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Fecha: 20020709
Título: La imagen de la Virgen de Chiquinquira es una caricia de Dios para Colombia
Original en audio: 27 min. 59 seg.
Amigos:
En la oración, al comienzo de la Santa Misa, le dábamos gracias a Dios, decíamos: "Padre, que has querido darnos en Chiquinquirá un signo de tu presencia". Y en realidad, lo que sucedió aquel 26 de diciembre de 1586, es exactamente eso, es un signo de la presencia de Dios.
El patriarca Jacob, en sus correrías, tuvo que pasar una noche en descampado, tomó como almohada una piedra, se quedó profundamente dormido, y tuvo un sueño que se volvió famoso: vio una escalera que llegaba hasta el cielo, y vio que los Ángeles de Dios subían y bajaban por esa escalera, y de alguna manera vio al mismo Dios al final de esa escalera.
Cuando Jacob se despertó de ese sueño tan bello, tomó esa piedra y con ella hizo un altar y se dijo: "Que lugar tan tremendo es este, esta es la puerta del cielo, Dios está aquí y yo no sabía" Génesis 28,16.
Jacob recibió una señal de la presencia de Dios y quedó maravillado por lo que había podido ver, por lo que había podido contemplar.
Eso es lo que nosotros sentimos cuando miramos el milagro de Chiquinquirá: "Dios está aquí, Dios ha puesto su mano en esto, esto tiene el estilo de Dios".
Así como los cuadros se reconocen por la firma de quien los pintó, así también Dios deja estampada su firma, su estilo lo deja marcado, y el milagro de Chiquinquirá tiene la firma de Dios, tiene el estilo de Dios, y por eso es una señal de la presencia de Dios.
Sabemos qué fue lo que pasó. Una mujer católica, piadosa, casada, separada, se refugia de alguna manera en Dios. Encuentra un lienzo en el que le dicen que estaba pintada una imagen de la Virgen, ella siente horror de pensar que ahí estuvo pintada la imagen de María, porque ese lienzo ya no parecía nada, incluso lo habían utilizado para transportar trigo.
¡Ya no se veía nada! Ella colocó esa tela desteñida y descolorida en un bastidor, y no rezando a la tela, sino recordando la presencia de la Virgen, oraba con frecuencia, y le decía con mucho amor: "Rosa del cielo, ¿hasta cuando vas a estar escondida?" Y el 26 de diciembre de 1586 la Rosa del cielo se dejó ver, mostró sus vivos colores y ese es el milagro que sirvió como señal de la presencia de Dios, mejor dicho, esos son los hechos.
Pero ahora vamos a leer esos hechos y descubriremos cosas muy lindas que tienen mucho que decir a nuestro tiempo. Primero, esta es una mujer que ha tenido un grave fracaso en su vida, es una mujer separada, yo predico con ganas y con fuerzas para que se oiga bien, que era una mujer separada, le había salido mal el matrimonio, era una separada, separada, pero no adúltera; separada, pero fiel.
Es que me parece grande María Ramos, me parece ver que esta mujer, que no se queda llorando su fracaso, que no se queda rumiando venganza, que no se queda encerrada en su egoísmo, que no se queda anclada en el pasado, porque esas son las tentaciones que tienen las personas cuando le sale mal el matrimonio, cuando le sale mal algo en la vida.
¿Cuál es la justificación que suele darse? "Me salió mal el matrimonio, otro hombre será; yo tengo derecho a rehacer mi vida, yo voy a buscar".
María Ramos luchó para salvar su matrimonio, sin éxito y así lo quiso la Providencia de Dios para darnos una enseñanza; es una mujer separada, pero no adúltera; es una mujer que asume su fracaso, pero sin desesperación, sin engolfarse en la tristeza, sin amarrarse al pasado.
María Ramos se une espiritualmente a una gran familia religiosa, la Orden de Predicadores, la Orden de Santo Domingo de Guzmán, que es el fundador de la Comunidad a la que perteneció Santo Tomás de Aquino, precisamente.
Santo Domingo de Guzmán fue el que fundó los Dominicos, nosotros les llamamos hoy así. Y en esa Comunidad estuvo Santo Tomás, lo decimos aquí en la parroquia de Santo Tomás de Aquino.
Pues, María Ramos, se hizo, lo que hoy llamaríamos una laica comprometida, ella se consagró en cuerpo y alma a Dios, porque ella descubrió que si los hombres son infieles, Dios es fiel, como dice también el Apóstol San Pablo en alguna de sus Cartas a Timoteo.
Y esta enseñanza es muy grande: ante un fracaso, no es correr a la desesperación, no es correr al adulterio, no es correr al resentimiento. María Ramos eludió esos tres obstáculos, ni fue adúltera, ni se llenó de desesperación, ni se llenó de resentimiento.
Yo no conozco mucho de las investigaciones de la historia de María Ramos; pero a mí me gustaría que María Ramos fuera proclamada santa en la Iglesia, si en eso no contradigo la voluntad de Dios, para que hubiera en la Iglesia Católica una santa separada.
Porque no tenemos que pensar que porque se rompió un matrimonio se rompió la unión con Dios; la unión con Dios no se rompe por un fracaso matrimonial; se rompe, si la persona se deja llevar por el adulterio, por el resentimiento, se deja llevar por otras cosas.
Pero María Ramos no tomó ese camino, y esta es una enseñanza muy grande: ella descubrió que Dios sí permanece fiel y entonces se pegó a Dios.
Tal vez, en esta misma iglesia, hay personas con problemas matrimoniales, hombres o mujeres con problemas matrimoniales. Yo les quiero decir que si el matrimonio no se ha disuelto, Dios quiera que no, la gran solución no es: "Vuélvanse el uno contra el otro", la gran solución es: "Vuelvan los dos la mirada hacia Dios, en Dios se van a volver a encontrar, en Dios".
Si, lamentablemente, la unión se rompió, y se rompió por completo, y no se ve ninguna posibilidad de reconciliación, yo pongo hoy delante de tus ojos el ejemplo hermoso de esta mujer.
Y Dios ha sido tan bueno conmigo que me ha permitido conocer, también en este tiempo, tanto hombres como mujeres, -a veces se piensa que el hombre no va a ser capaz porque el hombre es sinvergüenza, ¡no, señor! Yo he conocido hombres que han tenido fracasos matrimoniales y que levados por la gracia de Dios, han sacado una fortaleza profunda para no ofender al Señor y para unirse, incluso más, a Él.
Este es un testimonio que tiene que quedar, porque no nos podemos dejar ganar por la marejada que dice: "Si este salió mal, pues otro será", y otro será es que empieza el desfile: un hombre con una, dos, tres esposas a lo largo de su vida, y una mujer con uno, dos tres maridos, a ver si al fin funciona, a ver si alguno tiene que funcionar. Así no es.
Otra enseñanza, el milagro del 26 de diciembre de 1586 no lo vio en primer lugar María Ramos, quien primero vio ese milagro fue un niño, eso me parece lindo, y además era un indígena, eso me parece más bonito, él que dio la voz del milagro fue un niñito, Juan como que se llamaba.
Fue un niño, tenía como unos cuatro o cinco años, ¿hay niños aquí de cuatro o cinco años de edad? ¿Dónde están? ¡Fue un niño! ¡Eso me parece lindo! Fue un niño, porque la fe apenas estaba naciendo en Colombia; y fue un indígena, porque la Virgen se presenta en primer lugar para los de este pueblo.
María Ramos era una española que nos da ejemplo en muchas cosas, pero María, la Virgen, se presentó en primer lugar a un niño.
Fue un niño el que primero tuvo ojos para ver el milagro, para ver los colores, acuérdense lo que dijo el niño: "¡Ay, se está quemando!", dijo el niño, porque era tanto el brillo, era tanta la luz que salió del lienzo renovado, que parecía que estuviera ardiendo; "se está quemando", decía el niño.
Los niños son los primeros, y aquí vuelve a nosotros el eco de la enseñanza de Cristo: "Si os hacéis como niños no entraréis en el Reino de los cielos" San Mateo 18,3
Niño, necesitamos de alguna manera el corazón del niño para apreciar la belleza del milagro, sobre todo por esto, porque a veces uno cree que los milagros son únicamente para resolver problemas, cualquiera diría: "No, pues con ese milagro se le compuso el matrimonio a María Ramos".
El milagro no era para resolver nuestros problemas, ¿sino sabe también para qué? Para acariciarnos: "Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles" Salmo 103,13.
Dios hace milagros también para acariciarnos; Dios manifiesta sus bienes, su belleza, su ternura de muchas maneras y una de esas maneras es así, con este género de caricias.
La imagen de la Virgen de Chiquinquirá es una caricia de Dios para Colombia, la imagen de la Virgen de Chiquinquirá no es para resolver un problema, no es un fetiche, no es un talismán para resolver un problema, dejemos de mirar a Dios, si alguna vez lo hemos visto, como el resuelve problemas, es una señal, es una caricia.
No seamos mal educados como los niños Medina Ferrer, esos son mis apellidos. Les voy a contar una historia de mi casa. Cuando nosotros teníamos la edad del niño aquel que está que me saluda, el niño que tiene la edad del que que vio la Virgen.
Cuando nosotros teníamos esa edad en mi casa, volvía mi papá del trabajo y nosotros salíamos a recibirlo, pero nosotros no salíamos desinteresadamente: "¿Qué me trajiste?" Siempre salíamos a saludarlo así, a mi me da vergüenza, pero lo digo para ganar un poquito de humildad y perder un poquito de soberbia.
Nosotros salíamos a saludar a mi papá así, "¡Ay, papi ¿qué me trajiste? Chicho, le decimos nosotros a mi papá, no porque fuera bravo, como se entiende aquí, sino por otra historia que les cuento otro día.
"Chicho,Chicho, ¿qué me trajiste?" Mi papá trataba de que nosotros entendiéramos que no todo eran roscones, milhojas, caramelos, quería que nosotros entendiéramos que algo un poquito más grande, entonces empezó a decirnos, cuando nosotros lo saludábamos: "¿Qué me trajiste?" Él decía: "Un corazón que no me cabe en el pecho", ¡tan lindo! Mi papá era como poeta. ¡Tan lindo! "Un corazón que no me cabe en el pecho".
Pero lo salvajes éramos nosotros que no entendíamos de poesía; pero cuando ya nos dijo la tercera vez: "Un corazón que no me cabe en el pecho", dice uno de mis hermanos: "No, no, yo digo de comer, que cuentos de poesía, ni de corazones, ni de amores grandes, a mí es, comida".
A veces nosotros somos con Dios así, lo que nos está diciendo Dios con esa imagen tan bella de la Virgen de Chiquinquirá, lo que nos está enseñando mi Dios con eso, no es: "Miren, aquí tienen la solución, el gran talismán, la pirámide que solucionará todos los problemas"; no.
Lo que nos está diciendo Dios en esa imagen no es: "Ahí tienen para que resuelvan sus problemas", lo que nos está diciendo Dios es lo que le dice a aquel niño: "Los amo", un niño que maravilla, un niño que alegra, "los amo".
La Virgen de Chiquinquirá es una caricia de Dios para Colombia, Dios nos está acariciando en la presencia de la Virgen y con esa caricia tan linda, Dios ha sacado muchísimos milagros, de los cuales yo soy testigo.
Dios nos ha dado muchos milagros. Yo viví en Chiquinquirá durante el tiempo de mi noviciado y después por la época de mi ordenación sacerdotal, y de las cosas mas bonitas que trae la Virgen de Chiquinquirá es que le desarma el corazón a uno.
Era tan bonito, y es tan bonito, ver cómo la gente entra a esa Basílica de Chiquinquirá y tanta gente que llegaba distraída, como por pasear, como para hacer turismo, cualquier cosa, pensando en cualquier cosa y se quedaban mirando el cuadro, que tiene la ternura que tiene una niña bella, una niña hermosa.
Se quedaban mirando el cuadro, y de pronto decían: "Ay, mira, están confesando, me voy a confesar", el milagro más repetido de la Virgen de Chiquinquirá, que ha hecho tantos con permiso de Dios, es ese, acariciar el corazón para quitarle los callos, las barreras, las armaduras, las corazas, todo eso tan feo y tan tieso que tenemos en el alma y que nos impide abrazar y besar a Papá Dios y decirle: "Soy tu hijo y te amo, Papá". La Virgen, con su caricia, nos quita toda esa armadura, todo eso tan tieso.
Hoy en la celebración veo, por ejemplo, a una joven que tiene un ministerio de danza, es de los dones que Dios no me concedió a mí, aunque voy a ver si me lo concede, pidiéndoselo bastante; no me ha dado el Señor ministerio de la danza, mi mamá decía que tenía más juego de cintura una una nevera.
Pero es tan bonito ver a una persona cuando danza para Dios, porque es como una libertad, uno siente como una libertad en ese corazón que se expresa con gozo, así nos quiere María a nosotros.
La Virgen de Chiquinquirá no es un talismán en Colombia, no es que: "Aquí está el gran poder", la Virgen de Chiquinquirá no es la versión femenina del indio amazónico.
La Virgen de Chiquinquirá no es para la buena suerte, la Virgen de Chiquinquirá es una señal de que Dios nos ama, es una mirada cargada de la ternura de Dios que es capaz de desarmar el corazón y es capaz de llevarnos, como esta joven que danza para el Señor, llevarnos a expresar el amor.
Y por eso el milagro más repetido de la Virgen es conducir almas endurecidas hacia la confesión. Y ese es el principal ministerio que realiza precisamente la Orden dominicana en Chiquinquirá, confesiones y confesiones y confesiones.
Y es maravilloso porque la gente siente un alivio, la gente siente una alegría, la gente siente que cuando se va de Chiquinquirá dejó su costal, desde luego Dios obra en todas partes, no tiene que ser ese lugar, no tiene que ser esa Basílica; pero es para contarles lo hermoso que es esta señal de Dios.
Y recorramos un último pensamiento de este milagro. María Ramos, volvamos un momento a María Ramos, María Ramos tenía tantas cosas que pedirle a Dios, por sus problemas, por sus necesidades, pero ella tenía un anhelo de la belleza de Dios, ¿a usted no le parece que es mucha poesía de mujer decirle eso a la Virgen¿: "Hasta cuando Rosa del cielo estaréis tan escondida?" Es mucha ternura, es un alma delicada, es un alma perfumada, es un alma contemplativa.
Hay un santo, cuyo nombre no recuerdo, que nos dice esto: "La madre de la oración profunda es la oración prolongada"; no llegaremos a tener oración profunda orando de carrera, orando de paso, necesitamos oración prolongada.
El día del milagro, María Ramos, según su costumbre, se había pasado unas dos horas en contemplación, esa era la vida de ella, dos horitas, estuvo dos horas, -me parece que fue entre las siete y las nueve de la mañana en contemplación, me parece que fue entre las siete y las nueve de la mañana-, unas dos horas en contemplación.
El milagro de Chiquinquirá es una invitación a que también nosotros, como nos dice San Pablo, "busquemos los bienes de allá arriba donde está Cristo sentado a la derecha de Dios" Carta a los Colosenses 3,1.
Es una invitación a que seamos contemplativos, la fuerza de la oración es algo que todavía está por descubrir en la mayor parte del pueblo católico.
Nuestras oraciones son oraciones demasiado interesadas, demasiado apresuradas, demasiado desconfiadas; pero en ese sentido tengo elogios que hacer, porque a mí me parece que, por ejemplo, a través de la música, aquí tenemos nuestro ministerio de música, a través de los grupos de oración, a través de los cenáculos se va haciendo una obra muy linda.
Bueno, y a través de estos caminos, Dios tiene muchos caminos. ¡Qué hermosa la obra que hacen los grupos de oración cuando los acostumbran a pasar largos ratos en adoración, saboreando a Dios, estar con Dios, pasar el tiempo con Dios, aprender a tratar a Dios como un amigo, hablarle largamente, y, sobre todo, escucharlo largamente.
Esa es una revolución que está por hacer en nuestra patria y si Chiquinquirá es una señal de Dios para nuestra patria, Chiquinquirá nos está llamando a ser hombres y mujeres de oración, hombres y mujeres transformados por el poder de la oración. Tenemos todavía que descubrir el poder de la oración, la oración.
Hermanos, nosotros en Colombia conocemos el poder de la corrupción, claro que lo conocemos, pero no conocemos el poder de la oración; conocemos el poder de las bombas, el poder de los cilindros con dinamita, el poder de los asaltos a mano armada, el poder de la mentira, del engaño y de la traición.
Necesitamos conocer el poder de la oración, necesitamos encontrar familias transformadas con el poder de la oración, parroquias transformadas con el poder de la oración, necesitamos encontrar vidas renovadas con el poder de la oración.
¡Qué mujer tan especial María Ramos! Una verdadera mujer de oración, y por eso ella, como una nueva Isabel, cuando sucedió el milagro, lo que le dice a la Virgen es: "¿Pero cómo así? Pero ¿por qué yo?"
La oración, cómo nos hace a la vez humildes y seguros de la bendición de Dios.
Entonces nos quedaron tres enseñanzas, se pueden sacar muchas más. La primera, estamos ante una mujer separada, una mujer fracasada, ¿pero cómo se mueve su fracaso y su separación? Ya lo sabemos, sin desesperación, sin adulterio, sin resentimiento, sin nostalgia, un gran ejemplo.
Segunda parte, Dios nuestro Señor se muestra especialmente a las almas sencillas, a las almas de los niños, la imagen de Chiquinquirá es una caricia de Dios para Colombia.
Y tercera parte, hay una revolución que está por descubrirse en Colombia, hemos intentado muchas, hemos cambiado Constitución, hemos pensado que necesitamos más ejércitos, más bombas, más armas, quién sabe qué habrá que hacer, habrá que hacer muchas cosas.
Pero no puede faltar la revolución del amor, la revolución de la oración, necesitamos experimentar qué significa eso de que Dios explote con su gracia en nuestras almas y nos renueve completamente.
Que Nuestra Señora, la Virgen bendita de Chiquinquirá nos bendiga, que desde aquí nos traiga el sabor, el perfume de esa caricia que Dios le ha dado a nuestro país desde el 26 de diciembre de 1586.
Amén.