Interpretación de Pasajes Difíciles - 1
Original en audio.
En esta serie de reflexiones vamos a hablar sobre el ejercicio de la contemplación.
Siguiendo algunos ejemplos de Santo Domingo y tomando algunos pasajes de la Sagrada Escritura, casi siempre, cuando uno encuentra un pasaje que es difícil de entender, uno le hace el quite se aparta, no piensa mucho en eso, o a veces siente que esta puede ser una curiosidad inoficiosa.
En realidad hay muchas cosas extrañas, especialmente en la Biblia. Y si nosotros partimos de la base de que Santo Domingo, nuestro Padre, fue un enamorado de la Sagrada Escritura, un hombre que vivió en la Palabra y para la Palabra.
Entonces uno dice: "Cuál sería la mejor actitud, cuál sería la mejor respuesta que un alma contemplativa podría tener cuando se llega a estas dificultades, a estos pasajes difíciles?"
Llamamos pasajes difíciles a aquellos que presentan como una contradicción, aquellos que nos muestran algo que no es muy ejemplar, aquellos que por su lenguaje o por otra razón resultan oscuros. Es verdad que uno tiene que evitar la curiosidad porque la curiosidad puede ser estéril, pero el deseo de comprender no es estéril, es fecundo.
A mí me inspira mucho lo que dijo la Santísima Virgen María cuando el Ángel le anunció que Ella iba a ser la Madre de Dios y Ella pregunta: "¿cómo será esto?" San Lucas 1,34. Esa pregunta de Ella es deseo de comprender, es deseo de entender: ¿Cómo será esto? San Lucas 1,34.
Por eso, nosotros no hemos de sentirnos mal si a veces queremos precisamente comprender. Hay que evitar extremos, a ver si nos vamos entendiendo: un extremo es que uno dice: “Lo que yo no entienda, no ha sucedido o no es verdad".
A veces la mentalidad secularista, racionalista de nuestro tiempo quiere obrar así: "Si yo no puedo entender la resurrección de Cristo, quiere decir que no resucitó"; "si no puedo entender cómo nació de una virgen, quiere decir que no nació de una virgen"; "si yo no puedo entender cómo es que Él hace milagros, entonces no hay milagros"; "si yo no puedo entender cómo es que hay Ángeles, entonces no hay Ángeles".
Ese es un extremo, extremo reprobable, extremo que quiere tomar a la razón humana como juez último de todo lo que se puede conocer, y eso no corresponde con nuestra fe. Ese extremo hay que evitarlo, ese extremo se llama racionalismo, eso hay que evitarlo.
Pero también está el otro extremo, que es la persona que no se acerca finalmente a la Palabra de Dios, o que sólo saca de la Palabra lo que ya sabe, es decir, únicamente se limita a repetir la misma enseñanza ,casi siempre una enseñanza moralizante, a partir de la Escritura, y evita aquéllos pasajes o aquéllos textos que pueden ser más difíciles.
Vamos con ejemplos concretos. Abraham recibe una orden de Dios: “Me vas a sacrificar a tu hijo” Génesis 22,2. Bueno, eso trae una cantidad de dificultades. Eso está en el Capitulo 22 del Libro del Génesis.
A ver, ¿cómo es que Dios le dice a Abraham que sacrifique a su hijo? Eso es mandar algo que es un pecado, y un pecado de la peor calaña. ¿Cómo es que Dios ordena eso? Entonces, una actitud que alguna persona puede tomar es: “Yo no entiendo eso, pero eso está en la Biblia, por alguna razón quedó ahí, algún ejemplo bueno se podrá sacar de eso", pero en el fondo se esquiva, se evita ese pasaje.
Yo no estoy de acuerdo con ese otro extremo. Dijimos que hay un extremo que es el racionalismo, pero el otro extremo que lo podemos llamar ideismo es simplemente evitar el pasaje difícil, evitar el texto difícil.
¿Por qué Cristo resucitado no fue reconocido por sus Apóstoles? No sabemos. ¿Por qué Dios manda tantas veces en el Antiguo Testamento que vayan a la guerra y que exterminen a los otros pueblos? ¿Qué clase de Dios es ése? No sabemos.
Pero entonces, si nosotros tomamos la actitud fideista de “no sé, yo no comprendo, pero yo dejo así”, ¿qué pasa? Que hay otros que entonces dicen: “Bueno, yo tampoco comprendo, pero yo rechazo eso”.
Y vamos a ver que por ejemplo en esta Europa del Siglo XXI la gente repite esos pasajes y esos mensajes de la Biblia como argumentos para decir: “Yo no puedo creer en Dios, cómo puede haber un Dios si Dios está mandando que exterminemos a los enemigos? ¿Cómo puede haber un Dios si Dios permite tantas cosas como las que aparecen en el Antiguo Testamento?.
Entonces, nuestro propósito en esta reflexión ¿cuál es? Nuestro propósito es: evitar esos dos extremos. El fideísmo consiste en que yo no me hago ninguna pregunta, yo no entiendo pero yo dejo la Biblia así, o incluso, miro a la Sagrada Escritura como un libro peligroso; me refugio más bien en unos libros que sean más seguros.
Y esta fue actitud que se tocó en la Iglesia Católica, ¿no? Se evita la Biblia y más bien nos vamos a los libros de devoción, libros seguros, estos son libros que sí nos enseñan cuáles son las virtudes y donde el bien y el mal están tan claros, como el blanco y el negro del hábito dominicano.
Esa es una actitud que se ha tomado en la Iglesia Católica. El problema de esa actitud es que si nosotros no tomamos la Escritura con toda su fuerza, con todo su mensaje, terminamos entregándola, por ejemplo, a las sectas, los protestantes.
Mira, todo lo que la Iglesia descuida, alguien lo va a tomar. Si la Iglesia descuidó el problema social, que sucedió de hecho en buena parte del Siglo XIX, ahí está el comunismo. Si la Iglesia descuida a los jóvenes, ahí tenemos las pandillas y ahí tenemos a los muchachos que poco les interesa la religión.
Si la Iglesia descuida la causa, la necesidad de las mujeres, y la discriminación y violencia contra ellas, ahí tienes el feminismo. Es decir, lo que nosotros descuidamos como Iglesia alguien lo toma y lo utiliza luego en contra de la Iglesia.
La Iglesia durante años y años dejó de predicar sobre los Santos Ángeles; ahí está todo este movimiento que se llama la Nueva Era y ahora está con que "tu ángel y el mensaje de tu ángel" y no se qué los ángeles, pero de una manera esotérica y de una manera contraria a nuestra fe.
Todo lo que nosotros descuidamos alguien lo va a tomar y lo va a utilizar contra nosotros. Por eso la única manera de ser católicos, la única manera de ser de Cristo, es tener en cuenta que el señorío de Jesús tiene que extenderse a todas las áreas: de la vida personal, de la vida social y de la vida pública y de la vida eclesial, y por supuesto tiene que tener que ver con la Sagrada Escritura, tiene que tener esa base en la Palabra de Dios.
Por esa razón, yo no estoy de acuerdo con el estilo fideista: "Es complicado, luego yo no me meto con esto", que era un poco lo que se le enseñaba a la gente, ¿no? "Doctores tiene la Santa Madre Iglesia que os sabrá responder, de manera que yo no entro en ese texto difícil, eso yo no lo comprendo, ahí queda". No es buena idea porque alguien lo toma.
Por ejemplo, todos estos textos de violencia del Antiguo Testamento, los toman los enemigos de la Iglesia para decir: “En este Dios no se puede creer”, “nosotros tomamos la bandera de la paz”.
Est,e por ejemplo, es un problema gravísimo que estamos viviendo ahora aquí en España. Resulta que la Izquierda socialista se quiere presentar como “mensajera de la paz”. "Nosotros, dicen los de la Izquierda socialista, nosotros somos los que sí acogemos a todos, los que sí practicamos la tolerancia, los que sí practicamos el encuentro y diálogo y abrazo de civilizaciones”.
Entonces viene a suceder que parece, desde esa perspectiva, parece que ser cristiano es ser recalcitrante, partidista, enemigo de la paz.
¿Y qué hay detrás de eso? Detrás de eso hay la idea de que el Dios de la Biblia es un Dios violento, y por consiguiente, la manera de alcanzar la paz es apartándose de ese credo tan estricto, apartándose de ese credo tan absoluto, ahora lo único que vale es ser relativista.
Como dice el Papa Benedicto, "que es la enfermedad de nuestro tiempo, el relativismo", relativismo que consiste ¿en qué? En que uno no debe tomar ninguna creencia demasiado en serio, porque si uno está demasiado convencido de lo cree, uno se vuelve dogmático y se vuelve intolerante para la verdad de otros.
Entonces vamos ubicándonos. Fíjate todas estas vertientes que tienen las reflexiones que vamos a compartir. Queremos hablar de contemplación, pero queremos hablar de una contemplación que tiene su base en la Palabra, y queremos aprender a acercarnos a los pasajes más difíciles de la Escritura, porque si no los tomamos, alguien los toma, y si no los aprendemos a digerir y a aprovechar, alguien los aprovecha mal para sus intereses y en contra de la Iglesia.
Bueno, esa es como la introducción, evitar el racionalismo, evitar el fideismo, tomar la Palabra de Dios, y buscar en ella orientación y buscar en ella luz, también en esos pasajes que son más difíciles.
¿Por qué lo hacemos? Bueno, porque si están ahí están para provecho nuestro y porque si nosotros no aprovechamos esto, alguien lo utilizará en contra de nuestra fe y de nuestra Iglesia. Ahí termina la introducción a esta serie de reflexiones.
Pasamos a la segunda parte entonces. Terminada la introducción. Queremos buscar pasajes que nos resulta difíciles de entender. Muchos de ellos son pasajes del Antiguo Testamento. El elemento fundamental que nos va a servir de criterio, sobre todo para el Antiguo Testamento es este: la revelación de Dios es progresiva. Este es el primer punto que debe quedar claro.
Dios se revela a la humanidad en un pueblo, o mejor, a un pueblo y a través de ese pueblo se revela a la humanidad. Ese pueblo elegido es el pueblo de los hijos de Abrahám, Isaac, Jacob, es el pueblo de Israel; la revelación es progresiva. Ese es el primer gran criterio.
Dios ha hecho camino, nos dice el libro del Deuteronomio: “Como un hombre lleva de la mano a su hijo, así Dios te ha conducido por el desierto” Categoría: Deuteronomio 001_031. Nuestro primer criterio es la revelación es progresiva porque Dios se ha mostrado a su pueblo caminando con él, ha hecho camino con él. Punto número uno.
Segundo criterio, el lenguaje de Dios se adapta a lo que se puede comprender en cada momento, en cada lugar, por cada persona. Esto va como una consecuencia natural de lo anterior. Si la revelación es progresiva entonces Dios va adaptando su lenguaje.
¿Y esto qué quiere decir? Que creer en Dios y aceptar el mensaje de Dios es algo que va tomando un lenguaje que se va haciendo más perfecto a medida que camina el pueblo con Dios, o Dios con el pueblo. Eso tiene una cumbre ¿cierto? Eso tiene un punto máximo, y ese punto máximo se llama Jesucristo. Este es el tercer punto. La revelación mira hacia Jesucristo.
Con esos tres criterio ya podemos empezar a resolver algunas de las dificultades que encontramos sobre todo en el Antiguo Testamento. Repito, Dios hace camino con su pueblo. El lenguaje de Dios se adapta a cada circunstancia, a cada tiempo, a cada oyente.
Es lo más natural, porque si se va a hacer una comunicación pues uno tiene que dar el mensaje en el lenguaje que puedan entender las otras personas. No tendría sentido si yo pudiera hablar mandarín, no tendría sentido que yo empezara a hablar aquí en mandarín, a que nadie me entendiera, eso no tendría sentido.
El lenguaje tiene que tener un punto de encuentro entre lo que Dios nos quiere dar y lo que nosotros podemos entender. Y resulta que la humanidad ha pasado por distintas etapas, y en concreto el pueblo de la alianza ha pasado por distintas etapas. Entonces el lenguaje va cambiando.
Y en tercer lugar ese lenguaje encuentra su plenitud en Jesucristo. Cristo como plena revelación de Dios. Añadimos esos tres principios se llaman hermenéuticos.
La palabra hermenéutica viene del griego y significa interpretación. Cuando hablamos de los principios hermenéuticos, estamos diciendo: “Estos son los criterios básicos de interpretación de la Escritura, especialmente del Antiguo Testamento".
Dios le habla al hombre donde lo encuentra y como lo encuentra. ¿Y cómo lo encuentra? Mal, mal, lo encuentra mal, porque lo encuentra herido por el pecado propio y por las consecuencias de los pecados de otros.
Entonces, Dios le habla al hombre así como lo encuentra. Estos son los tres criterios hermenéuticos: Dios hace camino, Dios adapta su lenguaje, y Dios nos ha dado la plenitud en Cristo. Tres criterios hermenéuticos. A eso le añadimos criterios históricos.
Como ustedes tienen una memoria prodigiosa pues yo veo que todo lo van guardando ahí, en su mente, aquí nadie necesita apuntes ni nada porque todo queda grabado en el "disco duro", ¡es algo maravilloso!
Criterios históricos, luego en la siguiente sesión con un examen, la que no pase, pues tiene que presentar habilitación.
Entonces, criterios históricos. El principal de ellos es: las formas de asociación de los seres humanos han cambiado radicalmente, a través de los siglos, los lugares y las culturas. Bueno, esto es una verdad que es apenas evidente.
Pero luego vamos a ver cómo esto se aplica a muchas cosas, porque entonces tenemos que describir, aquí viene el segundo criterio histórico, qué clase de ambiente tenía este pueblo de Dios, especialmente en la época de Abrahám, de Isaac, de Jacob.
Entonces, Abrahám vivió hacia el año 1800 a.C., algunos dirán 1750, otros dirán 1850, es más o menos 1700 años antes de Cristo vivió Abrahám. No había Naciones Unidas, no había Tratado de Ginebra, no había países, no había naciones, no había Código Civil, no había Código Penal, no había Cortes, ni jueces, ni jurados, ni policía.
Cuando decimos en el primer criterio histórico que las formas de asociación de los seres humanos han cambiado, quiere decir que tenemos que desprendernos de lo que para nosotros es natural, lo que para nosotros es obvio.
La primera reacción, por lo menos en nuestra sociedad occidental, la primera reacción cuando uno recibe un daño en su propiedad es ir a la policía, es lo primero. Si aconteciera, Dios nos libre pero si acontece un robo, lo primero que uno hace es un denuncio.
Bueno, ¿dónde están las estaciones de policía en el tiempo de Abrahám? No existe la policía, ah, pues entonces se pronuncia o se hace una denuncia, ¿ante cuál juez? No hay jueces.
Entonces uno tiene que adaptar su mente a las circunstancias de ese momento, porque acuérdate de los tres criterios hermenéuticos que tenemos. El primero: Dios hace camino; el segundo: Dios adapta su lenguaje; y el tercero: todo va girando hacia Jesucristo. Tres criterios hermenéuticos.
De ahí hemos pasado, o estamos pasando a los criterios históricos. El primer criterio histórico es que los seres humanos en distintos lugares, en distintos tiempos y en distintas culturas eso es en distinta manera.
Un amigo de ustedes y que empieza a serlo mío, este señor Antonio, el famoso Antonio, me venia conversando porque no es un hombre tímido, me venia conversando; la esposa de él es una señora del Perú. Bueno, estamos hablando no de Palestina en el siglo XVIII antes de Cristo, estamos hablando de Perú en el siglo XX, Perú, donde se habla la misma lengua, donde hay jueces, policías, códigos.
Bueno, este hombre cuando llega a Lima entra en shock, porque resulta que el taxi en el que él iba viajando no sigue, lo que a uno le puede parecer normal en Europa, cada automóvil, cada coche va por su carril, las luces, los semáforos, las luces del tráfico se respetan, ¿no? Lo que él se encuentra en las calles de Lima es que el criterio único del taxista es: "Yo a esta gente la llevo porque la llevo".
Y entonces se mete por donde puede, cambia de carril tres, cuatro, cinco veces, se ve inminente el accidente, este hombre se tapa los ojos, se lleva las manos a la cabeza, el taxi toma esa curva, él dice: "Nos hemos volteado, aquí, aquí morimos, vida triste la mía terminar acá". Él entra en shock porque la manera de conducir ahí en Lima, pues, ya ves, cómo funciona.
Me cuenta también que le han robado en un hotel en un hostal, donde en algún momento fue, lo robaron a él o los robaron a ellos, a ellos dos, y lo que parece natural para él es: "El hotel tiene que responder, tiene que responder", porque él siente que “tiene que”, porque él viene de España, y resulta que en España si a ti te pasa algo de eso en un hotel, el hotel es el más interesado en pagarte lo que sea conveniente y necesario.
Entre otras cosas, porque no quieren perder a un cliente, porque saben que aquella persona que tiene una experiencia tan trágica como que lo desvalijen, pues esa persona jamás volverá a ese lugar. Pero en Perú, en el siglo XXI lo que este hombre se ha encontrado es: “Aquí no se puede, aquí las cosas funcionan de otro modo”.
Intenta de una manera u otra hablar o con la dueña o con la gerente del hotel ese y la señora nunca aparece. No estamos hablando de Palestina en el siglo XVIII estamos hablando de Perú en el siglo XXI.
Por supuesto que Perú tiene otros aspectos mucho más amables, pero desde la comida hasta el tráfico o la policía, los delitos que se cometen o no se cometen, todo es diferente. Y si uno se pone a analizar la diferencia es muy pequeña, pero cuánto impacto ha tenido en él, que apenas ha sabido que yo vengo de Latinoamérica, pues él tiene que contarme su mala experiencia de Latinoamérica, aunque no todas las experiencias han sido malas, repito, pero por lo menos eso le ha golpeado de una manera terrible.
Bueno, caigamos en cuenta, por favor, de cuál es el ambiente aquí. Cuando hablamos de Abraham, de Isaac, de Jacob, cuando hablamos del siglo XVIII ¿qué significa protegerse? Cuando uno habla de tolerancia en el siglo XX, en el siglo XXI, la tolerancia es: bueno, parece como natural, ¿no?
Bueno, si otra persona me dice: "-Mira, yo creo en el Buda", bueno, pues me va a pesar, "pero allá tú con tu Buda"; "-yo creo en Alá", "-bueno que ese Alá te cuide si tú quieres".
Normalmente yo no siento una amenaza en la persona que tiene una fe distinta o unas costumbres distintas, pero si yo voy a este tiempo y a este lugar, las cosas son muy diferentes, porque mi única defensa a veces es la fuerza. ¡Qué digo yo a veces! Esa es la única defensa. Punto. Lo único que hay.
Entonces, si uno recorre las páginas del Génesis, se encuentra con que Abraham tiene que salir a la guerra. Cuando Abrahám da el diezmo de su victoria a Melquisedec es porque Abraham tenía que hacer también de jefe, de capitán, de guerrero.
En nuestra sociedad cada persona tiene un oficio, el que es zapatero es zapatero, el que es conductor, o chofer, o como lo llamen aquí eso es; el que es relojero, el que es Ingeniero de Sistemas.
Nuestro sistema mental es: cada persona tiene un oficio, gana un dinero y con ese dinero adquiere bienes en un mercado común. Eso para nosotros es dogma, para nosotros es lo natural, desde que nacimos el mundo funciona así, a todas partes donde hemos ido funciona así, y uno puede creer que en todas partes y en todos los tiempos y en todas las culturas ha sido así, pero no es así.
Entonces el criterio cultural, el criterio histórico este es: por favor, descubramos la distancia que nos separa de ese mundo.
Es que una cosa es decir: “Yo voy a ser respetuoso de todos los demás”, cuando estoy caminando por las callejuelas empinadas de Torre Don Jimeno, y otra cosa es: "Voy a ser respetuoso de todos los demás en los caminos poblados de salteadores de Palestina o de Egipto", o como se llamaran aquélla época. Son dos cosas diferentes.
Y si nosotros unimos entonces este segundo criterio histórico, que es la violencia, los niveles de violencia en que vive toda esa gente, lo que era la sociedad en esa época, si nosotros unimos eso con nuestro segundo criterio hermenéutico, que es: Dios adapta su lenguaje a cada época, uno empieza a comprender que el mandato de Dios sea diferente.
Vamos a suponer lo siguiente, ahora vamos a construir aquí una pequeña historieta. Supongamos que un señor español está casado con una señora africana, y resulta que están de viaje y van al país de esta señora y como ustedes saben todavía en África en muchos lugares hay guerras entre tribus, por ejemplo, los Utsus o Tuxus, o los no se qué, y se odian y se matan y bueno es una carnicería espantosa.
Bueno, ahora supongamos que este hombre, y lo digo ya que es español y que es europeo y vive en el siglo XXI, y este hombre que se encuentra en ese país africano con su esposa que es lo que más ama en este mundo, de pronto los dos tesoros que más ama, la esposa y el pequeño hijo, tiene dos años y medio y es el niño más hermoso que te puedas imaginar.
Y resulta que este hombre no puede viajar de la ciudad A a la ciudad B, y tiene que mandar a la esposa con el hijo de la ciudad A a la ciudad B, y resulta que la esposa pertenece ala tribu X que es enemiga de la tribu Z, y los de la tribu Z, donde encuentran a uno de la tribu X, lo descuartizan porque así son las cosas.
Bueno, este hombre, que ya sabe como son las cosas, le ha conseguido un arma a la esposa y entonces le dice: “Mira, si te atacan tú vas a usar eso".Si ese mismo hombre le da un arma a la esposa en las calles de Jaén o de Torre Don Jimeno y le dice: “Al que se te acerque le disparas”, pues decimos: “Este tipo es un psicópata, es un salvaje, es un loco o es un asesino”.
Pero si y me voy a esa circunstancia, si yo entiendo lo que está sucediendo, y yo sé que este hombre tiene que enviar, lleno de terror, tiene que enviar a su esposa y a su hijo en un transporte público y sabe lo que puede suceder, él dice: “Bueno, en esta circunstancia es matar o morir".
Y seguramente a esa esposa no le llama la atención utilizar esa arma, pero ella también sabe: "Si tengo que defender a mi hijo, a disparo, a punta de pistola, lo defiendo". Entonces las leyes cambian y el mandato cambia.
Será que ese hombre enviando a esa esposa le dice, -porque es los la tribu X son enemigos jurados de la tribu Z, será que ese hombre le va a decir a la esposa: “Mira, como yo te amo tanto y ahora tienes que pasar por ese camino, cuando lleguen los de la tribu Z compréndelos, tienes que entenderlos"?
Pues mira mientras se resuelve el problema de si vamos o no vamos a ser enemigos, si a ti te atacan, matas y disparas.
Entonces en general, para el Antiguo Testamento ese es el mundo que encontramos, es un mundo salvaje, es un mundo sanguinario y esto lo necesitamos para comprender muchas cosas de lo que aquí se cuenta. Voy a dar los siguientes criterios históricos.
No existen las Naciones Unidas dijimos, ¿no? No existen naciones de hecho, no existen, lo que existen son tribus, clanes, patriarcas, grupos, eso es lo que existe, eso es todo lo que hay, no hay más. Ni siquiera estamos hablando de lo que por esa misma época había, por ejemplo, en Grecia, las famosas ciudades estado, nada de eso.
Aquí estamos hablando de un grupo de gente que sabe una cosa: “Lo que nosotros no hagamos por nosotros mismos, nadie lo va a hacer, porque ahí no hay nadie a quién apelar".
En el ejemplo que di de la señora africana que carga a ese bebé y que tiene que pasar por ese terreno hostil, ella no sabe que ella no puede, en el momento de un ataque, no puede llamar por su celular al secretario de las Naciones Unidas a decirle: "A ver, ¿aquí qué hago?"
Ella sabe que en esas circunstancias el único lenguaje que funciona es a disparos porque la otra posibilidad es: "Primero me violan, luego me matan y a mi niño, lo despedazan, sabiendo que eso es así, ¿qué es lo que yo tengo que obrar acá?"
Pues bien, el mundo de este Antiguo Testamento es un mundo salvaje, es un mundo sanguinario, hasta unos extremos que cuesta trabajo imaginar. Pero como uno vive en una sociedad organizada, unas más que otras, porque no todos los lugares son igualmente organizados, ni todos los países ni todas las ciudades.
Pero en un lugar como éste, lleno de un orden notable y de respeto y de tolerancia, a uno se le olvida en qué mundo estaba esta gente y a uno se le olvida el criterio hermenéutico: “Dios va revelándose progresivamente y Dios va adaptándose a ese mundo que encontramos ahí”.
Bueno, y cómo era ese mundo? Entonces esta es la parte más sangrienta de nuestra descripción. Vamos a hablar un poco de cómo era este mundo. Como la gente tenía que defenderse por sus propios medios, entonces el criterio es que toda persona tiene que tener varios oficios, y uno de los oficios es guerrero.
Todo el mundo tiene que ser pie de fuerza ahí, todo el mundo tiene que ser soldado y tomar las armas como sea porque es que no tienes nadie más que te defienda. Usualmente, por supuesto, son los hombres, especialmente los varones los que toman ese oficio.
De manera que todo mundo tiene que servir de pastor, tiene que servir de artesano, y tiene que servir de lo que quieras, pero también tiene que servir de pie de fuerza, soldado, tiene que estar dispuesto a pelear, a matar o a morir.
Esta gente no cree en tratados; no, ellos no creen en acuerdos ni tratados, los recursos son limitados. La Biblia habla mucho veces de una tierra que mana leche y miel. La tierra que mana leche y miel es lo que hoy corresponde a Israel y algo de lo que ocupan los palestinos. Bueno pues, uno en lo que conoce eso, no es que mane mucha leche y mucha miel, ahí no es que abunden los frutos ni que la vida sea fácil.
Yo me acuerdo, como yo vengo de una tierra tropical donde a veces si te encuentras que mana leche y miel porque tienes frutos todo el año, no es que hay una estación de frutas, es que tienes frutas todo el año.
Tú puedes cosechar, por ejemplo, bananos en Costa Rica, en Colombia, en Venezuela, tú puedes cosechar bananos todo el año, y encuentras frutas dulcísimas, aromáticas todo el año, y verduras todo el año.
Y es la exuberancia porque ese es Suramérica, en buena parte la exuberancia. Como yo vengo de allá de Sudamérica, cuando yo de niño oía esto de la tierra que mana leche y miel, pues yo como que me imaginaba esto tiene que ser algo pero fantástico, porque yo lo imaginaba todavía mejor que mi tierra.
Y después uno va a conocer Israel, y va a conocer lo que es esto y uno no ve la leche mucha, ni le encuentra la miel mucha.
Entonces, ahora te digo yo lo siguiente: cuando Dios les dice que los va a llevar a una tierra que mana leche y miel y esa tierra, que es lo que conocemos de Israel, ¿tú te imaginas cómo era la tierra de ellos? O sea, sí, la tierra buena, sí, la tierra abundante de recursos es ese semi-desierto con tal cual oasis que era Israel en esa época, si esa es la tierra veraz, buena, abundante, imagínate en dónde vivieron ellos.
Por supuesto, siendo tan escasos los recursos, la gente vivía muy poco, muchos morían de niños, muchas mujeres mueren al dar a luz, la vida es escasa, hay que tener hijos y hay que tener muchos hijos. Pero no solo eso, como los recursos son tan limitados no alcanza para todo el mundo.
Entonces, "si vienen los de otra tribu y nos atacan, -pues no hay espacio para ambos-, son ellos o nosotros", tan sencillo como eso.
Los medios de producción son pobrísimos, todavía en la época de Jesucristo ¿cómo se sembraba? Al voleo, la gente, aquí, en el manto, echa un poco de semilla y va tirando semillas. Es el método más ineficiente de siembra que te puedas imaginar, por eso se perdía tanta semilla, precisamente como dice la parábola, y ese es en el tiempo de Jesús, mil ochocientos años después de esta época que estamos describiendo.
O sea que los medios de producción en una tierra reseca, en una tierra sin abono, en una tierra que era tan mala que en comparación con ella Israel parecía leche y miel, lo que nosotros llamamos Israel hoy, eso era leche y miel.
En esa tierra de escasez la lógica que funciona es: "O te quedas tú con los tuyos, o me quedo yo con los míos". ¡Es impresionante! El principio de toda la agresividad. En esa tierra no existe juventud, no existe.
Lo que nosotros llamamos juventud es un fenómeno relativamente reciente, eso de que una persona terminó su infancia y tiene cinco años, diez años, quince años, para dedicarse más o menos a explorar "qué quiero ser en la vida, y a ver si estudio otro poco, y a ver si soy bonito, y a ver cómo paso bien con mis amigos", eso que son características muy típicas de lo que nosotros llamamos juventud, eso no existía en esa época.
¿Qué era lo que funcionaba en esa época? "Bueno, ya esta niña ya tiene su primer período, ya está lista para embarazarse, bueno pues, a empezar". Las niñas, trece, catorce años, a esa edad se arregla el matrimonio, que el matrimonio, es más, lo arreglan los papás; eso no es que: “Yo estoy enamorada, que yo tengo mariposas en el estómago”.
"que yo tengo mariposas ni que nada! Tú lo que tienes es hambre, y aquí lo que necesitamos son niños, entonces las niñas a los doce, trece años, la demora es que empezara el período, que pudiera concebir. Y los muchachos, pues a casarse pronto y hacer hogar. Se estima que la edad esperada de vida en la época de Jesús estaba debajo de cuarenta años.
Es decir, para nosotros lo normal es que una persona, por ejemplo aquí en Europa, lo normal es que una persona supere los setenta, y casi, casi en algunos países, por ejemplo Irlanda, de donde vengo, lo normal va siendo alcanzar los ochenta. La casi totalidad de gente alcanza los ochenta años de edad. Esta semana pasada estábamos celebrando el cumpleaños número noventa de un compañero mío de convento.
Noventa años y ahí está el hombre conduciendo su automóvil por las calles de Dublin, porque él es capellán allá donde unas monjas dominicas, donde una comunidad de vida activa. Pues cada mañana este hombre (pone en peligro), esto es, sale en su automóvil, en su coche y se va a su capellanía; ¡noventa años de edad!
¿Por qué, porque hay alimentación, porque hay salud, porque a veces la gente se cuida muchas veces mejor en su dieta, porque no estamos a la inclemencia de los elementos, porque tenemos calefacción en el invierno, porque tenemos todas estas mejoras que no son sólo para hacer la vida más confortable sino para prolongarla.
Pero en esta época, la gente a los treinta y cinco años ya era un anciano, alcanzar la edad mía, aunque yo sé que pues, soy relativamente joven para estándares europeos, ya a la edad mía (voy a cumplir cuarenta y tres), ya pues, es que esto no se concibe.
Había gente que de un modo excepcional alcanzaba una edad muy avanzada, esa la había también, pero lo normal el promedio era treintaicinco, cuarenta años de vida. Eso era todo.
Entonces no existía lo que nosotros llamamos juventud, la costumbre, todavía en tiempo de Jesús, la costumbre ¿cuál era? Mira, muy sencillo, niños y niñas hasta eso de los doce años de edad estaban con la mamá, a los doce años de edad las niñas se preparaban para salir de casa porque ya era el tiempo del matrimonio, y los niños a aprender bien un oficio con el papá.
Eso era la vida, entonces la gente pasaba de niño a adulto. De ser un niño que estaba cerca de la mamá, que juega en casa, lo que hacen los niños, y que aprende pues también algunas cosas elementales de la vida doméstica, de ese mundo, el niño pasa a ser un aprendiz que tiene que aprender un oficio y tiene que cumplir un horario.
Nosotros nos escandalizamos en nuestra sociedad occidental de pensar que hay niños que tienen que trabajar en muchas partes del mundo. En Latinoamérica las cifras de trabajo infantil son escandalosas y son aún peores en otros lugares, pero esa era la norma en toda esta época.
Esto, entre otras cosas nos ayuda a entender el pasaje cuando Jesús se pierde en el templo, claro, ahí lo entendemos. Mire, su atención, y verá lo que le voy a contar cómo eran las peregrinaciones en la época.
Para nosotros ¿qué es una peregrinación? ¿Cómo viaja una familia? En España, en Francia, en Irlanda, siglo XXI ¿cómo viaja una familia? Bueno pues, van juntos, van en su coche o de pronto van con otras familias.En una peregrinación en un bus de esos grandes, en un pullman o una cosa de esas.
¿Cómo viajaban estos, cómo viajaban ellos? Por un lado iban los hombres, por otro lado iban las mujeres y los niños. ¿Y los hospedajes cómo esran? ¿cómo se hospeda la gente hoy? Llega una familia a un hotel, ¡y qué quieren? ¡Estar juntos!
¿Cómo se hospedaban en esa época? No. Por un lado los hombre y por otro las mujeres y los niños. ¿Y por qué se hospedaban así? Porque los hoteles tampoco tenían, o las posadas, llamémosla así, tampoco tenían habitaciones, habitaciones, habitaciones. No. Lo que había era un comedor.
¿Cómo era una posada típica? Un comedor relativamente grande, que el comedor no es tal comedor porque tampoco te vas a encontrar estas sillas y estas mesas, simplemente donde se distribuye lo que sale del fogón, el lugar donde se distribuye para todos, y un lugar amplio que se habilitaba para que durmieran los hombres.
Entonces, en un espacio como podía ser este espacio, tú puedes acomodar fácilmente, que sé yo, veinte, treinta hombres, ahí se acomodan. Pero si tú quieres acomodar veinte, treinta familias, entonces tienes que hacerles un cuarto, con una cama, y después tienes que ponerles un servicio y un lavamanos, y no se qué.
Eso no existía en esa época, entonces las peregrinaciones ¿cómo eran? Los niños hasta los doce años viajaban con la mamá, iban normalmente, pues junto con algunas bestias, llevaban algún equipaje, lo que fuera, los hombres iban a pie, camine y camine.
Entonces en realidad cada peregrinación eran dos peregrinaciones, porque por un lado iban estas mujeres y niños y por otro lado iban los hombres, y a veces tomaban incluso caminos distintos, porque como se sabe muy bien, hay caminos que son más apropiados para que vayan las bestias con el equipaje y otros caminos o atajos son para ir a pie.
Entonces eran dos peregrinaciones. Y ¿cómo se organizaba la cosa? Pues que cada día salían las dos peregrinaciones, los dos grupos: salen las mujeres, los hombres organizan todo esto, las bestias y el equipaje y lo que fuera, acomodan a sus esposas a los hijos, esos se echan a andar, y salen los hombres a pie, y ahí donde ellos pueden tomar algún atajo, lo toman para caminar menos.
Pero ya saben adónde se van a encontrar, entonces al final del día se vuelven a encontrar en otro punto, organizan la dormida, repito, a un lado hombres y a otro lado mujeres.
Entonces ¿que pasó cuando Jesús? Lo que pasó fue muy sencillo. Mira, Jesús estaba en el borde, estaba en los doce años. Seguramente cuando ellos fueron a Jerusalén, cuando Jesús cumplió los doce años, ya eso era entrar en la edad adulta, ya uno se escandaliza.
Pero resulta que en ese mundo, el chico de doce años ya tenía que empezar a portarse como adulto, a caminar con los hombres, a trabajar con los hombres a hacer su oficio como aprendiz de lo que fuera.
Bueno, entonces no sabemos si Jesús, camino para Jerusalén, se fue con las mujeres, porque todavía era un niño, estaba en esa transición, en esa edad, o si se fue con los hombres. Llegaron allá a Jerusalén y se devolvieron.
No tiene nada de extraño pensar que de ida Jesús se fue con la mamá y con las otras mujeres, y de vuelta ¿qué pasó? María conocía perfectamente las costumbres de la época, María sabía que cuando ya se llevaba el niño a Jerusalén era una manera de introducirlo en la sociedad de los adultos.
Entonces cuando salen los dos grupos en medio de toda esa confusión y que sale la peregrinación y que no se qué, y que se va el grupo de las mujeres y que se va el grupo de los hombres, entonces ¿qué pasa? Pues Ella tiene toda la razón para pensar: “Bueno, ya el hijo creció, debe estar con los hombres, mientras que José puede perfectamente pensar: “Bueno, este es todavía un niño, seguramente ha querido quedarse con las mujeres”.
Por eso ellos se van y por eso se les pierde. Alcanzan a recorre todo ese camino hasta que después dicen: “Bueno, pero que no está contigo, que no está conmigo, que no se qué…”, y tienen que devolverse a Jerusalén.
Estos ejemplos sirven para que uno descubra la tremenda distancia cultural que hay con esa época.
Pero volvamos a la parte sangrienta. Como los recursos son limitados, cuando se encuentran dos tribus lo más común es conflicto: hay muy poco, no alcanza la siembra. Para nosotros un robo pues siempre será un cosa incómoda, una cosa triste, pero esa no significa que nos vamos a morir.
Pero si tú vas de camino por esos peladeros, por esos desiertos, si tú vas de camino y llevas en tu equipaje el trigo de tres meses o de cuatro meses y te lo roban, eso sólo significa una cosa: "No nos queda más que morirnos de hambre". Entonces, el combate y la lucha es a muerte.
Pero hay otra cosa, esta gente se empieza a asociar, hay unos pequeños reinados, hay unos pequeños reinos, digo mejor, entonces por eso oye uno que existen los saduceos, que existen los hititas, que existen... Hay pequeñas asociaciones, pequeños reinos y pequeños reyes.
Esas pequeñas asociaciones de distintas tribus son enemigas a muerta las unas de las otras y hay una cosa que tienen clara: la ley de la venganza. Repito, no hay policía. Si no hay policía, la única manera de hacerse justicia es a propia mano, es la única forma.
Entonces existe la costumbre del goel. ¿Qué es el goel en toda esta sociedad antigua? Es lo que se llama el vengador de sangre. Si ustedes leen en el Pentateuco, se habla del vengador, del vengador de sangre, ¿y quién es ése? Resulta que la familia para ellos tampoco es papá, mamá, hijos.
La familia es papá, mamá, hijos, tíos, primos, más el otro que siempre ha estado ahí, más la empleada de toda la vida, más un esclavo que se adquirió, más el abuelo que no se ha muerto, más... Es decir, el concepto de familia es la familia extendida, la familia amplia.
Pero resulta que en esa familia amplia yo tengo una hermanita y mi hermana quedó viuda, ¿quién es el que tiene que defender a la familia? El esposo, pero mi hermana quedó viuda, ¿entonces qué pasa con ella? Ella no tiene quién la defienda.
En cada una de esas tribus, en cada uno de esos clanes hay siempre un goel ¿quién es el goel? El goel es el vengador de sangre, es decir, el que va a hacer respetar la sangre de esa tribu. Es una organización muy gruesa, a uno no le cabe en la cabeza, uno alucina pensando que esto era así, pero así era.
¿Por qué? Porque resulta que en esa familia extendida donde, repito, hay primos y primas y hermanos y no se qué, en todo ese grupo grande hay mucha gente que necesita protección, los que han quedado huérfanos, las que han quedado viudas sobre todo.
No existe seguridad social, eso no es que ella quedó viuda y hereda la pensión, ¿de quién? No hay pensiones tampoco. Ese es el mundo que allí hay, es tan sencillo como eso. Si nadie alimenta a esa mujer, lo único que le queda a ella es la prostitución y la muerte, no le queda nada más.
Ese es el mundo de la viuda en la Biblia, en el Antiguo Testamento: prostitución o muerte, o ser sostenida, ser apoyada por el clan al que ella pertenece. Entonces tienen al vengador de sangre, ¿quién es el vengador de sangre? Es aquél hombre fuerte, con capacidad de liderazgo, que lucha, y que ante el ataque de otro grupo hace respetar, hace respetar, y hacer respetar.
Es mostrarle a los otros que nosotros somos fuertes. Entonces, si a nosotros nos han matado uno pues nosotros les matamos dos o tres, o una familia, o los matamos a todos, porque es la manera de hacerse respetar.
Entonces viene una ley que la menciona Jesús en el Sermón de la Montaña. Ojo por ojo diente por diente" San Mateo 5,38, la ley del Talión. Bueno, la ley del Talión era una manera de evitar los excesos, la ley del Talión no era para fomentar la violencia sino para frenarla un poco.
Porque estos vengadores de sangre, todos estos líderes más o menos espontáneos que había en los distintos clanes y tribus, todos estos líderes cuando le hacían algo a los de su grupo pues entonces se vengaban mucho más allá de la medida. Entonces la ley del Talión es: “Bueno pues, vamos a ponerle un poco de límite a esto, ojo por ojo, diente por diente”.
Hay una cosa muy importante aquí, los niños, vamos a suponer esto, resulta que yo era un niño pequeño, y siendo niño yo vi cómo la tribu de los idumeos, cayó sobre mi familia y yo vi cómo mataron a mi papá, consiguientemente, enemigos a muerte contra los idumeos.
Yo soy un niño, o era un niño cuando eso sucedió, pero desde ese momento juro venganza a muerte por lo que le hicieron a mi papá. Entonces ¿qué pasa? Cuando estas tribus entran en conflicto lo primero que matan es los niños. "Oh, no, dicen, es lo peor de la crueldad, ¿cómo se les ocurre hacer eso?"
Ponte en ese ambiente y entiendes por qué. Porque los peores enemigos van a ser esos niños cuando crezcan, ese niño va a crecer. Entonces, uno ser horroriza y con toda razón, uno se horroriza de pensar que mataran niños, pero desde la lógica de ellos era lo único que se podía hacer.
"Si ya vamos a pelear con esa otra tribu, lo primero que hay que eliminar es la posibilidad de venganza, porque una cosa es un enemigo cuando estamos peleando y otra cosa es un niño que ha tenido diez años, quince años o veinte años para preparar un ataque, ese sí nos acaba a nosotros".
Entonces el mundo en el que vive esta gente es esa clase de mundo. Es un mundo donde lo único que funciona es la fuerza, la sangre, la venganza, el desquite y el ataque a los niños.
Un último detalle como criterio histórico, y creo que con eso terminamos esta primera sesión. Era peligroso ser niño en esa época, no era tan fácil. Era peligroso, porque además de todo lo que hemos dicho, esta violencia que surge de la escasez y de todo esto, existía la superstición.
La gente pues, la gente ahora va de una ciudad a otra y las ciudades o los pueblos van creciendo, pero a ver, no es muy frecuente que empiece un pueblo de cero, no. Como decir: "Vamos a empezar un pueblo de la nada, aquí en un cruce de dos caminos, aquí vamos a tener un pueblo". Eso realmente no es tan frecuente.
En esta época en cambio, la gente depende por completo de donde consiga recursos, entonces ahí tienen una pequeña aldea porque es que pueblos grandes casi no existen, además, que muchos eran nómadas, partamos de esa base, pero hablemos de la gente que no era nómada.
Tienen una pequeña aldea y resulta que, dos años de sequía y mira, aquí nos vamos a morir todos, nos vamos de acá. Entonces se van y tienen que establecerse en otro sitio, tienen que establecerse en otra ciudad.
Pero la mentalidad de ellos es una mentalidad mágica, supersticiosa, decidir dónde hacer una ciudad, dónde se van a establecer es un problema muy difícil, y es en parte un asunto como de conjetura, por no decir de admiración.
"Dónde será el mejor sitio para establecernos? Dónde tendremos cierta manera de defendernos si nos atacan? ¿Dónde tendremos agua abundante y buena? ¿Dónde tendremos suelo que se pueda cultivar? ¿Dónde tendremos algún pasto para nuestros ganados?" Y busque y busque dónde se puede conseguir ese lugar.
Finalmente el jefe, el importante o el grupo de importantes dentro de ese grupo, tendrá que decir: “Bueno, aquí, vamos a establecernos aquí; parece que aquí es bueno”.
Pero eso es como una lotería y si esa lotería sale bien, "pues creo una ciudad que empieza a crecer, pero si esa lotería sale mal eso puede costar muertos, muertos, porque no es tan fácil sacar a la gente y entonces a ver adónde vamos a vivir".
Así que fundar una ciudad era un problema muy grave y lleno de incertidumbre y lleno de conjetura, y entonces estamos en un ambiente politeísta.
Pues Abraham empieza a creer en el único Dios, pero la mayor parte de estos creía era en los dioses de la fecundidad, precisamente, como era una tierra tan tremendamente estéril, lo que ellos imaginaban de los dioses es que eran dioses de la fecundidad, y la palabra fecundidad está relacionada con la palabra "Baal". Baal es siempre un dios de la fecundidad.
Entonces estos dicen: "Bueno, vamos a ver, vamos a empezar esta ciudad aquí"; pero no se sabe, no se sabe si funcione, que sí, que no. Entonces hay que pedir la protección de los dioses. Y ¡cómo se imaginan ellos la relación con los dioses? Se la imaginan en términos de un contrato: "Yo le doy algo a dios, y dios me da algo a mí".
Para nosotros, el Dios en el que nosotros creemos, es un Dios generoso, es un Dios abundante, es un Dios que no necesita de nosotros, que ya tiene todo, esta gente no. Esta gente siente que el Dios en el que ellos creen se alimenta. Acuérdate del pasaje aquél famoso del libro de Daniel, el dios Baal, ese al que había que llevarle alimentos y alimentos porque el dios se alimenta.
Entonces lo que ellos sienten es: "con dios hay que hacer un negocio, hay que hacer un contrato. Si yo le doy una ofrenda pequeña, dios me dará algo pequeño, si yo le doy algo grande, dios me dará algo grande. ¿Entonces qué tengo que darle a dios si está en juego la vida de mi pueblo, si está en juego la vida de todos nosotros?"
"Si necesitamos una ciudad que se pueda defender, que tenga agua, que tenga pasto, que se pueda cultivar, que no llegue la plaga y nos mate a todos, que no llegue la langosta y acabe con todo, que no lleguen las fieras y acaben con todos" -¡es que es un mundoque uno no se lo puede imaginar!- ¿qué hacemos, que hacemos?"
"Entonces necesitamos algo mejor que nosotros, mayor que nosotros; bueno, pues, vamos a pedir a los dioses, pero a los dioses hay que darles una ofrenda que los convenza, entonces tengo que darles algo precioso, algo que me cueste, ¿y qué es lo que más me cuesta? ¡Los niños, los niños!"
Entonces, en toda esta tierra había la costumbre de los sacrificios humanos. Uno se escandaliza, es decir, ¿cómo se les ocurre?! Pero en la lógica de ellos eso era así, esa era la norma. No es que había dos o tres locos, dos o tres salvajes que hacían esto. Es que todo el mundo lo hacía.
"Vamos a empezar una ciudad, aquí nos la jugamos toda, si esto funciona tenemos vida; si esto fracasa, nos matan los enemigos o nos mata la plaga, o nos mata el hambre o nos mata la sed, entonces hay que darle a dios algo que valga la pena".
Entonces el jefe mataba a su hijo, lo echaba al hueco donde estaban echando los cimientos, y encima del cadáver de su hijo echaban los cimientos, o si no, amarraba al hijo a una estaca, a alguna cosa y lo quemaba vivo.
"Porque hay que sacrificar algo que duela y en el dolor espantoso de estar matando a mi propio hijo, los dioses, el Baal, o como se llame, ese Baal tiene que entender que le he dado lo máximo, ¡y me tiene que proteger, Me tiene que proteger!"
Entonces el sacrificio del hijo, el sacrificio del hijo mayor era la norma, eso era lo común, esa era la manera de obrar, así obraban todos.
En ese mundo vivió Abraham, en ese mundo sanguinario, salvaje, en ese mundo lleno de terror, en ese mundo rodeado de supersticiones, en ese mundo de una vida tan breve, tan agitada, bueno, a veces agitada pero sobre todo tan llena de incertidumbre, frente a angustia, de carencias, en ese mundo vivió Abraham.
Cuando uno hace este ejercicio de aplicar estos principios hermenéuticos y recordar estos datos históricos uno empieza a entender cómo se pudo dar el Antiguo Testamento. Ahí empieza uno a entender cómo encontró Dios a la humanidad.
La encontró así, así la encontró y ahí en esas circunstancias, tuvo que empezar a hablarles para construir desde ahí un lenguaje que un día tendría su plenitud en Jesucristo. Ese es el primer punto, esa es nuestra primera sesión.
Ahí seguiremos avanzando en la hermenéutica y en la historia y en la Escritura para perder el miedo a estos textos y para descubrir, que lejos de ser textos que nos ocultan o que nos confunden sobre el mensaje de Dios, nos están revelando una ternura y una compasión inmensas.,