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Fecha: 20120121
Título:
Original en audio: 4 min. 52 seg.
En los textos de estos últimos díashemos visto como en cámara lenta el despeñarse cuesta abajo del rey Saúl.
Tenemos que sacar lecciones de esa aparatosa caída que en el pasaje de hoy llega a un punto final, poirque lo que se cuenta precisamente es el eco de la derrota en la que muere el mismo rey Saúl. Ya estamos a ala altura del capítulo primero del Segundo libro de Samuel.
¿Que es lo que le ha sucedido a Saúl? ¿Cuál fue su historia? Este era un hombre de una familia humilde, él pertenecía a la tribu de Benjamín. Recordemos que Benjamín era el último de los hijos de Jacob; y su tribu, la tribu de Benjamín, era realmente pequeña, hasta cierto punto cobijada bajo la robusta tribu, bajo el robusto árbol de la tribu de Judá.
Entonces Benjamín y Judá fueron las dos tribus que se establecieron más al sur, y las otras diez, porque eran doce en total, se establecieron al norte. Saúl, pues, tiene un origen humilde, pero al mismo tiempo tiene una grandeza personal: es apuesto, es alto, es fuerte, tiene las características de lo que llamaríamos un "líder natural". Se fía, eso es lo grave, se fía demasiado de sus propias fuerzas, y hay un momento en su desempeño como jefe de Israel, un momento que es muy grave, que es en aquella época en que surge ese gigante filisteo llamado Goliat.
Y ahí hay una enseñanza: a todo el que se engríe por su dinero le sale otro más rico; al que se engríe por su conocimiento le sale otro más astuto; al que se considera demasiado apuesto y atractivo seguramente le sale también competencia y un día se ve humillado porque se ve pospuesto. Así son todas las cosas en esta tierra.
Cuando nosotros ponemos nuestro valor en cosas como la riqueza, como la capacidad para la guerra, como la astucia en la batalla, como el liderazgo que tenemos, el ascendiente que tenemos sobre algunas personas, esa clase de valores siempre son suceptibles de aumentar y de disminuir, y perfectamente pueden disminuir en nosotros y perfectamente pueden aumentar en otros.
Entonces toda la grandeza de Saúl, en ese momento de la batalla con Goliat, no vale nada. Goliat se burla impunemente del Dios de Israel y Saúl, que se supone que debería servir para defender al pueblo y para defender los intereses de Dios, ¡no sirve para nada, no sirve para nada! En cambio, el que muestra su valor es uno que ha puesto su confianza, no en sí mismo, sino en Dios, ese es David.
Entonces fíjate cómo se van a cumulando los errores de Saúl. Primero, puso demasiada confianza en sí mismo; segundo, cuando David surge entonces Saúl resiente ese hecho y entra en envidia, unió la entonces a la soberbia ya unió la envidia; y después a la soberbia y la envidia une la desobediencia, empieza a querer ser él el que toma todas las decisiones, y aunque sigue usando el nombre de Dios, ya realmente no es obediente a Dios. Arrogancia, envidia, desobediencia.
Y luego se cierra en el mundo de sus propios intereses, y entonces en su castillo de egoísmo muy poco puede saber ya de Dios: ha perdido el camino.
¿En qué punto estamos nosotros? ¿Nos están asechando esos venenos? ¿Los tenemos cerca? ¿La arrogancia? ¿La envidia? ¿La desobediencia? ¿El egoísmo? ¡Cuidado con eso! Todavía es tiempo para arrepentirse, para bajar la cabeza, para pedir misericordia, para buscar conversión.