I255003a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 20110923

Título: No despreciemos a los profetas porque a traves de ellos Dios nos educa, nos corrige, nos consuela, nos sana y nos bendice

Original en audio: [4 min. 30 seg.]


Creo que el nombre del profeta Ageo resultará poco familiar para muchos; y sin embargo, aunque se trate de uno de los llamados "profetas menores", no es de menor importancia lo que nos dice.

Jamás olvidemos, hermanos, que Dios, a través de sus profetas, es el mismo quien nos está educando, corrigiendo, consolando, sanando, bendiciendo. Así que nadie desprecie a un profeta, y jamás pensemos que a la Biblia le sobran páginas; es Él mismo, es el Señor quien nos enseña.

Ageo fue profeta en una coyuntura muy especial del pueblo de Dios. Sabemos que la gran tragedia del Antiguo Testamento es el destierro. En el siglo sexto antes de Cristo el rey Nabucodonosor, rey de los caldeos, desterró a los judíos llevándolos a Babilonia. Estuvieron cerca de setenta años en Babilonia, pero un cambio en la situación política y la tenacidad de los judíos, pero sobre todo, la providencia de Dios, permitieron que un número reducido pero significativo pudiera volver a Jerusalén.

La primera tentación de estos que regresaron a Jerusalén fue el egoísmo: cada uno simplemente a mirar por lo suyo, a reconstruir su casa o a hacerse una casa y preocuparse únicamente por sus intereses. Esa fue la primera tentación.

La segunda tentación es el desánimo. Evidentemente, la obra de destrucción de Nabucodonosor fue espantosa, no solamente cayeron la murallas, no solamente se incendiaron las casas, también quedó calcinada la esperanza. Podemos hacernos una idea de ese estado de ánimo si recordamos cómo quedó Europa después de la Segunda Guerra Mundial. En efecto, esa es la herencia que deja toda batalla, que deja toda guerra: sangre, heridos, traumatizados, desesperanzados.

Y en tales circunstancias, este hombre, ungido por Dios, llamado Ageo, levanta la palabra, levanta la voz para que el mensaje del Señor llegue muy claro a los corazones.

¿Por qué destaco este ministerio profético de Ageo? Mis hermanos, porque miremos nuestra vida y hagámonos esta pregunta: "¿A qué se parece más mi vida: a la de un jardín que nunca ha sido pisoteado, que nunca ha padecido sequía, un jardín al que nunca le ha llegado ninguna plaga? ¿Es esa mi vida? Probablemente, la vida tuya o la mía se parecen más a lo que le sucedió a Jerusalén, cosas muy duras han sucedido en nuestra historia y a veces nos sentimos sencillamente en ruinas, y cuando estamos así, entonces nos tientan las mismas emociones negativas que tenían los judíosn aquella época.

Es decir, a nosotros también nos tienta el egoísmo, una especie de pragmatismo oscuro que simplemente se queda en el hoy, en tratar de salvar el día, un pensamiento resignado, un pensamiento desesperanzado, una mirada oscurecida.

Necesitamos de Ageo, necesitamos de una voz que como una trompeta nos levante y nos recuerde: lo que Dios hace, cuando reconstruye, es incluso mejor de lo que había antes.

¡Ageo, ven a ayudarnos!