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El Evangelio del día de hoy está tomado de san Marcos en el capítulo primero. Para las lecturas del Evangelio de los días entre semana siempre empezamos en el Tiempo Ordinario con san Marcos, él nos va a acompañar unas buenas semanas, después vendrá san Mateo con los textos que son más propios suyos, porque hay muchos textos que son comunes para san Marcos y san Mateo; y luego vendrá san Lucas, hacia el final del año litúrgico, ese es el mapa general de las lecturas del Evangelio para los días entre semana.
Estamos con san Marcos en el capítulo primero, los comienzos de la misión de Cristo, el evangelista Marcos empieza su texto con el bautismo del Señor, el domingo pasado tuvimos esta fiesta y Marcos parece particularmente apropiado para iniciar el año litúrgico. Nos encontramos a Cristo en su misión, y su misión es sanar, predicar, pero atención a esta palabra que no se utiliza mucho “exorcizar”, expulsar de la tierra, expulsar del corazón humano todo poder de las tinieblas, “exorcizar”. Esta parte la destaco porque en primer lugar nos hace conscientes de que cuando no está Cristo en nuestro corazón, muy pronto los poderes de las tinieblas quieren adueñarse de nosotros. Hay un texto muy hermoso de alguno de los Padres de la Iglesia en que dice: “¿qué va a suceder con un camino, o con una casa que es abandonada?”; y dice este mismo autor: “ya sabemos lo que pasa cuando en un camino nadie transita, muy pronto las fieras lo hacen suyo”. Podemos aplicarlo a una casa, ¿de qué se llena una casa abandonada?, seguramente de ratas, cucarachas y todo tipo de plagas y alimañas, ese dato es importante porque eso quiere decir que la llegada de Cristo no es solamente para consolarnos, o para guiarnos, o para darnos buen ejemplo; ¡la llegada de Cristo es combate!, ¡combate contra el poder de las tinieblas! y el lenguaje del demonio a través del poseso que aparece hoy en el Evangelio es ese exactamente. El demonio tiene plena consciencia de que la llegada de Cristo significa la destrucción de su poder sobre el corazón humano, por eso le pregunta a Cristo: “¿haz venido para destruirnos? (Mc ); y por supuesto la respuesta es esa: “¡sí, Cristo ha venido para eso!, ha venido exactamente para destruir el poder de las tinieblas, Cristo ha llegado para acabar con ese poder, Cristo ha venido para dar pleno poder al plan de Dios en nuestra vida, y por consiguiente esa es la derrota de satanás. Este elemento de derrota del poder de las tinieblas no hay que minimizarlo, tampoco debemos obsesionarnos con el tema del demonio, y tampoco podemos creer que cualquier problema, mediocridad, o pecado nuestro ya indica la posesión de un demonio, la infestación diabólica; hay que quitarse esas ideas exageradas; pero si es exageración ver el demonio en todas partes, es un error, una ingenuidad imperdonable quitar esto del Evangelio, que Cristo ha venido para derrotar al diablo, y que la derrota del demonio es la que despeja el terreno para que llegue a nosotros la abundante bendición de Dios; por algo la Iglesia en el momento de la Pascua, cuando se celebra la victoria del Señor, nos invita a renovar las promesas del bautismo, y ¿cómo se renuevan?, la primera pregunta es: ¿renunciáis a satanás?; ¡esa es la primera pregunta!, porque eso viene del Evangelio.
Entonces debemos ser claros a la renuncia al poder de las tinieblas, para ser claros también en la acogida al Reino de Dios.