I216002a

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Fecha: 19970830

Título: “Yo quiero, Senor, valorar los talentos que tu me has dado”

Original en audio: [24 min. 37 seg.]


Talentos que da Dios, talentos que hay que poner a trabajar.

El hombre de esta parábola felicitó al que había ganado cinco talentos, y al que había ganado dos talentos le dio exactamente la misma felicitación: “Muy bien, empleado fiel y cumplidor, has sido fiel en lo poco, tendrás un cargo importante, pasa al banquete de tu Señor” San Mateo 25,23.

Esta fórmula de felicitación fue la misma; uno había ganado dos talentos, y otro había ganado cinco; pero la felicitación fue la misma, ¿por qué? Porque lo que Dios mira, no es si fueron dos, o si fueron cinco, sino que el que tenía cinco, ganó otros cinco, o sea duplicó, aprovechó todo lo suyo, aprovechó todo lo que tenía; y el que tenía dos, ganó otros dos, aprovechó todo lo que tenía.

Mientras tanto, el que había recibido un solo talento, eso es como si no hubiera recibido nada; dígase que ese hombre que recibió un solo talento lo enterró en la tierra, lo metió en la tierra, ¿y cuál era su propósito? Sacarlo de la tierra y devolvérselo al señor ¿Qué sacó? ¡Nada!

Ese es el ejemplo de una vida vacía, de una vida estéril, de una vida sin sentido; ¿qué saqué yo de la vida? Nada. Hay muchas personas que están viviendo así; es decir, la vida me dio, por ejemplo, dinero; pero, ¿el dinero qué, me lo voy a llevar después de que me muera? Parece que no.

A los Muiscas, por ejemplo, a la gente importante de entre los Muiscas, aquellos indígenas los enterraban con una cantidad de plata, una cantidad de oro; cuando llegaron los conquistadores extranjeros, españoles, cuando llegaron aquí, entonces desenterraron esas tumbas, y ahí estaba el oro igualito como lo habían enterrado; o sea que al muerto no le aprovechó nada.

El que pone su esperanza sólo en el dinero ¿qué le pasa? Que cuando se va de esta tierra le toca devolver su talento; lo único que hizo fue plata, y esa plata, ese dinero ¿para quién va a ser? Será para los herederos, será para las peleas de los juicios de sucesión, que para eso existen los abogados, será para lo que sea; pero a ese hombre no le va a aprovechar; entonces vamos sacando enseñanzas para nosotros.

Primera enseñanza, a Dios no le importa la cantidad de mi trabajo, sino la calidad de mi trabajo. El que había ganado cinco talentos recibió la misma felicitación, que el que había ganado dos talentos, luego, a Dios no le importa el número de talentos.

Mire, Él es el dueño del universo, sí; o sea, Él no está necesitando que nosotros le demos ni unos centavitos, ni unos talentos, ni unos millones, ni nada; Él no necesita nada de nosotros; a Él no le interesa la cantidad, sino la calidad de nuestro trabajo, ¿y cuál es la calidad que Él quiere de nosotros? Es muy sencillo: ¡todo!, eso es sencillito.

De cinco talentos que tienes, tú consigues otros cinco, y si fueron veinte, que consigas otros veinte; ¿qué significa eso? Significa ¡todo!, todo tu ser; esa es la calidad que Él quiere.

Entonces, las personas que dan grandes donaciones a las obras de caridad, y dicen, "bueno, yo he tenido un año muy bueno; he tenido ingresos por mil trescientos millones de pesos, entonces yo puedo dar perfectamente, una donación de un millón y medio.

Un millón y medio es una donación que, seguramente, ninguno de nosotros podría dar. Nuestras capacidades no dan hasta allá, y nosotros diríamos: "¡Guau!, puede dar un millón y medio; ¡huuy!, tiene mucho dinero"; pero Dios no mira eso; a Dios le interesa, no la cantidad, sino la calidad, y la calidad que Dios quiere es ¡todo!, que todo tu ser esté trabajando para la gloria del Reino de Dios.

Pero, a parte de eso, habíamos sacado otra enseñanza: hay personas que están viviendo como el hombre que tuvo un solo talento, es decir, están viviendo como para devolver todo lo que la vida les dio, todo.

Por ejemplo, pensemos en la belleza. La belleza es un talento; decía por ahí un pensador: “La belleza es el primer don que la naturaleza le da a las mujeres, y es el primer don que les quita”; entonces, si una persona vivió, por ejemplo, para la belleza: "Bueno, me voy a dedicar a pesar treinta kilos; me voy a dedicar a tener el cabello estilizado; me voy a dedicar a tener la piel tersa; me voy a dedicar a...Y esa va a ser mi vida".

Entonces el gimnasio, la dieta, el tratamiento, el salón, la vanidad, la crema, el menjurje, la untura, el emplasto, ¿no? "Me voy a dedicar a eso; ¿qué pasa? ¿Qué pasa con esa persona? Pues pasa que eso pasa, pasa, que eso se acaba.

Y entonces, si es verdad que Dios te dio un talento, te dio ese talento, te dio esa belleza; ¿por que tú lo vas a tener que devolver? Todo el mundo tuvo que devolver esos talentos. Fíjate, todos tuvieron que devolverlo; si tú no hiciste nada con esa belleza, simplemente, la devuelves, y quedas en blanco; o si eres de otra raza, quedas en negro.

Entonces, hay personas que están viviendo así, dedicadas a ser porcelanas de museo: "yo voy a ser una porcelana, voy a tener piel de diosa; de aquí en adelante, voy a tener piel de diosa; tendré un cutis apropiado como para una diosa; voy a tener piel de diosa, piel de diosa", y eso es tedioso, ¿ve? Porque estás tratando de tener piel de diosa, y entonces te vuelves tediosa; resulta que a ese tipo de personas, un día todo eso se les acaba, cierto.

Y entonces, ¿la persona qué estaba haciendo? No estaba haciendo nada: entonces la segunda enseñanza que sacamos es que hay que saber en dónde están trabajando nuestros intereses; en dónde están trabajando nuestros talentos.

Porque los otros se fueron a trabajar mientras que este, a la tierra; hay personas que sólo miran tierra; es decir, que sólo miran para este mundo, para esta tierra, y por eso se entierran, porque sólo piensan en las cosas de esta tierra; el que sólo piensa en las cosas de esta tierra, tiene su talento enterrado, y cuando llegue Dios a pedir cuentas, lo único que va a encontrar es que, lo que Dios le dio, lo perdió; porque en realidad de ahí no sacó ninguna ganancia. Esta es una segunda enseñanza que quería compartir con ustedes.

Vamos a sacar todavía otra enseñanza; muchos de nosotros no conocemos los talentos que tenemos; una de las señales de que una persona no se quiere, fíjese en esto que parece raro; una de las señales de que uno no se quiere, es que uno se vuelve violento, se vuelve agresivo, se vuelve altanero; las personas que no se quieren a sí mismas, obran así; de pronto, alguno dirá: "¿Cómo así? Yo no entiendo, ¿por qué?" Esa es una de las maneras de no quererse.

Y póngale cuidado y verá que eso es así, cuando una persona siente que no vale nada, trata de imponerse, es decir, trata de hacerse sentir, porque siente que no vale nada, no vale nada. La agresividad que muchos de nosotros tenemos en nuestras familias, o que tenemos ante la sociedad, o que tenemos en el colegio, o en la universidad, esa agresividad occisa a veces con las palabras.

Hay personas que van hablar; primero, tienen que sacarse un sapo que tienen ahí, de los últimos insultos, madrazos, y porquerías que dijeron; hay gente que vive con lagartijas, cucarachas… a sacar aquí unas lagartijas que tengo, ¿por qué?

Y eso en hombres y en mujeres; hay mujeres que consideran que es muy inn y muy interesante ser groseras; les parece muy interesante, entonces abren su boca de alcantarilla apestosa, y sacan todo género de lagartijas y porquerías; y ya sienten que son las mujeres libres: "-¿Han visto cómo yo, soy libre?" "-sí, mijita, pero hable para otro lado, porque está que apesta, se le pudrió alguno de sus sapos; mija, por allá, porque eso está que apesta".

Entonces, dese cuenta usted, mi querida amiga, toda esa agresividad que acumulamos en las palabras, es porque seguro, que si usted se pone hablar con una persona de esas, y una persona de esas no saben cómo sostenerle la conversación; son personas que no se quieren.

Miren, pasan cosas simpáticas; por ejemplo, hay gente que para sentirse fuerte, necesita estar en gavilla, engavillados; esas son las famosas pandillas. ¿En qué consiste una pandilla? Cada uno de los pandilleros es un cobarde, por eso tienen que juntarse diez, doce, "-¡ahhh! ¡somos los duros!" "-Si, ¿usted a qué grupo pertenece? "-Amigos, ¿cómo es qué se llama el grupo de todos nosotros?" "-¡Los duros!", "-nos llamamos los duros, sí, sí, somos los duros!"; claro, ese señor no puede hablar muy largo así, porque se pone ronco.

Así le pasó a un señor que se consiguió una moto de esas tremendas; entonces, se fue ¡ñaaaa!, cuando llegó, ronco; entonces, usted coge a cualquiera de la pandilla, juntos se sienten fuertes; "oiga, ¿qué se cree usted? ¿Quién es usted? ¿Cuál es la vida suya?" Detrás de esas personas, que parecen tan duras, casi siempre lo que hay es miedo, vacío, soledad, falta de familia, miedo al silencio.

Me comentaba una amiga: "Yo llego al apartamento, y lo primero que hago, es poner un ruido; ¿a qué llama ella poner un ruido? Poner una grabadora, poner el equipo, poner un CD, encender el televisor, lo que sea; y le preguntaba yo: "-¿y por qué eso? ¿Tú le pones cuidado a los programas de la televisión, de la radio?" Decía: "-No, realmente, no, es tener un ruido de fondo".

Le tenemos miedo al silencio, le tenemos miedo a encontrarnos con nosotros mismos, no nos queremos. Es muy curiosa la contradicción que vive la juventud contemporánea: nos consentimos, aparentemente nos consentimos, especialmente en comodidades, en manjares, en ropa, en esas cosas; en la medida de nuestras posibilidades nos consentimos y nos consentimos y nos mimamos.

Pero en el fondo son vidas que están vacías de verdadero amor; o sea que fíjate lo que estamos diciendo: la mayor parte de la juventud, me atrevo a decir, se consiente a sí misma, pero no se ama; ¿cuál es la señal de la persona que tiene verdadero y recto amor así misma? Es una persona que está en paz.

Usted se imagina, por ejemplo, voy a dar este caso, yo creo que ahí nos queda bien clarita la ideaS supongamos, que por ejemplo, Pedro se volvió el novio de Ruperta; entonces Ruperta y Pedro se cuadraron; claro, Pedro sufría mucho, porque imagínate lo que es hacerle un acróstico a Ruperta, eso era cruel.

Entonces, resulta que Pedro iba a visitar a Ruperta, llega Pedro a donde Ruperta, entra, apenas ha dado un paso dentro de la casa, Ruperta le dice: "-Espérate que le voy a subir el volumen al equipo"; "-no, pero es que yo quiero que hablemos"; "-espera que va a empezar el programa de televisión, perdón un momento, que me voy a acomodar aquí el walkman"; Pedro, evidentemente, le diría: "-Bueno, ¿es que yo no te importo? "-¡Ay!, después hablamos de eso"

Así nos pasa a nosotros. Estar en silencio significa encontrarse uno con uno mismo, y como uno no es amigo de uno mismo, y como uno tiene miedo de encontrarse con uno mismo, por eso vive con "¡runnn!".

Entonces, uno está mirando ese modelo de hombre; son hombres fuertes, audaces, ante los cuales todas se derriten; y entonces el hombre, el hombrecito este se pone a mirarse, y dice: "En primer lugar, estoy un poquito panzoncito; en segundo lugar, ninguno de mis ídolos ha tenido todos los barros que yo tengo; en tercer lugar, se me está cayendo el pelo, no tengo músculos, sudo mucho, soy feo, no sé bailar; para decir algo tengo que ir a la cocina"; el muchacho no se quiere, ¿ve? El muchacho en esas circunstancias, ¿cómo se va a querer? ¿Por qué? Porque él está mirando ese ídolo.

Y él dice: "No, me falta demasiado, me falta demasiado"; y si esto decimos de los hombres, analice cuánto sucede para las mujeres; ella empieza a decir: "Bueno, ¿ahora qué hago yo? Ninguna modelo importante tiene abuelo boyacense, ¿cierto?" Entonces dice la muchachita esta; la muchachita piensa para sus adentros, y dice: ¿Yo qué futuro voy a tener? Usted se imagina a Claudia Shiffer comiendo habas, sopa de avena? Así no voy a ir a ninguna parte"; entonces, la muchacha no se quiere.

Hubo una joven, estas historias son reales, no historias secretas, sino historias reales; una muchacha escribía en su diario; ella me compartió una partecita de su diario, y esa muchacha escribía en su diario sus pequeñas congojas, sus problemas, sus angustias, sus soledades; escribía poesía, pensamientos, autógrafos, en fin, todas estas cosas.

Y entonces ella, por allá en una determinada fecha, escribía: “Siento que tengo un grave problema, algo que impide que mi vida afectiva se organice”; Yo, que estaba leyendo eso, porque ella me había permitido, pensé para mis adentros: "Quién sabe qué dificultad ha tenido esta pobre niña, seguramente, problemas de familia; quién sabe, el papá o la mamá quizás son separados; quién sabe que podrá estar sucediendo".

Ella seguía escribiendo allá en su diario, con una hermosa letra; porque eso sí, tenía una letra preciosa. “Sí, tengo un grave problema, y yo creo que aquí, ya nadie me podrá querer; la verdad es que me siento muy distinta, me siento muy sola”, en fin, pensaba una cantidad de cosas; y yo, a esas alturas, porque como es una novelita completa la del diario, yo seguía leyendo, y entonces, ella dice: “Pero a partir de mañana, voy a empezar a solucionar mi problema; a partir de mañana pondré toda mi fuerza de voluntad, y mi problema se podrá arreglar: voy a endurecer el abdomen”

Todo ese drama tan espantoso, porque ella se sentía acomplejada, ¿por qué? Porque era fofa, ese era todo su problema; y como todo su valor, toda su autoestima, todo su ser estaba en no ser fofa; ella sentía que como era fofa, ya nadie la podía querer: “Ya nadie me puede aceptar, soy fofa, ¿qué voy hacer? Bueno, pero sí hay algo que pueda hacer, a partir de mañana, endurecer el abdomen.”

Nosotros no nos queremos; y la razón por la que no nos queremos es porque creemos que tenemos que parecernos a tal modelo, a tal cantante, a tal artista hombre o mujer; "y si no soy así, nadie me va a querer, nadie me va a aceptar"; este es nuestro grave problema; ¿¿ ¿qué pasa con eso? Que no descubrimos nuestros talentos; nosotros tenemos talentos, pero la condición para descubrirlos, la condición para abrirles la puerta a esos dones de Dios, ¿es cuál?

La condición es que nosotros empecemos por reconocer que así nos ama Dios; que Dios no necesita que te parezcas a ninguna súper, ultra, mega modelo; porque si no eres así, y si no tienes mirada matadora, si no tienes una vida revesada; entonces nadie te va a querer; Dios no obra así; Dios es bueno; Dios te ama así como tú eres.

Eso no significa que Dios no vaya a transformarte; pero Dios empieza por aceptarte, y por eso, lo que nosotros vamos hacer ahora es hacer una oración para aprender a aceptarnos, para aprender a querernos, y poder decirle a Dios: “Señor, tú me amas, tú me aceptas a mí”. Y mientras yo esté pensando que la condición para ser hombre o para ser mujer es que yo me parezca a tal o cual persona, yo tengo cerrada las puertas de los talentos.

“Señor, yo quiero en esta noche aprender a aceptarme como soy; tú me aceptas a mí así; y yo quiero, Señor, valorar los talentos que tú me has dado, yo quiero aprovechar esos talentos, dejar de renegar por lo que no tengo”

Hay veces que uno reniega por lo que no tiene, como esa pobre muchacha que sufría páginas enteras porque era fofa, porque no tenía el abdomen duro, y: "¡Ay!, ¿qué voy hacer? ¿Y mi abdomen?" Y sufría por su abdomen. ¿Vale la pena eso? Claro, en este ambiente, pues sí, nos da risa, nos causa gracia; pero este es el dolor y estas son las lágrimas y estos son los dolores de muchísimas muchachas y de muchísimas niñas, este es el dolor, y no sólo de las cosas físicas, sino de las cosas de familia y de las cosas intelectuales.

Hay personas que nos sentimos de pronto acomplejadas, "¡ay!, yo soy un bruto, yo siempre la embarro, siempre que llega el examen la embarro, no salgo con nada; y yo he decepcionado mucho a mi mamá, yo tengo muy desinflada a la gente, y todo el mundo me trata mal, y yo no valgo nada".

¿Así van a florecer los talentos de Dios? ¡Así no, hermano, así no, hermana! Entonces vamos hacer oración, a pedirle a Dios que nos conceda aceptarnos, que nos conceda amarnos, pero no amarnos con ese amor propio que excluye a otras personas y que las humilla, sino amarnos como Dios nos ama.

Es decir, para realmente florecer en Él, para dejar de castigarnos, y así tendremos las puertas abiertas a los talentos que Dios nos regala, y así podremos también poner a trabajar todos esos talentos para su gloria, para su honra, para su honor.