K056001a
Fecha: 19980404
Título: La descripcion de nuestras cobardias
Original en audio: 8 min. 33 seg.
Los capítulos diez y once de San Juan son muy duros porque nos cuentan algunas de las controversias, discusiones, polémicas, entre Jesús y algunos representantes del pueblo judío.
La lectura que escuchamos hoy en este último sábado de la Semana Mayor, es como un balance de la obra de Cristo. ¿Qué quedó de tanto esfuerzo, de tanta oración, de tantos milagros, de tantos perdones? ¿Qué quedó?
La lectura de hoy nos presenta este balance. Muchos que habían venido a casa de María la de Betania, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en Él, muchos creyeron en Él, pero otros decidieron darle muerte.
Es un poco rara la explicación que dan, los argumentos que se presentan para darle muerte es un poco raro. "Este hombre hace muchos milagros" San Juan 11,47. Ese es el problema. "Si lo dejamos seguir, todos creerán en Él y vendrán los Romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación" San Juan 11,48.
Es un argumento un poco raro: "Si Jesús sigue haciendo milagros, van a creer en Él; si todos creen en Él, vendrán los Romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación" San Juan 11,48.
¿Por qué, por qué así? Porque los romanos iban a destruir el lugar santo. La explicación está en la primera lectura. Había oráculos que decían que David iba a volver a pastorear a todo Israel, a Israel y Judá: "Y mi siervo David los pastoreará" Ezequiel 37,24. Son oráculos mesiánicos, oráculos que dejaban la esperanza puesta en una restauración del Reino.
De manera que cuando los judíos ven, que cuando estos judíos dirigentes ven que Jesús hace muchas señales y que la gente está creyendo en Él, el miedo que tienen es ese.
Van a pensar los judíos que este es el David que pastorea a todos y entonces van a declararse independientes, reino independiente, y entonces los Romanos no se van a aguantar eso y nos van a aplastar. Esa es la explicación, esa es la descripción más completa del argumento.
Humanamente hablando eso es perfecto, eso es perfectamente razonable, es decir, este es un razonamiento político muy bien hecho, perfectamente hecho, espantosamente bien hecho.
Si la gente cree en Él, van a creer que ya está reinando Dios, y ya no se van a aguantar las esclavitudes de los Romanos, y ya los Romanos nos van a destruir.
Es un razonamiento hecho desde la política, es un razonamiento hecho mientras se mira el Templo que ha costado tanto trabajo reconstruir, es un razonamiento mientras se mira la nación donde ellos son gente importante, es un razonamiento hecho desde la carne, un razonamiento hecho desde la mediocridad: "Mejor conservémos el bien que tenemos y no nos arriesguemos a un bien mayor."
Como quien dice, es un argumento que sopesa y dice: “Sí, podría ser el Reino de Dios y podría ser todas esas cosas, pero nos van a destruir; mejor esta paz, mejor esta estabilidad, este relativo bienestar que tenemos con los Romanos y no un espectacular Reino de Dios que va a suponer persecución, que va a suponer sangre, martirio.
Quedémonos con un bien mediocre, pero seguro; y no luchemos por un bien mayor, pero inseguro. Ese es el resumen.
Y esta actitud de los judíos no es solamente de los judíos, es también actitud de la carne de uno. Esta es la descripción de todas las cobardías de uno. Quedémonos con un bien mediocre, pero seguro; aquí estoy cobijadito, aquí estoy bien, y no luchemos por un bien que parece mayor pero que es inseguro.
Y es que estos judíos tenían razones para tener miedo por que los romanos no se andaban por las ramas. El castigo para los rebeldes era precisamente la cruz. Eso de que Cristo murió crucificado no es un accidente, Cristo murió crucificado por que ese era el castigo contra los rebeldes que levantaban altaneramente, atrevidamente contra el poder del águila imperial, contra el poder romano.
De manera que lo que hay aquí, y eso es lo que dice Caifás, lo que hay aquí es: "O crucificamos a este, o nos crucifican a nosotros; porque si nosotros no acabamos con Él, si nosotros no nos mostramos aliados del César, si nosotros dejamos que esto crezca, entonces vamos a quedar todos juntos de rebeldes y entonces nos van a crucificar a nosotros."
De manera que el problema que se plantea es ese: "O la cruz de Él, o la cruz para mí; o lo matan a Él, o me matan a mí"
Jesús sabía todas estas cosas, Jesús sabía de la violencia de los Romanos y sabía de la política de la gente, Él sabía esas cosas, estos argumentos no eran nuevos para Él, estos argumentos eran conocidos para Él.
Y estos argumentos son los que le van dando a Cristo el pulso de la situación, qué tan grave está la situación. Por eso Él hablaba de una hora que estaba por venir, Él sabía que esto tenía que explotar en algún momento.
No era un secreto para nadie cómo trataban los Romanos a los rebeldes y no era un secreto para nadie la extraordinaria diplomacia, la sagacidad increíble de los judíos para asegurar una independencia religiosa y al mismo tiempo parecer súbditos de los Romanos.
Y no era un secreto para nadie y menos lo era para Cristo, y por eso la lectura de hoy, como muy poquitos evangelios, termina con una pregunta, qué originales los liturgistas: "¿Qué os parece? ¿no vendrá a la fiesta?" San Juan 11,56.
Una pregunta, la lectura de hoy termina en punta, termina preguntando qué pasará, ahora qué va a ser, que en últimas es: "¿Cual de las dos cruces, la nuestra o la de Él? ¿O morirá todo el pueblo o morirá Él? Qué es lo que va a pasar?"
Y esta es la mejor preparación para nuestra celebración de mañana, Domingo de Ramos, la gran respuesta está en la entrada de Jesús a Jerusalén, cuando el va camino de Jerusalén, necesariamente tenía que saber que iba camino de la cruz.
Esto explica por qué Jesús cuando hablaba con los discípulos ya mencionaba la cruz. Él, algunas veces dijo: "Me van a matar" Marcos 10,43, hubo veces en que dijo expresamente: "Van a crucificar al Hijo del hombre, me van a crucificar" San Mateo 26,24.
Esta problemática estaba en el corazón de Jesús y Él sabía a dónde se dirigía cuando entraba a Jerusalén.