I255001a

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Fecha: 19990924

Título: Cuatro Libros del Antiguo Testamento

Original en audio: [16 min. 51 seg.]


Cuatro pequeños libros del Antiguo Testamento nos ayudan a encontrarnos con el ambiente espiritual después del retorno a Jerusalén; son los libros de Esdras, Nehemías, Ageo y Zacarías. Esos libros resultan menos familiares que otros al pueblo cristiano.

Pienso que muchos bautizados, si se les preguntara por el profeta Zacarias o si se les preguntara quién fue Nehemías, tal vez, el que se acuerde, diría: "Zacarías debe ser el esposo de Isabel, y Nehemías debe ser algún profeta.

Esta ignorancia es lamentable, porque el tiempo que se cuenta aquí y la reconstrucción del Templo tienen un significado espiritual muy profundo. La destrucción del Templo y el destierro fueron algo así como la muerte del pueblo de Israel. Ya comentábamos, en otra ocasión, que los libros que narran este destierro son los que también prefiguran mejor la muerte de Cristo.

El desastre nacional de la destrucción del Templo y el destierro a Babilonia, es algo así como la figura más completa que tenemos de lo que habría de ser la muerte de Nuestro Señor Jesucristo. Por eso, esta época en la que estamos ahora según las lecturas, esta época de la reconstrucción del Templo, nos da claves de interpretación de la victoria de Dios después de la muerte.

Dicho con otras palabras, lo que el Señor nos está regalando a través de estas lecturas, es ni más ni menos que una serie de pistas para encontrarnos con el misterio de la Resurrección y con el misterio de la Pascua.

Si la destrucción del Templo fue la muerte, la reconstrucción del Templo algo nos podrá decir sobre la Resurrección, y por lo tanto, sobre la Pascua y sobre la vida nuestra.

Nosotros somos fruto de una reconstrucción, y Cristo mismo se comparó con el Templo: "Destruid este Templo, y yo lo reconstruiré en tres días" San Juan 2,19. "Se estaba refiriendo al Templo de su Cuerpo" San Juan 2,21, nos dice el Evangelista.

Mire que ese trabajo está casi completo por poco hacer, porque son pocas las predicaciones que se escuchan sobre la reconstrucción del Templo de Jersualén, es poco lo que sabemos sobre estos acontecimientos, y ahí están profundos mensajes para nosotros.

Por ejemplo, cuando Nehemías en esa noche memorable pasa revista a la ciudad destruida, ahí hay una imagen preciosa del comienzo de la reconstrucción de la vida en la toma de conciencia del desastre, del pecado, por dar una interpretación alegórica.

Primera conclusión: hay que hacerse más amigos de estos libros de Esdras, Nehemías, Ageo y Zacarías; y hay que descubrir, en esos libros, un mensaje sobre el poder que tiene Dios para reconstruir.

Además, estos libros están llenos de un profundo realismo sobre la situación psicológica interior; no es sólo una descripción exterior del Templo lo que a nosotros nos interesa, no es pensar o lamentar qué sucedió con esa construcción. Lo maravilloso de estos libros, es que nos ayudan a percibir el desastre moral, nos ayudan apercibir la situación anímica y psicológica que queda.

Eso se ve bien en la lectura de hoy: "¿Quién entre vosotros vive, de los que vieron este templo en su esplendor primitivo? ¿Y qué veis vosotros ahora?" ¿No es como si no existiese ante vuestros ojos?" Ageo 2,3.

Esa contemplación del Templo devastado, frente al cual se retira la mirada, esa es la situación anímica, psicológica, interior, espiritual, en que queda uno.

¿no es esa la actitud, por ejemplo, que tomamos cuando retiramos la mirada de nuestros ideales primeros? Ese Templo de Salomón es como el primer amor del pueblo, es un Templo enamorado de Dios; el Templo que edificó Salomón, el Templo del esplendor primitivo, es la imagen de los ideales primeros, es la imagen de esa etapa de la vida, uno enamorado, y todo resulta fácil.

Esa descripción que hacen los libros de los Reyes, o los libros de las Crónicas sobre la edificación del Templo primitivo, el libro de los Reyes haciendo énfasis en la figura de Salomón, y el libro de las Crónicas haciendo énfasis en la figura de David, esa descripción, digo, es como la de un enamorado, o mejor todavía, como la de una enamorada.

Realmente, el pueblo era como una novia enamorada, y esa construcción transcurre con la presteza, con la eficacia, con la alegría y la perfección con que se hacen las cosas cuando se tiene ese amor primero.

Que hubo que tomar no sé cuántos cientos de cedros del Líbano y trastearlos, mover piedras, hubo que hacer muchas cosas, pero todo se hizo fácil, todo se hizo rápido, todo se hizo bien y todo quedó lleno de esplendor.

Ahí está la imagen del corazón humano cuando se vuelve al principio, hacia Dios, ése es el corazón humano, todo se hace fácil, pero ese Templo primitivo ha quedado destruido.

También aquí hay una imagen muy hermosa que nos permite relacionar la Biblia con nuestra vida. ¿Por qué se acabó el Templo? Porque llegó Nabucodonosor, cargó con todo, arrasó con todo, profanó todo; el enemigo venía de afuera, sí, pero la debilidad estaba adentro, y en eso también se parece a lo que nos ha sucedido a nosotros.

Nosotros hubiéramos sido muralla inexpugnable, si no hubiéramos traicionado nuestra propia alianza. Si nuestras alianzas íntimas, si nuestras alianzas interiores con Dios no las hubiésemos roto, no hubiera tenido tampoco poder sobre nosotros ningún enemigo exterior, llámese Satanás, llámese la mediocridad de los otros, llámese las incoherencias, los antitestimonios, o todas esas cosas que dice uno.

Sentimos que las estructuras, o la falta de estructuras, o el peso de las estructuras exteriores nos desanima, nos hace caer y finalmente derrumbó nuestro templo de ideales primitivos; no iba a suceder eso, no tenía que suceder eso, si nosotros hubiéramos permanecido fieles a nuestra alianza.

Pues bien, así como los israelitas tuvieron la debilidad interior, la incoherencia interior ante Dios, la infidelidad interior y al mismo tiempo el enemigo exterior, así pasa también con ese templo de los ideales primitivos.

Y hoy el profeta Ageo toma un reto frente a nosotros: "¿Quién vive todavía?" Ageo 2,3. nosotros traduciríamos, haciendo esta aplicación a nuestra alma: ¿Qué queda vivo en ti? De los que vieron este templo en su esplendor primitivo, ¿queda viva en ti la memoria de los ideales del comienzo?

Y uno tiene que responder que sí, pero seguramente tiene que responder eso de lo que se queja Ageo: ¿No es como si no existiese ante vuestros ojos? ¿Por qué rechazas la mirada? ¿Por qué le has tomado miedo a tus sueños del comienzo?" Ageo 2,3.

Esto sí que se ve en las almas consagradas, hombres y mujeres,yo sí que veo esto, y para mí esta palabra es de plena actualidad: si hay algo a lo que le tenga miedo un sacerdote, después de años y años, es a volver los ojos y a pensar qué era lo que estaba creyendo, qué era lo que estaba intentando, qué era lo que pretendía cuando tuvo el templo primitivo.

A eso sí le toma miedo uno, y uno retira la mirada: "¿No es como si no existiese ante vuestros ojos?" Ageo 2,3. En el centro mismo de Jerusalén estaba esa vergüenza nacional, un pedazo de Templo hecho trizas; así también, en el centro del alma humana, pues hay una vergüenza, hay un escándalo, hay una llaga, y uno hace como si no existiera ante los ojos.

Nos dice Ageo: "Ánimo" Ageo 2,4, le da ánimo a Zorobabel, el hijo de Salatiel, que era el gobernador, y le da ánimo a Josué, hijo de Jeosadac, el sumo sacerdote. Esos dos personajes, Zorobabel, el gobernador, y Josué, el sumo sacerdote, también indican en nosotros como dos fuerzas, como dos tendencias.

Por ejemplo, uno podría buscar una alegoría ahí y podría decir que lo propio de ese gobernador es lo que tiene que ver con la razón, que es la que gobierna; y podría decir que lo propio de ese Josué es el corazón, que es con el que se ora.

Pues Ageo hoy le manda órdenes, de parte de Dios le habla a nuestro entendimiento y a nuestra voluntad, a nuestra razón y a nuestro corazón, y dice: "Ánimo; viene de parte de Dios esta palabra, -es un oráculo del Señor-, ánimo, a la obra, yo estoy con vosotros" Ageo 2,4.

Y empieza a dar razones por las que podemos comprobar que Dios está con nosotros; por ejemplo: "La palabra pactadacon vosotros cuando salíais de Egipto, habita con vosotros" Ageo 2,5.

Uno siente que porque uno faltó, se acabó la alianza; no, señor, las alianzas con Dios no se acaban; uno puede romper la parte de uno, pero Dios no se desmiente, Dios está en el mismo sitio donde lo dejamos, donde lo abandonamos, y si volvemos a ese sitio, lo vamos a encontrar; Dios no se ha movido, está ahí donde nosotros lo dejamos. Hay que volver ahí.

Pero no sólo la palabra pactada y el Espíritu, "mi espíritu habita con vosotros; no te voy a dejar solo en la tarea, mi fuerza, mi amor, mi energía, mi gracia están contigo; agitaré cielo y tierra, mar y continentes; pondré en movimientos los pueblos, vendrán las riquezas de todo el mundo" Ageo 2,5-7.

Qué vigor el de la palabra de los profetas, "pondré en movimiento todo el mundo.Haré lo que tenga que hacer, pero tu templo se levanta" Ageo 2,5-7. Y eso es cierto: la creación entera está al servicio delos elegidos de Dios.

Deberíamos poner aquí al pie de página una cita que dijera: "Todo concurre para el bien delos que aman a Dios" Carta a los Romanos 8,28, todo concurre, todo está en obediencia a Dios; Dios puede poner en movimiento todo.

Y no se nos puede olvidar lo que añadió san Agustín a ese texto de San Pablo en Romanos. San Agustín dijo: "Todo concurre para el bien de los que Dios ama", y añadió: "Todo, hasta el pecado", hasta el pecado finalmente tiene que hacerle caso a Dios.

y si nosotros emprendemos la obra de la renovación del templo, nosotros descubriremos que hasta la gente más terrible, las situaciones más adversas, las tentaciones más espantosas, o los pecados más vergonzosos, todo finalmente tendrá que obedecerle al Señor de los ejércitos, y todo tendrá que ayudarnos para que se reconstruya al templo.

"¿Y de dónde voy a sacar yo para eso?" Ageo nos responde de parte de Dios: “Es que mía es la plata y mío es el oro” Ageo 2,8. "Ah, pero es que ese templo, eso ya segundas partes no son buenas", responde Ageo: “La gloria de este segundo templo será mayor que la del primero" Ageo 2,9, "pero eso para seguir peleando", responde Ageo: "En este sitio daré la paz” Ageo 2,9.

Ageo nos ha dejado sin disculpas, se nos acabaron las disculpas, ya no se puede esconder más la mirada, hay reconocer que hay una obra que Dios empezó y Dios está en el mismo sitio.

La alianza está viva, el espíritu está con nosotros, la plata y el oro son de Dios, todo lo va a poner en movimiento para que nuestra vida se reconstruya.

Y esto que decimos de cada uno de nosotros, de nuestros corazones, de nuestro camino de santidad, esto hay que decirlo de la Iglesia entera, esto hay que decirlo de las Órdenes religiosas, esto hay que decirlo de toda iniciativa buena, porque dice Santo Tomás: “Dios todo lo que creó, lo creó con amor, y a nada vuelve a llamar a la nada”.

Todo lo que Dios ha creado lo ha creado para que permanezca, para que subsista, para que se embellezca; toda iniciativa buena, todo propósito bueno tendrá su lugar en ese nuevo templo, que tendrá una gloria mayor que la del primero.

Y así fue. En este templo, que tiene su historia de reconstrucciones, en ese templo ya no entró solamente la Palabra a ser predicada, sino la Palabra hecha Carne.

Jesucristo entró en este segundo templo, Jesucristo, en esa carne que es la gloria del Padre, colmó con su esplendor este nuevo templo, así también, reconstruido el templo de nuestro camino, de nuestra vida y de nuestra santificación, también entrará Jesucristo con su esplendor, y la gloria de ese segundo templo será mayor que la del primero.