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Sabemos que en este año nuestra Iglesia convocada por el Papa Francisco está celebrando el Año de la Misericordia, una oportunidad bendita para renovarnos en el conocimiento del amor de Dios y renovar nuestro compromiso de ser testigos de ese amor con nuestros hermanos. El mensaje de la misericordia, nos ha dicho varias veces el Papa, viene a condensar y expresar de una manera particularmente intensa lo que es Dios mismo, “Dios es amor” (Jn 4,8), pero ese amor de Dios tiene su expresión más elocuente como amor de misericordia, porque es el amor que se vuelca, es el amor que se derrama hacia la persona que está en necesidad, y esa es nuestra condición delante de Dios: amor misericordioso. Eso significa que esta es una magnífica oportunidad para aprender sobre lo que es la misericordia, creo que es muy importante que aprendamos también lo que no es la misericordia, por ejemplo, cuando una persona llega a un país extranjero donde se utiliza una moneda diferente, vamos a suponer, la persona que llega por primera vez a Japón, quien llega por primera vez a Alemania, pues en Japón se encontrará con una moneda diferente que se llama el yen, en Alemania con el euro, esta persona, este visitante no conoce esas monedas, no solamente las denominaciones sino que tampoco conoce cómo son los billetes, esta persona se encuentra en una condición bastante vulnerable, quizás alguien mal intencionado podría aprovecharse de la ignorancia de éste, para quizás darle moneda falsa, así por ejemplo si este turista incauto va a hacer una compra y paga con un billete de 100 euros, tienen que devolverle unos 40 euros pero él no conoce bien la moneda, no conoce bien estas denominaciones, entonces es más fácil que acepte unos billetes falsos, le puede pasar lo mismo en cualquier otro país. Bueno pues algo así es lo que sucede con la misericordia, podemos decir que la misericordia es la manera como Dios hace transacciones con nosotros, transacciones que son maravillosas porque todo son ganancias para nuestros pobres corazones enfermos y pecadores, Él nos da la abundancia de ese amor, en forma del perdón, en forma de la sanación, en forma de la liberación, Dios nos da una verdadera de ese amor, pero no hay que dejarlo confundir necesitamos conocer muy bien cómo es la verdadera misericordia.
Me llama la atención en ese sentido la primera lectura de hoy, tomada del primer libro de Samuel en el capítulo 15, donde encontramos cómo hay una realidad impresionante, y esa realidad es que si rechazamos el camino de Dios, rechazamos también la misericordia de Dios, si rechazamos el camino de Dios estamos rechazando la amistad con Dios, y si estamos rechazando la amistad con Dios, estamos perdiendo también su misericordia, esa la estamos perdiendo, porque esa es la historia que se cuenta en el primer libro de Samuel, nos dice que este hombre llamado Saúl entró por los caminos de su propio capricho, entró por los caminos de la desobediencia y en la medida que se fue internando en la jungla venenosa de la desobediencia, cada vez buscó justificarse más, pero cada vez se apartó también más del camino que Dios le marcaba, terminó perdiendo la amistad con Dios. Esto se sintetiza en una frase que es bien conocida por los autores espirituales, Dios nos ofrece la puerta de su misericordia, pero si no entramos por esta puerta con toda seguridad tendremos que entrar por la puerta del juicio. El lenguaje que Dios quiere establecer con nosotros es un lenguaje de dulzura, de ternura, de delicadeza, y Él es obstinado en ofrecer una, y otra, y otra vez y muchas más veces esa oferta, pero si rechazamos la puerta de la misericordia, tendremos que entrar por la puerta de la justicia y eso fue lo que cayó sobre aquel rey rebelde, sobre Saúl y le dijo el profeta Samuel de parte de Dios: “ Porque tú has rechazado la palabra del Señor, él te ha rechazado a ti para que no seas rey” (1 Sam 15,23)
Pidamos al Señor que nosotros no convirtamos la misericordia como en una especie de caucho que se puede estirar según nuestro capricho, hay misericordia, pero el mismo Dios que es compasivo, también es justo y por eso hemos de entrar por el camino de la conversión y la misericordia porque sino ya sabemos qué nos aguarda, no es lo que Dios quiere en primer lugar para nosotros, pero Dios no va a cambiar su fidelidad a su propio amor, a su propia verdad, y tampoco va a cambiar lo que nosotros somos porque así nos hizo Él, somos libres y por eso cabe, gravemente cabe la posibilidad de rechazarle, que eso no vaya a sucedernos, le pido yo al Señor.