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Fecha: 19951229
Título: Los Misterios del Santo Rosario
Original en audio: 27 min. 14 seg.
Queridos Hermanos:
La Santa Iglesia, en estos días de la Octava de Navidad, nos invita a reflexionar en los misterios de la infancia de Cristo. En el Santo Rosario nosotros hablamos de misterios, y por eso yo quisiera empezar comentando un poquito qué significa esta palabra.
Porque para nosotros misterio muchas veces es simplemente lo que no se puede entender, el misterio es lo que no se debe entender, incluso.
Y resulta que para nuestro Dios los misterios son puertas de luz, son invitaciones a mirar más profundamente, son llamados al amor, son signos de esperanza, son fuentes inagotables de los trinos. Todo esos son los misterios, porque cuando uno reza los misterios del Santo Rosario, no es para no entenderlos, muy al contrario, es para abrir más los ojos, es para ahondar más.
Misterio, en el lenguaje de la Biblia, no es aquello incomprensible, sino es aquello que necesita ser más y más comprendido porque es inagotable. Dios, el Señor, no tiene ante nosotros cosas que quiera esconder sino cosas que necesitamos ahondar más.
¿Recuerdas en el evagelio según San Juan cuando Jesús le dice a los apóstoles: "Todo lo que me ha enseñado mi Padre lo he dado a conocer"? San Juan 8,28.
El que habla así, evidentemente, no está escondiendo cosas; Jesús vino a nuestra tierra, y es lo que celebramos en Navidad, para ser el Exégeta del Padre, es el verbo griego que aparece en el prólogo del evangelio de Juan, es precisamente el mismo verbo que se utiliza para hablar de exégesis.
Exégesis es hacer estudio profundo, científico que trata de establecer el sentido genuino y los sentidos válidos de un texto, de acuerdo con la historia del texto y de acuerdo con la historia que rodeaba al pueblo de Dios en ese momento.
Pues bien, la persona que se dedica a ese estudio se llama un exégeta, y el evangelio de Juan, si lo leemos en griego, aplica precisamente ese verbo a Jesucristo. Él es que le hace la exégesis al Padre, Aquel que revela plenamente las riquezas de sabiduría, de ciencia, los tesoros de luz, las miles de doctrinas que hay ahí en ese Dios que se nos ha manifestado.
De manera que nuestra primera enseñanaza, queridos hermanos, es esa. De ahora en adelante, en la oración del Santo Rosario o cuando escuchemos la palabra misterio en la Biblia, entendamos bien, un misterio no es para no entender, sino es una invitación a mirar más, a ahondar, a profundizar, a darle más atención a algo.
Una fómula matemática, por ejemplo, en sí misma, no es misteriosa, puede costarnos trabajo llegar a entenderla. Por ejemplo, la fórmula que describe la solución de una ecuación cuadrática, necesitaríamos un tiempo para saber cómo se llegar a esa fórmula, pero una vez entendida está dicho todo, ya sabemos que eso quiere decir algo.
En cambio, un misterio es una fuente inagotable de luz. Podemos decir que la verdad que nos ofrecen las ciencias es como el agua embotellada que tiene el tamaño de ese envase. Aprendí, no hace mucho, una trivialidad: que la palabra pocillo en castellano viene de pozo, un pocillo es un pozo pequeño.
Pues bien, lo que nos ofrece la ciencia es un "pocito" pequeño. Las verdades que nos ofrece la ciencia o la filosofía son verdades, desde luego que sí, cuando se razona correctamente son verdades, pero son solamente pocitos pequeños, no hay que despreciarlos, claro que no, pero son pocitos.
En cambio, un misterio es un "pozo de talla mayor" y de él se puede sacar una y otra vez, y otra vez agua, y eso explica por qué uno puede orar con el Santo Rosario toda una vida. ¿Qué pasaría si por ejemplo, un profesor de matemáticas da una excelente clase a sus muchachos y les explica el orígen de la ecuación cuadrática?
Para seguir con mi ejemplo, el día martes cuatro de agosto hizo la explicación de la ecuación cuadrática, el miércoles cinco de agosto otra vez hay clase de matemáticas y empieza con la explicacion del origen de la ecuación cuadrática, los alumnos, si le han entendido bien, le dirían: "No pierda su tiempo, ya eso nos lo ha explicado".
Y si él llegara el jueves a explicar lo mismo, les aseguro, que si el viernes viene con la misma, lo mandan a un hospital psiquiátríco: "Este señor se nos ha trastornado".
Pero la Iglesia, ¿qué hace, por ejemplo, en el Santo Rosario? Este Rosario tiene la característica que tiene los quince misterios. Una señora me decía: "A mí sí me gusta rezar el Rosario, pero sin tanto misterio".
Este Rosario tiene una forma circular, de manera que nosotros podamos empezar por el primer misterio gozoso, segundo, tercero, cuarto y quinto, luego los dolorosos: primero, segundo, tercero, cuarto y quinto, y luego gloriosos: uno, dos, tres, cuatro y cinco, y vuelve a empezar la secuencia.
¿Cuál es la diferencia entre la liturgia misma de la Iglesia y el profesor de matemáticas? Que el profesor, para explicar lo mismo, repite las mismas palabras; en cambio aquí, en cada una de las decenas de este tesoro de la Iglesia, que se llama el Santo Rosario, lo que tenemos es misterios; y eso significa que hay que mirar mucho para entender cada vez más.
¿Y cuándo terminaré yo de entender un misterio de los que Dios ha revelado? Nunca, porque es un pozo que se hunde en el infinito de Dios.
De acuerdo con esa explicación, miremos ahora por qué son misterios los misterios del Rosario. Se nos habla, por ejemplo, de la Anunciación del Arcángel Gabriel a María, de la Encarnación del Hijo de Dios.
¿Habrá algún profesor de matemáticas, química o psicología que me termine de explicar por qué la Encarnación? ¿Habrá algún letrado tan docto, tan supremamente sabio, siendo así que las verdaderas inteligencias, teólogos eminentes que ha tenido la Iglesia, sienten que explican, que hablan y que enseñan y al final sienten: "No pude"?
Pregúntale a un Tomás de Aquino, teólogo grande; toda una vida ahondando en los misterios de Dios y en el ocaso de su vida decía: "Frente a lo que he conocido en contemplación, lo que he escrito me parece mentira". De manera que los misterios son llamadas del amor de Dios para que nosotros miremos con mayor atención.
Hoy, por ejemplo, el Santo Evangelio se refiere a uno de los misterios que tenemos en el Santo Rosario: la Presentación de Jesús en el Templo, y hay algo muy hermoso en los misterios de la vida de Cristo, y es que todos son misterios que tienen que ver con nuestra vida humana: que Cristo nació, ese es uno de los misterios.
Bueno, y ahora vamos a explicar lo que significa que Cristo nació y sentimos que cada vez que lo pensamos, si lo piensas en serio, descubres algo nuevo y eso explica también por qué la Iglesia puede tener las lecturas de la Biblia así como las tiene.
Hay algo muy chistoso, en la parroquia de la casa de mis padres sucedía un fenómeno: los adultos entraban a la iglesia y los jóvenes, muchos de ellos, se quedaban en la puerta, hasta que llegó un padrecito que les corrigió esa maña, porque empezó a decírles: "Bueno, si van asistir, entren, si no, váyanse"; un poquito cortante, pero eso sirvió.
Mi historia va a esto: ellos se parqueaban en la puerta, y si les preguntaba: "-Bueno, ¿y usted por qué viene a Misa?" "-Mi mamá me mandó". Como lo obligaban, él trataba de cumplirle a la mamá, pero oyendo el mínimo de Misa posible, y le pregunta uno: "-¿Y usted qué opina de la Misa?" "-Esa es la misma repetidera todas las veces".
Fíjate, mientras que las personas están dentro de la iglesia, de todas las edades, repito, predominaban los adultos, sienten: "¡Qué bella, qué riqueza la Palabra de Dios! Cada vez que uno la medita surge una nueva enseñanza". ¿Esto qué nos está enseñando? Que los misterios se ven del tamaño del amor de la persona.
Los misterios de nuestra fe son un problema de amor. Ahí sucede más o menos lo mismo que pasa cuando la gente se enamora; hemos visto esas parejas de enamorados que ya se han dicho todos los "te quieros" en todos los idiomas y entonces se quedan mirándose con cara de ternero degollado el uno al otro.
El que no está en la jugada le ve la cara, "-¿oiga, usted qué más le ve a esa niña?" "-Es que tiene unos ojos". "-Todo el mundo tiene ojos, hombre"- "-No, pero es que son los ojos de ella".
Todo el mundo tiene dos ojos, una nariz, dos cachetes, una boca, una frente, todo el mundo tiene lo mismo, pero como son los de mi amada entonces son inagotables; entonces le hago una poesía a los ojos de ella, pero quedó tan bien la poesía que ella entonces le dice: "-Oiga, mijo, ¿usted a quién le hizo esto primero? Entonces con los misterios de la vida de Cristo pasa lo mismo, son un asunto de amor.
Si tú llegas con poquito amor donde Cristo, tú ves que Cristo, que ya nació, que lo llevaron al Templo, que lo sacaron del Templo, que se perdió en el Templo; yo también me perdí una vez en Carulla y ese no es ningún misterio. Si uno se llama, qué se yo, José Antonio y él se perdió en el centro comercial de no se dónde, ese no es ningún misterio, la pérdida y hallazgo de Jose Antonio.
En Cristo sí es un misterio. Entonces, empieza a preguntarse por qué es un misterio que se pierda un niño. Los niños viven perdiéndose, todo niño nace programado para perderse tres o cuatro veces y hacer llorar a los papás: "-¿Y qué se hizo mi hijo?" ¿Cuál es el misterio ahí?
Que cuando José Antonio se perdió en el centro comercial, se perdió mirando vitrinas, en cambio, cuando se perdió Jesús en el Templo, fue ocupándose en las cosas de su Padre, ¿de quién? de su Padre. ¡Ah, entonces José no era su padre!
Era un chino de doce años que estaba ocupado, ¿y llama a Dios Padre? "Hola, verdad, interesante", así decimos cuando una cosa no resulta explicable pero sí atrayente, y esos son los misterios de la vida de Cristo.
Entonces dice lo mismo aquí el evangelio de hoy: que presentaron a Jesús en el Templo, presentaban a todos los primogénitos, -eso no tiene nada de particular-, ¿y qué ofrenda presentaron en el templo?
Un par de tórtolas o dos pichones como manda la ley. Entoces, si uno mira lo que dice la ley, y esta no decía que se ofereciera siempre eso, sino decía, "en último caso si la familia es muy pobre, ofrezca un par de tórtolas o pichones", entonces dice uno: "José y Maria tuvieron que ser muy pobres".
Y dice uno: "Pero si era el Hijo de Dios, ¿por qué tan pobre?" ¿Ves? Cuando quieras aprender a meditar en los misterios: uno, llénate de amor y dos, haz preguntas.
¿Y por qué eran tan pobres ellos? ¿Por qué un Dios tan pobre? La imagen de Dios que uno tiene a veces es la imagen de un Dios que se impone por la fuerza. ¿Por qué este Dios tan humilde? Y además la Ley mandaba que los niños fueran presentados en el templo, pero aquí se nos cuenta que sucedieron una serie de cosas que no pasaban ciertamente con todos los niños.
Simeón dice: "Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto la salvación" San lucas 2,29-30.
Un hombre que toma este niño recién nacido, debía tener unos cuarenta días, era el tiempo que estipulaba la Ley; toma al niño y dice: "Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz" San Lucas 2,29, ¿y por qué no se iba en paz?
Simeón, evidentemente, manifiesta que está descansando cuando encuentra a Cristo. ¿Y de qué estaba tan cansado un hombre que estaba tan cerca del Templo de Jerusalén? Él estaba esperando la salvación, y esta ya no la iban a dar los antiguos sacrificios del Templo.
Y entonces ahora uno sigue su meditación, por eso se llama misterio, ya dijimos, misterio es aquello en lo que uno va ahondando, y uno dice: "Yo tengo mi descanso en Cristo, yo siento que Él es mi descanso, que Él es mi alegría". Podría yo decir, por ejemplo, después de comulgar: "Ahora Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz; recibí lo que estaba necesitando, lo que está esperando". ¿Es Cristo mi descanso y mi alegría?
Y luego ve uno lo que se le dice a la Virgen: "Es que está puesto para que en Israel unos se levanten y otros caigan" San Lucas 1,34. ¿Esas palabras no te hacen pensar? "Y a tí una espada te atravesará el corazón" San Lucas 1,35. ¡Qué presentimientos!
Por algo se cuenta este entre los dolores de la Virgen. Qué pudo sentir Ella con la alegría de la maternidad -¡y de qué maternidad!- y con el gozo de decirle a Dios en el Templo de Jerusalén, mejor que Ana, siglos atrás: "Señor, por este hijo te rogaba, a ti te lo ofrezco" 1 Samuel 1,11.
Va María con ese corazón henchido de gozo, ¿y qué se le dice? "A ti una espada atravesará el corazón" San Lucas 1,35.
Será una bandera discutida, será un signo de contradicción, unos se van a caer y otros se van a levantar, por eso; ¿tú crees que la Virgen agarró su niño y se fue a Nazaret tranquila? ¿agarró su niño y se devolvió tranquila? ¿tú crees que eso no le da qué pensar a Ella y a ti?
Saber que Cristo es una bandera discutida, ¿eso no te pone a pensar sobre tu propia vida? ¿Tú has sufrido algo por ser cristiano? Seguramente, hay personas que sí, pero aquí también hay personas que no, porque hay personas que como los judíos en otro tiempo, disimulaban la circunsición para que no se viera que eran creyentes, así tambien hay cristianos que disimulan su bautismo y disimulan sus convicciones.
Cuando veo tantos rostros jóvenes, de muchachos, de niñas, me pregunto si van a seguir así de convencidos cuando tengan que ser banderas de contradicción.
Cuando veo alla mi querida Cindy, cuando veo a estas niñas tan hermosas, cuando veo aquí a mi amigo; aqui todos somos cristianos y somos muy creyentes; pero el día en el que tú tengas frente a tus amigos y amigas, que ser cristiano y pasar por bobo y pasar por tonto, y cuando tengas que soportar la burla: "¡Ay, la convertida, la santica, venga y le rezo una novena!"
El día que eso te empiece a suceder, el que día que te digan: "Ese cura te lavó el cerebro, amárrate bien esos pantalones, ¿no ves que los curas viven de eso? En ese momento, cuando tengas que ser signo de contradicción, ¿qué? "Esto está puesto para que en Israel unos caigan y otros se levanten" San Lucas 1,34, "y a ti una espada te atravesará el corazón" San Lucas 1,35.
Demos gracias a Dios por esta palabra que se nos predica, demos gracias al Señor por estos misterios. ¿Qué he hecho con mis palabras? Contarles un poco qué es un misterio cristiano, y hacer un ejemplo sencillo de cómo usted puede hacer meditación con los misterios.
Ya le digo sólo dos cositas: llénese de amor y hágale preguntas al texto, póngase a dialogar con el texto; sitúese en la escena: se nos habla de una viuda, una señora Ana, que en este texto no aparece. Usted se pone a relacionar con su vida, haga ese ejercicio, ese ejercicio es la digestión del texto, ¿y cómo aplica el texto? Digiéralo, hágale la digestión al texto y así usted lo descubre como nuevo.
Para el que tiene poco amor o para el que tiene demasiado poco tiempo, la Biblia nunca dirá nada, la Palabra de Dios nunca dirá nada.
Ánimo, pues, hermanos, vamos meditar en los misterios de Cristo, vamos a abrir nuestros ojos a la luz que El nos ofrece; vamos a crererle cada vez más, cada vez más, vamos a enamorarnos de El y así nosotros, a nuestro tiempo, daremos fruto.
Cuando uno participa en un grupo de oración y ve que hay personas que le brotan las palabras y dicen oraciones y uno dice: "¿De dónde sacará tantas palabras como tan bien guiadas, como tan bonitas? ¿De dónde le sale esa inspiración? Hermano, hermana, a tu tiempo tú también darás fruto.
Pero tienes que masticar, tienes que alimentarte, tienes que acostumbrarte a hacer la digestión. Qué tal una mamá que se desesperara por su chino, el chino de tres meses: "Este chino no crece, no veo que crezca este muchachito!"
A crecer en la gracia y el conocimiento del Señor meditando los misterios de Cristo, en el misterio de esta Presentación en el Templo, en el cual ya se declara que Él, por encima de los antiguos sacrificios de la Ley, es el verdadero Sacrificio de redención para nosotros.
Bendito sea su nombre hoy y siempre.
Amén.