Nscv001a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 20030709

Título: El camino de la gracia es Maria

Original en audio: 32 min. 36 seg.


Queridos Hermanos:

Nos hemos reunido como pueblo de creyentes en un pequeño y hermoso camino que se llama una novena. Una novena. Cada novena es un camino.

A lo largo de esos nueve días, vamos preparando nuestro corazón para que sepa alegrarse, para que sepa agradecer, para que tenga ojos y pueda mirar lo que Dios le regala.

Precisamente, la lectura que correspondió en el día de hoy, nos habla de una mujer sola en el desierto con su hijo, Agar se llamaba esa mujer. Y ella, sintiéndose morir de sed, pero sobre todo sintiendo que se moría de sed su hijo, desde luego siente angustia, y la angustia no le dejaba ver.

Cuando Dios le habló, no sólo la consoló, sino que nos dice la Escritura: "Le abrió los ojos, para que ella pudiera ver un pozo que allí existía" Génesis 21,19. El milagro no consistió, entonces, en que Dios hiciera ese pozo, en este caso el milagro fue, abrirle los ojos, para que ella encontrara ese pozo.

Nosotros hacemos novenas en la Iglesia Católica, porque somos humildes en medio de tantas deficiencias que tenemos. Una novena es un ejercicio de humildad, así como es un ejercicio de fe y de perseverancia.

Y es un ejercicio de humildad porque nos preparamos para una fiesta, pidiéndole a Dios que nos dé ojos para reconocer el manantial; ojos para encontrar el pozo, y nosotros sabemos a quién queremos mirar, a quién queremos descubrir, al término de este pequeño y bello camino que es la novena de Nuestra Señora de Chiquinquirá.

Esta es como la tercera posada, la tercera estación de nuestro camino, y sabemos lo que vamos a encontrar al final, vamos a encontrar ese Evangelio vivo, ese Evangelio realizado que se llama María, y que como dice la oración propia de la fiesta de Nuestra Señora de Chiquinquirá, Ella es una señal de Dios, una señal de la presencia y de la acción de Dios para nuestra patria.

Ese es el pozo, esa es la fuente a la que queremos acercarnos, y donde queremos refrescar nuestra sed, y lavar, rejuvenecer nuestra esperanza.

María, nombre amable para el pueblo católico; María, nombre, sin embargo en controversia, nombre polémico, cuando aquellos que se llaman cristianos, simplemente cristianos, con desdén o por lo menos con suspicacia, se apartan de todo lo que tenga que ver con la Virgen María.

De eso, hermanos, de eso quiero hablar, con la ayuda de Dios; porque de lo que se trata en este día es de que meditemos juntos cómo María nos lleva a Jesús.

Pero vamos a hacer la pregunta de una manera un poco menos dulce, menos piadosa, qué tal si nos preguntamos esto: ¿Qué le agrega María a Jesús? Porque así lo plantean aquellos que antes llamábamos protestantes y que hoy se llaman cristianos, aunque en cierto modo usurpan ese nombre. Esa es una buena pregunta, y no la vamos a despachar de cualquier manera.

Más o menos el razonamiento que presentan estos protestantes es: si María le agrega algo a Jesús, entonces Jesús no es completo, no es el todo de la redención, y eso contradice la Biblia; si María, por el contrario, no le va agregar nada a Jesús, entonces, ¿para qué tanta devoción? ¿Para qué tantos cantos, banderas, flores, si ella no agrega nada?

Mira que nos es tan fácil esa pregunta, ¿qué le agrega Ella? ¿Por qué le cantamos tanto? ¿Por qué hacemos este caminito de fe y de esperanza que es esta novena? Y sin embargo, hay una frase que puede ayudarnos a responder semejante pregunta, esta frase la dijo un Cardenal de nuestra Iglesia Católica, Monseñor Pironio, dijo él: "Sin María el Evangelio se vuelve ideología".

Esa frase alumbra, esa frase ilumina; pero necesitamos entenderla un poco. ¿Qué quería decir Monseñor Pironio con la palabra "ideología"? Sin María nos puede quedar el Evangelio, claro, pero Monseñor Pironio dice: "Se trata de un Evangelio que se puede volver una ideología".

¿Qué será una ideología? ¿Qué peligro hay en que el Evangelio se vuelve una ideología? ¿Cómo nos salva la Virgen de que el Evangelio se vuelva una ideología? Desde luego, la palabra ideología viene de la palabra idea, una ideología es un sistema de ideas, más o menos como lo que han hecho los pensadores y los filósofos a lo largo de los siglos.

Una persona inteligente, cuando reflexiona despacio sobre el mundo, la vida, la muerte, la sociedad, la justicia, va acumulando ideas, esas ideas no quedan desordenadas, si es una persona realmente inteligente; esas ideas van formando una especie de edificio, o podríamos llamar, una estructura o un edificio de ideas, eso es una ideología, un edificio de ideas.

¿Y cuál es el peligro de que el Evangelio se vuelva una ideología, es decir, un edificio de ideas? Pues vayamos a la Escritura y miremos si el Evangelio es un edificio de ideas, si el Evangelio es una ideología, o de pronto es otra cosa.

Si nosotros vamos a la Escritura, descubrimos que Jesús no apareció en cualquier momento, San Pablo nos dice que Jesús apareció en la plenitud de los tiempos, eso significa que antes de Jesús hay toda una historia que es lo que nosotros llamamos el Antiguo Testamento.

Y en el Antiguo Testamento sobresale un conjunto de leyes, que es precisamente el gran orgullo del pueblo judío, a ese conjunto de leyes, a esa Ley de Moisés no le faltaba pensamiento, no le faltaban ideas.

¡Qué cosas tan sensatas las que tiene la Ley de Moisés!, quedémonos únicamente con los diez mandamientos, los diez mandamientos no los trajo Jesucristo, esos ya existían desde el tiempo de Moisés, y los diez mandamientos son cosas sumamente razonables, sumamente lógicas: que no mientas, que no robes, que no mates, que respetes la familia de tu vecino, que no te des a la envidia, que no idolatres nada, ni siquiera tu propio trabajo, son ideas muy buenas.

Si lees el libro del Deuteronomio o si lees el libro del Levítico te encuentras con una cantidad de ideas buenísimas.

Les voy a decir una cosa, yo admiro el libro del Deuteronomio, desde la época en que estaba estudiando para recibir la ordenación sacerdotal y que me tocó hacer un trabajo en los estudios de Biblia sobre el libro del Deuteronomio.

Y eso pertenece a la tradición de Moisés, eso es antes de Cristo, eso es antes del Evangelio y está lleno de ideas, ideas buenísimas, ideas geniales y no son ideas sueltas.

Si nosotros buscamos en los escritos del Antiguo Testamento, hay grandes elogios a la Ley, por ejemplo: "La ley del Señor es perfecta, y es descanso del alma; el precepto del Señor es fiel, e instruye al ignorante" Salmo 19,8.

Esas palabras no están en el Evangelio, son anteriores a Cristo, son anteriores al Evangelio y están proclamando las maravillosas ideas, los maravillosos mandamientos del Señor.

En el Antiguo Testamento se compara a la Ley con todo lo deseable que hay en esta vida, la Ley ha sido amada como una mujer bellísima por el corazón de Salomón, ha sido cantada como luz, miel, descanso, guía, la Ley es madre, es compañía, ¡qué no se ha dicho de la Ley!

Pero todo eso que se dice de la Ley no quita una triste realidad: todas esas ideas tan bonitas no tienen fuerza para cambiar esto que se llama el corazón.

Uno puede saber que es malo para la sociedad robar, pero de pronto tiene la oportunidad de quedarse con un dinerillo y entonces, aunque tenga claro el edificio de las ideas, hace a un lado la verdad que conoce y se deja llevar por el provecho inmediato, por el placer inmediato, por el gusto inmediato.

Las ideas son muy importantes; pero las ideas no tienen suficiente poder para cambiar el corazón. Esto quiere decir que Jesús no vino a traernos el segundo piso del edificio de las ideas; Jesús no vino a traer una ideología, Jesús no vino ni a pañetar, ni a remozar, ni a levantar más alto el edificio de las ideas.

¿Qué vino a traer Jesús? Ya había muchas ideas, muchas, y es que incluso fuera del pueblo de la Alianza, hay buenísimas ideas.

Por la época en que vivió Agar, la mujer que mencioné antes, hacia el año 1700 ó 1800 antes de Cristo, por esa época vivía en Babilonia un hombre llamado Hammurabi, este no pertenecía a la raza de Abraham, no era descendiente de Abraham desde luego; pero él también escribió ideas buenísimas.

Y Colombia, Colombia es el país de las ideas, todos tenemos ideas, tenemos una facilidad para engendrar y parir códigos, leyes, reglamentos, ordenanzas, decretos, constituciones, tenemos un placer casi morboso en rediseñar nuestras leyes y en sacar nuevas ideas.

Pero Jesús no vino a traer otro cargamento de ideas, Jesús no vino solamente a levantar más alto el edificio de las ideas, Jesús vino a traer otro cosa; y María, María es la gran señal de que Jesús vino a traer otra cosa, no un edificio más de ideas, desde luego que hay muchísima inteligencia en la palabra de Cristo, hay una sabiduría insondable en sus parábolas, en sus discursos, en su poesía; hay una sabiduría muy grande.

Pero lo más grande de Jesús no está en el esplendor de sus palabras. Lo decisivo que vino a traer Jesús no lo trajo, no nos lo dio con una palabra, nos lo dio el día en que fue azotado y con su Sangre nos lavaba, con sus lágrimas nos quebrantaba, con su sudor se ocupaba de nuestros trabajos, y con sus plegarias nos abría los cielos.

Jesús no vino a traernos más ideas aquí a la cabecita, para que luego nos quedara a nosotros el problema de ver cómo hacíamos realidad ese mundo que todos somos capaces de soñar.

Cualquiera de nosotros puede también soñar cosas lindas, y si alguien tiene una pluma ágil o un buen computador, puede escribir una buena teoría y puede redactar preciosas ideas, ideas para el país que no existe, ideas para el mundo que nunca existirá.

Jesús no trabajó para la nación que no existe ni para el mundo que no llegará, Jesús trabajó, predicó, veló, y sobre todo, murió, no para darnos ideas, sino para darnos una palabra, una palabra que es la más grande de la Biblia, una palabra que está aquí palpitando en el altar, una palabra que está en el vientre de María comunicando vida al mundo, esa palabra, la palabra más importante de todo el Nuevo Testamento y de la Escritura entera, esa palabra es: "gracia".

Y nosotros, tenemos a una que es nuestra hermana, como la llamaba San Atanasio, que es nuestra madrecita, nuestra mejor amiga y consejera, nuestra dulce esperanza y estrella en el mar, la llena de gracia, María.

Tenemos a alguien que ha entendido y que ha acogido el Evangelio, no como una idea brillante, sino como una realidad palpitante que la ha transformado a Ella haciéndola virgen, haciéndola madre, haciéndola santa y haciéndola nuestra.

Tenemos a una, una que se llama María, una que conoce la palabra primera del diccionario del cielo, esa palabra es la palabra "gracia". Kejaritomene, ese es el nombre que tiene María en el cielo; Kejaritomene, así se dice en griego, la llena de gracia, la que entiende, la que acoge, la que hace vida la gracia.

La fe de María, el corazón de María, la oración de María, la pureza de María, la humildad de María, la esperanza de María, tienen una fuente en el centro mismo de su alma y en esa fuente, en ese pozo que alcanzamos a ver hoy, hay una palabra que brilla, "jaris", "gracia", "la llena de la gracia", "la testigo de la gracia", "la obra de la gracia".

Si nosotros quitamos a María, ahora podemos entender mejor la frase del Cardenal Pironio, si nosotros quitamos a María, vamos a pensar que el Evangelio es otra montaña de ideas, como lo que pudo hacer un señor que se llamaba Confucio, como lo que pudo hacer un señor que se llamó Mahoma, como lo que pudo hacer un señor que se llamó Sören Kierkegaard, o como lo que pudo hacer un señor que se llamó Edmund Husserl, o como lo que pudo hacer un señor que se llamó Bertrand Rusell.

Todos estos señores hicieron montañas de ideas; pero ninguno de ellos tiene una María, una realización viva, permanente, completa y amable de todas sus ideas; todas las utopías de la paz de Bertrand Rusell tan hermosas, no tienen en dónde realizarse; y todo el sueño poético de la verdad de Husserl no existió más allá de sus papeles.

En cambio, el mensaje de profeta y de poeta, de santo y de Mesías, el mensaje de Jesucristo sí tiene un lugar donde podemos verlo completo, un lugar donde podemos celebrarlo, un lugar donde podemos decir: "sí, es verdad, porque se ha realizado".

El mensaje de Jesús, que no es sólo palabras, que no es sólo ideas, el mensaje de Jesús, que es la explosión de misericordia y de la gracia; el mensaje de Jesús, que es el abrazo de Papá Dios con nosotros sus chiquitos, ese mensaje no cabe en palabras, ese mensaje es más y es mayor que todas las ideas.

Pero ese mensaje, para inmensa alegría de nosotros, lo podemos ver completo y realizado en los ojos serenos, en la sonrisa casta, en el corazón inmaculado, en el vientre virginal y fecundo de la Reina de los Cielos, la amable y bendita Virgen María.

En Ella, en Ella contemplamos todo lo que Jesús puede hacer, en Ella contemplamos al Evangelio vivo, al Evangelio realizado.

¡No me quites a María, no suprimas, no mutiles el Evangelio quitándole su expresión más perfecta, más preciosa, más elocuente, más cercana, más sencilla, no le quites al Evangelio aquello que tiene de más perfumado, eficaz y bello!

No me quites a María, con Ella tenemos la primera palabra del diccionario de los cielos, con Ella tenemos la clave para descubrir qué vino a regalarnos Jesús.

¿Cómo nos lleva María hacia Jesús? Vamos a responder como respondería un filósofo, hemos citado a varios filósofos, vamos a dar una respuesta de filósofo, a ver, ¿cómo nos ayuda María a encontrar a Jesús? Respuesta filosófica: "Siendo", le basta ser, con lo que Ella es, irradia, ilumina de tal manera el mensaje del Evangelio, que a muchos nos basta quedarnos mirándola un rato para entender que Dios existe y vence.

Conocí en la ciudad de la Paz, en Bolivia, la historia de una hermosísima conversión, era este un hombre ateo, comunista, que estaba simplemente disgustado porque el Papa Juan Pablo II iba a visitar Bolivia, y todo el pueblo se volcaba en amor hacia el Papa, y él sentía que esa era la estupidez más grande del universo.

El día que el Papa llegaba a la ciudad de la Paz, él empezó a buscar amigos para pasar el rato, pero los cines habían cerrado, porque pensaban que nadie iba a ir, el día en que el Papa aparecía en la Paz, en Bolivia.

Buscó y buscó y no encontró a nadie, finalmente unas amigas le dijeron: "Mira, nosotras vamos a pararnos en tal balcón, que tiene muy buena vista y por ahí va a pasar el Papa, y este es nuestro programa esta tarde, si quieres, vienes con nosotras, o si quieres, te quedas tu tarde solo.

Este hombre, aburrido, porque ningún programa le funcionaba, decidió quedarse con esas amigas, más por cariño a ellas que por otra cosa; y este hombre todavía hoy se le escurren las lágrimas recordando el momento en que le llegó la fe, ojalá pudiera yo contarlo como él lo hace.

Él dice: "Yo estaba parado en el balcón, y empezó a oírse un rumor que luego se volvió como una gritería, -evidentemente se acercaba el Papa, y él dice: "Yo nunca entenderé", ojo, un hombre con tantas ideas, ¿no?

"Yo nunca entenderé cómo sucedió, lo único que sé es que yo estaba mirando cómo se acercaba el carro que traía al Papa, y el Papa pasó por delante de mí, y cuando el Papa siguió, yo empecé a llorar, y sentí que Dios existía".

"Con ese paso del Papa, ahí, con una mirada de Juan Pablo II, sentí que Dios existía, que no podía entenderlo, que no cabía en mi ideología, que no cabía en mi edificio de ideas, pero que era verdad y que Dios existía".

El Papa ha dicho muchos discursos, pero ese día no le dio ningún discurso a Bladimir, que así se llamaba este hombre, hasta nombre comunista tenía, no le dio ningún discurso, el Papa, simplemente, fue, existió, estuvo, y con su presencia, comunicó una gracia.

Y si esto vale de una persona, que indudablemente tendrá sus imperfecciones, ¡por Dios, cuánto podemos esperar de la mirada de María, cuánto podemos esperar de la presencia de María, cuánto podemos esperar de la santidad de la Madre de Dios!

María nos conduce a Jesús, siendo, con su ser, con lo que irradia Ella, porque su corazón fue tejido con hilos de gracia, por eso Ella irradia la misericordia, el Espíritu, la compasión, la luz, la gracia.

Alegrémonos, hermanos, ¡qué tesoro para nosotros tener a María, qué tristeza para los que la pierden! No nos disgustemos demasiado con ellos, oremos por ellos.

Y que nuestro testimonio ayude a todo el universo a reconocer dónde está el espejo de la gracia, se llama María, es la Reina de los Cielos, y a Ella nos preparamos a celebrar con este camino bello y sencillo que se llama la novena de nuestra Señora de Chiquinquirá.