I225004a

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Fecha: 20110902

Título: Las practicas del el ayuno, la oracion y la limosna traen orden a nuestra vida y preparan la llegada de Cristo

Original en audio: [4 min. 33 seg]


Había tres prácticas piadosas que eran de especial valor entre los judíos del tiempo de Jesús, el mismo Jesús las menciona en el famoso Sermón de la Montaña, que se encuentra en los capítulos cinco, seis y siete de San Mateo. Esas tres prácticas eran: la oración, el ayuno y la limosna.

Nuestra Iglesia Católica ha recogido esas prácticas como propias y las predica especialmente para el tiempo de Cuaresma con más intensidad, y luego también para el tiempo de Adviento.

¿Qué es lo que tienen de valioso estas tres prácticas? Pues que intentan sanar el desorden causado por el pecado. Porque el pecado es desorden; y por consiguiente, la conversión y el retorno a Dios, es un retorno al orden: Dios trae orden a la vida.

Así por ejemplo, la oración ordena nuestra relación con Dios; a través de la oración reconocemos de modo más seguro y más rápido quién es Dios y quiénes somos nosotros. Entonces nuestra relación con Dios recupera mucho de su orden a través de la oración.

¿Qué sucede con la limosna? Es una expresión genérica que alude a la actitud generosa para compartir nuestros bienes con los más necesitados, es decir, se refiere a la relación con el prójimo; y por consiguiente, a través de la limosna se restaura la relación que hemos de tener con el prójimo.

Si hemos caído, como puede ser el caso, en egoísmo, en codicia, en arrogancia, pues la limosna nos ayuda a recuperar la mansedumbre, la generosidad, la solidaridad, es decir, le trae orden a esa relación nuestra con el prójimo.

El ayuno, que es la tercera práctica de los judíos y es la que aparece mencionada en el evangelio de hoy, es también una manera de traer orden porque, a través del ayuno, lo que se quiere es disminuir, o mejor, recuperar verdadero señorío, verdadero dominio sobre los propios apetitos.

Con demasiada frecuencia, el pecado es el resultado de un apetito desbocado, típicamente un apetito que desea disfrutar, que desea el placer. Y quien desea placer de un modo desbocado, muy pronto rompe las barreras del buen comportamiento, rompe las barreras de la justicia, y por supuesto, rompe las barreras de los mandamientos de Dios, y así se cae en el pecado.

Por eso el ayuno viene a traer este orden. Pero Jesús dice una cosa importantísima y es que esas prácticas, y en particular el ayuno, tienen su sentido como preparación para la llegada de Cristo; pero una vez que Cristo está presente, Él es el que desde su trono, desde ese lugar central, desde ese lugar único que tú le vas a dar en tu vida, Él es el que va a ir ordenándolo todo.

Porque son muy valiosas estas prácticas, y no las vamos a despreciar, pero no se comparan con la presencia viva de Jesús en nosotros, esa presencia viva que nosotros recibimos, acogemos por la fe y que instaura el Reino de Dios en la raíz misma de todo lo que hacemos y decimos.

Recibamos entonces a Jesús como Señor, démosle el trono que le corresponde, y ya veremos cómo la vida va recuperando su orden y su belleza.