I243001a
Fecha: 20030917
Título: Encontrarnos con la Iglesia de Dios vivo, columna y base de la verdad
Original en audio: [8 min. 16 seg.]
Queridos Hermanos:
En el texto de la Primera Lectura se destaca ese precioso himno cristológico que algunos estudiosos dicen que existía; ya se cantaba, ya se proclamaba antes de que Pablo lo consignara en esta Carta.
Es una descripción de la grandeza de Cristo es su llegada y en su salida de este mundo y es también una manera de contar y de cantar cómo Jesucristo, con su grandeza, lo llena todo; cómo Él se manifiesta a los hombres y a los Ángeles; cómo Él, con su palabra poderosa, con su palabra de la Buena Noticia, lo llena todo, lo colma todo.
Pero hoy no quisiera detenerme en ese himno, sino en una expresión que es favorita de uno de mis amigos. Se trata de un católico que dejó la Iglesia buscando las vanidades y los experimentos del poder mental y del saber oculto de Oriente y lo que llamamos Nueva Era y todas esas cosas, y de allí, convencido por la predicación de algunos cristianos protestantes, se volvió evangélico y así estuvo durante varios años.
Pero luego inició un retorno, un camino de retorno a casa, como se llama ese programa tan conocido de la cadena católica de televisión EWTN, inició su camino de retorno a casa y después de protestante, estuvo durante un tiempo con los Ortodoxos, estuvo en la Iglesia Ortodoxa; felizmente convencido por el Espíritu Santo en primer lugar, convencido por la Palabra de Dios, llegó a retornar a la Iglesia Católica, la misma que había dejado en otra época.
Y es muy interesante, porque donde quiera que esté ese querido hermano, si asistió a Misa hoy y si escuchó este texto, seguramente se estará acordando también de mí, por un versículo que es fundamental en todo su proceso de retorno a la Iglesia Católica.
Qué tal eso que dice San Pablo a Timoteo: “La asamblea del Dios vivo, es decir, la Iglesia del Dios vivo, columna y base de la verdad." 1 Timoteo 3,15. Y esto me hace acordar que otra persona, esta vez una señora, una gran predicadora, enamorada de Jesucristo, pero muy tentada de dejar a la Iglesia Católica por las exageraciones, por los desvíos que también tiene la Iglesia, porque no podemos negarlo.
Esta mujer estaba tentada de dejar a la Iglesia Católica y poco a poco se iba como radicalizando en el estilo de enseñanzas del protestantismo: “Lo que no esté en la Biblia no; lo que no esté en la Biblia, son fábulas; lo que no esté en la Biblia, son palabras de hombres; lo que no esté en la Biblia, no es sólido."
Y bueno, estábamos en esa conversación con esta amiga y había un punto en el que coincidíamos: ese punto es que la salvación está en Jesucristo, Nuestro Señor Jesucristo es la gran oferta, es la gran bendición, es el gran camino de salvación para todos.
En eso estábamos perfectamente de acuerdo, y entonces, ella me preguntaba: ¿Bueno, ¿y dónde vamos a encontrar a Cristo? Pues esperando que yo dijera, "en la Biblia", y le respondí yo, recordando esta Carta a Timoteo, recordando mi propia experiencia, porque yo también conocí grupos protestantes, y recordando aquél querido amigo que se convirtió de nuevo a la Iglesia Católica.
Recordando todo eso le decía: "Pues, ¿dónde vamos a encontrara a Jesucristo?" "En la Iglesia, la Iglesia columna y base de la verdad". Claro, la Biblia es Palabra de Dios, eso nadie lo niega, pero la Biblia es Palabra de Dios leída en la Iglesia, columna y rastro de la verdad; es la comunidad de creyentes, es la Iglesia.
Y hay una cosa muy interesante: esa idea de Lutero de las sola Escritura, de la sola Biblia, esa idea empieza con él, esa idea viene del siglo XV, pero si uno busca en la Biblia una enseñanza que diga que sólo la Biblia vale, no la encuentra; y si uno busca en los escritos de los cristianos del siglo primero, algo que diga que, "sólo la Biblia”, no lo encuentra; y en el siglo segundo tampoco, ni en el siglo quinto, sexto, séptimo, ni en el siglo diez, once o doce.
Es decir, que lo que no es bíblico, fue eso lo que vino a decir Lutero, que la sola Biblia; eso no es bíblico. Lo que la Biblia dice es que, "el encuentro con el Dios vivo, se da en la asamblea del Dios vivo; y el encuentro con la verdad, se da en la columna y base de la verdad", y ese es el nombre que recibe la Iglesia.
Este versículo fue definitivo para que aquél querido amigo regresara a la Iglesia.
Encontrar en la Iglesia la columna y base de la verdad. Eso no quita que en la Iglesia haya imperfecciones, defectos y pecados, eso no lo estamos negando, pero por una parte miremos los otros grupos, miremos incluso otras filosofías, o movimientos o asociaciones humanas y encontraremos, que en todas partes, hay defectos.
O sea que si vamos a buscar como criterio de verdad, un lugar donde no haya defectos, pues nos vamos a quedar sin criterio de verdad; y por otra parte, si nosotros miramos la Iglesia, si recorremos la historia de la Iglesia, encontramos a esta columna y base de la verdad, una y otra vez renovada por el poder del Espíritu; mientras que las ramas que se han desgajado de la Católica, vemos como al paso de los siglos, se dividen y se subdividen, y se dividen y se disuelven, y cada vez se vuelven más el capricho de cada uno según su interpretación.
Encontramos cómo Dios, sin dejar de castigar y corregir a los que ama, renueva sin cesar a su Iglesia, que es columna y base de la verdad.
Que el Señor nos permita amar a la Iglesia, amarla como se ama a la mamá. Bien dice esa canción: "Como mi madre, con arrugas y defectos, la querré."
Aprender a amar así a la Iglesia no para dejarla en la mediocridad, sino más bien, renovándonos nosotros y suplicando el don del Espíritu, renovar a la Santa Iglesia.
Amén.