K022004a
Fecha: 20020226
Título: Aprende a hacer el bien
Original en audio: 7 min. 23 seg.
Hermanos:
Toda la Cuaresma es un gran llamado a la conversión, toda la Cuaresma es una invitación a dejar las malas obras, los malos pensamientos, las malas palabras, y aprender a descubrir y a practicar las buenas obras, los buenos pensamientos y las buenas palabras.
Podemos decir que la Cuaresma es como un gran retiro espiritual que realizamos cientos de millones de personas durante muchos días junto con Cristo, mirando a Jesucristo, escuchando a Jesucristo, recibiendo el ejemplo y el bien de la oración de Cristo.
Y las lecturas de hoy ciertamente van en esa línea: "Lavaos, purificáos, quitad de mi vista vuestras maldades" Isaías 1,16.
Estas son las palabras que hemos oído en la primera lectura, la del Profeta Isaías: "Dejad de hacer el mal" Isaías 1,16, y sobre todo lo segundo: "Aprended a hacer el bien" Isaías 1,17. Curiosa frase.
El mal como que no tienen que enseñárselo a uno mucho, en cambio saber hacer el bien, porque a veces uno hace el bien pero lo hace mal, es hacer bien el bien, y para eso necesitamos educarnos y aplicar nuestro pensamiento y nuestra voluntad a esa obra, que es la obra de la vida.
Deja de hacer el mal, aprende a hacer el bien. Y el evangelio nos muestra cuál es la primera característica, cuál es la primera lección en eso de aprender a hacer el bien.
Cristo pone como cimiento, en esa nueva vida que estamos llamados a llevar todos, la humildad, la interioridad, la sinceridad. Estas tres cosas van unidas en el evangelio de hoy.
No seas aparente, no seas hipócrita, no obres para que te miren otros, no trates de convencer a nadie, no busques reconocimiento ni aplausos humanos; busca en tu corazón, en la sinceridad de tu interior, esa verdad que sólo Dios conoce, que sólo Dios mira.
Y por eso Jesús denuncia la actitud de aquellos hombres de su tiempo: los escribas y los fariseos. Jesús sintetiza la virtud falsa de esos hombres diciendo: "Todo lo que hacen es para llamar la atención de la gente" San Mateo 23,5.
El primer cimiento para aprender a hacer el bien es la actitud sincera, interior, auténtica, verdadera, en conciencia, genuina ante la mirada del Altísimo. Ahí se empieza a construir todo. No importa el reconocimiento de la gente, no importa el aplauso ni la admiración, importa la verdad de un corazón que se pone ante Dios y le dice:
"Tú sabes quién soy yo, pero desde esa verdad de mi corazón, hay un deseo nuevo esta vez, un deseo que tú mismo has sembrado en mí. Tú me has llamado a una vida nueva y aquí, en la sinceridad de este diálogo, en este coloquio íntimo contigo, hoy te quiero decir: Señor, sí, te acepto, acepto tu propuesta, quiero hacer tu voluntad; soy débil, ayúdame; he prometido tantas veces y no he cumplido, ayúdame, quiero ser verdadero ante ti, quiero recibir tu propuesta".
Hermanos, una hermosísima experiencia de Dios vamos a tener si seguimos esa recomendación que nos da Cristo, nuestro Jefe, nuestro Maestro.
Un corazón sincero que busca con pureza la gloria de Dios, que reconoce su fragilidad y que así, sin buscar reconocimiento ni honores pasajeros, verdaderamente se pone en el camino de la salvación. Ese es aprender a hacer el bien.
Que Dios con su Espíritu confirme los buenos deseos que esta palabra ha hecho nacer en nosotros.
Amén.