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Fecha: 20020126

Título: Aprendamos a encontrar nuestro descanso en Cristo

Original en audio: 25 min. 57 seg.


En alguna ocasión trataron a Jesús de endemoniado, y en esta ocasión de hoy pues vemos que lo tratan de loco. Realmente, la novedad que trae Cristo es de tal proporción, es de tal tamaño que muchas veces desconcierta. Jesús rompe esquemas y lo que Jesús produce en nuestra vida, algún parecido tiene con la locura.

Los grandes santos se han asemejado a grandes locos. En esta capilla, por ejemplo, imágenes de Pedro Claver. Cuando todo el mundo pensaba en sacar el máximo provecho económico de los esclavos negros; cuando todos pensaban en enriquecerse y en beneficiarse de esa esclavitud, Pedro está pensando en atender, ayudar, curar, catequizar, bautizar. ¡Es una locura!

Pedro, ¿no te das cuenta de todo el provecho que podrías sacar de estos hombres? Porque los que se beneficiaron del régimen de la esclavitud no fueron solamente seglares, solamente laicos, muchos sacerdotes se beneficiaron. Tenían sus propiedades temporales, y se beneficiaban a través de la esclavitud o de instituciones como la Encomienda.

Así como hubo sacerdotes heroicos y santos, hubo otros que sacaron su buen provecho. En nuestra Orden Dominicana tenemos el caso de Fray Bartolomé de las Casas, que primero vivió la experiencia de beneficiarse de los indígenas, y luego la experiencia transformadora de la Palabra de Dios, que le llevó a convertirse en defensor de los mismos que en otro tiempo él había ayudado a explotar.

Bueno, son ejemplos de la locura. Francisco de Asís parece un loco. Se necesita un poco de locura para seguir a Jesucristo. Lo que trae Cristo a nuestra vida, de alguna manera desarma, trastorna, desordena hasta el punto que si Cristo no ha traído un poco de desorden a la vida, tal vez es que no ha llegado, porque Cristo, cuando está, trae una especie de locura.

Decía un amigo de mi papá, terciario dominico: “La única diferencia entre un loco y un santo es que el loco hace las cosas porque sí, el santo hace las cosas por amor a Dios”. Pero se necesita un poco de locura, y el mundo necesita un poco de locura. Porque si nosotros no ofrecemos la locura del Evangelio, otros ofrecerán otras locuras: la locura de la violencia, la locura de la droga, la locura del racismo, la locura de un sistema económico que destroza vidas y que engendra muerte; esas también son locuras.

De manera que tenemos el derecho y tenemos el deber de participar de esta locura de Jesucristo. Ahí nos dice que la familia vino a recogerlo porque decían que no estaba en sus cabales. Yo sé que eso es verdad. Yo sé que eso es así. No es la única parte donde el amor según la carne y la sangre entra en conflicto con otro tipo de amores. Jesús, en otros pasajes del Evangelio, nos dice que los enemigos de un hombre estarán en su propia casa.

Esto no significa que nosotros tomemos una actitud paranoica, demencial, enfermiza de atacar o de aislarnos. Yo tampoco soy una persona aislada de mi familia; pero he tenido, y creo que seguiré teniendo tensiones con ellos. Y he tenido, más de una vez, que hacer ver cómo, dándole la espalda al Evangelio, nosotros, en nuestra propia casa, hemos experimentado la mordedura del pecado y lo que esto conlleva. ¡Seamos realistas en eso!

Y de aquí, una breve conclusión con la que deseo terminar estas palabras. Si el Evangelio trae esa locura, ese estallido de amor, si rompen esos esquemas, si quita barreras, se abren caminos insospechados, y si eso es tratado como locura, incluso, entre la propia familia, pues significa que hay momentos, tal vez, no sea todo el tiempo, pero hay momentos en nuestra vida en que no vamos a encontrar fácilmente descanso, porque la tendencia natural de uno es buscar descanso en la familia. "Cuando nadie me entiende, mi familia me entenderá".

Hay que saber que hay ocasiones en que no es así. Repito, tal vez no será todo el tiempo, pero, hay ocasiones en que no es así. Y por eso este evangelio brevísimo de hoy nos hace reflexionar sobre eso.

Las exigencias del apostolado, no los dejaban ni comer, es decir, les exigían, sobre todo a Cristo, un gasto, una ofrenda, una entrega total; pero al mismo tiempo no sólo es: “Gástate mucho", no sólo es: "Trabaja mucho", sino es: "Descansa poco”.

¿Cuál es el descanso? Allí donde Jesús podría encontrar su descanso en su familia, pues ya vemos que no. Es un momento duro, y de pronto nosotros vamos a tener esos momentos, donde parece que por todas partes se nos exige, se nos pide más tiempo, se nos pide más amor, se nos pide más oración, se nos pide más virtud, y encontramos, a la vez, que no hay descanso, ni siquiera entre las personas en que podríamos buscarlo.

Por eso, si nosotros miramos las vidas de los santos, que realmente son un testimonios y son espejos para nosotros, pues vamos a encontrar que ellos descubrieron el descanso en Jesús, y Jesús encontró su descanso en el Padre.

Cuando les dice a los discípulos, -porque es que no sólo fue la familia, también los discípulos dejaron solo a Jesús-, cuando les dice a los discípulos: "Ustedes también se va a ir cada uno por su lado; pero no estoy solo, el Padre está conmigo" San Juan 16,32, Jesús encuentra su descanso en el Padre, y nosotros encontramos nuestro descanso, con Jesús y en Jesús, junto al Padre.

Yo he llegado a esta conclusión: no vamos a crecer en la vida del espíritu, mientras no tengamos organizado el verbo descansar; mientras nuestro descanso no esté totalmente, esencialmente, fundamentalmente junto a Jesús, mientras no esté ahí, junto a Él, en el regazo del Padre, es muy grande el daño que se nos puede hacer y es muy largo el camino que nos va a tocar recorrer.

Ahora, digámoslo de manera positiva: desde el momento en el que descubrimos la grandeza de descansar en el Señor, desde el momento en que descubrimos lo que significa ese refugio indestructible, desde el momento en que descubrimos que ahí hay una verdad, que ahí hay un amor, que ahí hay una fuerza que nos sostiene, desde ese momento somos invencibles. No para meternos en esa fortaleza a juzgar y criticar de todos, no es la idea; sino que en esa fortaleza ya no dependemos de nadie; y todos, pero, especialmente las almas consagradas, necesitamos eso.

Porque parece que uno dijera: “Voy a tratar de apoyarme en...", para empezar a descubrir que ese supuesto apoyo falla, y las cosas que uno ve y las cosas que uno sufre, sin que yo sea el ser más sufrido de la tierra, pero las cosas que uno ve y sufre por eso: la confianza se defrauda, la persona que uno creía que podía ayudar, le comenta a otros.

La última modalidad es: “Te voy a contar esto para que ores", "te voy a contar este problema para que ores”. Y con esa historia cada uno le va agregando otro párrafo a la descripción del problema, y resulta una cadena de chismosos orantes. "Yo te cuento para que ores. Figúrate que fulanita de tal parece que está en esto. Por favor, ora". Y entonces la otra dice: "Ay, sí, sí, sí, hay que orar mucho y llamar a otras cinco o seis, porque entre más oren, mejor”

Bueno, yo eso lo he visto. He visto cómo, junto a esa cadena de oración, hay una cadena apestosa de pecado que va creciendo. Y sí, todo nació muy bien: "Para que ores". Por eso, repito, uno no tiene que ser un enfermo, uno no tiene que ser un paranoico, pero uno tiene que saber en dónde encuentra su descanso. Porque no es fácil. Cuando Cristo nos dice: “Venid a mí los cansados, y agobiados” San Mateo 11,28, también en parte nos está diciendo: “No vayan mucho a otras partes, venid a mí”.

Claro que, bueno, aquí hay un problema psicológico, porque también me encontrado con el caso, sobre todo me perdonan, religiosas, que: “Bueno, el Señor me llama a que no me puedo desahogar con nadie”, y entonces, viene el síndrome de la olla de presión. Un día encuentran un pedazo de túnica, un pedazo de velo, una medalla: estalló la monja, no quedó nada. Eso tampoco es.

La persona que acumula, la persona que se resiente y se vuelve suspicaz, se vuelve recelosa, de esa gente como el niño del cuento, ¿no? Un niño de una región de Colombia que no diré, y le pregunta el profesor: "-¿Dónde nació Simón Bolívar?" Y El niño que era muy suspicaz, receloso y sabía que no podía confiar en nadie, le dice, al profesor: "-¿Cómo para qué sería?"

Un alma que descansa en Cristo no es un alma recelosa, no es un alma suspicaz, es un alma realista. Esa es un alma que descansa en Cristo. Llenarnos de recelo, de desconfianza: “Y yo no digo nada, estoy que me reviento, sólo Dios sabe, padre, sólo Dios sabe”. Y le ve uno las arrugas de la angustia, ¡Dios mío! "Sólo Dios sabe". Y dice uno: “¿Qué será peor, una chismosa desabrochada, o una resentida encerrada? ¿Qué será mejor? Yo, a veces, no sé qué es mejor.

Porque, dice uno: “No, pues preferible entonces que empiece con el chisme, pero que no se enferme más", porque también eso enferma, de eso que se muere la persona, hacen la autopsia, no tenía hígado, sino una piedra. Eso no se puede.

Por eso digo, esto es una cosa en el Espíritu. Esto es una ciencia que tiene que enseñárnosla el Espíritu Santo. Fíjate cómo estaba Jesús: agobiado de trabajo por fuera, y sin encontrar dónde descansar por dentro, ni siquiera en su familia, y los de la familia eran los primeros que estaban pidiendo oraciones por Jesús: “Oren, por favor, parece que se nos trastornó. Oren, por favor". Y el otro decía: “Sí, sí, parece”.

Pero en medio de esa exigencia hay una ciencia que trae el Espíritu Santo: la ciencia de descansar junto al Padre, la ciencia maravillosa de estar en Él, de estar en Jesús, de gozarse en Él. Porque así como hay tristezas en esta tierra, y uno se lleva unas decepciones de ocho pisos, así también hay unas alegrías muy grandes. Y una de las alegrías más grandes de esta vida es sentir uno que Dios lo defiende.

Sentir que Dios defiende, que Dios entiende, que Dios protege, que Dios sí sabe, y que Dios ayuda, y que Dios sale por lo suyo, ¡ay, eso es muy grande! Y eso trae una alegría muy serena. Pero así como no se trata de que cuando nos callemos, nos llenemos de amargura, tampoco se trata de que cuando hablemos, nos llenemos de presunción, o de orgullo, o de recriminación.

Jesús mismo es la gran lección: en la Pasión, todos lo dejaron sólo, pero cuando se aparece Jesús resucitado, no empieza a decirles: “Valientes amigos, ¿no? ¿Se rasparon mucho en la carrera huyendo de mí? No les dieron ni un latigacito por ahí?”

Jesús no llega con recriminaciones. El saludo de Jesús resucitado, después de que lo habían dejado solo y que no tuvo más, sino el regazo del Padre, el saludo es: “Paz” San Juan 20,19, ¡tan bello, tan bello Él! “Paz" San Juan 20,19, paz ¿por qué? Porque Él sabía que nadie podía acompañarlo, porque Él sabía que el ser humano es pequeño y frágil, pero sobre todo porque Él sabía que el regazo de Papá Dios es grande, es amoroso, es cálido, es fuerte.

Entonces, guardarse y guardarse uno cosas para luego estar, como se dice vulgarmente en Colombia, “echando vainas”: “¡Si, claro, aquí como uno no puede decir nada!” Para estar resentido, no. El resentimiento nada produce. No es la escuela del resentimiento, es más bien, como esa conciencia clara de hasta dónde llega el ser humano.

A veces uno como que siente que Jesús le dice; “Pero es que ¿qué más esperabas? Es que no pueden dar más tampoco; es que son como tú, también se cansan; son como tú, también pecan; son como tú, también se rajan, como dicen en México, también se les acaba la gasolina".

A veces uno piensa que cuando una persona encuentra su descanso solamente en Dios va a ser una persona aislada, una persona solitaria, por aquello de lo de lo suspicaz, o incluso resentido. Nada más distinto de la verdad. Precisamente, el que encuentra el apoyo en Dios, encuentra el mejor de los apoyos, y lo sabe, y se siente feliz de eso, y si usted no se siente feliz de tener sólo descanso en Dios, pídale al Espíritu Santo, porque quiere decir que todavía no ha aprendido esa lección.

Eso no es: "Bueno, quiere decir que como no pude desahogarme con mi amigo, mi familia no me entendió, los curas todos ocupados, nadie sale con nada. tocará Cristo, entonces, será: “A ver, venga Cristo le cuento. Mire, es que estoy ahí en una, ah, usted ni se imagina” Eso es casi blasfemo. "Eso, tocará Cristo", ¡no! ¡Eso no viene del Espíritu Santo!

Muy distinto es el lenguaje del Salmo 16: “Me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad" Salmo 116,5, "me siento fortalecido en Él, lo que nadie me entendió, Él me lo entendió, y porque Él me lo entendió, entonces se cumple lo que dice Pablo en Segunda Carta a los Corintios: “Bendito sea Dios, que nos consuela en todas nuestras tribulaciones para poder nosotros consolar a los que sufren con el consuelo que recibimos de Dios” 2 Corintios 1,4,

La señal de que una persona ha aprendido a descansar en Dios es que se convierte en un lugar donde otras personas también pueden encontrar a Dios, y también pueden encontrar descanso. Eso vemos, por ejemplo, en un Santo Domingo de Guzmán: este hombre con tantas tribulaciones y sufrimientos, pero con una capacidad de centrarse en Jesús, de descansar en Jesús.

De manera que un Cristiano no debe ser una persona que más o menos dijera esto: “Mire, procure arreglárselas como pueda, yo estoy que estallo, ahí algo me está ayudando Cristo, pero estoy que estallo, hábleme pasito y poquito, porque estoy que no puedo”. Pues una persona así yo creo que no ha encontrado el descanso en el Señor.

Jesús era un lugar de amor y es un lugar de amor, porque Él encontró su descanso en el Padre. Ustedes se imaginan a Jesús diciendo: “Bueno, yo tuve una semana terrible, llena de endemoniados,llena de leprosos. Estoy que no puedo. Me hacen el favor..." Ese no es Jesús. "¡Estoy jarto de ver endemoniados! ¡Estoy cansado de tanto ciego, tanto paralítico, tanto hipócrita! De manera que mire, a ver lo que hace, consígase un curso de relajación, alguna cosa"

Cristo no es así. Cristo, conducido por la unción del Espíritu, encontró su descanso en el Padre, y Cristo quiere darnos este conocimiento a nosotros para que seamos realistas sin ser crueles.

Realistas sobre lo que puede darnos las amistades, sobre lo que pueden darnos los sacerdotes, sobre lo que pueden darnos los libros, sobre lo que pueden darnos los amigos, sobre lo que puede darnos la familia. Para que seamos realistas, no es para que digamos: “¡Ah, Esa porquería de familia que a mí me tocó, me hubiera tocado la familia de Santa Teresita, esa sí era familia!” -Parece que todos eran como santos en esa casa, de acuerdo con la biografía-. "¡Me hubiera tocado a mí esa familia! Pero yo, mire, el uno, el otro, el otro, ¡es que antes, hola, antes salí yo!"

No es para que nosotros nos llenemos de crueldad hacia la familia, hacia los amigos, hacia los compañeros, hacia los sacerdotes. Eso no sirve de nada. Más bien, miremos en todo esto una invitación, en todo aquello que nos dice Jesucristo: “Venid a mí” Que, ahora, yo lo traduzco: “No vayan mucho a otras partes, no anden mucho buscando en otras partes”

“Venid a mí” San Mateo 11,28 también significa eso: “No vayan mucho a otras partes, vengan, pero vengan a encontrar” Y se sabrá qué hemos encontrado, si tenemos esa alegría y esa paz, y si tenemos esa humildad y esa capacidad de acoger a otros.

Preguntas para terminar: ¿se puede descansar en ti? ¿Es posible que tú no puedas descansar mucho en otras personas, pero ¿en ti se puede descansar? ¿Quiénes te rodean encuentran que se pueden acercar a ti, y que pueden depositar una parte de sus angustias? o más bien, ¿la gente se acerca a ti con temor, y preparando el hombro a ver qué costal me va a echar?

¿Se puede descansar en ti? Pero antes de eso, ¿has encontrado ese descanso en el Señor con alegría, con felicidad hasta el punto de decir: “Me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad”? Salmo 116,5

Amén.