 4,14).
Esta es época para pedirle a Jesús: “reclama lo tuyo, reclama lo que te costó tu sangre, envíanos pastores celosos, misioneros de doctrina clara, obispos y sacerdotes que sepan marcar claramente el norte”, porque está la gente como sin rumbo, como que cualquiera los llama y allá van, han perdido la capacidad de reconocer la voz del Señor.
Jesús, ten misericordia de tu pueblo, que este año de la misericordia sea año en el que tú nos regales, tu primero que todos, la experiencia de ser alimentados por tu amor y ser guiados por tu luz Señor. Amen.