I252001a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20030923

Título: Dios no necesita destruir el mundo para realizar su plan

Original en audio: [9 min. 45 seg.]


Hermanos:

No cabe duda de que las lecturas del Nuevo Testamento suenan muchísimo más familiares a nuestros oídos que las del Antiguo.

Pero eso no significa que no podamos aprender muchísimo de todo ese camino que cobija casi dos mill años, desde Abraham hasta la llegada de Nuestro Señor Jesucristo.

Efectivamente, el Dios que condujo a ese pueblo es el mismo Dios que sigue conduciendo a su nuevo pueblo, que es la Iglesia, y que la llevará, por su misericordia, hasta la plenitud en el cielo.

Después de unas semanas de escuchar, de meditar algunos textos del Nuevo Testamento entre los escritos de San Pablo, pues ya vemos que esta semana estamos volviendo a los textos del Antiguo Testamento.

Y uno doce: Bueno, ¿y por qué empiezan por Esdras? Uno se pregunta si por allá en Roma hay algún sabio que dice: "yo pienso que es bueno que pongamos al libro de Esdras, que hacer rato que no lo leemos."

No, hay razones más profundas que eso; aunque probablemente sí sean viejitos, las razones que les mueven no son solamente que hace rato no leemos tal o cual libro. Es que esta historia del libro de Esdras, retoma el recorrido del pueblo de Dios después del destierro.

A ver, la Iglesia en su liturgia no es caprichosa. Cuando nosotros pasamos del Antiguo al Nuevo Testamento, eso no es por capricho, sino que vamos pasando por bloques.

Por ejemplo, cuando por allá unas semanas atrás estábamos leyendo toda esa historia del Éxodo y un poco de los Números y de Josué y Jueces; ese bloque que cobijaba, desde la salida de Egipto, hasta la llegada a la tierra prometida; y ese conjunto hechos pues nos trae una cantidad de enseñanzas, porque también nosotros somos peregrinos en el destierro, porque también nosotros avanzamos por desiertos.

Bueno, ese era un bloque. Luego vino este otro bloque de textos del Antiguo Testamento, de las cuatro semanas anteriores.

¿Ahora qué bloque estamos empezando? Estamos empezando lo que sucedió después del destierro.

Los judíos fueron desterrados por Nabucodonosor, por allá en el año tal vez 587, fueron desterrados, pero ese destierro terminó y se les permitió volver a su tierra y reconstruir su templo, son los acontecimientos que hemos escuchado en la Primera Lectura, y dice uno: "Bueno, eso qué me puede enseñar a mí? ¿Por qué eso puede ser vida o enseñanza para mi caso?"

Pues de las varias aplicaciones yo quiero compartirles solamente una. Mira que es muy gracioso el modo cómo se dieron las cosas para que estos judíos pudieran volver. A ellos los desterró un rey caldeo llamado Nabucodonosor y los que le están dando la libertad aquí son dos reyes persas: Ciro y Darío, aunque se menciona también a Artajerjes, pero sobre todo Ciro y Darío.

Entonces, un rey caldeo los desterró y unos reyes persas los devolvieron, es decir, que el pueblo judío era una fichita muy pequeñita, cualquiera la movía.

Entonces los caldeos movieron a estos judíos y se los llevaron para allá y arrasaron con el templo, porque ese fue el capricho de Nabucodonosor y en parte porque cada alcalde manda en su año; cuando llegaron los persas dijeron: "¿qué hacemos con este poco de judíos aquí? Vamos a devolverlos."

Es decir, que fue caprichosa la manera como Nabucodonosor los sacó de Jerusalén y fue otro capricho de otros, es decir, de Ciro y de Carpio, otro capricho fue lo que los devolvió a su propia tierra.

Si uno mira las cosas, y a esto es que va mi predicación, si uno mira las cosas con ojos humanos uno puede decir: "Pues yo soy aquí una ficha y cualquiera me mueve. El que quiere me manda para allá, el que quiere me devuelve para acá. Y fichas, mis hermanos, fichas es lo que han sido lo pobres en todos los imperios, fichas.

Uno mira por ejemplo la historia de África en los últimos docientos años, por decir, la cantidad de muertos ahora con esto del Liberia y la tragedia y genocidios en Monrovia; uno mira lo que está sucediendo y uno mira que siempre los pobres son como si fueran ganado: "¡Ahora ustedes pertenecen a este país!", "¡ahora pertenecen al de más allá!", "¡ahora ustedes son esto", "ahora ustedes son esto otro!"

Continuamente nos están cambiando, continuamente nos están moviendo de una parte a otra, lo mismo que Nabucodonosor dijo: "Ahora ustedes se vienen para acá", y Ciro dijo: "No, mejor devuélvanse para allá."

Claro, y si uno mira las cosas con esos ojos humanos pues uno dice: "Yo no valgo nada, yo no soy nada, no le importo a nadie", y uno puede sentir que esto no tiene ni siquiera sentido, pero si uno se pone a pensar, si uno se pone a descubrir, ve que en esos renglones torcidos Dios estaba escribiendo derecho.

Se valió del capricho de los persas que dijeron: "Nosotros vamos a deshacer las leyes de los caldeos". Y el gran orgullo de los persas, que eso por ahí se dice con cierta sorna en la Biblia, era que sus leyes eran eternas, esta es una ley válida porque yo Darío lo digo, porque yo Ciro lo digo. Ellos eran felices sintiéndose importantes.

Y pensar uno que Dios se vale de toda esa presunción y Dios se vale de toda esa payasada y que Dios se vale de todo ese capricho para seguir escribiendo su historia con nosotros.

Bueno, recojamos lo que hemos dicho: ¿esto qué significa? Que hay dos maneras de estar en esta tierra: o uno se siente como una brizna que cualquiera la sacude o una ficha de ajedrez que cualquiera la mueve y entonces piensa que no vale nada; o uno le pide a Dios luz y empieza a descubrir en medio de esos mismos caprichos humanos, es Él quien está escribiendo nuestra historia, es Él quien está haciendo su obra en nosotros, es Él.

Hay unos seres humanos muy particulares que nos llamamos “los religiosos”; tenemos nuestro voto de obediencia y para un religioso es muy fácil sentir esto, sentir que esto es verdad.

Las dos partes, tanto esa visión puramente humana en la que uno dice: "Bueno, ¿y a mí por qué me cambiaron? ¿A mí por qué me mandaron a hacer esto? Pues por darle gusto a fulano, porque eso es política de yo no se quién, pues yo sí se quién"; es decir, uno puede sentir que eso es política humana y uno se puede quedar sólo en esa mirada humana, o uno le puede pedir a Dios luz y Dios la da.

Y Dios le muestra a uno: "Mira, en realidad, cada paso tuyo, antes que el caprichoso ese lo quisiera, yo lo quería; antes que ése por sus propias razones lo quisiera, yo lo quería".

Por eso Santa Catalina de Siena, a la que hay que mencionar con frecuencia, invitaba siempre a los religiosos: "Mira, no te enredes con las voluntades humanas".

No te enredes tratando de desembrollar cuáles son las voluntades últimas y por qué fue que me dijeron lo que me dijeron y callaron lo que se callaron mientras sugirieron lo que sugirieron, esos descubrimientos son estériles y sólo sirven para producir amargura en el corazón.

Si uno se pusiera a mirar: "Bueno, y ese Nabucodonosor, que según el libro de Daniel acabó medio loco, ¿si era digno de que yo le hiciera caso? Y ese Ciro con toda esa vanidad y con esa presunción y esa petulancia, ¿sí será digno de que yo le obedezca?" Eso no sirve sino para enredarse.

Más bien, el religioso tomando una posición, no una posición cobarde sino una posición sabia, descubre en el entramado de los caprichos, que desde luego existen, y de los intereses, que desde luego existen, descubre el suave pero victorioso soplo del Espíritu, que es el que finalmente gobierna nuestra vida.

Es que Dios es tan grande, Dios es tan sabio y Dios es tan fuerte que no necesita destruir este mundo para hacer su mundo, no necesita destruir lo que aquí existe para hacer que exista su plan y su voluntad entre nosotros.