N31d008a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 20101231

Título: Pedir a Dios discernimiento para no llenarnos de temor ante los enemigos de la fe

Original en audio: 4 min. 5 seg


Así como Isaías, Juan Bautista y la Santísima Virgen nos acompañaron durante el Adviento, así también, durante estos días fugaces pero tan hermosos de Navidad, tenemos un guía, es el Evangelista San Juan, el Evangelista Teólogo, el que ha sido comparado con el águila por la altura de su reflexión y por su capacidad de acercarse a la luz.

San Juan nos ha a compañado con la Primera Carta sobre todo; hoy, por ejemplo, en el capítulo segundo nos dice que al mundo han llegado muchos "anticristos"; yo sé que esta es una palabra que puede suscitar o curiosidad o temor en algunos; pero el tono en el que San Juan habla de estos "anticristos" no es el de la cobardía, no se trata de que nos acomplejemos o nos llenemos de pánico porque hay enemigos de la fe.

Más bien, lo que nos asegura el Evangelista es que en nosotros cristianos, en nosotros que hemos recibido el mensaje de salvación, en nosotros que hemos acogido la unción del Espíritu Santo, en nosotros está la victoria.

Y que no tenemos que vivir en el temor por aquellas cosas que puedan suceder: que las tragedias en la naturaleza, los terremotos, las inundaciones, los cambios climáticos, ni tampoco los problemas entre pueblos, naciones, guerras.

Estas no son cosas que tienen que hacer flaquear nuestra fe, sino más bien llamados te atención del amor de Dios que quiere que nosotros recibamos en su plenitud la unción, el regalo que Él nos ha dado.

Existe esa sabiduría interna, existe ese discernimiento, para todo aquel que quiera pedirlo, existe ese discernimiento.

También nos ha dicho el Apóstol Santiago en su propia carta "que si nosotros estamos faltos de sabidiuría, la pidamos al Señor" Carta de Santiago 1,5. Sí tú le pides al Señor que te ilumine, que te dé su unción, esa sabiduría te guía, esa sabiduría te acompaña; y si permaneces en comunión con el Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, la unción de Cristo, es decir, su Espíritu, habitará plenamente en ti.

Este es el mensaje fortísimo, alentador que nos da San Juan en el texto de hoy.

Por otra parte, en el evangelio volvemos a escuchar el mismo texto que tuvimos en la celebración de la Navidad, se le suele llamar "el prólogo de San Juan". Es poesía, es teología, es oración, es un lenguaje sublime, es de lo más bello que tiene la humanidad entera.

Capítulo primero de San Juan, versículos del uno al dieciocho, allí donde empieza diciendo: "En el principio existía la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios" San Juan 1,1. Y luego dice, así al final de ese prólogo: "Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros" San Juan 1,14.

¿Por qué vuelve a aparecer este texto? Porque estamos llegando al final de la Octava de la Navidad y es un modo de recordarnos que durante todos estos días, en realidad, una sola noticia, un solo Evangelio es el que nos llena de júbilo, y ese Evangelio es que Dios se ha hecho Hombre para que nosotros descubramos y contemplemos su gloria y podamos un día también habitar con Él.