I205001a
Fecha: 19970822
Título: Poder decirle uno esto a Cristo: "Donde tu vayas, ire yo; donde tu vivas, vivire yo; tu pueblo es el mio, tu Dios es mi Dios"
Original en audio: [4 min. 30 seg.]
Al pueblo de Dios le fue siempre muy mal con sus vecinos. Enumerar a los vecinos de Israel es también enumerar sus enemigos. Moab, por ejemplo, enemigo; Amón, enemigo; Asiria, Egipto, enemigos; Filistea, enemiga, y así sucesivamente.
Esto tampoco es raro, porque en el Oriente, y particularmente en el Medio Oriente, ya desde antiguo y todavía hasta nuestros días, las relaciones entre pueblos vecinos suelen ser muy malas; entre otras razones son malas, porque pertenecer al pueblo, pertenecer a una tierra, pertenecer a una descendencia de sangre y a una religión, todo eso es lo mismo.
Para nosotros, se puede pertenecer a esta tierra siendo cada uno de un linaje, de una sangre distinta, y seguramente de credos distintos, y seguramente de lenguas y costumbres distintas. El el Oriente, en cambio, todo esto va sumamente unido, sumamente cohesionado.
Lo muestra el pasaje que acabamos de escuchar: Orfá es una muestra de lo que significa volver al mismo tiempo a la cultura, a la lengua y a Dios. Rut, en cambio, es la imagen de la persona que se queda sin tierra, sin Dios, sin pueblo.
Nohemí le dice a Rut: "Mira, tu cuñada se ha vuelto a su pueblo y a su Dios"; "a su pueblo y a su Dios" Rut 1,15, eso es como decir lo mismo; "vuélvete tú como ella" Rut 1,15. Rut contesta: "No insistas en que te deje y me vuelva" Rut 1,16.
Y la proclama de Rut es un acto profundo de fe: "Donde tú vayas, iré yo; donde tú vivas, viviré yo; tu pueblo es el mío, tu Dios es mi Dios" Rut 1,16. Con estas palabras Rut se pone en camino, no sólo geográficamente hablando, desde donde se encontraban hasta Israel o hasta Judá; se pone en camino porque su corazón está en movimiento.
Y yo creo que estas palabras son, por decirlo así, el lema del seguidor; estas palabras son como el lema del seguimiento. También nosotros, a la manera de Rut, a la manera de Abraham antes que Rut, también nosotros estamos como en continua peregrinación.
También nosotros, especialmente por la vida consagrada, estamos llamados a dejar continuamente, continuamente cosas, y continuamente supersticiones, y continuamente lazos, incluso muy apreciables, de carne o de afecto.
Estamos llamados a dejar todo eso, para poder decirle a nuestro Dios: "Tú serás mi Dios". Piense, por ejemplo, esas frases para decírselas a Jesucristo. Jesucristo es el gran peregrino, y hacer pascua y hacer peregrinación, ponerse en camino, salir uno de su pueblo y de sus antiguos ídolos, eso es lo mismo, y eso es lo que realiza a Jesucristo.
¿Qué tal decirle uno esto a Cristo: "Donde tú vayas, iré yo; donde tú vivas, viviré yo; tu pueblo es el mío, tu Dios es mi Dios"? Rut 1,16.
Este es el día para decírselo a Cristo. Al participar de la Eucaristía, participamos de su Pascua. Pues pongámonos en camino con Cristo, y adonde Él vaya, iremos nosotros; donde Él viva, viviremos nosotros; su pueblo será el nuestro, y su Dios nuestro Dios.