I212001a
Fecha: 19970826
Título: El orden de la justicia, de la misericordia y de la verdad
Original en audio: [5 min. 35 seg.]
Estas duras palabras de Nuestro Señor Jesucristo fueron dirigidas a los letrados, a los fariseos, pero contienen enseñanzas que son no sólo para los letrados y los fariseos sino para todos nosotros.
Cuando Jesús dice qué es lo más importante y qué es lo que habría que practicar, lo dice no solamente para ellos, lo dice para todos; y por eso debemos aprovechar estas preciosas enseñanzas de Jesucristo.
Por ejemplo, nos dice que lo más importante de la Ley es el derecho, la compasión y la sinceridad; y nos dice también que hay que limpiar la copa por dentro y así quedará limpia también por fuera.
Estas dos enseñanzas nos resultan útiles a nosotros no porque tengamos algo de fariseos o de letrados, eso sólo lo sabe y lo debe juzgar Dios, sino porque son palabras sólidas de Jesucristo y que nos muestran qué es lo que era esencial para Él.
Hagamos, con la ayuda de Dios, una breve consideración sobre qué es eso de "limpiar la copa por dentro para que quede limpia también por fuera" San Mateo 23,26.
Efectivamente, estos fariseos se perdían en los detalles exteriores de la observancia de la Ley, y perdían lo que Cristo llama lo más grave, lo más importante y que también llama lo de adentro.
¿Qué quiere decir Nuestro Señor con limpiar ese corazón por dentro? ¿Qué quiere decir tener la copa limpia por dentro? Pues quiere decir que aquello que nosotros queríamos hacer afuera, lo apliquemos a nuestro corazón, por ejemplo, si queremos parecer como buenos, seamos buenos; si queremos parecer humildes, seamos humildes; si queremos parecer justos, seamos justos.
Por eso, limpiar por dentro, significa ser; dedícate a ser y parecerás; dedícate a parecer y no serás; así podríamos sintetizar esta enseñanza. Dedícate a ser justo, a ser humilde, a ser orante, a ser verdadero, lo demás, lo que aparezca, aparecerá a su debido tiempo, pero tú dedícate a ser. Esto en cuanto a lo de la copa.
Pero luego está lo que Jesús había dicho antes:"Lo más grave de la Ley, -grave en el sentido de importante-, es el derecho, la compasión y la sinceridad.
Aunque lo pensemos sólo un poco, encontraremos en estas tres palabras todo un ideal de vida. El derecho, el orden de la justicia; la compasión, el orden de la misericordia; la sinceridad, el orden de la verdad. Un corazón en orden, un corazón ordenado por la justicia, un corazón donde lo primero tiene el primer puesto. Queremos un corazón así; ya esto solo, es como un espejo de perfección.
Un corazón en orden por la justicia, pero a ese orden de la justicia, que ya es débil, hay que añadirle el otro orden, el de la misericordia; y el orden de la misericordia consiste en que ese primer puesto me lo da no solamente lo que me enseñe mi razón, sino aquel a quien Dios mira en primer lugar, al más necesitado.
Si el orden de la justicia me impone mi vida de acuerdo con la razón, el orden de la misericordia pone mi vida de acuerdo con el corazón de Dios, con aquello que está primero en el corazón de Dios, porque Dios en toda la Sagrada Escritura no cesó de mostrar una y otra y otra vez, que para Él está en primer lugar el más débil, el más adolorido, el enfermo.
A este orden de la misericordia hay que añadirle el orden de la verdad; ese orden de la verdad es el que hace que yo n o sólo me parezca, sino que sea como transparente. Una cosa es verdadera cuando sólo muestra lo que es.
Si yo soy plenamente justo y misericordioso, sólo lo podré ser en Dios y por Dios, y esta sinceridad significa en realidad, fundir nuestra vida y nuestro ser en Dios Nuestro Señor.
De manera que en esto, que parecía simplemente un regaño, pues hay es todo un programa de vida que agradecemos a Cristo Nuestro Señor. Él con piedad nos alimenta enseñándonos, y Él con piedad nos alimenta dándose en la Eucaristía.