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Fecha: 19991119

Título: Ser verdaderamente de Dios significa tener una distancia grande y una soledad inmensa

Original en audio: [38 min. 43 seg.]


Mis Queridos Amigos:

Durante estos últimos días hemos seguido el recorrido emocionante y tenso también de los Macabeos en las lecturas de los días de la semana que en la liturgia suelen llamarse ferias. En las ferias de estos días de entre semana, hemos estado escuchando la historia llena de arrojo, de heroísmo y de sangre, de esa lucha del pueblo judío por resistirse al Imperio Helenístico.

Las cosas son así. Vamos a recordar unos datos fundamentales. En el año 587 los caldeos arrasan Jerusalén y se llevan a los judíos desterrados a Babilonia.

Unos 70 años después el imperio que venció a los caldeos, es decir, el imperio de Ciro, devuelve a los judíos a su tierra, les devuelve la tierra pero no les devuelve la nación, no les devuelve la independencia, tienen tierra pero no son dueños de ella, los verdaderos dueños de esa tierra son los persas.

Y después de los persas vienen otros imperios, y para decirlo de manera breve, los judíos no volvieron a tener independencia, ya su tierra no fue su tierra, y ya no tuvieron verdaderamente un gobierno como en los días aquellos del rey David o del rey Salomón.

Estaban dependiendo de potencias extranjeras, que en general eran más o menos respetuosas de las leyes religiosas de los judíos, hasta que llegó este Imperio Helenístico, un Imperio que se remonta a Alejandro Magno. Se llama helenístico porque precisamente “helenique” significa eso, quiere decir lo heleno.

Es que lo que nosotros llamamos Grecia ellos llamaban “la hélade”, se dice en griego, entonces lo heleno quiere decir lo griego, lo helenístico, y desde los tiempos de la grandeza de Alejandro Magno se había fortalecido ese Imperio Helenístico que crecía por todas partes.

Uno de los de este Imperio helenístico fue Antíoco Epífanes que ya no tuvo un criterio de tolerancia con las distintas religiones de todos esos pueblos y países que iba conquistando, entonces decidió imponer el culto que venía de esa Grecia legendaria, el culto de los dioses griegos, el politeísmo.

Y ese es el contexto histórico en el que se ha sucedido todas estas guerras espantosas del tiempo de los Macabeos, ese es el contexto de estas luchas, ¿cuál fe la estrategia de los Macabeos? Fue una estrategia guerrillera, a través de sus pequeños grupos que se fueron hasta los montes, los Macabeos se dedicaron a hostigar al enemigo y a luchar contra él.

En la Biblia hay dos libros de los Macabeos, conocidos como Primero y Segundo, pero ahí no sucede, como se esperaría, que el Segundo es continuación del Primero, sino más bien son dos versiones de los mismos acontecimientos.

El Primer libro de los Macabeos cuenta la cosa, podríamos decir, en un nivel muy horizontal, es decir, las luchas de las personas. Ahí prácticamente no se menciona a Dios, sino se menciona a un pueblo que se resiste con rebeldía a ser dominado y a que le cambien sus costumbres y sus leyes.

El Segundo libro de los Macabeos cuenta la misma historia pero en una versión, podríamos decir, mucho más teológica. Cuenta todas las victorias del pueblo de Dios como intervenciones maravillosas del amor divino, intervenciones de los ejércitos celestiales. Tal vez de los libros literariamente más hermosos de la Biblia, por lo menos de un lenguaje más elaborado, es el Segundo libro de los Macabeos.

Nada más ese prólogo del Segundo libro de los Macabeos es una belleza, cómo empieza el autor a contar todas las razones por las que es necesario hacer esa narración.

Pues bien, la lectura que acabamos de escuchar, la primera de las lecturas de hoy, está tomada del Primer libro de los Macabeos, esto quiere decir que nos va a presentar la versión en términos de la lucha humana, la lucha de esta familia fundamentalmente, una familia, los Macabeos eran una familia.

De ellos sus grandes líderes se llamaron Matatías y Judas, esos fueron los grandes líderes de esta familia de los Macabeos.

Pues bien, ellos lograron mucho y la lectura que hemos escuchado hoy es como el día glorioso de su triunfo.

Fue tanto el hostigamiento que lograron sobre ese imperio extranjero, el Segundo libro de los Macabeos dirá: tanta la ayuda de Dios, tanta la intervención de Dios, que finalmente los del Imperio Helenístico dijeron: “Dejemos a esa gente por allá tranquila, que se queden con su pedazo de tierra, nosotros nos retiramos, nos vamos”; y quedaron con una cierta independencia los judíos.

Lo que yo quiero comentar, después de recordar este ambiente, este contexto histórico, es qué lograron y qué no lograron ellos, es decir, hasta dónde fue victoria lo que ellos consiguieron y hasta dónde no fue victoria.

Seguramente ustedes, que están al tanto de las noticias de la historia, ustedes ya habrán echo cuentas y habrán dicho: “Mire, si en el año 587 Nabucodonosor los sacó, si volvieron hacia el año 517 o 520, una cosa así, y si después vienen todas estas historias y después aparecen los Macabeos.

Pero atención, cuando nació Nuestro Señor Jesucristo estaban sujetos al Emperador, porque San Lucas nos dice precisamente que el Emperador Augusto mandó hacer un censo, o sea el Emperador romano.

Quiere decir que la victoria esta que lograron los Macabeos fue una victoria relativa, no fue una victoria completa, porque si ellos hubieran tenido perfecta y completa independencia, pues cuando nació Jesucristo se supone que tendrían verdadera y completa independencia, pero no lo lograron.

Es muy interesante y es muy educativo para nosotros descubrir hasta dónde llegó la victoria de los Macabeos y qué fue lo que ellos no pudieron.

Eso es lo que queremos reflexionar en este momento, qué fue lo que lograron y qué fue lo que no lograron los Macabeos, eso es lo que tenemos que preguntarnos, quiénes eran ellos, por ejemplo, quién fue Judas Macabeo, que era un hombre representativo, una especie de líder comunitario.

Cuando llegaron los ejecutores del decreto de idolatría, allá donde estaba Judas Macabeo le dijeron: "Bueno, tú eres un personaje reconocido aquí, tú, primero que todos, adelántate y ofrece incienso al ídolo o a la estatua, y Judas dijo: “No, yo no voy a hacer eso, yo no voy a ser idólatra”.

Y estaban en esa discusión cuando un compañero suyo de raza, otro judío, vio la cosa sencilla y dijo: “Yo sí”; se fue acercando a ofrecer el incienso idolátrico.

Y Matatías, dice el Primer libro de los Macabeos, montó en santa ira de ver que se traicionaba a Dios así a la luz del día y degolló a este otro judío, lo mató ahí delante de todo el mundo.

Y de una vez se agarró con el delegado del rey y lo mató y empezó a gritar como un loco por las calles: “El que tenga celo por la ley, al que no le de lo mismo que se obedezca o se desobedezca a Dios, el que se preocupe por los intereses de Dios, que venga conmigo” 1 Macabeos 2,27.

Y fue recogiendo gente y se fueron para el monte y se volvieron guerrilleros, guerrilleros de Dios, esa fue la historia de Judas Macabeo, y de ahí en adelante empezaron a atacar, de manera que cuando venían los ejércitos del Imperio Helenístico estos les caían y mataban a diestra y siniestra y luego se desaparecían otra vez a las montañas, esta fue la estrategia de ellos, hasta que cansaron a los del Imperio Helenístico y les tocó retirarse.

Eran gente que defendía la ley y era gente que defendía las costumbres judías. El Segundo libros de los Macabeos cuenta una historia espeluznante: una mamá y siete hijos que fueron torturados y degollados, porque los del Imperio Helenístico, por hacer caer a estos, entonces les decían: "Bueno, hay que comer".

Les ofrecieron carne de cerdo, carne que estaba prohibida por la ley judía y entonces una madre y siete hijos murieron en el mismo día, nos cuenta el Segundo libro de los Macabeos. Llegaron allá a ofrecer carne de cerdo y estos muchachos se negaron y entonces los torturaron, los mutilaron, los despedazaron y los mataron, pero ellos permanecieron fieles a la Ley de Moisés, fieles a la Ley de Dios.

¿Qué virtudes podemos admirar ahí? Pues una fortaleza a toda prueba, una generosidad muy grande, celo ardiente por la causa de Dios; pero cuando uno ve que ese celo era simplemente, perdón que lo diga a así, para no comer carne de cerdo.

Y cuando ese celo se convertía en matar al enemigo, destrozar los ejércitos enemigos, uno que tiene el conocimiento de la manera de obrar de Jesucristo, no queda contento con esa obra de los Macabeos, uno siente que algo le hace falta a ese estilo ardiente, a ese estilo valiente.

Uno siente como un poco fanático, un poco fundamentalista, o exagerado, ¿y qué fue lo que se logró de ahí? Pues ellos recuperaron una relativa independencia, eso se logró, quedó claro que de Dios no se burla la gente tan fácilmente, se pudo volver a celebrar el culto, eso también se logró, todos estos fueron elementos positivos ¿pero qué fue lo que no se logró? Varias cosas no se lograron.

Mire, la primera, había una promesa de Dios que había hecho al Rey David y era que el cetro real estaría siempre en la familia de David, es decir, le prometió una dinastía estable, esto lo prometió Dios por boca del profeta Natán, la promesa era promesa de Dios.

Resulta que los Macabeos no pertenecían a la familia de David, pero obviamente, cuando lograron todas estas victorias, los que quedaron, llamémoslo así, mandando en ese terreno, fueron todos ellos.

De manera que el esfuerzo incluso heroico de toda esa gente no empataba con la promesa de Dios, aquí viene el primer problema y tal vez la primera enseñanza para nosotros. Ellos hicieron mucha fuerza, hasta despedazarse, hasta ofrecerse al martirio, pero no hicieron la fuerza donde Dios la estaba haciendo.

Ellos hicieron fuerza por su lado, ellos trabajaron por su cuenta, ellos se esforzaron a su manera, no a la manera ni según los planes de Dios.

Este es el primero y el más grande de los problemas de los Macabeos, tenían generosidad, tenían ardor, tenían celo, tenían fortaleza, pero no hicieron fuerza al modo de Dios y por eso vinieron una serie de problemas, problemas gravísimos que terminaron por ocasionar la muerte de Jesucristo, sí, señor, así como lo oye, póngale cuidado a lo que sucedió.

Esta gente que tuvo estas victorias fue el comienzo de una familia sumamente prestante entre los judíos, al fin y al cabo eran los que habían logrado lo más cercano a una independencia nacional, que no fue completa.

Por eso los descendientes de ellos se consideraron gente muy importante y con derecho a gobernar, es decir, en la práctica ellos abrieron una dinastía distinta de la dinastía del rey David.

Resulta que de esa dinastía vinieron a surgir dos personajes: unos los llamados humildes “los hasidin” y de los hasidin vinieron a salir luego los fariseos, los fariseos tienen su origen en los macabeos y en el movimiento Macabeo, quién lo creyera.

Todo este celo por la ley de esta gente que hasta se hacía matar por no comer carne de cerdo, este celo por la ley, pasando las generaciones, se transformó en esa especie de fanatismo o de idolatría de la ley, típica de los fariseos en los tiempos de Nuestro Señor Jesucristo, primer problema.

Y segundo, también descendiente de estos macabeos vinieron a resultar una serie de personajes que siempre tenían pretensiones de gobierno y así surgió una familia asmonea y de esa familia, una familia herodiana.

Herodes, el que quiso matar a Nuestro Señor Jesucristo cuando niño, es descendiente también de estos Macabeos, es decir, el problema no fue solamente que ellos hicieran la fuerza, por otro lado, donde Dios la estaba haciendo, el problema es que ellos iniciaron una corriente que terminaría siendo opuesta al plan de Dios.

Porque resulta que los descendientes de ellos tenían siempre pretensiones de gobierno y así vino a resultar que un descendiente de ellos tenían siempre pretensiones de gobierno y así vino a resultar que un descendiente de ellos, Herodes de origen idumeo, que eran enemigos de toda la vida de los israelitas.

Herodes se alzó con el poder y a base de estrategias políticas a base de diplomacia y a base de ganarse a las élites y a la nobleza judías y de negociar con el imperio romano, logró montarse en sándwich un rey llamado Herodes.

Herodes el Grande fue el que quiso matar a Jesucristo cuando niño, porque apenas se oyó que había un descendiente de David, Herodes el Grande tembló, dice Mateo, y con él todo Jerusalén.

"¿Cómo, ahora sí apareció el que era? Y nosotros hemos montado una casa real". Y ellos habían montado una dinastía a base de tradiciones humanas, una dinastía que no estaba fundada en la promesa de Dios ni en la profecía de Dios, sino que estaba fundada solamente en tradiciones humanas, por eso la violencia de Herodes.

Herodes tenía en el fondo de su ser conciencia de que su reinado estaba montado sobre mentiras, él sabía que a él no le correspondía gobernar, él sabía que él no tenía derecho gobernar, él sabía que en últimas había resultado en el poder por estos antecedentes guerreros que estaban en el tiempo de los Macabeos.

Ese Herodes el Grande de tiempos del nacimiento de Cristo tuvo entre sus hijos a otro Herodes, Herodes Antipas que fue el que luego estaba reinando cuando ya Cristo había crecido, cuando Cristo sale a predicar, y ese es el Herodes al cual se presentó Nuestro Señor Jesucristo, según nos cuenta Lucas, y que no tenía otra curiosidad sobre Cristo sino ver que Cristo le hacía un milagrito simpático ahí para poder presenciarlo él.

Bueno, con todas estas lecciones del Antiguo Testamento, es que a mí me apasiona esto, porque en el tiempo de los Macabeos es donde se pegan los dos Testamentos. Es que uno tiene un poco de historias del Antiguo y tienen luego otras historias del Nuevo, pero uno nunca se había preocupado por averiguar esto de cómo empataba, cómo era que se llegaba del uno al otro.

Pues fíjese, los Macabeos lograron mucho, testificaron la grandeza de Dios, testificaron que con Dios no se juega, lucharon con generosidad, tenían mucho celo, mucha fortaleza, llegaron hasta el martirio ¿pero eso es lo que Dios quiere? ¿Era eso lo que Dios quería?

Si nosotros miramos el desenlace, vemos que después del Imperio Helenístico está el surgimiento inmenso del Imperio Romano y el Imperio Romano llegó hasta Jerusalén con otras estrategias, con otro estilo, con una apariencia de tolerancia religiosa, impuso sus propias costumbres y obtuvo una fórmula: un Procurador que era el que realmente gobernaba y se llamaba Pilato, y una marioneta que estaba montada sobre una mentira y que se llamaba Herodes, entre Pilato y Herodes estaba gobernada la tierra de Palestina.

Tratemos ahora, con la bondad de Dios, con el auxilio de su Espíritu, tratemos de aplicar esto a nuestra vida, sé muy bien que son muchos nombres extraños y muchas familias y muchas dinastías para una sola predicación, soy consciente de eso, pero las enseñanzas que aparecen ahí están más allá de esos nombres, y tal vez más allá de nuestros propios nombres.

Por ejemplo eso, cuando uno se esfuerza, cuando uno está haciendo lo mejor de su trabajo, ¿está esforzándose según Dios? Hay un caso existencial muy concreto que uno como sacerdote se lo encuentra con frecuencia, la persona que tiene un miembro de la familia en condiciones lamentables, el caso típico es la esposa del alcohólico, y llega la señora donde uno a decirle: “Yo pienso que mi esposo es mi cruz, yo pienso que él es mi cruz”.

Y uno ve a esas señoras despedazarse psicológicamente, agrietarse, deshacerse, como los Macabeos y como aquella familia que les acabaron los siete hijos en un día, despedazarse y deshacerse en su esfuerzo, "porque eso es lo que a mí me toca, porque eso es lo que Dios quiere de mí", "-¿seguro? ¿Seguro que eso es lo que Dios quiere de usted?" "-Sí".

"-Usted se esfuerza mucho, usted ama a Dios, usted busca a Dios, usted tiene mucha fortaleza, usted está arriesgando mucho, pero ¿y luego? ¿Es eso lo que Dios realmente quiere de usted?"

Dejemos esa pregunta así en el aire por un momento, luego intentamos dar un criterio sobre esto, fíjate que es la misma historia de los Macabeos. Los Macabeos, gente con una capacidad de esfuerzo, de generosidad, de trabajo, de fortaleza hasta el martirio, ¿y los frutos de eso cuáles fueron?

Fariseos que no aceptaron el mensaje de la gracia y Herodianos que se aliaron con la ralea de los saduceos, la familia sacerdotal de la época, para hundir a Jesucristo y condenarlo.

¿Cuáles son los frutos? Esta es la pregunta, porque nosotros hemos aprendido de Jesucristo: “Por sus frutos los conoceréis” San Mateo 7,20. Bueno, ahí está un ejemplo, a veces uno soporta y sufre y a veces uno cree que ese sufrimiento, por el echo de ser sufrimiento, ya es una respuesta a la voluntad de Dios y puede ser un gran error.

Al principio, los que han tenido familiares alcohólicos o drogadictos, saben que muchas veces la recuperación empieza por un acto que al principio parece una crueldad: "¡Lárguese de aquí!" Cuántos alcohólicos, eso no se puede hacer indiferentemente, así nada más, se necesita un parecer médico autorizado para tomar esas medidas y se necesita haber hablado con la persona.

"Pero yo sé de gente que se ha recuperado, porque la echaron de la casa y si no lo hubieran echado no se hubiera recuperado”. Por eso digo yo que en esto se necesita sabiduría, no siempre sufrir más y sufrir más significa estar cerca de Dios, no siempre, porque uno puede estar haciendo lo de los Macabeos, que sufrieron y sufrieron y los mataron y el fruto de eso son los fariseos y herodianos. Ahí está un punto, otro punto donde yo aplico esto.

Estos Macabeos se supone que tenían un gran liderazgo, se supone que hoy, según escuchamos esta lectura, lograron convocar una cantidad de gente, y la gran fiesta y todo el pueblo se alegró y ahí aparece un gran liderazgo, aquí me hago yo también una pregunta que me parece muy actual: el pueblo se alegró ¿de qué? ¿de Dios? ¿O de la liberación, de la independencia nacional?

El pueblo se alegró, aquí dice: “La gente estaba feliz; decoraron el templo” 1 Macabeos 4,57-58.

¿Sabe qué es lo que pienso yo? Yo pienso en muchas estrategias de la Iglesia, yo creo que nosotros montamos muchos bazares, muchas fiestas y muchas actividades y creemos que, porque hay mucha gente que parece muy contenta, hemos hecho mucho.

Y de toda esta gente, de todo ese esplendor y de toda esa fiesta, ocho días de fiesta al año, una semana para celebrar que recuperamos el templo, ¿cuánto duró esto? Cuando Nuestro Señor Jesucristo nació, unos poquitos siglos después, esto ya no existía; segunda aplicación de este texto, nos engañamos demasiado.

Fíjate de la actitud de los Macabeos en esta victoria: "¡Celebremos, hagamos fiesta, que llegue la multitud!" ¿Es esa la actitud de Jesucristo? La actitud de Cristo es muy distinta, cuando llega la masa, Cristo no la llama, cuando llega la multitud, los Macabeos llamaron a la multitud.

Pero cuando llega la multitud, ¿qué dice Cristo? “El Hijo del hombre tiene que padecer mucho” San Lucas 9,22, "y permiso me voy a orar", y se iba, es otra lógica, la actitud de Cristo es otra.

Y en la Iglesia nos equivocamos demasiado en esto, "-¡tenemos mucha gente!" "-¿seguro que la tenemos? En esos eventos multitudinarios ¿tenemos toda esa gente? ¿Qué está celebrando toda esa gente? ¿Está celebrando lo que ha recibido y le conviene? O está celebrando a Dios Nuestro Señor.

Todo este pueblo que aparecía acá, "sí, celebremos, decoremos el templo", me parece a mi estar viendo, y les puedo dar ya así en línea cinco ejemplos de eso.

Primero, obviamente, los grandes congresos de sanación. "Hagamos el congreso nacional de la Renovación Carismática, ¡reunamos gente!" ¿Qué queda de todo esto? ¿Cuánta de esa gente está para Dios?

No digo yo que no haya que hacer todas esas cosas, Cristo también reunió multitudes, pero es saber la primacía de la Cruz; Cristo veía la multitud, y veían en la multitud un montón de traidores también, no todos iban a permanecer firmes.

Y por eso Cristo a veces despacha la multitud: "-¡Váyanse, váyanse, voy a orar!" Y otras veces Cristo los despide porque quieren hacerlo rey.

Es exactamente la lógica contraria de esta gente, notemos eso: congresos de sanación y congresos de renovación y conciertos, ¿y a quién no le gustaría tener mucha gente? Yo también quisiera tener miles de personas en primera generación y centenares de personas en segunda generación.

De manera, pues, que ahí está la mentira de las multitudes; luego, tantas actividades eclesiales, yo le tengo mucha desconfianza a eso, sobre todo cuánto más ambigua cuánto más mixtas son, uno no sabe si la gente esta celebrando que; ¿qué está celebrando realmente la gente?

Por ejemplo, vamos a hacer un gran concierto y la gente está y participa, baila y canta, ¿están celebrando su alegría o están celebrando a Dios? Sí, yo sé que Cristo también reunía gente y la alegraba, y todo el mundo se alegró, pero es que lo que yo quiero destacar de todo esto es que, lo que no está purificado por la Cruz, siempre es ambiguo. Cuando las personas están en el día de fiesta tú no sabes cuántos tienes.

Tercer ejemplo, nuestros famosos bazares, "vemos que sí logramos la integración de toda la comunidad", ¿seguro que sí? ¿Y el poco de chismes que quedaron? De todo bazar queda un poco de chismes, pero la cantidad de chismes; de todo congreso queda una gran cantidad de chismes, de toda reunión de multitudes quedan chismes, y cuando cada uno se sube a su carro, empieza a murmurar del otro.

¿Estás seguro de que las cosas se logran? Mire, yo hoy por hoy sólo le creo a la Cruz, yo no le creo a las multitudes, no le creo a la gente, ni le creo a las sonrisas. Cuántas sonrisas había aquí el día de la dedicación del templo, “pongamos escudos, coronas, compremos un nuevo equipo de sonido y hagamos una gran manifestación, ¡y toda la gente que nosotros convocamos!"

Mire, por ejemplo las mentiras que nos estamos diciendo en la Iglesia Católica, para que no venga el bobo de Pepe Rodríguez a decirnos aquí los inventos de él como si fueran mentiras nuestras. Mire, en todos estos colegios católicos, este colegio, ¿cuántos alumnos hay aquí? Mil cuatrocientos alumnos y en el otro colegio...

"Estamos evangelizando tres millones de jóvenes", ¿seguro? ¿Usted ha hablado con ellos? ¿Qué piensan las niñas de los colegios de monjas? ¿Qué piensan los muchachos en los colegios de frailes? ¿Seguro que la gente está para Dios?

"Ahí la tenemos, y entonces el Ministerio de Educación nos dio el gran galardón y este es el día de fiesta y alegrémonos ¿esas ceremonias eh?" Eso es muy discutible, es muy ambiguo, yo he pasado por todo eso, esta mano me la estrechó el ministro de educación porque saqué por allá un tremendo ICFES ¿Qué hay de eso? ¿Qué es lo real de eso?

Eso es una aplicación de esta lectura también a nuestra vida. Yo les pido a ustedes, donde ustedes vean multitud, organización, espacios limpios y despejados, organigramas claros, reglamentos explícitos, gente que funciona, desconfíen, ¡por favor!

De eso no queda mucho. Muchas veces la gente está ahí porque le conviene, nos son de Jesucristo, de Jesucristo se sabe quiénes son, los que pasen por la cruz, los que amen la Cruz, los que en la soledad de su oración, en la soledad de su prueba, le digan sí a Dios, esos son los que valen.

¡Cuántas mentiras, por favor, cuántas mentiras! En cuántas instituciones católicas, y en cuántas grandes obras, y en cuántas multitudes, y en cuántas Semanas Santas, y en cuántos santuarios; hay que tener una gran desconfianza de todo eso, una gran desconfianza.

Jesús nunca le creyó a la multitud, ustedes no se encontrarán jamás a Jesús feliz de ver que venía una multitud, ¡desmientan!, me dejo corregir ya, ¿a dónde ve usted a Jesús feliz porque llegó una multitud? Nunca, y sin embargo, el Evangelio le tiene que llegar a una multitud, de ahí la actitud crucificada que tiene que tener el predicador y el pastor.

Porque por una parte quiere una multitud, ¿para que? Para darles duro en la cabeza y en el corazón y dispersarle, así es como obra Jesucristo, y lo que vaya quedando irlo cerniendo, porque hay mucha mentira y mucho engaño y hay mucha gente que está por pura conveniencia, y eso tenemos que aprenderlo de los Macabeos, hay que ver qué frutos van quedando, hay que ver qué vidas se van convirtiendo, hay que ver cómo se va transformando la existencia.

Finalmente, una última reflexión con respecto a estos famosos Macabeos. Resulta que cuando los Macabeos fueron triunfando, las amistades fueron saliendo; todas esas dinastías Asmoneas o asmodeas y herodianas, ¿de dónde salieron?

De la gente que se fue casando con los que se volvieron importantes, les resultaron una cantidad de amigos, cuando triunfaron les resultaron una cantidad de amigos, y de esas familias de amigos salieron los traidores y los asesinos de Jesucristo.

Esto que les estoy diciendo me parece, yo por lo menos nunca lo he escuchado de un sacerdote católico, pero es que si no decimos las verdades ¿cuándo las vamos a decir? Alguien tiene que decirlas, se habla siempre de los Macabeos exaltando los hombres, sí, hicieron grandes cosas y tenemos mucho que aprender de ellos, pero hay que señalar los errores, ellos no son el Nuevo Testamento, ellos no son Jesucristo.

Los peligros de los amigos, la gente que se va acercando cuando las cosas van resultando bien, ese es un peligro sumamente grande, la gente que se va apareciendo. Hasta donde yo he visto, los movimientos de evangelización no los han acabado nunca los enemigos sino los amigos; la gente que está trabajando en la evangelización no se frena, no se detiene, no traiciona a Dios por los ataques de los enemigos.

Mientras que los Macabeos tuvieron solamente enemigos, mire, fieles a Dios, pasaron hambres, oraban, suplicaban, incluso si les mataban gente rogaban por los muertos, estaban firmes; cuando triunfaron, el peso de los amigos los hundió.

por eso fíjese usted cómo es de dura la vida espiritual, la vida espiritual es muy dura, ¿por qué? Porque los enemigos nos hostigan, pero nos hacen crecer; los amigos nos abrazan y nos quieren, y así todos juntitos, nos vamos hundiendo poco a poco.

Ser verdaderamente de Dios significa tener una distancia grande y una soledad inmensa, el que no tenga estas actitudes, yo no las tengo, estoy que se las pido a Dios, vamos a ver si me ayuda, porque si no a mí me van a hundir mis amigos. El que no tenga estas actitudes, termina como los Macabeos que le resultaron los amigos.

Jesucristo, en cambio, todavía en la noche de Getsemaní, le resultó un amigo, Pedro: “-Yo me hago matar por usted”, “-¡que se va usted hacer matar por nadie!” Despachó al único amigo que tenía, y dice el Evangelista Marcos: “Y lo dejaron solo” San Marcos 14,50.

El que quiera hacer algo serio por la evangelización, tiene que aprender a quedarse solo; el que quiera aprender a apostar por Jesucristo, no puede apostar entre cánticos de amigos. Los amigos a veces ayudan, a veces no ayudan.

Repito, no conozco ningún movimiento de evangelización que haya sido frenado por los enemigos, al contrario, el Evangelio cuanto mayor la oposición mas crece.

A los movimientos de evangelización los acaban los amigos, todo lo que se haya frenado en Camino Neocatecumenal, en Renovación Carismática, en Padres Dominicos lo frenaron los amigos, a los Dominicos nos han frenado los amigos de los Dominicos.

Nosotros en otro tiempo fuimos grandes predicadores en la Iglesia, pero predicábamos tan bien que nos resultaron amigos, pero los amigos nos han ido acabando.

Tuvimos épocas muy graves, después de ese primer florecimiento grande de la Orden, por allá en el Siglo XIII; ya en silgo XIV resultó una cantidad de gente que quería esos frailes y que les tenían una devoción tan grande, tan especiales, "es que parecen como unos pingüinos", "parecen como unos palomitos", "!quién los ve tan santos!" Y empezaron a llenarlos de amistades y de regalos.

Entonces los frailes se sintieron a gusto con los regalos y con las amistades y entonces se les olvidó predicar, ya después ya no sabían predicar, sabían salir a reuniones, sabían salir con amigos y sabían estar a gusto y eran príncipes de reuniones y ya no sirvieron para nada.

Entonces la gente dijo: “Tú no vales nada”; les echaron a un lado y siguieron buscando a otros. Estas enseñanzas, que son agrias, que son amargas y que nadie las predica, aquí nos damos el gusto de predicarlas así, abiertamente, para que se sepa, para que sepamos en qué andamos..