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La primera lectura de hoy está tomada del capítulo 19 del libro Levítico, hay un buen número de consejos en ese capítulo y la manera cómo la Iglesia ha escogido los versículos que se proclaman, hacen de esta primera lectura un verdadero manual para reformar nuestra vida. Cuantas recomendaciones saludables en un pasaje relativamente breve, sobre todo una recomendación, una que no debemos olvidar: “seréis santos porque yo el Señor vuestro Dios soy santo”, el llamado a la santidad, que ha tomado un nuevo impulso, me parece, a partir de los textos del Concilio Vaticano II, debe a resonar con especial fuerza en la Cuaresma.
Las prácticas de la Cuaresma, de algún modo sirven para que quitemos, como el que limpia una mesa, como el que se baña, quitemos el mugre, la costra de olvido, de negligencia, de mediocridad, que sin cesar se pega a nuestra piel y sobre todo a nuestro corazón. Desprendamonos de esa mediocridad y descubriremos que el fondo de nuestro corazón sigue teniendo el anhelo de inocencia de un niño, el anhelo de victoria de un joven y el anhelo de sabiduría de una persona mayor. Inocencia, entusiasmo, sabiduría, son palabras que bien entendidas miran hacia ese ideal magnífico, el ideal de la santidad.
Es interesante en los versículos del capítulo 19 del Levítico, ver cómo se condensa ese buscar la santidad. Básicamente quiero destacar tres cosas: primero, hay un paquete de recomendaciones que nos invitan a evitar lo que hace daño, despreciar al que tiene una limitación, al que tiene un problema, eso nos hace daño, despreciar al que es débil nos hace daño, porque todos seremos débiles un día, así que no se puede caer en eso; ser injusto, aunque sea por favorecer a un pobre, no hace bien, ese no es el camino; evitar el daño, no odiar al hermano, el odio hace daño, el odio te enferma, el odio te destruye, evita el odio. Es decir, hay una serie de recomendaciones de cosas que hay que evitar.
Luego hay otras sugerencias, que nos invitan a mirar hacia lo alto, aquello de ser santos, aquello de recordar que Él es el Señor, que el Señor es el Señor, el señor de mi vida ya no soy yo, el señor de mi vida no es el gobierno, el señor de mi vida no es el parlamento, el señor de mi vida no es mis clientes, lo que ellos digan, lo que ellos quieran; no son mis votantes, lo que ellos prefieran, el Señor de mi vida es Dios; ese es otro paquete de recomendaciones.
Luego hay otras sugerencias que nos invitan a ser realmente buenos, a hacer el bien; por ejemplo la corrección fraterna, que frase tan oportuna: “reprenderas a tu pariente para que no cargues con su pecado”; ilustrar, iluminar a otros, mostrar el camino del bien, hacer lo bueno y mostrar lo que es bueno.
Evitar el mal, tener la mirada puesta en Dios, construir el bien; recomendaciones sencillas y sensatas que harán de esta Cuaresma una diferencia en nuestra vida.