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Fecha: 20120224
Título: Tres maneras de ayuno que deben complementarse para vivir la Cuaresma
Original en audio: 4 min. 57 seg.
Este es el primer viernes de Cuaresma. Y podemos decir que estos días viernes, durante el tiempo cuaresmal, miran hacia el gran viernes, el viernes que llamamos "Viernes Santo"; por supuesto, la razón es que ese día recordamos la muerte redentora de Nuestro Señor. Por eso, aunque toda la Cuaresma tiene un carácter de recogimiento y de penitencia, los viernes de Cuaresma, de un modo más acentuado, deben tener esta característica en nosotros, los que amamos a Jesús.
Las lecturas de hoy nos enseñan sobre una de las dimensiones de esa virtud tan olvidada hoy, la virtud de la penitencia. Se trata del ayuno. Una de las formas más comunes y más extendidas, no sólo en el Cristianismo, de hacer penitencia y de favorecer el crecimiento espiritual, es el ayuno.
Pero ¿por qué ayunar y cómo ayunar? Pues podemos decir que hay tres grandes modos de ayuno, y es importante saber que no se oponen sino que se complementan. Las lecturas de hoy, tomadas del capítulo número cincuenta y ocho de Isaías y del capítulo número nueve de San Mateo, nos muestran en dónde está el verdadero sentido de este ayuno.
Podemos decir que hay tres grandes razones, o tres grandes motivaciones, o tres grandes modos también de ayunar. Hay un ayuno que es el ayuno de alimentos, es una limitación en aquello que nos da fuerzas. Hay otro tipo de ayuno que es el ayuno de gustos, aquellas cosas que de algún modo acarician nuestro ego o, tal vez, nos dan una experiencia de placer. La tercera forma o camino de ayuno es el ayuno del pecado.
Repito, estos tres modos no se contradicen sino que se complementan; y la idea no es que nosotros practiquemos uno solo de ellos, sino que no olvidemos a ninguno.
El ayuno de alimentos lo que produce en nosotros es una limitación en nuestras fuerzas. Típicamente, son los alimentos los que nos ayudan a sentir energía, a sentir vigor, y en cierto sentido, a experimentar poder.
Cuando nosotros limitamos esa fuente de energía a través del ayuno, estamos, por una parte, quitándole vigor a nuestra arrogancia, a nuestra soberbia, porque aunque tengan nombres que aluden a pecados espirituales, no cabe duda de que la soberbia, la vanidad, la arrogancia, el orgullo, finalmente tienen mucho que ver con esa sensación de que uno lo puede todo.
El ayuno de alimentos es maravilloso para descubrir esa limitación interna, es decir, para redescubrir que somos criaturas necesitadas; también, el ayuno de alimentos cumple otra función, y es que nos ayuda a descubrir a tantos hermanos nuestros, que de modo ordinario, de modo usual carecen de esas fuerzas.
En segundo lugar tenemos el ayuno de nuestros gustos. Al quitar algunas cosas que nos gustan, estamos evitando que la concupiscencia, que el deseo del placer tome demasiado poder en nosotros. Es bueno tener algunos gustos en la vida, pero uno no puede consagrar la vida simplemente a darse gusto. Por otra parte, al limitar nuestros gustos, también descubrimos la belleza de una vida sobria, descubrimos la hermosura de los sencillo y de lo simple.
Por último, y lo más importante, es el ayuno de los pecados, es decir, el verdadero espíritu de conversión que le resta poder a las tinieblas en nosotros; y sobre todo, es grande el ayuno del pecado porque abre en nosotros un gran espacio para que sintamos hambre de Dios, para que sintamos que es Él el que nos hace falta.
Tres caminos de ayuno que deben complementarse en esta Cuaresma.