I223005a

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El Evangelio del día de hoy tomado de San Lucas nos presenta dos momentos o dos aspectos de la vida de Cristo.

En un momento dado lo vemos rodeado de multitudes, en otro momento lo encontramos en profunda soledad recogido en oración, hay un gran contraste entonces entre esos dos momentos; Jesús el de las grandes multitudes y Jesús el de la grande soledad, sin embargo lo más hermoso es relacionar esos contrastes, descubrir que en medio de la multitud de algún modo Jesús sigue estando a solas con el Padre y descubrir que Jesús cuando está completamente solo, no olvida, el rumor, el dolor y el lamento de las multitudes.

Hay muchos Santos que han vivido también estas dos dimensiones, por ejemplo a Santo Domingo de Guzmán, de Santo Domingo se dice que hablaba con Dios o de Dios. Habla con Dios en la oración, habla de Dios en la predicación, que bello y aún más bello es que cuando habla de Dios a la gente, está de algún modo imbuido, impregnado y colmado de la presencia divina, y cuando está a solas por ejemplo en la noche está orando el padre Santo Domingo está a solas y sin embargo está acompañado de los rostros, de las heridas, dolores y lamentos de tantas personas a ejemplo de Santo Domingo, pero sobre todo a ejemplo de Nuestro Señor Jesucristo también cada uno de nosotros tenemos que aprender esta bendita combinación de la soledad y la compañía.

Que bueno también descubrir que nosotros lo mismo que Jesús, requerimos de esos dos momentos, son importantes para nosotros, es importante tener tiempos de verdadero silencio, es importante recogernos en soledad ante Dios, porque en esa soledad del corazón que se extiende ante Dios aparece de algún modo nuestra verdad, lo que somos, la soledad nos hace verdaderos. Pero luego la compañía, el saber acompañar especialmente a nuestros hermanos en su necesidad, nos llena de amor; la multitud de los pobres nos llena de amor, la inmensa soledad nos llena de verdad; llenos de verdad por la soledad y llenos de amor por la presencia, el recuerdo y el rostro de los pobres seremos a la vez verdaderos y amorosos, llenos de caridad y de claridad y en esa doble clave en la caridad y en la claridad, está el rostro del cristiano para el siglo XXI.

Recuerda claridad, verdad que se logra en la soledad; caridad, compasión que se logra al encuentro del rostro del hermano necesitado.