K035009a
Fecha: 20110401
Título: Agradecer al Senor los fracasos que experimentamos con los idolos porque son ocasion de salvacion
Original en audio: 4 min. 20 seg.
Oseas, capítulo catorce, de ahí es tomada la primera lectura en la Misa de hoy.
Este es uno de los profetas llamados menores, no porque sea menor su importancia, sino porque los libros de estos profetas menores son comparativamente de menor extensión que los llamados profetas mayores; los mayores son: Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel.
Oseas, en cambio, pertenece a ese grupos de profetas que tienen escritos de menor extensión, pero no de menor importancia. En este caso, por ejemplo, Oseas nos muestra en dónde está la raíz de nuestra resistencia a Dios, y la respuesta es muy sencilla: es que tenemos otros dioses.
Es decir, todo pecado es siempre un atentado contra el primer mandamiento de la Ley de Dios. Porque si el primer mandamiento lo que pide es que adoremos al Señor nuestro Dios, que lo amemos con todo nuestro corazón y con todas nuestras fuerzas, pues la idolatría es robar ese tributo, robar ese honor y amor que Dios merece para dárselo a los ídolos.
Y los ídolos son muchos. Algunos protestantes creen que el problema de los ídolos es un problema de imágenes, es decir, imágenes de madera o de yeso. Esa es una distracción tonta, esa manera de hablar de los protestantes. Porque sucede que ningún católico va a creer que una imagen de yeso o que una imagen de madera es la que tiene el poder.
Ni la madera ni el yeso tienen poder; esas imágenes cumplen una función básicamente pedagógica: nos sirven para recordar la santidad y las virtudes de las personas allí representadas. El problema no está ahí, el problema no está ni en el yeso ni en la madera, el problema está en los amarres, en la ataduras, en las cadenas que tiene el corazón.
Y esto es lo que encontramos también en el capítulo doce del evangelio según San Lucas, que corresponde al evangelio del día de hoy.
De lo que se trata en ambos casos es de dejar la idolatría, de lo que se trata es de dejarnos cautivar por Dios, y hay algo muy hermoso: con mucha frecuencia nosotros descubrimos la falsedad de los dioses porque esos dioses, que por supuesto son mentira, nos engañan, nos decepcionan.
Entonces, quiere decir que los fracasos, las decepciones que experimentamos con los ídolos son ocasión de salvación. Muchas veces, que un negocio turbio salga mal, es una gran bendición,prque eso nos aparta del ídolo del dinero. Si una relación sucia, impura se daña, ¡aleluya, bendito sea Dios! Porque entonces ese ídolo del placer cae estrepitosamente.
Si uno está tratando de mantener una imagen, y ese también es un ídolo, la imagen, la vanidad se vuelven ídolos, y de repente queda claro a todo el mundo que yo no soy lo que parecía ser, y mi imagen se resquebraja, ¡bendito sea Dios! Entonces cayó el ídolo, y cuando caen los ídolos mentirosos, suele levantarse la verdad de Dios.
Por eso hoy es un día también para agradecer al Señor, yo diría una buena parte de nuestros fracasos y cosas que nos han salido al revés, porque en esas decepciones aprendemos a reconocer que sólo Dios es firme, que sólo Él es estable, que sólo Él merece todo honor y todo amor.