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Fecha: 20030308
Título: Dios puede restaurarnos y Dios puede hacernos restauradores.
Original en audio: 36 min. 42 seg.
Amados Hermanos:
Quiero compartir con ustedes una reflexión sobre una parte de la primera lectura de hoy. Ha sido tomada, como vimos, del libro del profeta Isaías; y contiene una serie de promesas para aquellos que se resuelven a seguir la voluntad y la Ley del Señor.
Por ejemplo, dice: "El Señor te dará reposo, en el desierto saciará tu hambre" Isaías 58,11.
Son expresiones que dichas en tiempo futuro indican una promesa, indican algo que Dios se compromete a realizar para aquellos que cumplen la Ley y los mandatos, sobre todo la Ley de amar al prójimo y sobre todo el mandato de respetar el día del Señor; en el caso de los judíos era el día sábado.
"Si tú aprendes a compartir lo tuyo con el necesitado, y si aprendes a renunciar a tus intereses en el día del Señor para glorificarle, entonces...", vienen una serie de promesas. Entre esas promesas hay una que me parece especialmente sugerente, sobre todo por el tiempo en el que vivimos y por las costumbres que tiene nuestra sociedad.
En efecto, nuestra sociedad es la sociedad de la basura, del desecho y de lo desechable. El ideal del consumo es: "Úsalo una vez y bótalo". Cosas que parecían inconcebibles hace unos años, ya existen y existen como desechables.
Por ejemplo, aquellos lentes de contacto que se utilizan veinte, veinticinco, treinta días seguidos, de día y de noche, no hay necesidad de quitárselos, no hay necesidad de limpiarlos, no hay necesidad de cuidarlos; tres o cuatro semanas después de ponértelos, te los quitas y los arrojas y te pones otros.
La nuestra es una sociedad de la basura, una sociedad del desecho. Lo grave es que eso se entra también a otra cantidad de esferas que son un poco más trascendentes que los problemas de la vista.
Por ejemplo, las relaciones también se vuelven desechables: un amigo se va, consigo otro amigo; un socio se va, consigo otro socio; un negocio se termina, hago otro; un esposo se va, busco otro; una esposa termina, busco otra.
Nuestro mundo pareciera estar mandándonos un mensaje: que lo que se perdió, se perdió para siempre; que lo que se destruyó no se puede reconstruír y que lo que se arruinó ya no se puede levantar.
Pero el profeta Isaías nos da una palabra que va en un sentido distinto: "Reconstruirás viejas ruinas, levantarás sobre cimientos de antaño, te llamarán reparador de brechas, restaurador de casas en ruinas" Isaías 58,12.
Es verdad que lo nuevo tiene un encanto particular, pero aquello que ha sido levantado desde sus ruinas, es también un grito de victoria. Lo nuevo tiene su belleza, pero lo reconstruido, lo restaurado tiene también su hermosura.
Y hay que saber apreciar esas dos dimensiones de la belleza. Porque Dios no obra con nosotros a la manera de la basura: "Pecó, se condena; pecó, se condena; pecó, se condena".
Porque el infierno sería algo así como la basura: "Pecó, se condena"; no, nosotros somos reconstruidos, nosotros somos rehechos, recreados, restaurados, redimidos; hay una cantidad de "res" ahí, somos restaurados, y esto trae unas implicaciones tan hermosas y tan conmovedoras.
Si yo puedo ser restaurado, entonces una vida en ruinas puede volver a ser un edificio, puede volver a ser una casa de Dios. Y eso es emocionante. A todos nos gusta el modelo de la cajita de jugo, que te la tomas y botas y se acabó. Pero también es hermoso este otro modelo: el modelo de la reconstrucción.
Dios puede restaurarnos y Dios puede hacernos restauradores; porque eso es lo que se promete en la lectura de Isaías: "Reconstruirás viejas ruinas" Isaías 58,12. ¿Saben por qué es tan bello lo de la reconstrucción? Porque es una manera de decirle al tiempo, de decirle al gorgojo y de decirle a los enemigos que no han tenido la última palabra.
Los judíos, por ejemplo, se sentían tremendamente orgullosos de su templo reconstruido. La historia es esta: en tiempos de Salomón, año novecientos y tanto antes de Cristo, hicieron un primer templo, pero ese templo fue arrasado brutalmente cuando la invasión de los caldeos, siglo VI A.C.
Y luego, ¿qué pasó? Entonces mira: siglo X, hecho; en el siglo VI, arrasado, luego por allá viene la invasión de otro imperio, rehicieron, volvieron de Babilonia, volvieron de donde los caldeos y rehicieron el templo. Pues se lo redestruyeron.
Esta vez fue el imperio Helenístico con Antíoco Epífanes. Es la parte de la historia que leemos en los libros de los Macabeos. Volvieron a profanar el templo, profanar el altar, se acabó ese otro templo. Y empiezan a reconstruir el templo.
Por la época en que Jesús era hombre adulto y predicaba, llevaban cuarenta y seis años reconstruyendo el templo. Ya estaba prácticamente terminado y se sentían felices. Claro que en ese orgullo había cosas que no le gustaban a Dios, pero en ese orgullo también había una señal que podemos aprender.
Cuando ese templo estaba levantado, le estaba diciendo a Antíoco Epífanes, el tirano del imperio Helenístico: "Señor, gordo repugnante, asqueroso tirano, usted no tuvo la última palabra; aquí estamos de nuevo, aquí estamos de pie, una vez más, una vez más estamos de pie; usted, tirano, no tuvo la última palabra".
la confesión es algo parecido, la confesión es una cosa maravillosa, es un invento fantástico del Corazón de Jesucristo, como ustedes lo saben muy bien, porque muchos de ustedes tuvieron la gracia de recibir este sacramento el día de hoy. La confesión es algo fantástico, porque la confesión es una reconstrucción.
El pecado reportó victoria sobre nosotros, Satanás se carcajeaba de ver cómo un bautizado o cómo una bautizada se revolcaba en el lodo de sus pecados. Pero llega el poder maravilloso, llega el agua nueva, llega el fuego nuevo del Señor y limpia y levanta. Y eso somos nosotros hoy después de confesados.
Nosotros somos templos vivos, y estamos aquí. Y Cuando un Cristiano, limpio especialmente por el sacramento de la confesión, se levanta, levanta sus manos a Dios, es un templo más hermoso que el templo de Jerusalén y le está diciendo a Dios: "Gracias", y de paso le está diciendo al tirano por excelencia, al demonio: "Tú no tienes la última palabra en mi vida".
Por eso yo los invito a que nos sintamos felices de la gracia, felices, gozosos de la gracia: "¡Cuánto me ha dado Dios! El pecado no tuvo la última palabra en mi vida. El vicio no tuvo la última palabra en mi vida. O como dice el Salmo: "La trampa se rompió y escapamos" Salmo 124,7.
Nosotros los cristianos en gracia de Dios, -así lo esperamos y confiamos por las señales que nos da nuestra conciencia-, los cristianos en gracia de Dios somos un canto al amor y al poder de Dios; eso somos nosotros.
Una vez que entendemos la fuerza tan maravillosa que tiene esta expresión: "ser reconstruidos", ahora pensemos lo que significa lo que nos ha dicho el profeta: "Tú reconstruirás viejas ruinas" Isaías 58,12.
Esto tiene aplicaciones en tres dimensiones, que es lo que desearía que meditáramos ahora. Pensemos en las relaciones humanas. La amistad se volvió desechable: si un amigo me traiciona o si un amigo me decepciona, que se pudra, deja de existir para mí y se acabó.
Así razona el mundo. Pero resulta que la casa de la amistad, la casa de la amistad viene de Dios, viene de Dios que nos ha tratado como amigos.
Entonces nosotros los cristianos tenemos esta misión. "Reconstruirás viejas ruinas" Isaías 58,12 significa en este caso: "Tú le vas a dar a la amistad el sentido que tiene".
En la casa de la amistad, donde parece que cualquier persona puede traicionar a cualquier persona, porque esa casa está arrasada, "tú vas a levantar de nuevo la casa de la amistad". Dicho con otro lenguaje: "Tú vas a enseñarle al mundo qué significa ser un verdadero amigo".
Miren, está tan prostituida la palabra amistad, que por ejemplo, en la confesión uno escucha cosas como esta: "-Me acuso, padre, del terrible crimen del aborto". "-Pues sí, es muy lamentable ese crimen, ¿cómo llegaste a eso?" "-Pues yo estaba en una situación de terrible angustia y una amiga me aconsejó que abortara".
Casi siempre les digo: "¿Por qué la llamas amiga?" "Una amiga me aconsejó eso, ¿una amiga? ¿Se llama amiga la persona que convertirá para siempre tu vientre en una tumba y que te cargará con la cadena de un remordimiento espantoso hasta que te mueras? ¿A una persona así se llama amiga?
la casa de la amistad está destruida, pero tú y yo podemos ser reconstructores del verdadero sentido de la amistad. Nosotros tenemos que se testimonios de lo que significa ser amigo. Tenemos que ser testimonios de lo que significa ser amiga. Construir una verdadera amiga.
¡Qué pesar me da a mí algunas veces oyendo en consejería o confesión a jóvenes estudiantes universitarias que uno las ve muy alegres, muy comunicativas y con sus amigas "¡ji, ji, ji!" para arriba; "!ji, ji, ji!" para abajo.
Y le pregunta uno: "¿Cómo te sientes?" Y dice: "Espantosamente sola". Y dice uno:"Pero ¿cómo puede estar sola una persona que tiene tantoo ji, ji, ji para arriba y tanto ji, ji, ji para abajo, y dice:"Me siento terriblemente sola"? puede sentirse sola?
Esas no son amigas, son compañeras, son compinches, son cómplices, son lo que tú quieras, pero no son amigas. ¿Dónde conseguirá una persona una verdadera amiga? Una vez me decía una mujer, que esa fue la historia de ella, no tiene que ser la de las mujeres que están aquí.
Pero una vez me decía una mujer: "Yo no creo que yo pueda tener, ni me interesa tener amigas, creo más en los amigos, saben guardar mejor los secretos y se puede confiar mejor en ellos". Quién sabe cuántas decepciones habrá tenido esa pobre mujer. Pero eso no significa que no pueda existir una verdadera amistad entre dos mujeres.
Entonces la casa de la amistad hay que levantarla, tenemos que mostrar que es posible la mistad entre dos mujeres, entre dos hombres, entre hombre y mujer. Hay gente que no cree posible una amistad entre hombre y mujer: "No puede ser posible, ahí tiene que haber algo, ahí tiene que haber algo, ahí tiene que haber algo...."
¿Qué indica eso? Que la casa de la amistad está destruída, ¿por qué no la reconstruímos? Somos, nosotros desde hoy nos llamamos reconstructores de ruinas. Si la casa de la amistad está arruinada, hay que reconstruir la casa de la amistad, y hay que mostrar que la amistad es posible .
Además de la casa de la amistad hay muchas otras que están arruinadas. Hay gente que dice: "La juventud está arruinada". Entonces vamos a reconstruir la juventud. Eso no hay por qué sentirse triste: "-¡Ay, que mire que los jóvenes, que mire cuánta droga, que mire cuánto alcohol, mire cuántas cosas", "-¿y? ¡No es nuevo para nosotros!"
Hay una empresa alemana famosa, transnacional, "Siemens". Entonces esta "Siemens", como todas las empresas multinacionales, tiene un lema en una frase, a mí me encanta los lemas de las empresas porque indican cosas muy profundas sobre el ser humano y sobre la sociedad.
El lema "Siemens", que se encuentra uno en todos los aeropuertos del mundo, yo lo he visto siempre en inglés: "We can do that", “nosotros podemos hacer eso”, y siempre eso va acompañado por unas fotos espectaculares, porque realmente es una compañía gigantesca.
Entonces muestran un generador de las represa gigantesca y al lado se ve un obrerito así chiquito y al tremendo generador con dos millones de cables allá metidos, y no sé cuántos kilómetros de conexiones, y abajo un letrero: Siemens: “We can do that", “nosotros podemos hacer eso”.
Y luego aparece el tremendo escanógrafo con resonancia magnética y no sé cuántas cosas, eso vale tanta plata que para qué los asusto, eso no se logra con empanadas.
Tienen su tremendo aparato de resonancia magnética y a su lado una enfermera pulcramente vestida, me imagino que es alemana, obviamente, de tipo europeo, y abajo un letrerito: "We can do that", "nosotros podemos hacer eso", y así en todas partes y en todos los aeropuertos, o en muchísimos, se encuentra uno eso de "Siemens".
Nosotros somos el "Siemens" de Cristo, cuando a nosotros nos presenten una juventud despedazada, nosotros sabemos que hay una tarea: hay que reconstruir el mundo, y si empezamos mañana por la tarde, ya perdimos un día, hay que empezar hoy; nosotros somos los expertos en reconstrucción, y por eso no hay por qué asustarse.
Un cristiano puede tener cualquier actitud ante el mundo menos el susto, "no tengáis miedo" San Mateo 14,27, dijo Jesucristo.
Además, escandalizarse sólo sirve para dos cosas: para perder fuerzas y para perder terreno, no sirve para nada más. "Mire que una muchachita, doce años la niñita, ya abortó", pues sí, es que esos son los frutos del pecado, ¿es que esperábamos otra cosa distinta?
En un mundo donde la familia está despedazada, ¿esperábamos una cosa distinta? Nosotros lo que tenemos que mirar es decir: "We can do that", claro que eso suena un poco presuntuoso y medio pelagiano planteado así.
Entonces nosotros podríamos decir más bien: "The Lord can do that, and we the belong to the Lord", "el Señor puede hacer eso y nosotros pertenecemos al equipo del Señor. Nosotros somos de Él". De manera que de hoy en adelante nosotros vamos a dejar de escandalizarnos.
En el ministerio sacerdotal uno va aprendiendo a no escandalizarse por distintas cosas, la última vez que me escandalicé fue cuando un señor en la confesión me dice: "Padre, he asesinado a mucha gente", hasta ahí es muy doloroso, no es que uno sea de piedra, es doloroso, pero uno no se escandaliza, "el último fue un cura".
Hombre, en ese momento uno empieza a pensar qué hacer, ¿no? La pregunta era: "¿Qué pasó? ¿Le negó la absolución?" Pero no hay que escandalizarse, el escándalo no sirve sino para alabanza del mal,no hay que escandalizarse.
"The Lord can do that", "el Señor puede hacerlo", el Señor puede restaurar ruinas, y lo emocionante de encontrar ruinas es ver cómo se reconstruyen las ruinas, es una cosa fascinante. De manera que la primera resonancia que tiene que nosotros seamos reconstructores de ruinas, es que desde hoy en adelante vamos a dejar de escandalizarnos.
"Que los noviazgos no sirven para nada", "que todos los noviazgos", "que esos novios que se consiguen", "que esas novias". Yo digo, entre paréntesis, que estoy pensando en poner una agencia de noviazgos.
Porque es un poco desesperante, no sé qué dirán otros padres, pero es un poco desesperante que uno habla con un muchacho y dice: "-No, padre, no, es que esas muchachas de hoy, no, no, no, es que no no, realmente no encuentro, no, no. Padre, es que usted las viera". "-Pero si las estoy viendo, hermano".
Bueno, el tipo se queja, no se qué, "padre, pero es que yo, padre, yo no me siento con vocación para sacerdote, yo quiero hacer un hogar, pero es que no encuentro, realmente no encuentro". Bueno, uno dice lo que puede, le entrega uno la novena de San Antonio, en fin, se va el muchacho.
Entra una muchacha: "Padre, yo realmente me siento con vocación de mamá, yo quiero hacer un hogar, pero es que esos muchachos de hoy esa gente no, uno los ve y todos quieren lo mismo, y todos son iguales, y todos son cortados con la misma tijera, y yo ya francamente no sé que hacer, padre".
Entonces, en algún momento, yo creo que dejaré de repartir novenas de San Antonio y empezaré a poner una agencia, habrá que hacer algo parecido para que se empiecen a encontrar unos con otras, porque los unos no encuentran con quién y las otras no encuentran contra quién, entonces así es difícil, así se dificulta.
Pues si los noviazgos parecen perdidos, y si todos los hombres son unos degenerados y todas las mujeres son superficiales y no sé cuántas cosas, "the Lord can do that", "el Señor puede cambiar eso".
Dejemos de quejarnos de que los noviazgos o no los noviazgos, cada uno desde su propia situación sabe lo que puede hacer, a mí me corresponde predicar y a ustedes les corresponde enoviarse, ¿de acuerdo?
O sea que a ustedes les toca una parte que contiene mucho más dolor que la mía, porque San Pablo dice que "ahí es donde viene la tribulación de la carne" 1 Corintios 7,28, sobre eso hablaremos en otra predicación.
Todo el mundo cree que la tribulación de la carne es para el que no se casa, porque entonces le queda la inquietud, aclararse una serie de dudas y problemas de biología, no, no es cierto. Para San Pablo la tribulación de la carne pertenece a los que tienen pareja, pero esa es otra predicación.
Lo cierto del caso es que miren, lo que dice aquí, "la reconstrucción de ruinas" Isaías 58,12, significa que nosotros somos el sabor del mundo, usted no espere un buen noviazgo, usted no espere una buena amistad, usted no espere buenos compañeros que nazcan silvestres.
Desde que la serpiente hizo lo que hizo, y nosotros le aceptamos, el bien no nace silvestre, esa es otra manera de traducir el pecado original. La enseñanza católica sobre el pecado original es esa, así, cortica y sencilla ees esa: "El bien no nace silvestre".
Eso significa que donde no ha pasado la mano llagada y redentora de Jesucristo, lo más probable es que vamos a encontrar traición, decepción, etcétera, etcétera.
El camino puede ser largo o puede ser corto; en cambio, entre la gente que ha sido redimida por Cristo, ¿qué vamos a encontrar? Más traiciones, más decepciones, ¿entonces dónde está la diferencia? Esa es una muy buena pregunta.
¿Dónde está la diferencia? La diferencia está en que Dios nos da una gracia para reconocer en dónde está el verdadero bien, e indudablemente nos da fuerza para trabajar en ese verdadero bien, otra cosa es que nosotros seamos obedientes o no a eso.
Bueno, reconstructores de viejas ruinas significa eso; pero reconstructores de viejas ruinas quiere decir otras cosas también. El Espíritu Santo no se desdice, entonces pasemos al segundo sentido de reconstructores en ruinas.
Hay instituciones, ya no estamos hablando de personas, ni de amigos, ni de novios, sino instituciones enteras que parecen arruinadas. Para mucha gente, por ejemplo, el sacerdocio es una institución que está arruinada, está mandada a recoger, eso no sirve.
En muchísimos lugares de Europa la Iglesia es una ruina, es curioso, en Europa, pues aquí me corregirán los europeos que hay, pero yo la actitud que veo en mucha gente en Europa es que entran en las Iglesias como visitando museos, como si se tratara de visitar las ruinas de la acrópolis, así entra la gente.
Y miran todo lo de la Iglesia como ruinas bien cuidadas, esa es la Iglesia para mucha gente, ruinas bien cuidadas ¿Y el Papa qué es? Una reliquia bien cuidada, ese es el Papa, y esa la Iglesia para la gente: ruinas y reliquias.
Los que tenemos cierta devoción o cierto gusto por el uso del hábito, continuamente experimentamos que la gente nos mira como animales raros, lo están mirando a uno como diciendo: "Mira, esta criatura como de uno con noventa y seis, ¿esto qué?"
Claro que ahí hay disculpa, porque no se sabe si es por lo del uno con noventa y seis o si es por el vestido, o es por qué, pero el hecho es que nos miran como si fuéramos ruinas, como si fuéramos reliquias.
En América Latina esto se nota menos, pero te repito, en Europa es impresionante, en muchos lugares de Europa es impresionante, y el lugar donde más lo sentí, -en ese época yo no estaba pensando en ser sacerdote-, fue en la muy alemana ciudad de Colonia.
Mi entrada a la catedral de Colonia fue de las cosas más tristes que yo haya tenido en mi vida, era una sensación de muerte, no la que había en la iglesia, sino la que había en la gente, como entraba y como vivía y como miraba, era como si les estuvieran exhibiendo los huesos de un Tyrannosaurus rex, ese es un dinosaurio por allá de otra época.
Nosotros somos restauradores en ruinas, la próxima vez que nos digan que la Iglesia está arruinada, sea en la economía, o sea en su vigor profetico, o sea en lo que sea, la próxima vez que nos digan que la Iglesia es una ruina y no vale la pena, ¿saben qué debemos hacer nosotros? Seguir el ejemplo de una santa del siglo catorce, Santa Catalina de Siena.
Santa Catalina tuvo una visión, -yo sé que ustedes se preguntan en qué tema no se metió Santa Catalina de Siena-, ella tuvo una visión en la que contempló el estado espiritual de la Iglesia, y lo que ella vio fue que la Iglesia era una mujer que tenía todo el rostro destruido, comido por la lepra, esa era la Iglesia, una Iglesia desfigurada, una Iglesia arruinada.
La Iglesia sigue en ruinas, en muchos lugares y en en muchos aspectos, y lamentablemente los pecados, especialmente de nosotros los sacerdotes, arruinan a la Iglesia de una manera espantosa.
En la diócesis donde vivo, hay un sacerdote que causó un daño tan espantoso, no sólo por la vida que llevaba, sino por la falta de fe, especialmente en la Eucaristía.
Es impresionante, en la gente de esa parroquia, oírle decir: "A nosotros no nos dolía tanto ni que el cura fuera borracho, o hiciera lo que quisiera con su sexo, lo que nos duele es que se le notaba que él no creía en nada de lo que celebraba".
Es muchísimo el daño que puede hacer un sacerdote, cuando nos digan de escándalos de sacerdotes y de las ruinas de la Iglesia y que la Iglesia es un museo, en ese momento tenemos que acordarnos de Isaías, no tenemos que defendernos.
Hay gente que se pone a defender a la Iglesia como el que da patadas de ahogado: "-Que la Iglesia es un museo", "-no, no, no es un museo, porque mire, observe que hay movimientos que están surgiendo, hay un renacer de la fe".
¡Qué renacer en la fe! Hay dos o tres fogoncitos; pero la mayor parte del mundo está helado de incredulidad y dándole la espalda a Dios, y no nos digamos mentiras, la próxima vez que nos digan que la iglesia está en ruinas y que el mundo está en ruinas, aceptemos el reto y digamos "Sí, claro que está en ruinas la Iglesia, no tengo miedo, esa es nuestra especialidad, reconstruir ruinas".
El fundador de los Legionarios de Cristo, Padre Maciel, una comunidad que está creciendo muchísimo en el mundo, de pronto uno puede tener algunos reparos sobre el estilo de él, o lo que uno quiera, todo es criticable en el mundo.
Pero el Padre Maciel es un hombre tan interesante porque él, cuando oía hablar de los problemas y pecados de la Iglesia, en vez tomar la actitud, -él era seminarista en esa época-.
En vez de tomar la actitud de: "En qué casa de locos o en qué clase de pocilga me entré, qué clase de porquería es esto de sacerdote, él, en vez de pensar eso, él lo que pensó es lo que estamos diciendo hoy: "Tenemos el Espíritu de Dios".
Acuérdate lo que dice la Primera Carta de Juan: "El que está en ustedes es más fuerte que el que está en el mundo" 1 Juan 4,4. Ese es el lema del padre Maciel, ese es el lema de todos los que queremos trabajar en la reconstrucción.
Sí, que el mundo está muy mal, que los sacerdotes están muy mal, yo no considero que yo sea un gran testimonio de sacerdote ni mucho menos, pero sí soy un enamorado de este texto, y de trabajar por reconstruir en las ruinas.
"-Sí, que hay mucho qpo hacer", "-maravilloso, quiere decir que no me va a faltar oficio; que el mundo está muy mal, "-bueno, ya tengo trabajo para el resto de mi vida"; "-que la Iglesia está en ruinas", "-esa es mi especialidad precisamente".
Ustedes dejen de defender a la Iglesia con argumentos infantiles, la Iglesia hay que defenderla, "porque Cristo la amó, -según dice Pablo en la Carta a los Efesios-, porque Cristo la amó y se entregó por ella" Carta a los Efesios 5,25, número uno; y hay que defender a la Iglesia porque el que está en nosotros es más fuerte que el que está en el mundo" 1 Juan 4,4.
Y hay que defenderla porque Cristo dijo: "Yo estáre con vosotros hasta el fin del mundo" San Mateo 28,20, y también dijo: "Las puertas del infierno no prevalecerán sobre la Iglesia" San Mateo 16,18, punto.
Por eso hay que defender la Iglesia, lo demás, si a mi me dicen que un sacerdote hizo, o deshizo, o no se qué, yo normalmente, cuando terminan de echarme toda la historia, les digo: "Mire, conozco otras veinte historias peores que esa, ¿hacemos un libro?"
Es lo mismo que ponernos a escribir historias de adulterio, ah, se pueden llenar libros de eso; depresiones y pesadillas de alcoholicos, se puede llenar un libro. Hacer la historia del pecado no tiene sentido, lo que tiene sentido es reconstruir ruinas.
La próxima vez que te digan que la historia está mal, cuando te vuelvan a decir eso, entonces tú vas a decir: "Creo que eso es cierto, y esa es nuestra especialidad". Hazlo, siquiera una vez, para verle la cara al otro .
Porque la gente siempre está esperando que uno empiece a defender,¿no?: "-Ay, que la Iglesia en el caso Galileo", ni saben lo que pasó en el caso Galileo, ¿Cuántos días pasó Galileo en la cárcel? Parece que pasó una tarde, no pasó más tiempo en la cárcel, él lo que tenía era una reclusión en su casa y el mismo Galileo reconoció que se había metido en una cantidad de temas de teología que no entendía.
¡Pero qué se va a poner uno a explicarle eso a cualquiera! La próxima vez que les hablen: "Ay, que el caso Galileo, que la Inquisición, que hay mucho cura homosexual", y cuando le hagan toda la lista grande, entonces usted se le quéda mirando a los ojos y le dice: "Estamos muy mal, pero esa esnuestra especialidad, reconstruirnos".
Inmediatamente la persona toma una posición distinta y usted tiene oportunidad de evangelizar; no pierda un sólo segundo para la evangelización.
El último sentido de reconstuir en ruinas que quiero compartirles, porque si no ustedes me dirán como recién me ordené, en esa época yo vivía en Chiquinquirá y entonces me decían "el padre eterno".
Resulta que el último sentido que quiero compartirles de esta recontrucción de ruinas, es que hay un momento en la vida en que nosotros mismos nos vamos volviendo ruinas, eso lo estudió muy bien San Pablo, porque San Pablo murió entre sesenta y setenta años de edad.
Y en la época en la que vivió San Pablo, llegar a esa edad, era llegar decrépito, porque el promedio de vida en la época en la que vivió San Pablo, que es la misma epoca de jesucristo, desde luego, el promedio de vida, según los estudios, estaba cercano a los cuarenta años.
Hoy el promedio de vida en el mundo está acercándose a los setenta años de edad; en el tiempo de Jesucristo eso estaba cerca de los cuarenta. Y San Pablo murió entre sesenta y setenta años de edad, es decir, era un decrépito en esa época.
Pues bien, San Pablo, en la Segunda Carta a los Corintios, habla del proceso de volverse ruinas, cuando se refiere a la tienda de campaña, es decir, al cuerpo que va perdiendo fuerzas, la memoria que se va yendo, y otros temas que no me acuerdo, el hecho es que esas son ruinas también, uno se va volviendo ruinas.
Lo doloroso de envejecer o lo doloroso de enfermarse es que uno se vuelve ruinas, y el gran mensaje de la reconstrucción de las ruinas termina siendo, en versión escatológica, el mensaje de la resurrección.
Es muy distinto envejecer únicamente sintiendo que cada vez valgo menos, cuento menos y puedo menos, a envejecer sintiendo: "También de estas ruinas me levantará el poder Señor Resucitado". Y tenemos que vivir, y tenemos que enfermarnos, y tenemos que morir, sabiendo eso: "También de estas ruinas me levantará el Señor Resucitado, de aquí me levanto y me levanto resucitado".
Que Dios nos permita comulgar con esa fe, que Dios nos permita recibir a Jesús en la ultima hora, sabiendo que ese es el viatico, hermosísimo nombre que se le da a la hostia en ese instante, que ese es el viático para la eternidad, y que el mismo Jesús que besa tu boca despidiendo esta vida, te abraza y te besa llegando al cielo, esa es nuestra esperanza.
El que es capaz de reconstruirme, que soy ruinas, que me estoy envejeciendo, sí, si, lo acepto con serenidad, como lo manifiesta el Papa Juan Pablo en su propia carta sobre la ancianidad: "Saber envejecer".
Sí, nos volvemos ruinas, no lo neguemos. El que se enferma, el que decae en su salud, el que se hace anciano, se vuelve ruinas, todos nos volveremos ruinas; ustedes no estarán así de bonitos o de poco feos para siempre; toda situación es susceptible de empeorar, no se le olvide.
De manera que envejeceremos y llegaremos a ser ruinas.
Para una persona sin esperanza, como Virginia Woolf eso significa solamente una cosa: "Tengo que suicidarme", ella entró en una depresión, sintió que iba a perder para siempre la razón y dijo: "Antes de terminar de enloquecerme, acabo conmigo", se suicidó.
Sólo hay dos maneras, la desesperación ante las ruinas de la vejez, la enfermedad, el abandono, o esta serena esperanza: "Estoy unido al Reconstructor de ruinas, y el mismo Cristo que me abraza para despedirme de esta vida, ese mismo Cristo será mi alimento, mi alegría y mi beso en la eternidad".
Sigamos nuestra celebración, alimentémonos del que nunca muere, del que es la fuente de nuestra vida y del que es capaz de reconstruirnos.
Amén.San Mateo 16,18