O046004a
Fecha: 20120204
Título: Reconocer a jesucristo en las paginas de la Escritura para conocerle, amarle y obedecerle con todo nuestro ser
Original en audio: 4 min. 33 seg.
¿Por qué o para qué leemos la Biblia en la Santa Misa? Es una pregunta que puede sonar casi ofensiva a algunas personas; pero es una pregunta, que si se hace con respeto y con deseo de aprender, nos conduce a grandes tesoros.
Yo creo que la mejor respuesta a esa pregunta es la comparación de las dos mesas; podemos decir que en la Santa Misa está la mesa de la Palabra y está la mesa de la Eucaristía. Dos mesas que sin embargo nos son separadas ni mucho menos contrapuestas. Al contrario, la mesa de la Palabra nos prepara para la mesa de la Eucaristía.
Y no es tampoco que la mesa de la Palabra sea un simple aperitivo, como algunas veces se da en los banquetes: se ofrece quizás una bebida, quizás algún pasaboca que quiere despertar el apetito, hasta un cierto punto eso sucede con la Palabra de Dios, pero de lo que e trata aquí es mucho más. De lo que se trata aquí es de recibir el lenguaje de Dios, de lo que se trata es de aprender a reconocerle, podemos decir, iluminar los sentidos de nuestro espíritu para luego poder reconocer a Jesús.
El Jesús que comulgamos tomado del altar, es el mismo Jesús que sale a nuestro encuentro en la proclamación de la Palabra. Porque la Palabra entera, la Biblia entera habla de Jesús. Él mismo lo dijo en un pasaje bastante tenso pero bastante elocuente de San Juan. Disputando con los judíos, decía Nuestro Señor Jesucristo: "Ustedes buscan a Dios en la Escritura, ustedes leen ávidamente la Escritura, ella habla de mí" San Juan 5,39. Es decir, la Biblia entera tiende hacia Jesús, mira hacia Jesucristo.
Nos lo recuerda también el capítulo primero de la Carta a los Hebreos, que dice más o menos de la siguiente forma: "En otros tiempos y de muchas maneras habló Dios a su pueblo por los profetas; en estos tiempos, que son los últimos, nos ha hablado por medio del Hijo" Carta a los Hebreos 1,1. Es decir que toda otra palabra finalmente mira hacia la Palabra, hacia Aquel que es la Palabra; y por eso, la escucha creyente y atenta de la Biblia nos da el sentido, nos permite reconocer la voz de Jesús.
"Mis ovejas conocen mi voz" San juan 10,27, dice Cristo. Pues hay que acostumbrar el oído al acento de Cristo. Por eso, a lo largo de la Escritura, estamos buscando siempre, siempre estamos buscando el rastro de Jesús. Él es el que aparece en los profetas de manera velada; Él es el que aparece en los reyes; Él es el que aparece en el pueblo mismo cuando sufre; Él es el que aparece en los sabios.
Cuando Salomón, como en el caso de hoy en la primera lectura, es consciente de la tremenda responsabilidad que ha recibido y pide luz, pide sabiduría, pues nos hace recordar ese otro pasaje del Evangelio, donde Cristo dice: "Aquí hay uno que es más que Sañomón" San Lucas 11,31, y entonces Salomón viene a convertirse como en una figura de Aquel que es la sabiduría del Padre. Si Salomón tuvo una gran sabiduría para el gobierno de las coas de esta tierra, Jesús es la sabiduría del Padre y tiene potestad para gobernar tierra y cielo.
Que Jesús mismo nos permita reconocerle en las páginas de la Escritura, y, sobre todo, amarle y obedecerle con todo nuestro ser.