I235004a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha:20150911

Título: ¿Cuales son las vigas que tenemos en nuestros ojos y que no nos pemiten conocernos?

Original en audio: 6 min. 26 seg.


Nuestro Señor Jesucristo es tan buen Maestro que muchas de sus frases y expresiones realmente son fáciles de recordar y se quedan para siempre con uno. Por ejemplo, eso que aparece en el pasaje de hoy, capítulo sexto de San Lucas. Nos dice San Lucas que Cristo hace la comparación entre nuestra manera de juzgarnos a nosotros mismos y la manera de juzgar a las otras personas.


Y la verdad es que para con nosotros mismos somos siempre complacientes, siempre nos absolvemos, siempre nos justificamos, mientras que con nuestros hermanos solemos ser duros, implacables, justicieros, hasta el punto que, aún una cosa pequeña como una motita en el ojo del otro, eso sí lo criticamos, y no nos damos cuenta de la viga que tenemos en el propio ojo.


Por supuesto, es una comparación, en cierto sentido, tan gráfica, es tan voluminosa que después que uno ha oído esto de la viga y la mota, ya no se le vuelve a olvidar. Lo importante entonces es aplicarlo a la propia vida, lo importante es decir uno: “Bueno, ¿cuáles serán las motas o pajillas que están ganando mi atención, lo que siempre estoy criticando en otros, y sobre todo, cuáles serán las vigas que están obstaculizando mi propia visión?"


Es que es tan absurda la imagen, ¿no? Uno se imagina una viga en un ojo, ¿y cómo es que no ves la viga que tienes en el ojo?", es lo que nos dice Cristo. ¿Cuáles serán esas vigas que tenemos en nuestros ojos? ¿Qué será lo que nos impide realmente conocernos y en concreto conocer nuestros defectos?


Yo quiero mencionar aquí brevemente tres grandes “vigas” que he visto en mi propia historia, que he visto en mi propia vida y que creo que he reconocido también en las vidas de otros hermanos. Y si comparto esto es con el propósito principal de que podamos todos irnos liberando de los impedimentos que nos llevan a no conocernos.


De hecho, esta gran Santa de la Iglesia Católica, la Doctora de la Iglesia, Catalina de Siena, dice que el comienzo de la verdadera vida espiritual está siempre en el conocimiento de sí mismo; y mientras tengamos estas vigas no nos vamos a poder conocer.


Voy a mencionar tres. La primera de ellas es que no nos gusta reconocer nuestros defectos porque no nos gusta sentirnos vulnerables, es decir no nos gusta sentir que alguien quizás podría tener razones para atacarnos, queremos ponernos una especie de coraza: “Yo soy el que siempre tiene la razón, yo soy el perfecto, yo soy el que sabe de todo”.


Y por eso, porque nos encanta ponernos una coraza, por supuesto que no queremos reconocer errores, no queremos mirarlos. El reconocer errores nos obliga a reconocer nuestra vulnerabilidad, y queremos presentarnos fuertes para poder ganar frente a otros, para poder seguir adelante en nuestros combates, en nuestras luchas, yo creo que eso nos hace muchísimo daño.


En segundo lugar, creo que una viga grande que tenemos es la viga de la autoimagen. A lo largo de nuestra vida hemos ido creando y también criando una autoimagen; y cuando uno se enfrenta a la realidad de lo que es y cuando uno descubre los defectos que realmente tiene, pues esa autoimagen se agrieta y eso duele, y ese dolor no lo queremos, no queremos aguantar ese dolor, rechazamos la verdad. Como una persona que estuviera, dormida, dopada o drogada y no quiere despertar, así somos nosotros porque no queremos maltratar esa autoimagen, y ahí definitivamente nos equivocamos.

En tercer lugar, creo que otra viga que nos hace muchísimo daño es que, al reconocer nuestra necesidad, también reconocemos que dependemos de otros y depender de otros es algo que cuesta trabajo cuando uno ha tenido decepciones en la vida, cuando a uno lo han traicionado, cuando uno siente que la confianza que una vez puso fue defraudada; ahí cuesta muchísimo trabajo llegar de nuevo a la confianza.


Y por eso nos ponemos esas vigas, porque queremos presentarnos fuertes, porque nos duele admitir nuestros errores, y porque nos cuesta trabajo volver a confiar.


Pero hoy, en el nombre de Cristo, hoy somos invitados a dejar esas vigas; hoy somos invitados a no caer en ese error; hoy somos invitados a llegar a la presencia de Cristo y decirle: “Libérame, regálame el don de la luz”.